Economía

Ajuste fiscal con algo de keynesianismo: cambios en el equipo profundizan la fase del "vamos por todo" macrista

23-01-2017 La llegada de Javier González Fraga al equipo económico fue interpretada en el mercado como contradictoria con el nombramiento de Dujovne en el ministerio de Hacienda. Pero responde a una política que quiere atender, al mismo tiempo, el ajuste fiscal y la reactivación de la actividad
Por Fernando Gutierrez
Recibí nuestro newsletter diario SUSCRIBIRME
A-
A+

Mauricio Macri está demostrando que, a su modo, comparte con el kirchnerismo una motivación política: el famoso "vamos por todo".

Con sus últimos movimientos de funcionarios en el Gabinete, está dejando en claro que rechaza la antinomia entre focalizar su esfuerzo en reducir el déficit fiscal y dominar la inflación o priorizar el crecimiento de la economía para mejorar sus chances electorales.

Quiere las dos cosas a la vez. Está convencido de que puede ubicarse en un punto equidistante entre:

- La ortodoxia, que reclama un shock en el ajuste del gasto. Es decir, abandonar el gradualismo e ir a fondo con el recorte

- Los que le piden una reedición del "modelo K": estimular la economía por la vía de fogonear el consumo con políticas expansivas en el plano monetario y fiscal

Esa creencia es la que explica la aparente contradicción de haber sumado como titular del Banco Nación a Javier González Fraga (uno de los más connotados exponentes del ideario keynesiano en la Argentina) apenas un mes después de haber echado a Alfonso Prat Gay (otro keynesiano y partidario del gradualismo fiscal).

La de Macri es una postura que todavía no termina de interpretarse del todo en los ámbitos político y empresarial. De hecho, la asunción de González Fraga en reemplazo de un ortodoxo, como Carlos Melconian, provocó una gran confusión

A primera vista, pareció una medida en sentido absolutamente opuesto al realizado en el ministerio de Hacienda.

Es que el ingreso de Nicolás Dujovne -que tiene el recorte fiscal entre ceja y ceja- se había interpretado como una aceptación de las críticas que daban cuenta de la persistencia de un elevado gasto público y los escasos resultados de la estrategia gradualista.

Desde ese punto de vista, la pareja Dujovne-Melconian parecía mucho más coherente y con afinidad ideológica que la Dujovne-González Fraga

Si había un ministro con quien "casar" naturalmente a González Fraga, era con el defenestrado Prat Gay, de quien fue profesor, mentor y principal defensor público.

La confusión creada por la decisión de Macri se hizo evidente cuando los mismos economistas de tendencia liberal -que hace un mes habían aplaudido la entrada de Dujovne-, se horrorizaron por la llegada del nuevo titular del Banco Nación, a quien consideran un verdadero peligro.

"Se va un economista serio, profesional y de amplia trayectoria para que ingrese un keynesiano Modelo Ford T con medallas oscuras", fustigó el mediático Javier Milei.

En tanto, el controversial pero siempre escuchado Domingo Cavallo se declaró "preocupado por los consejos que González Fraga pueda darle a Macri", ya que podría "hacerlo equivocar más de lo que ya se ha equivocado".

Según el ex ministro, la raíz de los problemas actuales del Presidente es la falta de decisión para adoptar medidas de shock que estabilicen la economía. En su visión, González Fraga es, precisamente, uno de los adalides del gradualismo, en oposición a los ajustes drásticos.

Por su parte, Guillermo Nielsen se hizo eco de la versión según la cual el verdadero motivo del alejamiento de Melconian habría sido su negativa a asistir con fondos del Banco Nación a la Tesorería.

José Luis Espert -un duro crítico de González Fraga (a quien no sólo fustiga por sus ideas keynesianas sino por su actuación como presidente del Banco Central en el inicio del menemismo) fue otro de los que dejó flotando su sospecha sobre cuál será la principal tarea del funcionario.

"Fue un mal presidente del BCRA en los '90. Dejó un atraso cambiario fenomenal para la convertibilidad. Pero como es ‘progre', cae bien. Quizás sea bárbaro para repartir crédito subsidiado desde el Banco Nación", sentenció.

La llegada de la "pata keynesiana"
Las declaraciones del propio González Fraga parecen confirmar estas presunciones.

Durante la campaña electoral, defendió la necesidad de que la Argentina pusiera en práctica una banca de desarrollo. Pero no a partir de la creación de un nuevo banco, sino echando mano a la estructura del Nación, que cuenta con 800 sucursales diseminadas en el país y lidera por lejos todos los rankings de clientes, depósitos y préstamos.

A modo de explicación política sobre su nombramiento, el nuevo funcionario reivindicó su condición de defensor de las pymes y las economías regionales. E insinuó que, bajo su mandato, la entidad que comandará va a promover un boom de créditos hipotecarios.

Con cintura política, disimuló sus recientes críticas a las estrategias implementadas por el Banco Central y repitió el argumento de Macri respecto de que la única forma de crecimiento sostenido es recuperar la inversión.

Lo que llama la atención es que tanto González Fraga como los medios de comunicación y analistas políticos están haciendo referencia a este recambio casi como si se tratara de la asunción de un nuevo ministro de Economía.

Es probable que nunca antes se haya generado semejante expectativa por el reemplazo de un presidente en el Banco Nación.

Esto obedece, naturalmente, a la particular cultura del macrismo, en la cual los ministros han visto recortado su poder al punto de ser percibidos como meros ejecutores de políticas que ya han sido definidas en la "mesa chica" del Presidente.

Paradójicamente, este estilo de gestión coincide con el del fallecido Néstor Kirchner aunque, claro está, ahora se justifica con la terminología empresarial sobre el "trabajo en equipo".

Lo curioso es que si alguien se mostró particularmente crítico de esta cultura verticalista -en la que se castiga a los funcionarios de alto perfil o a los que plantean discrepancias- ha sido González Fraga, quien cuestionó la forma en que se le había recortado poder a su amigo Prat Gay.

¿Cómo se explica entonces la llegada de un economista "high profile", que habla como si fuera ministro y que, para colmo, mete miedo entre quienes se habían ilusionado con el inicio de una fase de responsabilidad fiscal?

La respuesta la dio el propio González Fraga al señalar cuál es, a su entender, la principal debilidad del país: "Nadie quiere invertir porque no saben si vuelve el populismo dentro de dos años".

Ese es, precisamente, el gran punto de coincidencia con el Presidente: ambos creen que la gran duda instalada en los inversores es si Macri podrá consolidar su proyecto político, para así garantizar la continuidad de las reformas.

En otras palabras, ellos pueden perdonarle al Gobierno que se pase algunos puntos de su meta inflacionaria, o que se "endulce" con el crédito externo, al menos en esta etapa, pero lo que no le perdonarán es una derrota electoral en las legislativas de octubre.

Macri había entendido esto en encuentros con empresarios del exterior. No le preguntaban por el dólar ni por el déficit, sino por su margen de gobernabilidad y su situación de minoría en el Congreso. 

Por si fuera necesario, Dujovne, en Davos, recibió otra tanda de planteos del mismo estilo.

Objetivo: subir tarifas y ganar las elecciones
La consigna de Macri empieza a quedar clara: no parece dispuesto a tener que elegir entre la responsabilidad fiscal o atender el frente electoral.

Lo ve como una falsa oposición. Quiere "ir por todo". Y, desde esa visión, no resulta contradictorio que haya:

- Un ministro que esté sólo dedicado a recortar gasto público

- Otro abocado a conseguir el crédito, externo e interno

- Un presidente del Banco Nación -casi con rango ministerial- que se ocupe de lubricar con préstamos blandos a la economía real.

González Fraga, que manejará una de las cajas más grandes del país -la mayor del sistema bancario- es el hombre designado para fortalecer los tímidos "brotes verdes" en la industria, el campo y los servicios. Y, de esa forma, mejorar el humor social en el período pre-electoral.

En ese punto, el método de Macri diferirá del kirchnerista, que hacía un ajuste en los años pares (en los que no hay elecciones) y propiciaba una expansión fiscal en los impares, en los que el gasto público y la inflación quedaban "justificados" por un aumento del consumo.

El Presidente, en cambio, cree que es posible avanzar en políticas activas aprovechando la estructura y capacidad genuina del mayor banco del país. Es decir, sin tocar la caja fiscal.

La fórmula a aplicar es así:

- Luis "Toto" Caputo consigue crédito

- González Fraga gasta

- Dujovne recorta
 
- Sturzenegger trata de bajar la inflación al 17%

La gran duda, naturalmente, es si la consecución de todas estas metas en forma simultánea es posible o si, por el contrario, terminará por ser un híbrido que no logre ni una reactivación de la actividad ni una mejora ostensible en la estabilidad macro.

Por lo pronto, el gremio de los economistas se muestra escéptico. Las predicciones sobre crecimiento del PBI han sido revisadas a la baja, incluyendo pronósticos que dan cuenta de apenas 1% de recuperación.

Pocos creen que se cumpla la reducción fiscal y muchos ponen en duda que se alcance la meta inflacionaria del 17% si se aplica la suba de tarifas programada.

Lo que queda en claro es que la apuesta de Macri conlleva sus riesgos y que él cree que no puede resignar un objetivo en aras de cumplir con otros. Quiere subir las tarifas y, además, ganar las elecciones.

A primera vista, es una estrategia que contradice los manuales de política. Pero apuesta a imponer su estilo propio, forjado entre el grupo Socma, el club Boca Juniors y el Gobierno de la Ciudad.

Un estilo que combina sus convicciones doctrinarias liberales con un pragmatismo típico de los hombres de empresa.

 

SECCIÓN Economía