Economía
Salarios "caros" y máquinas baratas obligan a empresarios a cambiar de menú para enfrentar boom de ventas
21-07-2011 De un lado, bajas tasas y cuotas fijas para comprar equipos. Del otro, salarios que trepan en niveles superiores al 20%. Así, el empleo evoluciona a un ritmo mucho menor al crecimiento a "tasas chinas" de la economía ¿El estancamiento en la generación de nuevos puestos es propio del modelo?
Por Fernando Gutiérrez - María Candia
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Uno de los peores temores del Gobierno -y de los analistas en general- se está haciendo realidad: empieza a hacerse costumbre que la economía crezca a "tasas chinas" pero que el empleo esté virtualmente estancado.

Es que el magro aumento del 1,5% de la población empleada que se registró en el primer trimestre del año se acerca a casi cero cuando se lo considera en términos reales.

Es decir, cuando se lo coteja contra el crecimiento vegetativo de la población argentina.

Los analistas advierten sin atenuantes que este es un indicador preocupante.

"Se debe crear empleo, por lo menos, a la misma tasa en la que crece la población argentina, si es que se quiere mantener estable el mercado laboral", advierte Fausto Spotorno, economista jefe de Orlando Ferreres & Asociados.

Lo cierto es que el sumar más gente a mercado de trabajo se hace cada vez más cuesta arriba.

"El país crece a tasas muy altas pero el empleo está casi frenado", apunta Jorge Colina, investigador jefe de IDESA.

¿Por qué pasa esto?

• En primer lugar, porque los ejecutivos de negocios ven que luego se verán obligados a indexar esos nuevos salarios a una tasa del 20% anual como piso, más allá de los pasivos contingentes (juicios) a los que pueden verse expuestos.

• En segundo término, por la alta carga impositiva, habida cuenta de que por cada $100 que se le paga a un empleado -como salario de bolsillo- a la empresa le cuesta casi $150.

• En tercer orden, porque cada vez les resulta más difícil hacer frente a la competencia de productos importados, con artículos que llegan más baratos al país. Y sumar más personal les genera temor.

Lo cierto es que varios analistas ya prenden las luces de alerta, al observar que el mercado de trabajo está evidenciando peligrosos síntomas, producto de distorsiones similares a las que se dieron a finales de la convertibilidad.

Los diagnósticos no son alentadores.

Al respecto, un estudio de SEL -la consultora dirigida por Ernesto Kritz- muestra dos etapas bien diferenciadas en el mercado laboral de la era "K".

• Año 2003 - 2007: en ese lapso el crecimiento anual de la población ocupada escaló a una tasa del 4,5%.

• Año 2007 - 2010: a partir de ese momento, ese índice cayó a menos de la mitad (1,7%).

En otras palabras, de cada 10 empleos generados en este ciclo, 8 corresponden al tramo 2003-2007 y sólo 2 al lapso posterior.

El sector público arrasa
Lo sorprendente de esto es que la economía argentina sigue con el pie en el acelerador. Incluso, para este año, el Gobierno estima que el país tendrá un crecimiento del 8 por ciento.

El hecho de que haya una diferencia tan grande entre la tasa de crecimiento de la actividad y la de la creación de empleo sólo suele considerarse normal cuando se sale de una recesión.

¿Por qué? Porque cuando se da una crisis, tanto la gente empleada como las máquinas se utilizan por debajo de su capacidad. De modo que, cuando cambia el viento y comienza a soplar a favor, se aprovechan buena parte de estos recursos que estaban ociosos para hacer frente a la mayor demanda.

Pero el tema es que, ya en la mitad de este 2011, pasaron casi dos años completos desde que el país sufriera una caída en el ritmo de actividad, producto de la crisis global. Y el empleo no se da por aludido.

Pero eso no es lo peor.

Sucede que -según dan cuenta los informes privados- el grueso de los nuevos puestos de trabajo se está gestando en el sector público.

Según datos de la consultora de Orlando Ferreres, en el sector privado formal se crearon entre 2008 y 2010 apenas 60.000 puestos laborales.

En ese mismo lapso el sector público incorporó a 300.000 personas.

Es decir, en un contexto donde se impulsa el "Made in Argentina" como parte de la política industrialista, paradójicamente el crecimiento de la población empleada en el sector privado es casi nulo, en términos reales.

Salarios altos, máquinas baratas
¿Cómo se explica, entonces, que la economía siga su marcha a todo vapor, si no hay más gente ocupada? La respuesta debe ser buscada por el lado de la inversión en maquinarias.

"El factor que hace que crezca la producción, si no hay más gente empleada, es la incorporación de tecnología, que hace más productivo el trabajo con la misma dotación de gente", sostiene Mariano Kestelboim, experto en la industria textil y economista jefe de la Fundación Pro Tejer.

Los aumentos en dólares del costo salarial, las regulaciones laborales y las cargas sociales contribuyeron a acentuar este proceso por el cual las empresas encuentran cada vez más barato invertir en "fierros" que emplear más trabajadores.

Además, con el aliciente de que muchas líneas de crédito ofrecidas por los bancos son a tasas fijas y en pesos. Incluso, también están las impulsadas por el Gobierno, con tipos de interés subsidiados que corren por debajo de la inflación.

En este sentido el analista Hernán Raffo, de la Fundación Mediterránea, destaca que el incremento del costo laboral, unido a la creciente incertidumbre sobre la continuidad del modelo económico, lleva a los empresarios a posponer contrataciones.

"Entonces, la productividad aumenta porque recurren a más maquinaria. Se puede afirmar que desde el 2006 el salario se fue encareciendo más que el capital. Es decir, que el costo laboral por unidad de producto se incrementó y nos estamos atrasando en términos de competitividad respecto de otros países", indica Raffo.

Desde la consultora de Kritz calculan que hoy ya los salarios están un 43% por encima de los precios implícitos de la inversión en maquinaria.

¿Devaluar ayuda?
Hay, a esta altura, una cuestión que inevitablemente se introduce en el debate: la incidencia del tipo de cambio.

O, para decirlo más claro, si la desaparición del "dólar alto" atenta en forma irreparable contra el mantenimiento del nivel de empleo.

"Lo cierto es que cuando el tipo de cambio estaba alto se incorporaba más mano de obra, mientras que ahora se está dando el proceso inverso: las máquinas están más baratas en dólares", sostiene Spotorno.

Pero invertir no resulta una cuestión fácil de resolver para todas las empresas. En la carrera por mantener márgenes positivos de rentabilidad, las compañías más chicas salen perdiendo.

"Por cada 100 pesos que el trabajador se lleva a la casa, el empleador tiene que pagar casi 160. El sobrecosto puede ser soportado por firmas más grandes pero esto es casi imposible para las pequeñas o aquellas que usan más mano de obra intensiva", sostiene Colina.

Para el especialista, la tendencia de las grandes compañías a invertir más en maquinarias es muy clara.

Claro está, que el hecho de que el tipo de cambio ya no favorezca el empleo no implica que haya defensores de la devaluación. Por el contrario.

"Enfocarse en la devaluación del peso para resolver el problema puede generar distorsiones en los precios relativos y, en consecuencia, habría menos creación de empleo", asegura Kestelboim.

Mientras tanto, Colina pone el énfasis en que la baja del costo laboral debe ser buscada reduciendo la carga tributaria: "Una devaluación haría caer el valor real de los salarios, cuando lo que habría que conseguir es disminuir el costo laboral sin reducir los sueldos de bolsillo. Por eso creo que hay que resolver la cuestión impositiva".

Inversión de "patas" cortas
¿Es para preocuparse el hecho de que las empresas pongan más énfasis en la inversión que en el empleo? Desde la teoría, la respuesta es que esa actitud sería la correcta, porque mejora la productividad de la economía. Y eso es, precisamente, lo que en el largo plazo permitirá que el empleo sea sostenible.

Pero, en la práctica, ocurre que hay formas y formas de invertir. Y no todos están contentos con el proceso que hoy vive el sector productivo argentino.

Porque si bien es cierto que las estadísticas marcan un notable repunte en las importaciones de "bienes de capital", no necesariamente se trata de compras que mejoren notoriamente el perfil competitivo.

Algunos denominan a la situación actual como la de una inversión más "de mantenimiento" que de expansión.

"El tipo de desembolsos que predomina hoy es todo aquello que apunte a hacer más eficiente lo que ya está disponible", describe Nelson Pérez Alonso, presidente de la consultora Claves.

En el caso de las empresas pequeñas, predomina el foco en el corto plazo.

Así, los diagnósticos apuntan a que ni desde el punto de vista cuantitativo (la tasa está debajo del 22% anual) ni desde el cualitativo, el tipo de inversión actual resulta suficiente como para dar un salto tecnológico que mejore la productividad.

"Lo que me preocupa es que la inversión en maquinaria no sea eficiente, es decir, que se esté recurriendo a equipos de bajo costo que no sirvan de mucho para enfrentar el largo plazo", señala Spotorno.

Un agotamiento estructural
Y hablando de largo plazo, ahí es donde están depositadas las mayores preocupaciones.

Porque los expertos creen que la situación actual, lejos de obedecer a una coyuntura pasajera, es una consecuencia estructural y, por lo tanto, resulte de difícil solución.

Según el análisis de Kritz, el hecho de que el motor de la economía sea la demanda interna tendrá como contracara un desincentivo a la generación de nuevos puestos de trabajo.

"El sostenimiento del consumo por el lado de los ingresos del trabajo -que en buena medida es el motor del crecimiento del nivel de actividad -tendrá que apoyarse más en los aumentos de salarios que en la creación de empleo", sostiene el director de SEL.

Y estos permanentes incrementos en las remuneraciones han derivado en que a una gran mayoría de empresas -que no pueden trasladar esa suba al precio final- se les haya reducido drásticamente el margen de ganancia por unidad de producto.

Así, sólo logran atenuar esta situación gracias a vender un mayor volumen de unidades (para así prorratear esos mayores costos).

De modo tal que un freno en el crecimiento de la economía argentina, que reduzca los volúmenes de venta, sería un golpe letal para muchas de ellas.

También, como parte de los problemas estructurales está el del encarecimiento en dólares, producto de un tipo de cambio que va por escalera y una inflación que sube por ascensor.

Esto pone entre la espada y la pared a los empresarios ante la competencia importada, a la vez que les dificulta colocar sus productos en otros países. Y esto también repercute a momento de decidir la contratación de nuevo personal.

"El empleo va a ser cada vez más caro en la medida en que en la Argentina los costos aumenten en dólares, haya una combinación de inflación alta y dólar estable", sostiene Colina, de Idesa.

En la misma línea, Pérez Alonso sostiene que "por ahora, no se ve que nada cambie la tendencia a la creación de empleo cada vez más caro".

¿Habrá que acostumbrarse a que sea el Estado el responsable de la generación de nuevos puestos de trabajo? Al menos en el mediano plazo, todo apunta a que así sea.

Para graficar este punto, el analista Rogelio Frigerio, de Economía & Regiones aporta un dato contundente: por cada 100 empleos que se crean, 6 son para la industria y 36 para el sector público, en tanto que el resto se desempeña, en buena parte, en el sector informal.

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