Vinos & Bodegas

En plena pelea entre madurez y acidez, BenMarco sella la “grieta” con vinos mesurados y sobrios

19-05-2017 Edgardo Del Pópolo, el reconocido enólogo de Susana Balbo Wines, pasó por Buenos Aires para mostrar las últimas añadas y anticipar novedades
Por Juan Diego Wasilevsky
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“A veces, el exceso de información te hace perder el foco”, reflexiona Edgardo Del Pópolo, ingeniero agrónomo y gerente general de Susana Balbo Wines. 

“Veníamos de dos décadas de mucha tecnificación, que fue beneficiosa para mejorar la productividad, pero que no garantizaba obtener los mejores vinos”, agrega el experto. 

Del Pópolo está en una suerte de viaje “back to the roots”, donde prima el concepto de terroir, entendido como suelo, clima y gente, pero también, como resultado de la experiencia. Esa misma experiencia que, afirma, puede permitir prescindir un poco más de la tecnología. 

“En un momento todo estaba tecnificado y parametrizado. Desde la canopia hasta los kilos de uva. Todo estaba dictado por números. Y la realidad es que luego nos fuimos dando cuenta que no todo pasaba por eso. La tecnología fue positiva, nos volvimos más eficientes. Sería necio no reconocerlo. Pero eso no garantiza tener un buen vino”, agrega. 

Del Pópolo estuvo en Buenos Aires para presentar las últimas cosechas de la línea de vinos que tiene a cargo: BenMarco. 

Desde que arribó a la bodega, a comienzos de 2013, el experto le imprimió un cambio importante. Un estilo que él define como más “tímido”, en un contexto en el que se sigue librando una batalla entre los vinos más maduros y concentrados y los “verdes” y ligeros

Del Pópolo sostiene que la vitivinicultura se caracteriza por moverse en movimientos pendulares. Un movimiento de extremos.

“Es común que cuando un consumidor se empieza a acostumbrar a un determinado estilo, pasa a ser viejo y llega algo nuevo. Y nuevamente ese mismo consumidor debe adaptarse”, reflexiona. 

“Por eso yo creo que, al hacer vinos, se puede ir por el camino del medio”, señala. 

Sus vinos “tímidos”, elaborados bajo la línea BenMarco –así como muchos otros que empiezan a ir por ese andarivel del medio- bien podrían ayudar a sellar esta “grieta” entre dos posturas tan antagónicas. 

“Desde que arranqué y asumí la responsabilidad de la tutela de los vinos BenMarco, entendí que había que avanzar con un cambio”, señala. 

Así, bajaron la proporción de la madera nueva y avanzaron con una enología menos intervencionista. Esto fue posible, en gran parte, luego de realizar una selección de viñedos, tras la cual terminaron eligiendo terroirs puntuales

“Antes, BenMarco se elaboraba a partir de diferentes fincas y regiones. A partir de esa amplia muestra, seleccionamos los mejores lugares y nos `casamos` con esos lugares”, recalca. 

Durante la presentación, Del Pópolo presentó las últimas añadas de tres de las cuatro etiquetas que conforman esta familia de vinos, para demostrar cómo fue evolucionando el nuevo concepto. 

BenMarco Cabernet Sauvignon 2015


Tiene esa sutileza aromática de los Cab frescos y equilibrados. De esos que no van por el sendero de la pirazina. Su paleta está dominada por las frutas negras apenas maduras, un colchón especiado y una madera que habla despacito y se somete sin mayor resistencia. En boca es un vino que corre por el centro del paladar, en un avance súper fluido. Es un vino delicado, un poco etéreo si se quiere, sin tanta estructura y consistencia. Es un ejemplar que tranquilamente se puede disfrutar solo, sin comida, gracias a su elegancia y mesura. 

“Este Cabernet Sauvignon viene de Los Árboles, en Valle de Uco. La idea es que respete el lugar y la variedad”, señala el experto. 

Al referirse a los suelos, destaca que, contrariamente a lo que se cree de esa zona de Uco, “no contienen mucho calcáreo. Por el contrario, el nivel es cercano a cero”.

En cuanto al viñedo, “no tiene mucho vigor, la productividad no es muy alta y esto permite que tenga carácter pero sin ese contenido pirazínico. Trato de elegir cuarteles que den fruta más fresca y buena acidez”. 

BenMarco Malbec 2015 


Es de de esos vinos en HD, en alta definición, con una fruta bien delineada, impecablemente definida, pero sin estridencias. Tiene sutileza y elegancia, es un vino sobrio, que requiere de algunos minutos para que se vaya expresando. En el paladar mantiene la linealidad pero, conforme avanza, gana en amplitud. Posee una jugosidad sustanciosa. Sus taninos exhiben cierta firmeza, pero son tan amables que le aportan una fluidez envidiable. Es consistente, con buen carácter, nada dulzón, lo que lo vuelve más solemne. 

“Este Malbec es de Los Chacayes y nos gusta por su perfil de fruta madura pero a la vez fresca”, explica Del Pópolo. 

“Se suele caracterizar al Malbec por su dulzor y su buen volumen graso, pero si se cosecha para lograr frescura, entonces vamos a tener un vino más austero”, apunta. 

BenMarco Expresivo 2014


Este ejemplar –que conjuga Malbec y Cabernet Franc- mantiene la misma línea, pero es como si el enólogo hubiese movido las perillas de todas las variables unos puntos hacia arriba. Aun así, mantiene la sobriedad. La madera, en este caso, es 100% nueva (a diferencia de los anteriores, que es usada) pero esto no redunda en notas vainillosas o que recuerden al dulce de leche. Su paleta es pura integración. Hay capas de aromas, pero esas capas tienen líneas divisorias tan finitas y sutiles que hay que ponerle atención para descifrar sus descriptores. En boca es muy bebible, con taninos amables, sin excesivas concentraciones. Es un vino que no cae en el facilismo de seducir con la clásica sucrosidad y ese paso gordo y dulzón, tan característico del Malbec, que domina el blend. 

“A este corte le sumamos Cabernet Franc porque nos aporta más complejidad. Cuando tenemos años más fríos hay menos de esta última variedad y en vendimias más cálidas le sumamos un poco más”, apunta Del Pópolo. 

El gerente de Susana Balbo Wines también aprovechó y dio un adelanto de lo que se viene dentro de esta familia de vinos: BenMarco Sin Límites Malbec. 

Por ahora, consta de dos añadas: 2016, de Gualtallary (Mendoza) y 2017, de Pedernal (San Juan). 

La primera cosecha estará viendo la luz a principios de 2018 y, en cuanto a precios, se ubicará entre la gama clásica ($314) y el Expresivo ($598).  

“La idea fue alumbrar un vino fresco pero con textura diferente, más compacto, más completo, que exprese el lugar. Eso sí: siempre manteniendo la austeridad”, concluye el winemaker. 

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