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Los siete errores que no hay que cometer al despertarse

Hacemos muchas estupideces para no salir de la cama y lo que conseguimos es malgastar la poca energía. Pero los científicos tienen una explicación
21/07/2016 - 09:59hs
Los siete errores que no hay que cometer al despertarse

Puede que madrugar por obligación sea una de las tareas más arduas para el ser humano. Seis millones de años de evolución y seguimos rogando por esos cinco minutos más que, seamos sinceros, no nos van a solucionar nada. Y lo sabemos.

No solo eso, hacemos constantemente estupideces, intentando que abrir el ojo sea lo menos traumático posible, y lo que conseguimos en realidad es malgastar la poca energía que tenemos, y arrastrar nuestro cansancio por toda la casa.

Pero tranquilo, un artículo de El Confidencial explica científicamente algunos errores en los que podemos ver reflejada la torpeza de nuestros dichosos madrugones.

Diez minutitos más

La pereza se apodera de nosotros cuando suena el despertador, es normal. Pero ¡no cedás a la tentación! Mantente fuerte y levantate porque, según los expertos, esa es la peor forma de empezar el día.

El experto y expresidente de la Academia Americana de Medicina del Sueño, Timothy Morgenthaler, explicó en un artículo publicado en 'Business Insider' que la mayoría de especialistas en la materia desaconsejan pulsar el botón de ‘snooze' (o posponer) una vez sonó el despertador.

La razón tiene que ver con los ciclos del sueño, una fase de 90 minutos en la que nuestro cerebro pasa por las etapas necesarias para cumplir el período natural de descanso.

Cuando nos damos la vuelta al sonar el despertador, si conseguimos quedarnos un poco ‘groggy', en realidad estamos preparando a nuestro cuerpo para otra fase de sueño, de manera que, cuenta Morgenthaler, si no dejamos de romper esos ciclos nos levantaremos aturdidos o con sensación de cansancio.

El mejor consejo que dan los expertos es ser previsor y esmerarse en dormir las horas necesarias (la mayoría recomiendan siete u ocho horas) en lugar de resistirse por la mañana cuando levantarse ya es inevitable.

Quedarte enroscado

Ya estás despierto. Asumiste que es un nuevo día y que ya no vas a volver a dormir. Pero te quedas envuelto entre las sábanas mirando un punto en el techo. ¡Error!

Ese remanso de paz que podés tomar como el pequeño lujo del día en realidad no te está haciendo bien. La psicóloga de Harvard Amy Cuddy advierte que las personas que se despiertan en posición fetal tienen más probabilidades de padecer estrés durante todo el día que aquellas que se despiertan estiradas, según informó El Confidencial.

¿Solo sos capaz de dormir acurrucado? Cuddy tiene solución para eso: levantate ipso facto y estírate bien para empezar el día. Vas a ver como en ese instante te decidís a emprender el día y recibís un shock de energía.

Revisar tus mensajes

Es posible que antes de levantarte agarrés el teléfono móvil, si lo tenés a mano, y revisés tus mensajes, a ver si hay algo que te da esa vida que necesitás para salir de la cama.

Pero las palabras de Julie Morgenstern, autora del libro ‘Never Check Email in the Morning', son tajantes, si hacés eso "nunca te recuperarás". Quizá no para siempre, al menos a lo largo de ese día.

La razón que da es que, cuando más necesitas estímulos positivos, no bien te despertás, es probable que te encontrés en tu email alguna noticia del trabajo, alguna factura impagada o, en definitiva, noticias poco gratas para empezar el día, algo que puede influir en tu ánimo durante toda la jornada.

Arreglarte en la oscuridad

Todos somos muy ahorradores con el tema de la electricidad, pero si sos de esos que se vestís prácticamente a tientas, te estás equivocando. Encender las luces nos ayudará a estar espabilados lo antes posible, y así evitar arrastrar la somnolencia, a veces durante horas.

Desde la Fundación Nacional del Sueño de EE.UU. recomiendan subir las persianas y asegurarse siempre de que hay una buena entrada de luz allá donde estemos.

Si aún es de noche cuando te levantas, esto ayudará a nuestro cuerpo a ser consciente de que es un nuevo día y que ya se concluyó el período de dormir, indicó El Confindencial.

Tomar caféSí, sí. Eso que te da la vida por la mañana en realidad esconde un hábito contraproducente para empezar el día. El mítico "Yo no empiezo a funcionar hasta que no me tomo un café" es un mito.

La realidad científica es que, precisamente por la mañana, nuestro cuerpo emite grandes cantidades de cortisol, que ayuda a poner en funcionamiento nuestro metabolismo. Esto se produce, aproximadamente, durante la primera hora de nuestro día.

Así que si nos levantamos ya con un aporte de cafeína, nuestro cuerpo entenderá que ya está a pleno rendimiento, y produciremos menos cortisol, y no conviene acostumbrar al cuerpo a producir menos cantidad de hormonas de manera natural.

Según El Confindencial, Steven Miller, experto en Cronofarmacología de la Universidad de Maryland, afirma que el mejor momento para tomar café es una hora y media después de habernos levantado.

No tener rutinas

Pasamos la vida huyendo de las rutinas que ya adquirimos y, cuando de verdad hace falta una, ¡no la tenés!

Los expertos aseguran que tener por costumbre los mismos hábitos por la mañana ahorrará una energía que, no nos engañemos, en ese momento necesitamos mucho. En concreto la que desperdiciamos en pensar "¿qué es lo siguiente que voy a hacer?".

Si nos acostumbramos a hacer siempre lo mismo y por el mismo orden, se convertirá en un quehacer mecánico, y nos costará mucho menos trabajo hacerlo.

Dejar la cama sin hacer

Vamos. A tu madre la podrás engañar cuando viene de visita y haces la cama ‘express' para que no te eche la clásica reprimenda. Pero todos sabemos que la tentación de no hacer la cama, sobre todo en esos días que estamos muy cansados y vamos tarde, es grande.

Hacer la cama puede ser costoso para los madrugadores, pero Charles Duhigg, autor de "La fuerza de la costumbre", afirma que la gente que crea el hábito de hacer su cama resulta más productiva a lo largo del día, según El Confindencial.

Hay varias maneras de verlo, porque no está claro cuál es la causa y cuál el efecto: también puede ser que las personas que tienden a hacer la cama, más organizadas, son por ello más eficientes.

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