Martes, 21/05/2013
Buenos Aires, Argentina.
Actualizado 11:17 hs.

Advierten que el éxito brasileño comienza a dar algunas señales de cansancio

Luego de superar indemne la crisis iniciada en 2008, el vecino país creció al 7,5% en 2010, pero un año después apenas avanzó el 2,7%. Hoy, esa economía muestra ciertos síntomas de fatiga, pues las estimaciones privadas se basan en un crecimiento del 2%. Las medidas para superar el freno
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Última actualización:
16/07/2012 7:07:00 am

Brasil supo escapar de los efectos del colapso financiero mundial de 2008, por eso, para muchos brasileños es incorrecto o incluso temerario decir que la economía del país está sufriendo un profundo desgaste.

En octubre de 2008, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva predijo que el tsunami financiero que asolaba las economías de Europa y de EE.UU. no sería más que una "marejada" si llegaba a ese país, y fue objeto de críticas dentro y fuera del territorio.

Más tarde, sus opositores tuvieron que reconocer la clarividencia económica de Lula, un ex obrero metalúrgico, cuando el Gobierno inundó con abundante crédito una economía floreciente, haciendo que creciera un 7,5% en 2010.

"Brasil takes off" -Brasil despega- fue el titular de la portada de Economist en aquella época mientras un generoso flujo de capital extranjero entraba en el país. Empresas e individuos invertían en una economía cada vez más impulsada por los 30 millones de nuevos consumidores recién salidos de la pobreza.

En la actualidad, disfruta de un índice récord de confianza del consumidor respaldado por un casi pleno empleo y ganancias reales de salario a ritmo acelerado. Hay un optimismo creciente porque se han encontrado en el país las mayores reservas de petróleo de América en tres décadas y, al mismo tiempo, muchas ciudades del gigante latinoamericano están en obras en preparación para la Copa del Mundo y para los Juegos Olímpicos de 2016.

Pero en los últimos meses, esta historia de éxito ha perdido un poco de brillo. El año pasado, el PBI tan solo creció un 2,7%. La expansión en el primer trimestre del año fue de sólo un 0,8% en medio de una serie de revisiones a la baja para 2012 y 2013.

Para este año, el Banco Central de Brasil redujo de 3,5% a 2,5% la previsión de crecimiento, y analistas del mercado no esperan un crecimiento de la actividad superior al 2 por ciento.

Ello se debe a que los exportadores se vieron golpeados por una moneda sobrevalorada, mientras que las tasas de interés dificultan el crecimiento de las empresas locales en todos los sectores de la economía.

Y después de tantos elogios por el rendimiento estelar de 2010, el Gobierno brasileño señala ahora a la profundización de la crisis en la Unión Europea, mayor socio comercial de Brasil, como la gran culpable de la desaceleración económica.

Otros observan con nerviosismo el lento crecimiento económico de China, el segundo mayor destino de las exportaciones brasileñas, ya que la producción industrial brasileña es un fiel reflejo de las ventas a ese destino.

Cómo creció Brasil
El éxito del país es fruto de los esfuerzos realizados con el objetivo de salir de las ruinas de la crisis de la deuda y de la hiperinflación de los años 90.

El Plan Real (una serie de medidas tomadas por el Gobierno para estabilizar la moneda), las metas de inflación y la ley de responsabilidad fiscal permitieron, de forma paulatina, que alcanzara un equilibrio financiero que jamás había tenido en décadas, explican los analistas.

Eso permitió que el Gobierno tuviera dinero para distribuir a los pobres y dio confianza a los bancos para que aumentaran la oferta de crédito para la mayoría de los brasileños que antes vivían en una economía restringida al dinero en efectivo, donde incluso las hipotecas eran algo raro, excepto para los más ricos.

El impacto de esas reformas creció con el tiempo y tuvieron como resultado la euforia de 2010. Ahora, sin embargo, los observadores alertan sobre el hecho de que ese boom impulsado por el consumo produjo cuellos de botella derivados de décadas previas de poca inversión.

Las carreteras brasileñas están repletas de coches nuevos; los pocos puertos del país están casi siempre abarrotados de flotas de camiones que no tienen donde descargar sus productos de exportación; las empresas se ven obligadas a recurrir a personas que tuvieron una formación universitaria precaria en el ámbito de un sistema de enseñanza por debajo de patrones satisfactorios en que solo los pocos realmente cualificados pueden operar en una economía cada vez más sofisticada.

Todo eso encarece el famoso "costo Brasil", el precio pagado por los empresarios por hacer negocios en el país, que se vuelve aún más oneroso debido a cargas como un sistema tributario bizantino, un sistema judicial deficiente y leyes laborales anticuadas.

Lidiar con el costo
En la campaña para suceder a Lula, la presidente Dilma Rousseff descartó la necesidad de reformas estructurales dolorosas para mantener al país creciendo.

A pesar de tener niveles récords de popularidad después de 18 meses en el poder, Dilma continúa sin poner en práctica las reformas necesarias.

En lugar de eso, su equipo económico se empeña en combatir la desaceleración económica con las mismas armas que en la crisis de 2008. Es decir, aumentando el crédito para el consumidor y las empresas. Eso generó rumores de que en el país se estaría gestando una crisis propia de crédito subprime, ya que la nueva clase media baja estaría adquiriendo demasiadas deudas para la compra del primer coche y de electrodomésticos.

Después de una suba reciente, la morosidad de los consumidores retrocedió de nuevo. Pero la deuda en el sector de préstamos para la adquisición de vehículos continúa, lo que es preocupante en un país donde un 20% de la producción industrial está vinculada al sector del automóvil.

"En los últimos dos años, la gente se endeudó demasiado. Las familias que entraron en el mercado de consumo en 2009 ya no pueden seguir en este camino", observa Flávio Fligenspan, profesor de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul.

"Ya no tenemos la misma capacidad de crecer a una tasa superior a un 7% con la ayuda del crédito como en 2010", dijo Fligenspan.

Los esfuerzos del Gobierno para ampliar el crédito en el mercado interno han exigido una ofensiva contra las altas tasas de interés del país, las cuales, aunque en un nivel bajo en comparación con los registros anteriores, continúan siendo considerablemente más elevadas que en otros mercados emergentes regidos por metas de inflación, y estratosféricamente altas en comparación con los tipos vigentes en las economías desarrolladas.

La caída de la inflación a partir del año pasado, junto con la baja reciente de las tasas, fue motivo de optimismo para el Gobierno convenciéndolo de que la estrategia funcionará. Pero el tipo básico no refleja la inflación sobre los insumos que sienten las empresas.

Las últimas medidas de Dilma
La tasa básica de referencia de Brasil (Selic), fue ajustada por el Comité de Política Monetaria (Copom) del Banco Central, aduciendo la "fragilidad de la economía global" y los "limitados riesgos" inflacionarios, según un comunicado de la entidad.

"El Banco Central está más preocupado hoy por el debilitamiento de la actividad que por la inflación, y eso explica esta secuencia de recortes que buscan estimular la economía", explicó Constantin Jancso, jefe económico del HSBC en Brasil.

La idea del Banco Central brasileño es que estos ajustes incentiven las inversiones de las empresas y se reflejen en una reducción de los costos del crédito para el consumidor final, añadió el especialista.

El nuevo recorte era esperado por el mercado, que estima que al final del año la tasa de interés podría ubicarse en un 7,5% anual, o incluso un poco menos, recordó Jancso.

Cabe recordar que la entidad monetaria las modificó en función de las expectativas inflacionarias. En agosto de 2011 interrumpió un ciclo de aumento con un primer recorte de medio punto porcentual, del 12,5% al 12% anual, que para la época todavía era una de las más altas del mundo.

Con un largo historial inflacionario, la sexta economía del planeta cerró 2011 con una inflación del 6,5%, en el máximo de tolerancia, y para este año prevé una suba de precios del 4,5% teniendo en cuenta que durante el primer semestre ese índice alcanzó un incremento del 2,32 por ciento.

La administración de Rousseff lanzó en los últimos meses una serie de paquetes de estímulo a la industria y el consumo, y confía en que la recuperación despegue en el segundo semestre.

"El nuevo recorte de intereses también podría desestimular el ingreso de dólares e incentivar aún más la depreciación del real, lo que favorece principalmente a la industria, uno de los sectores más castigados en esta coyuntura", según el jefe económico del HSBC en Brasil.

Por su parte, la Federación de Bienes, Servicios y Turismo del estado de San Pablo celebró la decisión de disminuir la tasa de interés. "Esto posibilita que el Gobierno continúe presionando a las instituciones financieras para la reducción de intereses al consumidor final, lo que debe fortalecer el comercio y activar la economía", indicó la mencionada entidad a través de un comunicado.