Economía

La fiebre dolarizadora ya alcanza niveles récord, pero aun así no alcanza para que deje de caer la cotización

15-02-2017 En enero hubo una "fuga" de u$s2.520 millones, cifra que es récord histórico en el rubro de compras para viaje y turismo. El dato preocupa, si bien los funcionarios también reconocen que tiene su costado funcional: ayuda a sostener el tipo de cambio sin que el BCRA deba comprar dólares
Por Claudio Zlotnik
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La fiebre dolarizadora no entiende de almanaques y ya contagió al nuevo año.

De acuerdo con el relevamiento del Banco Central, nada menos que un millón de argentinos volvió a comprar billetes verdes en el primer mes de 2017.

En total, embolsaron unos u$s2.520 millones, un 71% más que los u$s1.470 millones que habían adquirido a comienzos del año pasado.

Para tener una dimensión de lo que significa ese monto, vale este dato: es muy parecido al que se registraba hacia finales de 2011, justo antes de la instauración del "cepo".

Claro que hay grandes diferencias entre estos dos momentos: Cristina Kirchner impuso el control cambiario en medio de una caída imparable de reservas, mientras que ahora la situación del BCRA luce más desahogada.

Hay otro dato que también sirve para mensurar el nivel de "fuga" actual: las compras del mes pasado equivalen al total adquirido por ahorristas durante enero y febrero del 2016. Es decir, apenas quitado el cepo.

La administración Macri sufre la dolarización masiva por parte del público pero, al contrario de lo ocurrido hace un lustro, las reservas crecen, producto del endeudamiento por parte del Gobierno nacional, provincias y de un grupo de compañías y bancos líderes.

Los datos oficiales confirman una tendencia que se viene acentuando en los últimos meses: los inversores prefieren a la divisa estadounidense frente a otras opciones de ahorro.

De hecho, el 2016 terminó con la peor "fuga" de capitales en cinco años. Para los analistas de la city porteña, esta predilección del público se explica por el consabido atraso cambiario.

Pese a la fuerte devaluación de hace 13 meses, los precios de los bienes y servicios siguen siendo muy elevados. Y eso el público lo sabe. En otras palabras, como en tantos otros momentos históricos, hay una percepción de que "el dólar está barato".

Por caso, la consultora LCG, fundada por Martín Lousteau, calcula que debería estar en $19,90 para recuperar el terreno perdido frente a la inflación desde octubre de 2011 (cuando arrancó el cepo) a la fecha.

¿Preocupación o alivio?
Una situación de fuga, como la que se vive actualmente, siempre ha sido motivo de preocupación. La elevada demanda tradicionalmente fue vista como un retaceo de pesos a la economía y como una confirmación del rechazo de la moneda nacional como instrumento de ahorro.

Sin embargo, la fiebre dolarizadora de hoy día no genera la inquietud típica de otros momentos. Y hasta se da la paradoja de que le lleva algo de alivio al Banco Central.

¿Por qué? Básicamente porque si no fuera por esta masiva demanda, el tipo de cambio estaría todavía más abajo, lo que produciría un mayor perjuicio a las economías regionales y empresas exportadoras.

Además, obligaría al BCRA a salir a comprar billetes verdes (para reducir la oferta y sostener el precio) con la consiguiente emisión de pesos que es, justamente, lo que quiere evitar Federico Sturzenegger, que se encuentra en plena cruzada anti-inflacionaria.

En otras palabras, los ahorristas están impidiendo una caída mayor de la cotización y le ahorran al Central el "trabajo sucio" de tener que retirar las divisas "sobrantes".

Claro que esto no es gratis. La contracara es que cada peso que se destina a la compra de billetes verdes -que en su mayoría van al exterior o al "colchón"- implica un peso menos para inversión o consumo.

Esta situación, por cierto, va adquiriendo mayor relevancia con el correr de los días, ya que el Gobierno necesita urgentemente reactivar la economía.

De hecho, el rubro que se ve más beneficiado por la fiebre dolarizadora es el del turismo externo, que no ayuda demasiado a cumplimentar el objetivo oficial.

El mes pasado se registró un egreso récord para viajes: u$s1.309 millones, un 63% más que en enero del año pasado (u$s803 millones). Lo ocurrido en enero fue "un máximo histórico en este concepto", admiten desde el Banco Central.

La tendencia está claramente asociada con el atraso cambiario, si bien desde el BCRA indicaron que "en la comparación interanual debe considerarse el adelantamiento de cancelaciones de gastos en el exterior del 2015 que podrían haber realizado quienes viajaron durante el verano de 2016".

Sin piso a la vista
El actual contexto (alta demanda y gastos récord fuera del país) debería impulsar al alza el valor de la divisa. Sería lo lógico.

Pero eso no está sucediendo. Por el contrario, los $15,80 de ahora es el nivel más bajo desde fines de noviembre.

¿Por qué ocurre esta "anomalía"? Por lo pronto, la ola de colocaciones de papeles de deuda y el blanqueo de capitales se combinan para hacer de este verano una estación atípica.

Concretamente, por la vía del endeudamiento ingresarán cerca de u$s10.000 millones en el primer trimestre (los u$s7.000 M conseguidos por Luis "Toto" Caputo en EE.UU. más unos u$s2.000 M por emisiones provinciales y de empresas).

Pero hay más, el funcionario ya adelantó que este año buscará en los mercados u$s40.000 millones.

El diagnóstico del gremio de economistas es que el dólar seguirá barato, al menos hasta las elecciones de octubre.

Del relevamiento de Latinfocus -que toma en cuenta las proyecciones de medio centenar de consultoras- se desprende que hacia finales de 2017 la cotización se ubicaría en $18,05.

Respecto de la anterior estimación, se observa una caída de 20 centavos, toda una muestra de cuál es la sensación del mercado en materia cambiaria.

La contracara de lo que está sucediendo en la city, con casi un millón de personas haciéndose de billetes verdes "baratos", es que la Argentina queda cada vez está más cara en términos de moneda dura.

Por ese motivo, la dolarización el año pasado trepó a la friolera de u$s1.600 millones promedio por mes y totalizó casi u$s20.000 millones. Por turismo salieron u$s8.237 millones.

De acuerdo con las estimaciones de los expertos, lejos de revertirse, la demanda será más abultada este año.

Las compras de enero, de acuerdo con los datos compilados por el BCRA, arrojan algunos "tips" interesantes para el análisis:

- Una de cada dos personas adquirió menos de u$s10.000.

- El 70% del millón de demandantes compró menos de u$s50.000

Es decir que la mayoría de la "fuga" se explica por movimiento de tipo hormiga, ya que sólo el 30% restante retiró más de esa cantidad.

Lo que parece cierto también es que, sin esa demanda del sector privado, que ahorra y que viaja, el Banco Central tendría más problemas para sostener el ya debilitado tipo de cambio.

La oleada de divisas que llegan producto de las colocaciones de deuda y el blanqueo lo obligaría a intervenir, con la consiguiente emisión de pesos.

Sturzenegger es un convencido de que esas emisiones son inflacionarias. Por otro lado, para contrarrestarlas habría que emitir Letras, con el costo cuasifiscal que ello acarrearía.

La lectura que hace el mercado es que para el BCRA la actual dinámica de dolarización exacerbada no resulta perniciosa. Por el contrario, contribuye a que el tipo de cambio no se ubique por debajo del rango actual.

Sin intervenciones y bajo un esquema de flotación libre, la entidad considera que el actual valor es producto del juego de la oferta y demanda y que, entonces, habrá que acostumbrarse al "atraso".

Por lo pronto, ni en el Gobierno ni en el directorio del Central quieren escuchar de habilitar una suba. Sospechan que cualquier intento de "empujar" la cotización puede acarrear un efecto opuesto al buscado.

Concretamente, observan que impulsaría al alza los precios de los bienes y servicios y que, de esa manera, en pocas semanas una eventual ganancia de competitividad quedaría neutralizada, con el agravante de que se generaría una nueva inercia inflacionaria.

Desde Hacienda prefieren hablar de una mejora gradual de esa variable (competitividad) a través de una disminución de la presión impositiva, aunque esto no será de un día para el otro.

Expertos como Mario Blejer, director del Banco Hipotecario, sugiere que lo óptimo sería que Sturzenegger utilizara el mercado de futuros para dar la señal de que quiere un tipo de cambio más alto, más allá de que por cuestiones circunstanciales el mercado esté deprimiendo la cotización.

Además, cree que en algún momento del año habrá menos emisiones de bonos de deuda y que desaparecerán los efectos del blanqueo.

Esto lo lleva a advertir que habrá mayor volatilidad cambiaria hacia el último trimestre y a señalar que el Gobierno tendría que ir preparándose para enfrentar ese escenario.

Al contrario de la mayoría de los economistas, Blejer se muestra preocupado por el aluvión de compras. Entiende que esta fiebre dolarizadora reduce el consumo y perjudica a la economía.

Como dice el CEO de una empresa con presencia en los principales shopping del país, "por cada dólar que va al colchón, 16 pesos dejan de ir a los mostradores de los comercios".

 

 

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