De la mano de Pietro Sorba, Goyenechea y Vinos & Bodegas organizaron una cata de lujo
Participar de una cata vertical siempre es una interesante experiencia, dado que permite descubrir y analizar la evolución del trabajo de una bodega y también, en un plano más general, palpar un pequeño trazo de la historia vitivinícola argentina.
En las catas verticales hay que considerar numerosas variables, tales como el impacto de la evolución del tiempo en un vino en particular, la influencia del clima y del trabajo en el viñedo en cada añada, así como también cómo fue cambiando el concepto y el trabajo de los enólogos en la bodega con el paso de los años.
En general, estas experiencias están especialmente destinadas a analizar vinos ícono o de alta gama, tal como ocurrió el miércoles pasado en Espacio Sagardi, donde Bodega Goyenechea organizó una cata vertical en exclusiva para los lectores de Vinos & Bodegas iProfesional.
Con el objetivo de conocer un poco más de la historia de esta bodega centenaria, ubicada en San Rafael, Mendoza, más de 50 personas pudieron degustar cuatro añadas de su vino tope de gama: 135 Aniversario, un ejemplar de partidas limitadas dado que puede variar su composición, año tras año, y que sólo se embotella cuando la cosecha alcanza una calidad superlativa.
La degustación fue comandada por el periodista gastronómico Pietro Sorba, quien llevó la batuta desde el principio y delineó una experiencia que mezcló música y pequeños juegos de degustación para que el público fuese entrando en clima.
"La cata vertical es la única manera de entender el recorrido que ha tenido una etiqueta a lo largo del tiempo", destacó Sorba antes de dar inicio a la degustación, reservada para un grupo de lectores de Vinos & Bodegas.

Por su parte, Sebastián Goyenechea, director y quinta generación al frente de la bodega, recorrió un poco la historia, con algunos detalles poco conocidos, como que la familia, que llegó a la Argentina allá por el año 1868, arrancó con un almacén de ramos generales y pasó a manejar la distribución de vinos de la Familia Arizu.
Luego, detalló los aportes de cada una de las cinco generaciones al desarrollo de la compañía y a la construcción de la marca, tales como la transición de la damajuana a la botella o la apertura de los primeros mercados de exportación.
Finalmente, fue el turno de abordar las cuatro añadas del 135 Aniversario.
La primera cosecha fue la 2001, que consiste en un corte 60% Cabernet Sauvignon y 40% Malbec, que se destacó por su aromática intensa y compleja, de la mano de frutos rojos confitados, toques balsámicos, una nota a tomates secos y un perfume a cuero bien nítido. Todo, sobre un fondo especiado. En boca es un vino que, bajo buenas condiciones de guarda, está completamente vivo: se muestra estructurado, concentrado, con taninos firmes bien pulidos y sin aristas. Cierra con un largo final a toda orquesta, con más despliegue de fruta y madera.
La cata prosiguió con la añada 2007, realizada por el mismo equipo enológico. Este corte, que mantiene la misma composición que la cosecha 2001, muestra una paleta más dominada por la madera, sin perder la elegancia, con aromas que recuerdan al tabaco y al caramelo. En boca es un vino amplio, envolvente, con taninos levemente astringentes pero no molestos, que le aportan algo de musculatura. Es un vino que puede tener un tiempo más de guarda pero, por su bajo nivel de acidez, no más allá de los dos años.

Luego, fue el turno de la cosecha 2009, que muestra los primeros signos de aggiornamiento de la bodega. Esta añada presenta dos novedades respecto de las anteriores: es un varietal (Malbec) y fue elaborado por un nuevo equipo de enólogos. Esta etiqueta en particular se destaca por sus notas de mermelada de frutas rojas y el aporte de la madera, que suma vainilla y algo de chocolate. Despuntan además aromas especiados, al tiempo que se percibe una clara nota láctica. Al paladar se muestra concentrado y jugoso, con una astringencia leve, no punzante, que le aporta nervio.
Conforme se apaga, se potencian las notas de frutas rojas y chocolate.
Por último, fue el turno de la añada 2010, que está actualmente disponible en el mercado. Se caracteriza por tener un buen balance entre fruta y madera, con un roble más sutil que no tapa las notas a frutas rojas. En boca es un vino estructurado pero jugoso, con la sucrocidad típica del Malbec, que avanza liberando una buena aromática. Es un vino listo para beber, dado que no presenta aristas, si bien tiene buen potencial de guarda.
A medida que avanzaba la degustación, los lectores de Vinos & Bodegas pudieron degustar un tapeo elaborado por el chef ejecutivo de Sagardi, Txemi Andrés Alonso, que consistió en pintxos de salmón ahumado con vinagreta de cebolleta y croquetas de jamón
El final fue con las copas en alto y con interesantes debates en las mesas, donde cada uno de los asistentes opinó sobre sus añadas favoritas.