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La soja "ya no da": cae el precio y en el campo hay un revival de la ganadería
22-10-2014 Ley de Abastecimiento, rotura de silobolsas, desplome del 30% en cotizaciones y costos en alza. Un cóctel difícil de digerir, en un contexto en el que en varias zonas se trabaja a pérdida. Distinto es el caso de la producción ganadera, y muchos ya "cambiaron de empleo". ¿Cuánto deja hoy un campo?
Por Juan Diego Wasilevsky
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Pasaron más de seis años desde que la presidenta Cristina Kirchner dejara plasmado en la conciencia colectiva de la sociedad el concepto de "piquetes de la abundancia".

Eran momentos de alta tensión, de cortes de rutas y noches de vigila en las rotondas e intersecciones de las ciudades más importantes del interior, con grupos de chacareros en pie de guerra por la polémica resolución 125, que fijaba retenciones móviles a las exportaciones de granos.

Fueron tiempos clave para el kirchnerismo, dado que esa disputa ayudó a construir el "relato" de un modelo bregando por la redistribución de la riqueza.

¿El botín? La renta "extraordinaria" que estaba llevándose el campo y que, según la visión oficial, era defendida por chacareros arriba de sus camionetas 4x4 recién salidas de los concesionarios.

Tras la crisis con los fondos buitre, y en momentos en que el Ejecutivo vuelve a "raspar la olla" en busca de dólares, la pulseada con el sector rural vuelve a estar más vigente que nunca. Y los productores sojeros -junto con los banqueros y los CEO de automotrices- se posicionaron nuevamente como los grandes rivales de la administración K.

La propia Presidenta se refirió a los ruralistas que no sueltan su cosecha como responsables de un plan para boicotear a su Gobierno. En tanto que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, con la flamante ley de Abastecimiento bajo el brazo, los acusó de "atentar contra el interés nacional" al no liquidar la cosecha.

En medio de esta guerra dialéctica, los dirigentes agrarios vienen denunciando casi todos los días, ataques anónimos contra los silobolsas, esos enormes gusanos blancos de tela plástica llenos de granos que surcan los campos del país y que se constituyeron, para los funcionarios K, en el símbolo de la "especulación" y el "encanutamiento".

Sin embargo, hay una diferencia sustancial con esta pulseada y la librada allá por 2008, en plena época de los "piquetes de la abundancia": la soja dejó de ser un negocio "extraordinario" y de altísima rentabilidad para convertirse en una actividad en la que muy pocos ganan y muchos ya están operando a pérdida.

La clave está en el desplome de su precio, que pasó de más de u$s520 la tonelada a unos u$s350 para mayo de 2015, cuando salga la nueva cosecha argentina, lo que representa una fuerte caída de casi 35%, en contraposición con los costos en alza (ver cuadro). 


Pero no es el único grano que sufrió un castigo: el maíz, del que cada año el país produce más de 20 millones de toneladas, pasó de valer casi u$s270 en mayor de 2013 a unos u$s140 para el mismo mes de 2015, un desplome cercano al 50%, básicamente por el elevado stock disponible a nivel global.

De alta rentabilidad en dólares a operar con pérdidas
Estas cotizaciones, que se derrumbaron en tiempo récord, conviven con costos en alza, como el del gasoil. Esto llevó a que parte de los productores operen en rojo: no sólo los que van a plantar para el próximo año, también los que tienen soja "encanutada" en los silobolsas.

Bajo la visión del consultor Salvador Di Stefano, "los que se quedaron con los granos salieron perdiendo. Un productor mediano, que trabajó 100 hectáreas y levantó 400 toneladas y decidió guardar todo en un silobolsa, desde abril a esta parte resignó más de $500 por tonelada. Es decir que, en menos de seis meses, pasó a tener $200.000 menos en el bolsillo. Por eso ahora nadie quiere vender. Están esperando o que suba el precio, algo que difícilmente ocurrirá, o que mejore el tipo de cambio".

Horacio Busanello, CEO de Los Grobo, empresa propiedad de Gustavo Grobocopatel, advirtió que "los productores que acopiaron soja y no comercializaron porque no sabían qué hacer con la plata, se equivocaron y perdieron. Podían haber vendido a u$s430 la tonelada y hoy ya está en u$s350".

Así, bajo su óptica, las 20 millones de toneladas que descansan en los campos representó una pérdida para el sector rural de más de u$s1.600 millones.

Claro que no sólo están perdiendo plata quienes "encanutaron": el negocio de la soja dejó de brillar incluso para los que estaban planificando la siembra de la próxima campaña, que arranca con fuerza a mediados de noviembre.

En diálogo con iProfesional, Guillermo Villagra, presidente de OpenAgro, un fondo de inversión que gestiona más de 15.000 hectáreas en todo el país, confirmó que "estamos ante un cambio de ciclo. Se terminó la época de la abundancia".

"Hasta el año pasado, había lugar para los improvisados o para los que tomaban riesgos. Hubo productores que con poco know how se pusieron a trabajar grandes extensiones y ganaron plata. También, otros que apostaban por las zonas más alejadas de los puertos y en campos de bajos rendimientos porque el precio de la soja a más de u$s500 la tonelada tapaba cualquier error", sostuvo el empresario.

"Cualquiera se podía dar el lujo de tener una campaña modesta y así y todo era difícil salir perdiendo. Pero eso se acabó. Ahora, la rentabilidad para muchos modelos de negocios, pasó a ser negativa en términos reales", disparó Villagra.

Desde Los Grobo, Busanello también es de los que sostiene que "la soja ya dejó de ser un buen negocio".

Con un precio por debajo de los u$s400, "cambiaron las reglas de juego. Ya no pueden vivir de una hectárea el dueño del campo, el productor que alquila y los que prestan servicios".

¿Cuánto deja la cosecha?
El principal problema que enfrenta el campo es que los gastos de estructura variaron muy poco el último año. Según un relevamiento de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, para una explotación de 1.000 hectáreas, los costos asociados al maíz y a la soja bajaron 11% respecto a los niveles del año pasado, frente a precios que se desplomaron más de un 30%. 

A esto hay que sumar los gastos de los fletes, que acumulan un alza de casi 65% en dólares desde 2006 a esta parte, según advirtieron desde Sociedad Rural.

Esto genera que hoy la soja, para productores que alquilan, en varias zonas del país pueda ser un mal negocio, a diferencia de lo que ocurría hasta hace un par de años, cuando prácticamente todos los esquemas dejaban interesantes ganancias.

Según el economista Juan Manuel Garzón, de Fundación Mediterránea, "la niña mimada del agro y principal producto agrícola del país hoy se paga bastante menos que en los últimos 12 años". 

De acuerdo con sus cálculos, actualmente cada productor que venda una tonelada en el mercado de Rosario recibe unos $2.200. Esto implica casi 40% menos que lo que recibió -en promedio y a precios constantes- en el período que va de 2002 a 2013 (ver gráfico). 


A continuación, un relevamiento de los distintos esquemas de producción y la rentabilidad que pueden ofrecer tras el fin de los "super precios": 

1. Pool de siembra "clásico"
Bajo este sistema, muchos pequeños y medianos ahorristas se habían sumado al boom de la soja. En su época de esplendor, con precios en niveles récord, llegaron a brindar una rentabilidad real del 15% en dólares.

Ahora, sin embargo, son los que se llevan la peor parte. Según Villagra, "la ecuación de precios en baja y costos en alza generaron que hoy los fondos que sólo apuesten por la agricultura pasen a ser poco atractivos".

De acuerdo con las estimaciones de este experto, un pool tradicional, que trabaje campos de soja, trigo y maíz, está ofreciendo una rentabilidad promedio del 20% en pesos.

De modo que un inversor que opte por este instrumento, con una inflación anual cercana al 40%, tendrá un retorno negativo del 20% en términos reales al final de la cosecha. 

"Esta campaña que viene va a tener números muy finitos y marcará un punto de inflexión para muchos grupos que juntaban inversores y se tiraban a trabajar algunas hectáreas", sostuvo Villagra.

2. Alquiler de campos para granos
Los productores independientes, es decir, que no dividen ganancias sino que manejan su propio negocio, tampoco la tienen fácil. Un proyecto diversificado, que cultive soja, maíz y trigo, con rendimientos promedio, está apuntando a tener una rentabilidad nominal del 35% en pesos. De modo que, en términos reales, la proyección se ubica 5 puntos por debajo de la inflación.

Según Guillermo Rossi, economista de la Bolsa de Comercio de Rosario, "trabajar maíz en un campo arrendado ya no da ganancia. Por eso esperamos que este año descienda en 700.000 hectáreas el área cultivada con este cereal".

Los expertos sostienen que sólo los campos ubicados en la zona núcleo, con buen rendimiento y un paquete tecnológico acorde y una mayor proporción de soja, dejarán un retorno que se ubique unos puntos por encima de la inflación.

En cambio, para campos más alejados, como los del Norte Argentino, anticipan que el grueso de los productores trabajará a pérdida. Desde la Sociedad Rural emitieron un comunicado en el que alertaron que en provincias como Salta, Tucumán o Santiago del Estero, será inviable la producción sojera.

En Salta, por ejemplo, estimaron que "para producir soja sin pérdidas en un campo arrendado se necesitará levantar unos 2.900 kilos por hectárea, cuando la productividad promedio de la región es de 2.400 kilos".

3. Alquiler de campos para granos + explotación ganadera
Para Villagra, es uno de los modelos de negocio que corre con más ventaja.

"Estamos en un momento en el que la cría de ganado está resurgiendo. En los últimos años se perdieron 10 millones de cabezas y ese desplome hizo que el precio del kilo de novillo se dispare de los $9 a los $17 en apenas doce meses", apuntó el empresario. 

Bajo su óptica, el mix granos-ganadería en campos alquilados hoy puede ofrecer una tasa de retorno del 45% en pesos, lo que la ubica unos 5 puntos por encima de la inflación prevista.

Esto llevó a fondos como OpenAgro a volcarse con más fuerza a la cría de animales. "Hace seis años, la pata de la ganadería representaba menos del 10% en el esquema de nuestro negocio. El 90% restante era todo agricultura. Ahora, con los mejores precios, la cría pasó a representar el 50% de nuestra operación".

4. Explotación de campo propio
Es, hoy por hoy, la alternativa más rentable. Según Villagra, un campo de altísimos rindes, bien trabajado y en condiciones climáticas ideales, con los actuales precios podrá apuntar en la próxima campaña a una rentabilidad nominal del 70% en pesos.

Esto ubica a este tipo de explotaciones unos 30 puntos por sobre la inflación, claro que antes del pago de impuestos, que se llevan una porción importante de esa ganancia.

Pero no todos podrán correr con esa misma suerte. Desde la Sociedad Rural alertaron que en zonas alejadas de los puertos, incluso los productores con campo propio podrían trabajar a pérdida: en el caso de Salta, el dueño de la tierra necesitará un rendimiento de 2.600 kilos por hectárea, una meta compleja cuando la productividad promedio de la zona está unos 200 kilos por debajo.

Frente a esto, Luis De los Ríos, vocal de la Federación de Entidades Rurales de Salta, concluyó que "hoy la producción en el Norte Argentino no es rentable". 

Se define la temporada de "sojadólares 2015"
Para el Gobierno, el actual precio de la soja, en un contexto en el que no hay acceso al crédito internacional, representa un problema importante. Por un lado, por la baja en el ingreso de retenciones.

Este año, los derechos de exportación pasaron a equivaler el 2,2% del PBI, un porcentaje bajo frente a los 3,5% que llegaron a representar en 2008. Además, se trata de un nivel pobre considerando que los subsidios a la energía y al transporte y los planes sociales se llevan casi 8 puntos del PBI (ver cuadro). 


El otro frente de tormenta que se avecina corre por el lado del ingreso de divisas, clave para evitar mayores tensiones cambiarias. Este año, la cosecha estuvo valuada en u$s30.000 millones, de los cuales, al menos u$s10.000 millones se mantienen "encanutados" en los campos.

Para el próximo ciclo, con los actuales niveles de precios y el mismo volumen, el valor de la producción podría caer más de u$s3.000 millones, según Fundación Mediterránea. 

El problema, apuntó Di Stefano, es que si la ecuación cambiaria no mejora pronto para los productores, la soja no se moverá de los silobolsas y se desincentivará inversiones en insumos, semillas y servicios, claves para el próximo ciclo. 

"Si antes de mediados de noviembre, cuando se larga la siembra, no hay novedades en el plano cambiario, podríamos ir camino a una campaña con 5 millones de toneladas menos de soja que la de este año", sostuvo, confirmando así cómo el negocio del "yuyito" puede perder incluso más brillo.

En tanto, Grobocopatel pronosticó que podría haber un millón menos de hectáreas cultivadas, al tiempo que habló de "pérdidas extraordinarias" en el sector rural. 

Así, en esta suerte de carrera contrareloj, se define gran parte del futuro de un negocio que durante años supo dejar grandes ganancias pero que hoy -habiendo quedado bien atrás el ciclo de los "super precios"-, lucha apenas por sacarle unos "puntitos" de ventaja a la inflación

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