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Fase II: las PASO marcaron el inicio del plan "verdadero" de Mauricio Macri para las reformas de fondo

22-08-2017 Con el espaldarazo político que le permite una mayor representación parlamentaria y una fuerza para negociar con los gobernadores peronistas, Macri ve la oportunidad para acelerar su agenda de reformas. Del lado empresario apoyan, pero piden la concreción de varias medidas
Por Fernando Gutierrez
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Una idea quedó sobrevolando en los ámbitos empresarial y político tras el festejo macrista en la noche de las PASO y los hechos de los días siguientes.

Concretamente, la de que el Presidente considera que terminó la "fase uno" de su período -en la cual el principal cometido era la gestión de crisis por la herencia recibida del kirchnerismo- y ahora empieza la "fase dos".

En esta nueva etapa, según esta visión, se verá al "verdadero" Macri, a aquel que tiene en mente avanzar en una agenda de reforma de carácter estructural que, hasta el presente, no pudo aplicar. 

En parte, por la emergencia económica y, por otro lado, a raíz de las limitaciones que le imponía su relativa debilidad política en el Congreso.

Hasta ahora, como el mismo mandatario reconoció en la noche del triunfo electoral, tuvo que soportar las críticas a su "gradualismo" como parte de esa situación heredada, en la cual lo urgente (adecuar tarifas, desactivar la bomba inflacionaria, recuperar el crédito) corrió espacio para lo importante.

Pero el envión político de las PASO cambia el panorama: si las elecciones hubiesen sido las legislativas, el macrismo ya se aseguraría ampliar su bancada en el Congreso desde los actuales 96 diputados a 104 (+8), y de 16 senadores a 26 (+10).

Es cierto que estos incrementos no le otorgan mayoría propia, pero también es verdad que le confieren otro peso político a la hora de negociar.

Al menos estas son las expectativas de los principales jugadores del mercado financiero. Los informes de los fondos de inversión del exterior y las declaraciones en foros empresariales -como el de IDEA- reflejan claramente este estado de ánimo. 

Por un lado, se observa cierta sensación de alivio, al diluirse la posibilidad de una "marcha atrás" que implique volver a una economía plagada de distorsiones. Por otro, surge el recordatorio de todo lo que aún figura como pendiente en la agenda macrista.

En los reportes y en los foros han abundado los reclamos para que "ahora sí" el Gobierno avance en:

- La reducción del déficit fiscal

- El ajuste tarifario inconcluso

- Una reforma tributaria que alivie la "mochila" de impuestos

- Una flexibilización del régimen laboral

- Medidas que mejoren la productividad

Lo que se está interpretando en el mercado es que, con un peronismo debilitado y carente de un liderazgo firme, y con los gobernadores de provincias crónicamente necesitados de auxilio financiero, al macrismo le debería resultar más fácil conseguir los votos en el Congreso para impulsar estas reformas.

Como primera prueba empírica de ese cambio de clima, aparece el gran termómetro del humor social argentino: el dólar

Tras la corrida de las semanas previas a las PASO -que obligaron al Banco Central a sacrificar u$s2.000 millones para evitar una disparada mayor-, fue notorio el inmediato alivio en el mercado.

Sin intervención oficial, el billete verde volvió a ubicarse cerca de los $17,50, al tiempo que saltaron las cotizaciones de los bonos soberanos y acciones.

La segunda gran prueba sobre el mejor clima provino del sindicalismo. El sector "dialoguista" de la CGT interpretó que el resultado electoral marcó que no había un ambiente propicio para la marcha de protesta pautada para la semana próxima.

Si bien el sector más duro forzó el mantenimiento de la medida, quedó la sensación de que esa decisión fue tomada en parte para preservar la imagen de la central sindical y, además, para evitar una ruptura interna.

No obstante, quedó claro que la oposición de los "popes gremiales" perdió la connotación de amenaza que tenía para Macri. 

Ya el último paro general de abril (modesto en capacidad de convocatoria y efectuado justo después de la masiva marcha de apoyo al Gobierno en plaza de Mayo) había dejado flotando la sensación de cierta desautorización moral

Sobre todo luego del bochornoso acto con incidentes de la CGT, que le recordaron a la clase media las peores tradiciones del sindicalismo peronista.

Este dato es considerado clave para acelerar en un tema al que Macri le ha asignado carácter de prioridad: una reforma laboral que reduzca el costo de contratación de empleados y que ayude al "blanqueo" de la legión de trabajadores informales.

Agenda en marcha
Con todas esas señales a favor, los funcionarios macristas empezaron a comportarse como si las PASO hubiesen sido las legislativas "en serio" y como si la renovación del Congreso ya estuviera vigente.

Acaso una primera muestra de ello la dio la propia María Eugenia Vidal, cuando reflotó el añejo tema de la compensación a la provincia de Buenos Aires por el reparto de la torta impositiva.

A pocas horas del escrutinio, envió un mensaje a los gobernadores peronistas instándolos a respetar la decisión de la Corte Suprema sobre la reparación a Buenos Aires.

Es decir, por la pérdida de ingresos acumulada al no actualizarse por inflación su porción del Fondo del Conurbano. Según Vidal, a Buenos Aires "se le debe un presupuesto entero, de alrededor de los $460.000 millones". 

La reparación implicaría que la provincia comience a percibir el 10% de lo que se recauda por impuesto a las Ganancias. Se trata de unos $50.000 millones, monto que el resto de los gobernadores dejará de recibir en forma global.

En plena etapa de "seducción" del conurbano, con un agresivo plan de obras públicas y de asistencia en marcha, Vidal sabe mejor que nadie cuánto la puede ayudar ese lubricante monetario para invadir el territorio de Cristina Kirchner.

Es posible que este tema se termine dilucidando (como quieren los gobernadores peronistas) no a través de fallos judiciales sino con una negociación política en el Congreso

Allí es, precisamente, donde comenzará el "cambio de figuritas" por el que el macrismo puede asegurarse un gran apoyo para su agenda de reformas a cambio de mantener activo el auxilio financiero.

Esa voluntad negociadora también se hizo explicita cuando el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, aceleró las gestiones con los ministros provinciales para concretar un pacto fiscal que comprometa a los gobernadores a reducir los abultados déficits.

En paralelo, se dieron señales de avance en otros temas fuertes de la agenda. Al tope del ranking de los reclamos empresariales figura la reforma tributaria, que ya está tomando forma para que sea aplicada en 2018.

Trascendió que el borrador del proyecto de ley será presentado por Dujovne a Macri y a su "mesa chica" en cuestión de semanas.

El "timing político" de los brotes verdes
Además del fortalecimiento que implica el resultado electoral, hay otro factor que ahora envalentona a los funcionarios: esos tímidos "brotes verdes" que se veían en algunos sectores ya están dejando espacio a un clima de franca recuperación.

Según la Unión Industrial Argentina, en junio se registró un alza del 6,4% en la producción fabril, que puso fin a dos años de retracción. 

La construcción también está creciendo fuerte, a un ritmo de 6%, impulsada por la obra pública y el regreso del crédito hipotecario.

Algunos rubros del consumo en bienes durables, como autos y motos, muestran una tasa de crecimiento de dos dígitos.

La expectativa es que el segmento más retrasado, el del consumo masivo de productos de primera necesidad e indumentaria, dé muestras de una mejora en las próximas semanas.

De ocurrir, el Gobierno logrará un "timing" perfecto entre las cifras de la economía y la votación de octubre.

Para completar el cuadro de buenas noticias para el oficialismo, en las semanas previas a las legislativas se publicará un dato de alto impacto social: el índice nacional de pobreza, y se espera que se verifique una caída respecto del semestre pasado.

También, si se cumple la previsión, será un período de relativa estabilidad cambiaria y una inflación más marcadamente en baja.

Esto no sólo reforzará el discurso político sino que también habilitará ciertos puntos de la agenda que hoy parecen fríos. 

Por ejemplo, los acuerdos sectoriales por productividad, para reconvertir los sectores más expuestos a la competencia importadora.

En ese clima, se da por descontado que habrá una nueva tanda de ajuste tarifario post-electoral. 

A fin de cuentas, si en el momento en el que todos los indicadores daban mal, el "ala dura" del macrismo impulsó una suba de los combustibles (en contra de todos los consejos políticos), con más razón se avanzará ahora que el contexto luce más favorable.

¿El fin del gradualismo?
En definitiva, las PASO no sólo disiparon el temor a un resurgimiento kirchnerista. También parecen haber sepultado el debate interno que el Gobierno mantiene hace dos años: gradualismo versus shock.

Hasta ahora, predominó lo primero, basado en argumentos vinculados a las limitaciones políticas y a la necesidad de evitar costos sociales de consecuencias imprevisibles.

El propio Macri hizo de árbitro en esa contienda: fue gradualista a su pesar. 

Se lo nota ansioso, quiere que se vean reformas estructurales y, además, recuerda el consejo que le dejó Barack Obama: cuanto antes se toman las medidas desagradables, más rápido se recupera la economía.

Pero claro, la Argentina no es Estados Unidos, y Macri tuvo varios recordatorios de ello, como cuando su ajuste en las tarifas energéticas le hizo perder apoyo y fue frenado por la Justicia.

Entendió la diferencia fundamental entre su época histórica y la que tuvo, por ejemplo, Carlos Menem en los '90. 

En contraposición a lo que ocurre ahora, el riojano contaba con un fuerte consenso social para avanzar en sus reformas, producto de una crisis hiperinflacionaria que le había explotado en la mano a su antecesor, Ricardo Alfonsín.

Macri, en cambio, es consciente de que la mayor habilidad de Cristina y su ministro de Economía, Axel Kicillof, fue haber entregado el mando sin que las distorsiones y los déficits llegaran al grado de una explosión.

A su pesar, entendió que debía convivir con esas limitaciones políticas. Al menos hasta las PASO, que el Presidente ve como su gran punto de inflexión para aplicar reformas de fondo

No por casualidad, al hablar del "cambio" en medio de los festejos, dejó una frase bien elocuente sobre sus ambiciones: "Estamos empezando a recorrer los 20 años mejores de la historia de la Argentina".

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