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La Argentina, entre el riesgo de perder el bono demográfico y la oportunidad del desarrollo
14-03-2017 El país tiene una oportunidad histórica: posee más habitantes en la población económicamente activa. Si lo aprovecha, puede crecer. Caso contrario: comprometerá a las generaciones futuras. Un experto analiza las claves para sacarle rédito. La informalidad laboral de los jóvenes, un tema a resolver
Por Martín Padulla*
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El bono demográfico es un fenómeno que se da dentro del proceso de transición demográfica en el que la población en edad de trabajar es mayor que la dependiente (niños y adultos mayores), y por tanto, el potencial productivo de la economía es mayor.

La Argentina se encuentra en esta etapa, transita el período en el cual hay más habitantes en la población económicamente activa. El escenario es el siguiente: pocos niños, pocos adultos mayores  y mucha gente en edad de trabajar. Su bono demográfico, sin embargo, se acaba en 2035.

Si no se aprovecha el "bono demográfico" o la denominada "ventana de oportunidad demográfica", en la etapa posterior que por razones obvias se llama envejecimiento, es muy difícil crecer y alcanzar el desarrollo.

La Argentina no transita sola este periodo: Latinoamérica tiene hoy la mayor parte de la población en edad económicamente activa, entre 15 y 59 años, con capacidad para trabajar, ahorrar e invertir.

La posibilidad de crecer durante la ventana de oportunidad demográfica se da por la concurrencia de dos efectos positivos: el primero es que, como hay más gente en edad de trabajar, el PBI puede crecer más rápido; el segundo  es que en este período hay más "ahorradores primarios"; gente en edad de ahorrar mucho.  A mayor disponibilidad de ahorromayor capacidad de acumulación, mejores posibilidades de inversión, más trabajo: grandes oportunidades de desarrollo.

Ahora bien, ¿qué sucede con  las políticas públicas? Tratando de hacer una síntesis se podría decir lo siguiente: si se distorsionan los incentivos para el ahorro nos alejamos del objetivo; si se fomenta el consumo, llegaremos a viejos sin ser ricos; si el sistema de seguridad social y de salud son deficientes, en la etapa de envejecimiento habrá problemas y le dejaremos un pasivo a las generaciones futuras; si la seguridad jurídica es endeble, no habrá inversiones; si no formamos adecuadamente a nuestros jóvenes no tendremos capital humano; si no creamos trabajo decente replicaremos trayectorias laborales informales que harán del desarrollo una quimera.

La conclusión podría ser la siguiente: si no se visualiza correctamente la oportunidad del desarrollo, además de perderla, le dejaremos un gran pasivo a nuestros hijos.

En el G-20 hay tres grupos bien diferenciados, los países ‘viejos’ en los que ya se cerró la ventana demográfica (Inglaterra, Italia, Francia, Alemania y Japón); los países en los que la ventana se cierra en esta década (Canadá, Australia, Estados Unidos, Rusia y Corea) y los que aún tienen un largo período de dividendos (China,  Argentina, Brasil, México, Indonesia, Turquía, Arabia Saudita, India y Sudáfrica).

Este último grupo tiene mayor potencial de crecimiento y, por eso sus proyectos de inversión son los de mayor rentabilidad. El desafío para estos países es hacerse ricos antes que viejos, pero para lograr esto es fundamental crear capital humano.

Un punto importante a considerar que refuerza la magnitud de la oportunidad  es que cambió el paradigma. Durante muchos años el talento iba detrás del capital para encontrar un empleo o emprender, hoy el capital busca el mejor talento para implementar sus proyectos de inversión. Los trabajos del futuro estarán en donde estén los mejores talentos para desarrollarlos.

Si no preparamos ya adecuadamente a nuestra juventud no podremos enfrentar efectivamente el desafío de una sociedad más envejecida en el futuro. Y mientras tanto asistiremos a escenarios de informalidad, exclusión y marginalidad

Los números evidencian que el sistema educativo en la región tiene el enorme desafío de retener a los jóvenes, especialmente a las mujeres. Según datos de CEPAL, el porcentaje de madres adolescentes que viven en hogares pertenecientes al quintil más pobre es cinco veces superior al de las que habitan en hogares del quintil más rico.

La evidencia también indica que la educación técnica ha mostrado tener mejores resultados que la educación generalista, dado que prepara mejor a los jóvenes para su inserción laboral, entre otros factores, por la práctica incluida en el período formativo.

Necesitamos extender las prácticas profesionales. La educación secundaria debe reformularse hasta ser el camino que conduzca a prácticas profesionales, sistema de aprendices o pasantías. Debemos arbitrar los medios para que nuestros jóvenes aprendan a trabajar. Fortalecer a nuestros jóvenes en competencias técnicas y también en competencias socio-emocionales.

El compromiso con el fortalecimiento de nuestros jóvenes no debe detenerse en la formación, es necesario que se extienda a garantizar una puerta de entrada al mercado laboral que sea formal. Es muy difícil salir de trayectorias laborales informales.

Cuando analizamos las trayectorias de los jóvenes hacia el trabajo decente, vemos que muy pocos lo logran y nos encontramos antes las vergonzosas tasas de empleo informal. Esto sin ninguna duda es trabajo precario. Promover las principales puertas de entrada al mercado laboral formal es estratégicoNo podemos pensar en abordar la problemáticas de la productividad y la competitividad si no resolvemos este flagelo.

Tenemos herramientas disponibles para crear un círculo virtuoso. Existen iniciativas efectivas para revertir esta situación.

Tres líneas de acción que pueden aportar valor:

Una red sólida de aprendices y prácticas profesionales que se ajuste a las necesidades productivas presentes y futuras. Esta red debe compartir buenas prácticas globales y disminuir las inequidades internas del sistema educativo formal. GAN4Youth que tiene su capítulo Argentina, puede ser un actor social clave en este sentido.

Los servicios públicos de empleo constituyen una herramienta eficaz que necesita alcanzar mayores niveles de eficiencia. El modelo de articulación con los servicios privados de empleo, muy exitoso en otros países, podría impactar positivamente en pertinencia y en más y mejor intermediación laboral.

La Argentina debe ratificar el Convenio 181 de OIT sobre agencias privadas de empleo que promueve la colaboración entre ambos servicios de empleo y permite establecer  una agenda común.

A través del diálogo social es necesario lograr el compromiso de todos los actores sociales vinculados a la educación y al trabajo para crear un mercado laboral más moderno, dinámico e inclusivo

Todavía tenemos una gran oportunidad. No nos queda mucho tiempo.

 

*Sociólogo (USAL) y MBA (UCA). Founder y MD staffingamericalatina

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