Finanzas
¿Cómo pasar de ser un país envidiado por el mundo a transformarse en la “oveja negra” de una comunidad?
06-12-2010 Llegó a ocupar el primer lugar en el ranking de calidad de vida, sobre un total de 111 naciones. Durante muchos años fue señalado como el ejemplo a seguir. Sin embargo, recientemente tuvo que ser recatado por organismos internacionales. ¿Qué hizo mal Irlanda? Las lecciones que dejan las crisis
Por Rubén Ramallo
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Llegó a ocupar el primer lugar en el ranking de calidad de vida. Recientemente tuvo que ser rescatado por organismos internacionales ¿Qué hizo mal Irlanda?Posiblemente usted no recuerde. Pero hace apenas 6 años Irlanda había sido conceptuada como el lugar con mejor calidad de vida y como el "ejemplo a seguir".

Según la prestigiosa revista The Economist, este país - sobre un total de 111 naciones - había obtenido un puntaje de 8,33 sobre 10.

Para la elaboración del índice se consideraron indicadores de salud, bienestar material, estabilidad y seguridad.

En segundo lugar se ubicaba Suiza, seguida por Noruega y Luxemburgo.

Pasó el tiempo. Y hoy ese mismo territorio se encuentra sumido en la incertidumbre y con la imperiosa necesidad de ser rescatado financieramente para no sucumbir.

¿Acaso se equivocó The Economist? ¿O fue el país que, en poco tiempo, hizo todo mal para pasar de ser "niño modelo" a "oveja negra" de la familia?

Dicho de otra manera, ¿qué pasó con el milagro económico irlandés, que llegó a ostentar tasas de crecimiento de dos dígitos en su economía?

El camino hacia el podio
A lo largo de la década del noventa, Irlanda tuvo un crecimiento económico como pocas veces visto.

En ese lapso, pasó de tener los niveles de ingreso más bajos de la región a mostrar uno de los Producto Bruto Interno (PBI), per cápita más elevados del mundo.

Así, logró revertir la mala imagen que venía arrastrando desde hacía muchos años, marcada por una elevada tasa de desempleo y una enorme deuda del Gobierno.

Cabe apuntar que, por el año 1987, el índice de desocupación era de un 18% y su deuda alcanzaba el 120% del PBI.

Posteriormente, con la aplicación de duras reformas, comenzó a ser tenida más en cuenta por los inversores y Europa empezó a mirar a esta nación con un poquito más de "cariño".

Las medidas de fondo fueron acompañadas por reformas a nivel micro, como ser:

  • La de reducir impuestos a la renta empresaria, para así promover la inversión. 
  • La de abrir su economía, con la incorporación a la Unión Europea.
  • La de apostar fuerte a la educación, con la apertura de numerosas universidades.
  • La de repatriar a personas calificadas en el ámbito laboral, que se habían radicado en el exterior en años previos.

"A partir del pacto social Estado-Empresas había logrado un fuerte empuje, sobre todo en base a sus exportaciones y en la llegada de inversiones extranjeras.

Además, redujo la burocracia estatal, alcanzó equilibrio fiscal y bajos índices inflacionarios", apunta Gabriel Holand, de HR Global.

Las políticas llevadas a cabo dieron sus frutos en relativamente poco tiempo, sobre todo por el crecimiento de sus ventas al mundo, desde las farmacéuticas hasta bienes y servicios de alta tecnología.

Durante 17 años la economía creció a un ritmo del 6,5% promedio anual, entre 1990 y 2007. Y la afluencia de inversión extranjera directa llegó a ser, en ese período, realmente extraordinaria.

Se trataba fundamentalmente de empresas europeas que se radicaban en un país de bajo costo para exportar al resto de la unión monetaria.

Por otra parte, la deuda pública cayó desde 120% del PBI - a finales de la década de los ´80 - a tan solo el 25% en 2007.

Hasta ese año prácticamente nadie podía prever una crisis fiscal. A punto tal que los bonos públicos irlandeses pagaban 70 puntos básicos menos que sus pares de Alemania de similar duración.

Ese período de fuerte expansión llevó a muchos a bautizar a la República como el "Tigre Celta" y, por un largo tiempo, fue el país modelo a imitar.

"En términos de estándares históricos, el crecimiento fue algo fuera de lo común para una economía desarrollada", afirma el analista internacional Jim Lothian, de la Universidad Fordham.

Impuestos relativamente bajos, escasas regulaciones, una fuerza de trabajo relativamente joven y con buena formación técnica y profesional fueron algunos de los pilares de su notable repunte.

A ello se sumó que al ser miembro de la Unión Europea (UE) la venta de bienes y servicios a otros países del Viejo Continente resultaba más fácil y a menor costo.

La caída del "Tigre Celta"
Luego de esos años dorados marcados por un avance vertiginoso, la situación comenzó a complicarse.

Los números fiscales pasaron del azul al rojo. Y su situación de bonanza derivó en un enorme déficit presupuestario, que finalmente obligó al Gobierno a pedir ayuda a la Unión Europea.

¿Qué pasó en el medio? Los analistas internacionales sostienen que se dio una mezcla de factores. Destacan que:

  • La regulación de su sistema financiero no existió o fue laxa.
  • Su crecimiento económico era algo ficticio, porque estaba sustentado en créditos y no en inversión.
  • El país no estaba preparado fiscalmente para formar parte de la zona euro.

Muchos expertos asocian su declive con la decisión de sumarse a la moneda común, en 2001.

En buen romance, adoptar el euro le permitió gozar de algunos beneficios y llevó a la nación a la gloria. Pero, cuando las cosas comenzaron a ponerse feas en la zona, su descenso comenzó a ser tan marcado como su ascenso.

Precisamente, para varios analistas, el desastre de Irlanda no hace más que subrayar el problema que surge de las limitaciones de la divisa comunitaria como moneda única.

"De lo que no queda duda es que esta es una crisis de manual", aseguran varios de ellos.

Para Agustín Cramo, analista de mercados internacionales, "la escasa o nula regulación de su sistema financiero hizo que comenzara a gestarse una burbuja que alimentó un crecimiento económico sustentado en créditos baratos y no en inversión. Así, dejó atrás un boom basado en exportaciones".

Es así como el vertiginoso bienestar alcanzado por sus habitantes impulsó una elevadísima demanda de nuevas viviendas en un período en el que las entidades bancarias fogonearon la colocación de préstamos, sin tomar los recaudos necesarios.

En ese contexto, otro de los errores de las autoridades de Irlanda fue no detectar a tiempo la conformación de esa burbuja.

La génesis del problema no es distinta al panorama que se vivió en otras economías, incluso en Estados Unidos.

Pero el tamaño del Estado en Irlanda - en relación a su sistema bancario - hizo que las consecuencias fueran aún más graves.

La explosión de las burbujas se produjo en 2008, cuando las pérdidas por créditos incobrables comenzaron a amontonarse, provocando los enormes rescates que se observan hoy en día.

"La crisis 2007/2008 le pegó fuerte, pues tuvo una fuerte burbuja inmobiliaria, que provocó una caída de precios del orden del 50%, que indujo a una fuerte crisis bancaria de solvencia y liquidez", sostiene el economista Luis Palma Cané.

"Creo que la decadencia empezó con la debacle del 2008, con la caída de las exportaciones y la salida de los capitales especulativos de corto plazo", resalta Holand.

En paralelo, su aparato productivo comenzó a sentir el impacto de la desaceleración de la economía global, particularmente en el sector de exportación de tecnología de avanzada, donde la tasa de crecimiento se redujo prácticamente a la mitad.

Más allá de la burbuja del ladrillo
Además del festival de créditos baratos, hay una responsabilidad adicional que se le adjudica al Gobierno. Y que tiene que ver con la decisión de garantizar los depósitos bancarios, en 2008.

En septiembre de ese año, en medio del pánico generalizado en los mercados financieros internacionales, decidió avalar el 100% de las colocaciones y otras deudas contraídas por los grandes bancos de ese país. De esa manera, las autoridades procuraban evitar una "corrida" bancaria.

"El mayor error del Gobierno fue que intentó solucionar la crisis financiera capitalizando los tres principales bancos, inyectando más de 50.000 millones de euros, equivalentes a un tercio de su PBI", apunta Palma Cané.

"El gran pecado que cometió Irlanda fue la garantía dada por el Gobierno a todos los acreedores de los bancos de que recobrarían su inversión, en el momento álgido de la crisis", asegura el analista Luis Garicano, profesor del London School of Economics.

Lo que probablemente no imaginaron las autoridades en ese momento era la verdadera magnitud del problema de solvencia que enfrentaban estas entidades financieras.

Así, el Gobierno se vio obligado a realizar desembolsos extraordinarios para rescatarlos, situación que, en definitiva, terminó comprometiendo su propia solvencia.

"Esta garantía transfirió el riesgo de default de los acreedores de los bancos a los contribuyentes. Dublín apostaba, casi sin información, a que los problemas del sector financiero eran solamente de iliquidez", asegura Garicano.

A su vez, funcionarios irlandeses no dudan en tildar de irresponsables a dichas entidades, habida cuenta de los millonarios desembolsos prestados al sector de la construcción.

En conclusión, el Gobierno está pagando las consecuencias de no detectar la formación de burbujas y, fundamentalmente, de querer rescatar de manera desprolija a sus principales bancos.

Mientras, se buscan soluciones, los irlandeses ven cómo "El Tigre" se aleja cada vez más.

Encuestas publicadas evidencian que los jóvenes irlandeses, una vez que terminan la universidad, se quieren ir a Australia, Corea y Canadá, principalmente.

Les asusta que una población por debajo de los 4 millones y medio de habitantes tenga la segunda tasa de desempleo más alta de Europa, con el 14%, superada sólo por España.

En tanto, la deuda pública superará el 100% del PBI en el corto plazo.

Si para algo sirven las crisis es para analizarlas en profundidad y sacar conclusiones que permitan enfrentar a las próximas.

En este sentido, el desarrollo sustentable del mercado interno de un país y la mirada atenta a los capitales especulativos - que al irse pueden dejar un vacío de enorme magnitud - son dos aspectos que no tienen que ser pasadas por alto.

Detectar las burbujas y desinflarlas a tiempo es otra cuestión. En particular, la del ladrillo.

Basta observar el golpazo que sufrió Estados Unidos y del que todavía no logró recuperarse. O el caso de Irlanda, que pasó de ser "el Tigre Celta" a un indefenso gatito, que ahora necesita del cuidado de organismos internacionales para poder sobrevivir.

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