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Síndrome Sancor: el Gobierno condiciona ayuda financiera a que la empresa haga un plan de ajuste
09-03-2017 Cabrera aseguró que la empresa "no fue cuidadosa con los gastos", por lo que le exige una reestructuración. El sector está en crisis: este año, el país importaría leche por primera vez en décadas. El desfasaje entre número de empleados y producción es uno de los principales componentes del cóctel
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El panorama sigue sin ser alentador para Sancor: la segunda empresa láctea del país atraviesa una fuerte crisis, con más de 500 trabajadores cesanteados, y ahora tampoco contará con la ayuda financiera del Gobierno.

El ministro de Producción, Francisco Cabrera, señaló hoy que el Estado le otorgó "préstamos por fuera del circuito financiero" por unos $500 millones, pero ahora suspenderán la ayuda a cambio de un ordenamiento del plan de negocios.

El diagnóstico es similar a la de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra), que señaló que no hubo despidos en Sancor, pero también exige una restructuración de la compañía.

No obstante, la cooperativa suspendió este miércoles las plantas de las localidades santafesinas de Brinkman, Charlone, Moldes y Centeno, donde los encargados recibieron la orden de no recibir materia prima.

 "Sancor es una empresa grande con muchos problemas desde hace muchos años", señaló Cabrera, quien opinó que la firma "se metió en un problema serio" cuando se convirtió en "un exportador importante de leche en polvo a Venezuela y Venezuela le dejó de pagar" durante la era kirchnerista.

El funcionario destacó que la ayuda estatal tenía como fin un saneamiento de las finanzas de la firma, que no llegó a ser tal. "Es mala la administración y, cuando pasan estas cosas, las empresas fracasan", disparó, categórico, el ministro.

Es que la cooperativa lechera entró en un círculo vicioso: toma deuda para sanear la deuda existente, en lugar de detectar dónde está la fuga. "Si la deuda crece, tiene que reestructurar algo de su plan de negocios", analizó el ministro.

"La empresa amplió su estructura en forma desmesurada, no fue cuidadosa con sus costos". El pedido de Cabrera es claro: Sancor tiene que ajustarse, desprendiéndose de personal o aumentando sus ventas.

Por eso sabe el ministro remarca que "el verdadero problema de Sancor no es tanto el tambero, que es una persona solvente porque tiene activos, sino los empleados, los que trabajan en los sectores productivos de sus plantas".

En cambio, los tamberos son los dueños de la compañía, lo que ofrece un panorama inusual. "Durante muchos años, se subsidió el precio de la leche de manera que los tamberos, que eran los accionistas, tuvieran un mejor precio que el del mercado".

Falta de competitividad
La industria láctea argentina en la actualidad tiene un desfasaje entre la producción y cantidad de empleados.

Manuel Ocampo, de la Asociación de Productores de Leche (APL), indicó a iProfesional que una potencia lechera como Nueva Zelanda emplea 12.000 personas para generar 22.000 millones de litros anuales.

En la Argentina, la ecuación no cierra: produce menos de la mitad con el triple de empleados

La Serenísima muestra un estado de situación no muy diferente. Cuenta con 9 plantas y podría operar con menos de la mitad.

"Hace un tiempo, dentro de la misma compañía me reconocían que de sus 4.200 empleados alrededor de 1.200 están de más. Su sobredimensionamiento, al no haber estado acompañado por una mejora en la eficiencia, colocó a la empresa al borde del desastre", disparó Ocampo.

Este miércoles, se conoció que la empresa estaría bajando de 15 a 9 los establecimientos operativos en operación y reducir la nómina de 4.000 a 2.500 trabajadores.            

Un problema más amplio
El panorama desolador de Sancor no es distinto al del resto del sector. En el Mercado de Liniers ven cómo cada semana se faenan las vacas Holando Argentino, la raza típica de los tambos. Toda una síntesis.

Entre los principales escollos de la industria láctea, se pueden citar los siguientes:

* Las dos empresas líderes, SanCor y La Serenísima, están al borde del precipicio, en términos financieros

* En el caso de la primera (SanCor), se vio obligada a desprenderse del manejo comercial de sus líneas más rentables (postres, yogures y leches maternizadas)

*Tiene 4.700 empleados cuando, según expertos, no debería superar los 1.000. Opera con 12 plantas y podría concentrar toda su producción en apenas dos

* En cuanto a la segunda (La Serenísima), tuvo que ceder la tercera parte de su capital accionario a Arcor, ya que iba camino a acumular un quebranto superior a los $1.000 millones en los últimos tres años

* Poseen una capacidad ociosa del 50% y del 30% respectivamente. SanCor procesa 3 millones de litros (podría estar en 6 millones). La empresa fundada por Pascual Mastellone, unos 5 millones (contra un potencial de 7 millones)

* La producción láctea en el país no crece desde hace 20 años. Hoy día, el nivel es similar al de la década del ´90 (con costos disparándose)

* De los más de 30.000 tambos que había en los ´80, actualmente sólo quedan 11.000

* De esos 11.000 que lograron sobrevivir, cerca de 1.000 van camino a la quiebra

* Los productores a duras penas logran hacerse del 20% del precio total de los artículos que llegan a las góndolas

Según Eduardo Buzzi, ex titular de Federación Agraria, la alternativa es una sola: o el modelo cambia o el mercado de producción de leche implosionará de tal manera que, por primera vez en casi 30 años, la Argentina se verá obligada a importar leche y derivados.

A esto hay que sumarle el cierre de varios tambos. "Hoy no se exporta nada porque no hay leche. Y si seguimos a este ritmo vamos camino a importar", señaló Marcelo Aimar, presidente de la mesa de Productores Lecheros de Santa Fe, a iProfesional.

A la vez, especifica que no hay materias primas para fabricar queso ni manteca. "Es lamentable, pero se llegó a un punto en que conviene tirar la leche a producirla", enfatiza.

La génesis de esta situación estaría motivada, en gran parte, a los daños causados por el entramado de medidas proteccionistas y "antiexportación" del kirchnerismo.

Ocampo, de la Asociación de Productores de Leche (APL), señaló que en los años de Néstor y Cristina Kirchner se desalentó fuertemente la exportación para concentrar las ventas en el mercado interno.

"Entre precios de corte, la prohibición a ciertas exportaciones y la fijación de valores máximos, el sector lácteo resignó ingresos por $60.000 millones durante el kirchnerismo", expresa.

Esto terminó paralizando al sector, mientras que en la región los productores se desarrollan a tasas de entre un 20% y un 30% anual.

"Hasta Perú y Bolivia, que eran mercados pequeños, hoy crecen más que nosotros", apunta Ocampo..

Como si fuera poco,  Buzzi señaló que esta estrategia fomentó la pérdida de mercados internacionales, a diferencia de lo que ocurre en la región.

 "Uruguay, que exporta casi el 70% de los más de 2.000 millones de litros que extrae anualmente", ejemplifica.

Nueva Zelanda y Canadá, que ocupan las primeras posiciones del mercado, les venden a otras naciones el 95% de la leche que producen.

La Argentina, en cambio, los tambos locales colocan en el exterior menos del 20% de la producción total según cifras de APL.

Para peor, en el sector ya dan por descontado que este año se perderá por completo dicho saldo exportable.

A un paso de la importación
"La Argentina hoy se encuentra en la peor situación de más de una década. Entre 2015 y 2016 dejó de producir cerca de 1.200 millones de litros y este año habrá otra caída de proporciones", señaló Ocampo.

Además, advirtió que "se está a un paso de empatar el nivel de consumo con la oferta, de modo tal que cualquier eventualidad puede empujarnos a tener que importar".

"Los precios son bajos y más aun lo que reciben los productores. Hoy día un tambero recibe menos de $5 por litro, por debajo del costo", explicó a iProfesional Hugo Biolcati, ex titular de la Sociedad Rural Argentina (SRA).

En su visión, este año habrá un empate entre la producción y el nivel de consumo, que es del orden de los 9.000 millones de litros.

Además, afirma que con las reglas actuales sólo el 25% de los tamberos logran una rentabilidad que les permite seguir sin sufrir vicisitudes.

"La lechería no es viable en estos términos. Se paga poco a nivel interno, las compañías que acopian –como La Serenísima y SanCor– están en crisis, y los supermercados ponen las reglas de la comercialización", dice.

"Sancor apenas procesa 3 millones de litros por día. Debe estar en los 1.400 millones de litros anuales, una cifra pequeña para su capacidad instalada", calculó Ocampo.

 

 

 

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