Finanzas

El Bitcoin es el escenario de una "guerra global" que podría generar pérdidas por u$s41.000 millones

17-07-2017 Dos bandos bien diferenciados se enfrentan para tratar de imponer dos sistemas de software que son opuestos y no complementarios. De producirse una ruptura, afectaría seriamente los mercados, pues el daño sobre ciertas cotizaciones sería enorme e incluso haría desaparecer a algunas de ellas
Por Rubén Ramallo
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El estallido de la crisis en el Bitcoin, la vedette de las criptomonedas, está a la vuelta de la esquina y tiene fecha precisa: el primer día de agosto.

Es por ello que más allá de la notable suba que acumula en lo que va del año, es momento de que los inversores se preparen para momentos difíciles, ya que podría estar a punto de ingresar en uno de sus períodos más turbulentos.

La culpa de ello es la "guerra global" que está a punto de estallar en el centro neurálgico de la moneda.

Después de dos años de duros enfrentamientos entre varios grupos de "mineros" -es decir quienes crean y administran el tráfico virtual, que desempeñan un papel clave en la fortaleza actual del Bitcoin-, se llegó a un punto en el que las bandas en disputa se disponen a adoptar dos sistemas de software que se aplican a la creación de nuevas monedas que son opuestos y no complementarios.

De concretarse la ruptura, el mundo financiero podría asistir al desdoblamiento del actual sistema, dando lugar al nacimiento de dos monedas paralelas, por lo que de hecho se duplicaría el monto en circulación.

Al respecto, los analistas consideran que más allá del daño que esto produciría en las cotizaciones, es muy probable que una de las dos no logre sobrevivir, lo cual daría lugar a un acontecimiento sin precedentes, pues causaría un terremoto en un mercado que tiene una capitalización del orden de los 41.000 millones de dólares.

Lo que subyace en el conflicto es una división ideológica sobre la identidad del Bitcoin. La comunidad ha debatido con vehemencia si debería evolucionar para atraer a las empresas convencionales y hacerse más atractiva para el capital tradicional, si tendría que fortalecer su posición como "faro libertario"; o si debería actuar más como el oro o como un sistema de pago.

Surgieron así dos grandes escuelas de pensamiento. Por un lado están los "mineros", que proponen un aumento del límite de las dimensiones del bloque.

Por el otro está Core, un grupo de desarrolladores que mantiene el software a prueba de virus de Bitcoin. Estos insisten en que para una mayor fluidez del tráfico de Blockchain sería necesario que parte de los datos se manejen por fuera de la red principal.

Afirman que eso no sólo reduciría la congestión, sino que también permitiría que otros proyectos, entre ellos los contratos inteligentes, se basen en la criptomoneda.

Los intransigentes dicen que, después de más de dos años de enfrentamiento, una división permitiría explorar diferentes visiones, incluso si los precios caen.

"En esta especie de guerra civil, hemos asistido a la resistencia de las ideas y propuestas de Gavin Andresen, a la salida de Mike Hearn de Bitcoin, a diferentes propuestas de escalabilidad y a conflictos de interés de los diferentes participantes de la comunidad Bitcoin", explica Alex Preukschat, autor del libro 'Blockchain: La revolución industrial de Internet'.

"Estas actitudes frenaron el desarrollo de la moneda mientras que otras iniciativas como Ethereum, que fue llevada a cabo por algunas de las mismas personas que participaron activamente en el proyecto original vienen experimentando un auge espectacular", agrega Preukschat.

Si bien las partes en pugna tienen grandes incentivos para llegar a un consenso que evite la ruptura, el sistema enfrenta la posibilidad de sucumbir ante la falta de una autoridad central que encauce la situación en una sola dirección ha dificultado un acuerdo.

Irónicamente, la descentralización operativa, que por mucho tiempo fue considerada por sus defensores como su principal virtud, en estos momentos es la que la lleva al borde del abismo.

Ni siquiera los analistas más avezados que han seguido de cerca toda esta disputa están seguros de cómo terminará la batalla. Su consejo es prepararse para la volatilidad y estar dispuestos actuar con rapidez una vez que emerja un resultado claro.

"Es mucho lo que está en juego", señala Arthur Hayes, un ex operador de Citigroup que en la actualidad dirige BitMEX, un centro de derivados de bitcoin en Hong Kong.

"Para los operadores hay mucha incertidumbre respecto a lo que pueda pasar. Cuando haya una señal definitiva sobre qué se va a hacer, el precio podría cambiar muy rápido".

En medio de esta pelea, su cotización viene cayendo en las últimas ruedas, hasta un nivel de 2.360 dólares, el más bajo desde el 15 de junio. Con esta nueva corrección, la criptomoneda perdió el 22% de su valor con respecto de su nivel récord de principios de junio.

Zona de riesgo
Innumerables historias de estudiantes que de la noche a la mañana se convirtieron en millonarios tras invertir en Bitcoin -difundidas en las redes sociales y difícilmente comprobables-, han llevado a una multitud de ahorristas de diverso perfil a comprar, no solo ésta, sino otras criptomonedas como Ethereum.

Los inversores tradicionales no son ajenos a la fiebre que genera y, a su vez, se han visto atraídos por el hecho de que por su diseño, tiene un número limitado de "piezas" en circulación, en un contexto en el que los principales bancos centrales del mundo emiten enormes cantidades de billetes con sus políticas de tasas de interés cero.

Adicionalmente, tiene el "pequeño encanto" de no dejar huella, lo cual da lugar a todo tipo de sospechas sobre su uso para la financiación de delitos.

El resultado de esta conjunción de factores hizo que a pesar de su elevada volatilidad, 2017 está siendo su gran año, ya que hasta junio su precio se ha triplicado, pues pasó de los u$s900 a unos u$s2.500 de la actualidad, tras arañar los 3.000 dólares.

Como reflejo de esta situación, en una nota que el banco de inversión Goldman Sachs distribuyó entre sus clientes recientemente, y que fuera firmada por su jefe de Estrategia Técnica, Sheba Jafari, se calculaba que tras superar una nueva caída de precios, el Bitcoin podría alcanzar en breve los u$s4.000, por lo que recomendaba comprar.

Por su parte, el analista bursátil Ronnie Moasaventura que el próximo año alcanzará los u$s5.000, el doble de su valor actual y que se extendería entre 25.000 y 50.000 dólares en la próxima década.

Estas dos citas son apenas una muestra del interés creciente que despiertan. El mero hecho de que analistas que antes las ignoraban pero que ahora las estén empezando a tomar en cuenta y hacer apuestas sobre el sector es prueba de su exuberancia.

"Sólo hay 21 millones de Bitcoins en circulación y el mundo luchará por esos 21 millones de monedas, mientras la confianza en la moneda tradicional y en otras inversiones se deteriora", escribió Moas.

En la vereda de enfrente, la revista Forbes se refiere al Bitcoin, Ethereum, Golem y todas las criptomonedas, como una burbuja de activos tóxicos sin ningún valor y que puede dejar a mucha gente arruinada por el camino.

Pero mientras los expertos tratan de dirimir sobre si se trata de una burbuja o de un valor seguro a largo plazo, los bancos centrales las ven desde el punto de vista de la estabilidad monetaria y su éxito comienza a resultar preocupante.

El presidente del Bundesbank (banco central alemán), Jens Weidmann, ha reconocido que el desarrollo de una moneda virtual que ha triplicado su valor en solo seis meses es peligroso. En su opinión, todas ellas tienen un potencial de generar daño muy elevado, que podría revelarse en la próxima crisis financiera.

Durante una conferencia celebrada en Frankfurt, señaló que las monedas digitales pueden originar pánicos bancarios devastadores, debido a su naturaleza descentralizada y la falta de un ente que las regule.

Weidermann señaló su preocupación sobre una "hipotética fuga de capitales que puede dirigirse hacia el escenario virtual en una situación en la que los ahorristas perciban como insegura la presencia de su dinero en los bancos tradicionales".

Esta capacidad de huida resta además eficacia a las políticas de los bancos centrales que, según Weidmann, no pueden descartar la posibilidad de terminar emitiendo en el futuro sus propias monedas virtuales. "La cuestión más urgente sería la regulación", concluye el funcionario.

Es más, en una reciente declaración pública, el Bundesbank dejó bien en claro que no contempla las criptomonedas como alternativa al dinero.

"Pruebe a pagar en Bitcoin las compras del próximo sábado", desafía su Presidente, mientras subraya que se trata de una inversión de alto riesgo.

No obstante su férrea oposición a este tipo de monedas, reconoce que su evolución se viene dando gracias a la nueva forma de entender la economía.

De hecho, las finanzas y las nuevas tecnologías se han unido para transformar el sector y democratizar el acceso a la financiación, logrando unos rendimientos tan atractivos que sustituyen a otros productos de riesgo apartados del mercado precisamente por haber sido ya intensamente regulados.

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