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Apenas por un voto: Michel Temer pudo zafar de ser destituido y continúa al frente de la presidencia de Brasil
09-06-2017 El mandatario se jugaba la continuidad. Se lo acusaba de haber utilizado fondos ilegales para financiar la campaña electoral, cuando fue como vice de Dilma. Tres jueces pidieron su remoción y otros tres la rechazaron. Gilmar Mendes, titular del Tribunal Electoral, terminó absolviéndolo 
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Finalmente, el Tribunal Superior Electoral absolvió al presidente Michel Temer en el juicio donde se lo acusaba de usar dinero de la corrupción para el financiamiento de la campaña de 2014, en el cual fue vicepresidente de la destituida Dilma Rousseff.

Pero Temer no tuvo un viernes fácil, dado que se salvó por apenas un voto.

El proceso comenzó con la lectura del juez instructor del caso, Herman Benjamin, quien leyó los argumentos de su voto rector, donde sostuvo la existencia de dinero desviado de la petrolera estatal Petrobras en la campaña de Rousseff.

El tanteador del presidente comenzaba con un "gol en contra": el magistrado pidió la destitución del gobernante.

Poco tiempo después, la cuenta mejoró para Temer, que sumó los apoyos de Napoleao Nunes Maia y de Admar Gonzaga. Con Tarcisio Vieira, el mandatario aumentó la ventaja.

Pero más tarde, se vivió el tramo más dramático: surgieron los votos en contra de Luiz Fux y Rosa Weber, quienes pedían la destitución. Temer había conseguido un empate.

Por lo tanto, la decisión final quedó en manos de Gilmar Mendes, el presidente del Tribunal Electoral y amigo del mandatario, quien definió el resultado en su favor. 

La sentencia del Tribunal Superior Electoral era algo que se esperaba en la previa, aunque la paridad de los votos indicara lo contrario.

Voto a voto
El proceso se desarrolló en medio de fuertes tensiones.

En una muestra de las crispaciones que se vivieron en Brasilia, el Ministerio Público pidió que el juez Admar Gonzaga fuera apartado del caso por haber defendido en el pasado a Rousseff.

Esta exigencia irritó al presidente del Tribunal, Gilmar Mendes, antes de que la demanda fuera rechazada por unanimidad.

En lo que hace a la votación concreta, el relator del informe sobre los comicios de 2014 en Brasil, Benjamin, propuso anular el mandato de Temer.

"Voto por la anulación de la fórmula presidencial elegida en 2014, por los abusos que fueron investigados", declaró el relator, Herman Benjamin, al cabo de una extensa ponencia ante el Tribunal Superior Electoral.

Por su parte, el juez Napoleao Nunes Maia se opuso a la postura de su colega y rechazó su planteo. Consideró que no debía destituirse al mandatario. 

"Es mejor declarar inocente a un culpable que condenar a un inocente. Lo que tiene que preservarse aquí es el voto popular", afirmó.

Luego votó Admar Gonzaga, quien rechazó inhabilitar al jefe de estado.

"No hay una prueba segura y cabal de que las donaciones para la campaña de 2014 hayan recorrido el esquema ilegal de cambio de dinero de las coimas de Petrobras o que los recursos cambiados por empresas tuvieran necesariamente un origen ilegal", argumentó Gonzaga.

Posteriormente, Tarcisio Vieira fue el cuarto en votar y el tercero en avalar a Temer, al considerar que los pedidos de destitución eran "totalmente improcedentes".

"Ninguno de los testimonios pueden informar si los candidatos tienen cualquier conocimiento sobre el ingreso ilícito de valores en sus campañas", agregó Vieira.

Luego vinieron dos votos en contra que emparejaron la contienda.

El primero fue Luiz Fux, quien señaló que "una decisión justa y efectiva es aquella que es proferida teniendo en cuenta la realidad".

"¿Será que yo, como magistrado que juzgará una causa con ese conjunto, con ese cuadro sin retoques de ilegalidades e infracciones, me voy a sentir cómodo en usar un instrumento procesal para no encarar la realidad?", fue su pregunta retórica, que fue sucedida por: "La respuesta es absolutamente no".

Más tarde, la ministra Rosa Weber adelantaba que iba a apoyar los argumentos del juez rector, Benjamin.

"Si esta práctica se repitió, si esta práctica se repite, si esta práctica se repetirá, es muy triste para Brasil. Que cada magistrado haga su juicio de valor en eventuales acciones que cuestiones otras candidaturas. Yo actúo como jueza de esta causa, para mi gran tristeza", se lamentó.

El voto definitorio de Gilmar Mendes llegó con una frase confrontativa: "No me vengan a dar lecciones de moral aquí", le advirtió a sus colegas, a quienes les recordó: "No se cambia un presidente de la República a toda hora, aunque se quiera".

"También defiendo el tema de la corrupción. Estoy tranquilo en cuanto a eso", se defendió.

"No se combate la corrupción cometiendo un crimen. No hay diferencia. Es igual de delincuente el policía, el procurador o el delegado que trampas para obtener resultados en el combate del crimen", concluyó el juez que le dio unos meses más de vida a la carrera política de Temer.

Otros frentes abiertos
Más allá del caso del Tribunal Superior Electoral, hay otros fantasmas que preocupan al mandatario.

El viernes venció el plazo para que Temer entregue por escrito al Supremo Tribunal Federal (STF) las respuestas a un largo y comprometedor interrogatorio sobre su investigación por corrupción.

El mandatario se negó a responderlo. Allí debía explicar, por ejemplo, por qué se reunió en su residencia -fuera de agenda y de noche- con el dueño del imperio cárnico JBS, Joesley Batista, que le grabó clandestinamente aparentemente dando aval al pago de un soborno.

Esa grabación detonó la crisis y es sólo una de las pruebas entregadas a la fiscalía como parte de un acuerdo de declaraciones premiadas de ejecutivos de JBS.

En tanto, el fiscal general, Rodrigo Janot, podría presentar formalmente cargos contra Temer en cualquier momento, lo que podría apartarlo del cargo si esa denuncia fuera aprobada por la Cámara de Diputados y validada por el STF.

Mientras hace números para que los dos tercios de la Cámara no acaben validando esa denuncia, Temer saca pecho con la tímida recuperación económica que está experimentando Brasil, después de la peor recesión de su historia.

Sin embargo, su mayor bandera de gobierno, la aprobación pendiente de dos reformas, también se tambalea por la erosionada base oficialista en el Congreso.

Sucede que el principal socio del oficialismo, el PSDB (centroderecha), debe decidir este lunes si abandona el gobierno, con la vista puesta en las elecciones de 2018.

El PSDB podría optar por retirar a sus cuatro ministros, dando un golpe de imagen para Temer. 

De prosperar algunas de las causas en su contra, el Congreso será el encargado de elegir a su sucesor en un plazo de 30 días, para completar el mandato, que termina a fines de 2018.

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