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Récord del "deme dos" en era Macri: argentinos "huelen" atraso cambiario y revientan sus tarjetas en el exterior
10-03-2017 Mientras que los sindicatos protestan por el aumento de las importaciones y la caída de la producción, son furor las compras con plásticos fuera del país. Con un billete verde que vale lo mismo que hace un año, resulta más atractivo viajar a Chile o Miami para comprar desde tecnología hasta ropa 
Por Juan Diego Wasilevsky
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En uno de los momentos más encendidos del acto de la CGT y tras denunciar los "problemas por el deterioro de los salarios, la avalancha de importaciones que atenta contra la producción nacional y la asfixia que sufren las economías regionales”, el líder sindical Juan Carlos Schmid lanzó una dura crítica contra un modelo que, a su entender, incentiva a que cientos de miles de personas crucen la frontera para hacer turismo y shopping en Chile

Fue el único orador que hizo alusión –al menos indirecta- al cada vez más caldeado debate sobre el atraso cambiario, representado por un aluvión de argentinos que hicieron de la capital trasandina la “nueva Miami”. 

Un fenómeno también corporizado en el boom de turistas en playas de Brasil y en las costas de Uruguay, donde la presencia de argentinos alcanzó récords históricos. 

Así, los reclamos gremiales por un fuerte incremento de las importaciones –calzados y textiles, por ejemplo, se dispararon entre 60% y 70% en el primer bimestre- y el boom de los viajes al exterior son dos caras de la misma moneda: el “dólar barato”. 

Por tradición, los sindicatos nunca llevan en alto la bandera de la devaluación, movimiento que asocian históricamente con la pérdida de poder adquisitivo de la población.

Por eso, no pasó desapercibido el hecho de que un referente gremial dispare contra un tipo de cambio que hoy alienta a cruzar la frontera para adquirir productos importados

Argentinos haciendo turismo en Chile hay desde hace décadas. Pero la realidad es que este verano tocaron un nuevo récord, incluso superior a las épocas del 1 a 1. 

Si bien fue uno de los tantos destinos elegidos para esta temporada estival –como se dijo, Brasil, Uruguay y hasta EE.UU. también captaron cientos de miles de turistas-, las escenas de kilómetros de autos atascados en el paso internacional Cristo Redentor y las imágenes de argentinos cargando desde televisores LED hasta ropa, sintetizaron a la perfección de qué se habla cuando se habla de atraso cambiario

“Los incentivos a consumir en el exterior encienden una luz de alerta porque derivan en asimetrías preocupantes: en 2016, el comercio minorista cayó 7% en Argentina, mientras que las compras de argentinos en Chile aumentaron 80%”, destaca Pablo Salvador, economista de la Fundación Ideal. 

“En el caso de Mendoza, las ventas minoristas provinciales cayeron más que el promedio. Y la cercanía con el territorio chileno, que reduce los costos de comprar en el vecino país, explica parte de este mayor impacto comercial adverso que enfrenta esa provincia”, detalla. 

Según el experto, además de la mayor presión impositiva doméstica, el gran factor que sirve para explicar este desbalance está en el deterioro del tipo de cambio real, es decir, descontando la inflación.

Este flagelo, de acuerdo con el economista, es responsable "de generar problemas al sector exportador, al que le resulta difícil competir y vender en el exterior, y también al sector comercial local, por las `fugas de comercio` a otros países”. 

Dichas "fugas" hoy tienen a la capital trasandina como el gran epicentro, mientras que Miami quedó como la segunda “meca” para el turismo de compras, según se desprende del registro de ventas de pasajes de Despega.

Este auge se ve reflejado en un “marcapasos” que, a medida que el atraso cambiario se potencia, más se dispara: el de los gastos con tarjeta de crédito en el exterior

Para entender la magnitud del boom de turismo externo, bastan algunas referencias: 

-Según datos del BCRA, hasta antes de este verano, el último récord post “1 a 1” había tenido lugar en octubre de 2013, en vísperas a la devaluación que instrumentó el entonces ministro de Economía, Axel Kicillof.

-En esos momentos, el saldo por compras con plásticos en moneda extranjera alcanzó una marca máxima de u$s570 millones, cifra que no sería sobrepasada sino tres años y tres meses después. 

-Esto ocurrió a fines de enero último, cuando las tarjetas comenzaron ponerse al “rojo vivo”, de la mano de los millones de turistas que veranearon fuera del país. Allí, se alcanzó un nuevo récord de u$s580 millones. 

-Luego, lejos de detenerse, el uso de plásticos para gastos en dólares volvió a dispararse, hasta alcanzar cifras inéditas: durante los primeros días de marzo tocó los u$s770 millones, casi 50% más que en el mismo mes de 2016

El siguiente cuadro pone de manifiesto la sorprendente disparada de los saldos por compras con tarjetas de argentinos fuera del país.

La Argentina, cara en dólares
El Gobierno macrista está intentando dar un primer paso para abaratar la tecnología en la Argentina, uno de los ítems más elegidos por quienes viajan fuera del país. Pero la estrategia, por ahora, está limitada sólo a las portátiles

En abril ya se podrán importar notebooks y tablets sin aranceles –por ahora es del 35%- para facilitar el acceso de los consumidores a estos dispositivos. El precio a pagar es “desactivar” el ensamblado nacional, que llegó a producir cerca de 2 millones de equipos al año. 

Desde el Ministerio de Producción celebran que, por el sólo hecho de haber anticipado la noticia, se propició una baja de precios de hasta el 35% en las cadenas de retail

Sin embargo, y pese a esta reducción, la Argentina sigue siendo cara al comparar los valores de la tecnología en otras plazas, como Miami o Santiago de Chile. 

Un relevamiento realizado por iProfesional pone de manifiesto que notebooks, computadoras de escritorio y tablets pueden costar hasta un 90% más en las cadenas locales más reconocidas del país que en comercios de la nación vecina como Ripley, Falabella o Tiendas París.

En el caso de una MacBook Air con 128 GB de capacidad, en un local porteño cotiza a u$s2.000, un 84% por encima que en uno de Santiago

Si se considera una notebook marca HP modelo AC101, en los comercios de Buenos Aires se ofrece al equivalente de u$s616, un 64% más que en la ciudad trasandina.

Claro que los argentinos no sólo buscan portátiles en el país vecino. Este verano también fue furor la compra de televisores: un modelo Samsung LED Full HD de 32” que en Chile se consigue por u$s230, en la Argentina hay que pagarlo u$s340, casi 50% más. 

En el caso de un Samsung Smart TV de 32” modelo J5500, en el país trasandino cuesta u$s318, mientras que en los comercios porteños se ofrece por $8.000 que, al tipo de cambio actual, representa casi u$s500, es decir, un 60% más. 

En el caso de la indumentaria, las diferencias también son notorias, en un contexto en el que, además, los fabricantes locales del sector textil alegan que cerca de un 55% del precio de venta de una prenda está conformado por impuestos y gastos comerciales

En Chile, los precios de la ropa son entre un 30% y un 60% más económicos que en la plaza doméstica, con el plus de que Santiago en los últimos años se ha convertido en una "meca" para las marcas internacionales que hoy no están presentes en la Argentina, como Calvin Klein, Forever 21, H&M o GAP, por citar algunas. 

Polémica por el tipo de cambio 
Es cierto que el factor impositivo pesa y mucho. En el país, de hecho, la presión tributaria es 14 puntos superior que en el caso de Chile, con el agregado de que la mayoría de los bienes de consumo –desde electrónica hasta indumentaria- ingresan a la nación vecina con un arancel del 0%, mientras que aquí –salvo el caso de las portátiles- continúan estando protegidas

Sin embargo, según Salvador, la distorsión impositiva y el menor grado de apertura comercial “no son temas nuevos para la Argentina”. 

Entonces, ¿qué factor explica el explosivo incremento de los gastos con tarjeta en el exterior? 

De acuerdo con el economista, “el gobierno anterior atrasó el tipo de cambio, con lo cual era atractivo ahorrar en dólares y gastar en el exterior, pero contuvo la salida de divisas con los cepos". 

Sin embargo, la administración macrista cambió esa dinámica: en un primer momento liberó el mercado cambiario y avanzó con una devaluación del 60%. Sin embargo, la elevada inflación (del 40% en 2016) volvió a atrasar el tipo de cambio

Claro que este tema es, a los ojos de los funcionarios, un tema "discutible". De hecho, el propio ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, argumentó que hay que tomar como referencia la situación imperante en noviembre de 2015 -cuando el billete verde estaba a $9- y no quedarse con la película del 2016. 

“La competitividad hoy es mejor que en 2015 y el tipo de cambio multilateral también está mejor", sostuvo, para luego señalar que, más allá del valor del dólar y la inflación, “hay que mirar la productividad”. 

En este sentido, el Gobierno viene intentando llevando adelante una agenda que apunta a disminuir los costos laborales, iniciativa muy cuestionada por gran parte del sindicalismo. 

En el debate por cuán caro o barato está el billete verde hasta se metió el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, quien afirmó que “lo más fácil es mejorar la competitividad tocando el tipo de cambio pero esto es empobrecer a los más vulnerables”. 

Frente a esto, insistió con el plan de mejorar esa variable por la vía indirecta, sin devaluar, "bajando costos logísticos, incentivando inversiones e integrando distintos eslabones de las cadenas productivas”. 

Las palabras del funcionario se dan luego de un 2016 en el que las importaciones de alimentos se dispararon: 

-Ingresaron 25.800 toneladas de carne porcina, un 120% más que el año anterior. 

-Entraron 5.900 toneladas de pollo, 9 veces más que en 2015. 

-En el caso de las cebollas, se importaron 17.300 toneladas, un alza del 400%. 

-De zanahorias, en tanto, se trajeron del exterior 11.600 toneladas, cuando en el período previo ni siquiera se habían alcanzado las 10. 

Pese a las defensas que hacen los funcionarios, en el gremio de los economistas y entre los empresarios, se afianza el diagnóstico de que el dólar sí está barato y que esto afectará más a una economía que todavía no arranca. 

El analista Fernando Baer, director de la consultora Bconomics, destaca que el disparador de las devaluaciones más importantes que se dieron en la historia del país fue la suma de déficits elevados (fiscal y de cuenta corriente) y la escasez de divisas.

“La diferencia principal es que hoy tenemos un exceso de dólares”, señala Baer, producto del blanqueo y colocaciones públicas y privadas, “que mantienen su valor en niveles similares a los de hace un año”. 

El problema es que, en ese lapso, la suba de precios erosionó gran parte del "colchón".

Algunos, incluso, se animaron a hablar del valor "ideal" del billete verde para reactivar las exportaciones y recuperar la competitividad cambiaria perdida desde fines de 2015. 

Guillermo Nielsen –que asesora al Frente Renovador- afirma que la divisa estadounidense "debería estar en aproximadamente $20" para recuperar oxígeno. 

“Si el dólar está absolutamente atrasado es por el déficit fiscal, que en este caso se está financiando con créditos del exterior”, sostiene. 

Desde el sector industrial, Norberto Taranto, que tiene una prestigiosa fábrica de juntas para motores y que provee a marcas premium, también le puso un número: afirma que el billete verde tendría que estar a $19 para tener competitividad. 

En tanto, desde la cámara que nuclea a fabricantes de línea blanca, un directivo que pidió reserva de identidad, sostiene que para recuperar mercados perdidos y "evitar la entrada de equipos chinos y brasileños, como la que estamos sufriendo hoy", el dólar "ya mismo debería estar en $20". 

Para ponerlo en perspectiva, ¿cómo está hoy la competitividad cambiaria de la Argentina en términos reales

Al trazar un comparativo, la cotización –descontando inflación- hoy está un 35% por debajo del promedio de las últimas décadas, según Baer (ver cuadro). 

En tanto, para Gabriel Caamaño Gómez, de la consultora Ledesma, si se toma en consideración el tipo de cambio real multilateral al que hace referencia Dujovne –que contempla las monedas y las inflaciones de los países con los que más comercia la Argentina- se obtiene que el valor actual es marginalmente mejor que antes de la devaluación de fines de 2015 y que la de inicios de 2014. 

Sin embargo, el mismo resulta un 35% más desventajoso que en momentos de pujanza, como en 2010. 

En otras palabras, la competitividad cambiaria se ubica en sus peores niveles de los últimos años (ver cuadro). 


Caamaño Gómez advierte que “con un nivel de déficit fiscal históricamente elevado y sostenido, cuanto más dureza monetaria y menos  dureza fiscal tenga el mix desinflacionario”, entonces más se abaratará el dólar

Frente a este diagnóstico, Baer afirma que “si el atraso cambiario persiste, entonces la economía demorará aun más en arrancar”, debido a un mayor crecimiento de las importaciones y al deterioro de las exportaciones, en un contexto en el que Brasil sigue sin reaccionar.   

Caamaño Gómez agrega un detalle: el poder adquisitivo del salario para la compra de artículos importados mejorará relativamente, dado que los procesos de atraso cambiario tienen, en el corto plazo, "un impacto positivo en el dinamismo del consumo”. 

Sin embargo, el efecto contrario lo sufrirán los exportadores de bienes y servicios, “que serán menos rentables y competitivos y, por lo tanto, es esperable que reduzcan su nivel de dinamismo". 

Salvador postula si bien podrá haber una recuperación del poder de compra de los salarios en los próximos meses, “el atraso cambiario, junto con la mayor presión tributaria y la protección que aún tienen algunos sectores en la Argentina, seguirá fomentando el consumo en el exterior”.

Es decir, todo indica que durante los próximos fines de semana largo y las vacaciones de invierno, las tarjetas de crédito de argentinos seguirán “al rojo vivo” fuera del país. 

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