Vinos & Bodegas

Cada vez más bodegas argentinas ofrecen vinos importados en el mercado interno

15-11-2016 En los últimos meses, tras la simplificación de los  para importar y un tipo de cambio relativamente estable, más compañías comenzaron a ampliar sus portfolios con etiquetas del exterior. Kaiken, Renacer, Codorníu y Vicentín, algunas de las bodegas que explican esta tendencia
Por Juan Diego Wasilevsky - juandiego@iprofesional.com
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En lo que va del año, se está dando una tendencia que no se había observado durante años: cada vez más bodegas, vinotecas y distribuidoras están comenzando a ampliar su oferta y están ofreciendo más vinos y espumosos importados.

El fenómeno está lejos de ser una avalancha y se enfoca más que nada en ejemplares de alta gama y que apuntan a un público bien específico.

Pero esta tendencia no pasa desapercibida y demuestra que, en ese segmento de consumidores, durante años hubo una demanda insatisfecha, principalmente por las trabas a las importaciones que se habían intensificado a partir de 2011 y que se extendieron hasta fines de 2015.

En diálogo con iProfesional, el consultor Javier Merino destacó que este proceso en general está motorizado por “bodegas de capitales extranjeros, que tienen otros proyectos en el exterior y que ahora encuentran la oportunidad para complementar su oferta en la Argentina”.

Según el experto, este movimiento se explica básicamente porque “hoy es mucho más simple concretar una importación”.

Andrés Ridois, gerente de la bodega Vicentín Family Wines coincidió en señalar que “las reglas de importación ahora son más flexibles y las operaciones se pueden realizar con mayor fluidez”.

Merino hace referencia puntual al cambio que hubo en el régimen para gestionar las compras al mundo: el Gobierno de Macri dio de baja las controvertidas Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) y las reemplazó por las Licencias No Automáticas.

Cabe recordar que las DJAI no estaban contempladas por la Organización Mundial del Comercio y su aprobación, según coincidieron en detallar a este medio desde algunas bodegas, era muy arbitraria.

Ahora, las empresas en la Argentina están encontrando una mayor fluidez a la hora de obtener los permisos.

A esto se suma que el Gobierno desactivó el sistema de cupos para la entrega de dólares que imponía el Banco Central, de modo que hoy obtener divisas para el pago de importaciones dejó de ser un problema.

En este contexto, Merino se suma un dato no menor: el tipo de cambio, que ha ido quedando relativo atrasado, lo que termina abaratando los bienes importados.

Más bodegas se suman a la tendencia
En la actualidad, son varias las empresas o que ya importaron o están en proceso de incorporar etiquetas del exterior a su portfolio en el mercado doméstico.

Según pudo saber iProfesional, la familia chilena Montes, propietaria de la bodega Kaiken, en Mendoza, está por lanzar en el mercado interno gran parte de las etiquetas que forman parte de la bodega Montes, ubicada en el país trasandino.

Paralelamente, el flying winemaker estadounidense Paul Hobbs, uno de los propietarios –junto con Molinos Río de la Plata- de la bodega Viña Cobos, está por comercializar en la Argentina todas las etiquetas que elabora en los diferentes emprendimientos que tiene en el mundo.

Paul Hobbs tiene una bodega en Estados Unidos, donde posee viñedos en Sonoma y Napa, y también es uno de los dueños de Crocus, un proyecto ubicado en Cahors, Francia, enfocado principalmente en la elaboración de Malbec.

“Creemos que es el momento indicado para que los consumidores argentinos puedan acceder a todo el portfolio de vinos que elabora Paul”, señalaron desde el círculo del enólogo, si bien indicaron que no serán grandes volúmenes, dado que se trata de etiquetas tope de gama.

Otra bodega que viene pisando fuerte en este terreno es Vicentín Family Wines, que desde hace un par de años ofrece en la Argentina un Pinot Noir y un Sauvignon Blanc de Chile.

Sin embargo, en este 2016 redobló la apuesta al presentar un champagne, que luego de un acuerdo con una bodega francesa, se comercializa en la Argentina bajo el nombre “Champagne de Vicentin”, a un precio sugerido de $849.

“Lograr tener un champagne francés con la marca de la familia fue todo un desafío debido a la rigurosidad del instituto de vitivinicultura de Champagne, que es un organismo independiente”, indicó Ridois.

Pero el trabajo rindió sus frutos: “Trajimos un container completo y la verdad es que el producto ha tenido muy buena aceptación por parte del público”, explicó el directivo.

Paralelamente, la bodega también lanzó la línea “Los cuatro originales”, conformada por cuatro vinos con denominaciones reconocidas de Italia: un Chianti Clásico Reserva, un Brunello de Montalcino, un Barolo y un Barbaresco, que se consiguen a un precio individual de $1.500 cada uno. 

Ridois aseguró que la incorporación de estas líneas importadas “obedece a un proyecto de largo plazo. La Argentina es un país que no tiene una historia de vinos de alta gama como sí sucede en Europa. Sin embargo, hay un proceso de maduración de los consumidores que poco a poco buscan probar diferentes terroirs, incluso del exterior”.

"Nuestro proyecto es poder tener vinos representativos de todos los países productores del mundo, así que el plan es continuar incorporando alternativas”, completó.

También vinotecas
Una vinoteca que es sinónimo de vinos importados es Grand Cru.

Ubicada en Rodríguez Peña 1886, Ciudad de Buenos Aires, la compañía ha dado un fuerte paso en 2016 al ampliar su catálogo de etiquetas del exterior en un 30% respecto del año pasado.

Actualmente cuentan con 500 vinos importados, provenientes de países como Francia, Italia, España, Sudáfrica, Estados Unidos y Nueva Zelanda.

“Cuando comenzamos no había demanda, fue un nicho que fuimos creando poco a poco. Hoy el interés es cada vez mayor”, afirmó Nicolás Levy, uno de sus propietarios.

Respecto de las dificultades para importar, el directivo aseguró que “el proceso se ha simplificado respecto del año pasado”, pero advierte que una limitante continúa siendo la carga impositiva, del orden del 80% -entre aranceles y tributos internos-, que impacta sobre el valor de venta al público.

El abanico de precios y opciones con el que cuenta Grand Cru es realmente interesante.

Sólo por nombrar las etiquetas disponibles de vinos franceses, las alternativas parten desde un Marquis de Bordeaux Rosé, que cuesta $270, hasta un Château Cheval Blanc 2005, valuado en $84.785.

Más vinos españoles
El Grupo Codorníu Raventós acaba de presentar en la Argentina Cuvée Barcelona, un cava elaborado a partir de 120 fincas seleccionadas de Cataluña y que llega a un precio sugerido de $310.

Ahora, esta compañía –que en la Argentina es propietaria de bodega Séptima- cuenta con un sólido portfolio de etiquetas importadas.

Entre ellas pueden mencionarse Gran Codorníu Pinot Noir ($515), los tintos con denominación de origen Rivera del Duero Legaris Roble ($410) y Legaris Reserva ($1.250) y Scala Dei Cartoixa ($1.450), un blend titno de Garnacha y Cariñena procedente de la bodega más antigua de la región del Priorat, entre otras opciones.

“En años anteriores, los importados no eran foco por las dificultades que había. Actualmente, buscamos tener un crecimiento de dos dígitos para este 2016”, destacaron desde Codorníu Argentina.

“El consumidor argentino es muy nacionalista siendo que hay una altísima oferta local. Así y todo, está dispuesto a probar, aunque debe aprender los nuevos sabores de otros países”, detallaron.

De cara al verano, el Grupo Freixenet, de Barcelona (y que en la Argentina tiene presencia a través de Bodega Finca Ferrer), acaba de presentar Freixenet Ice, un cava dulce pensado para el verano que recomiendan tomar en un copón con hielo.

Para este 2016, la bodega plana importar unas 120.000 botellas entre todas sus líneas de cava, que incluye etiquetas como Cordón Negro o Gran Carta Nevada, con precios que van desde los $250 a los $1.500.

“Las perspectivas son alentadoras, la apertura de las importaciones permite continuar con un abastecimiento regular de los productos y la posibilidad de incluir nuevas referencias”, indicaron desde el grupo catalán.

Más Prosecco italiano
Bodega Renacer –perteneciente a la familia de origen chileno Reich- fue una de las primeras en innovar al importar un Sauvignon Blanc del Valle de Casablanca, que se comercializa todavía hoy bajo la línea Punto Final.

Pero ahora decidieron ampliar el portfolio de opciones importadas al convertirse en representantes exclusivos para la Argentina de Zardetto Prosecco.

La primera etiqueta que presentaron en el país es Prosecco Brut Zardetto ($395), un espumoso que, según explicaron desde la bodega, está elaborado con uvas de la variedad Glera, procedente de viñedos ubicados al noreste de Conegliano, en el Véneto.

“Nuestra familia está muy ligada a Italia, con nuestros abuelos nacidos en Santa Margherita, Liguria. De ahí viene nuestra curiosidad e interés por los vinos italianos y la oportunidad de importar cepas italianas a la Argentina”, explicó Patricio Reich, director de Renacer.

“Estamos muy satisfechos con esta nueva incorporación que demuestra nuestro afán de innovación constante por satisfacer a nuestros clientes y consumidores”, agregó.

Paralelamente, Dellepiane Spirits, una empresa centenaria en la Argentina y de las más importantes en el mercado de licores y cócteles, acaba de lanzar en el país el prosecco Sperone, que cuenta con denominación de origen controlado y que se comercializa a un precio sugerido de $250.

“La incorporación del Prosecco Sperone es muy importantes para nuestra empresa. Valoriza nuestro portfolio en un camino de reposicionamiento que hemos iniciado en 2013 con el objetivo de ofrecer al mercado argentino los mejores productos”, detalló Miguel Dellepiane, director comercial de la compañía.

© Por Juan Diego Wasilevsky - Editor Vinos & Bodegas iProfesional - juandiego@iprofesional.com

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