Ahora Brasil

Segré: Temer, Lula y la corrupción en la presidencia de Brasil

18-09-2017 Gustavo Segré, consultor especializado en Brasil y director de Center Group, analiza la situación judicial de las máximas figuras políticas del país vecino y qué les espera en el futuro                                                                                       
Por Gustavo Segré
Recibí nuestro newsletter diario SUSCRIBIRME
A-
A+
Brasil es el único país del mundo que tiene al mismo tiempo a un expresidente –Inácio Lula da Silva– y al actual presidente –Michel Temer– investigados, denunciados y, eventualmente, procesados por causas de corrupción.

Lo más interesante de esto es que el mercado financiero permaneció totalmente aislado de los problemas políticos: el dólar no presentó alteración alguna y la bolsa llegó a subir hasta un récord histórico.

En ese contexto, resulta interesante analizar los dos casos por separado, tanto el de Lula como el de Temer, para conocer cuáles serán las próximas etapas de cada uno.

Caso Lula
El expresidente Lula da Silva acumula ocho procesos penales y una nueva denuncia reciente.

El juez Sergio Moro ya falló en el primero de los procesos y sentenció a Lula a 9 años y medio de prisión e inhabilitación para ocupar cargos públicos -electorales y técnicos- por siete años.

Esta causa se encuentra ya en la segunda instancia, en la apelación, a cargo del tribunal regional de Porto Alegre, que deberá emitir su dictamen a fines de este año o principios de 2018.

Si se confirma la decisión del juez Sergio Moro, Lula irá a prisión –probablemente domiciliaria– y no podrá participar como candidato a la presidencia en las elecciones de 2018.

La situación de Lula se ve complicada en otra causa por declaraciones del “arrepentido” Antonio Palocci, su exministro de Economía, que también fue jefe de la Casa Civil de Dilma Rousseff.

Palocci involucró a Lula en relaciones con directivos de Odebrecht, dijo que el expresidente tenía una cuenta de u$s100 millones y que –claramente- Lula además de saber lo que estaba ocurriendo (en los hechos de corrupción y sobornos) era, de alguna forma, el jefe de la banda.

Hasta antes de la delación de Palocci, Lula decía de él que era una persona muy inteligente, dentro de los cuadros iniciales y más importantes dentro del PT, y que era apreciado por los empresarios. Ahora, afirma que es un “frío simulador” y que sólo lo inculpa para “disminuir su propia condena”.

El caso más emblemático y sobre el cual gira este proceso, tiene que ver con un departamento del que Lula nunca pagó el alquiler y que, supuestamente, formaría parte de un pago de soborno.

Cuando el juez Moro le preguntó sobre los pagos y los recibos de alquiler, Lula no tuvo mejor idea que echarle la culpa a su fallecida exesposa, quien era la que encargaba de esos trámites.

La sentencia del juez Moro debe salir antes de fin de año. Y muy probablemente, a la luz de las pruebas que constan en el proceso, será nuevamente desfavorable para el expresidente.

Así, Lula tendría ya una segunda condena en su contra, tanto en lo que se refiere a prisión como a la inhabilitación para ocupar cargos públicos.

Caso Temer
El caso del presidente Michel Temer es un poco más complejo, porque al encontrarse en ejercicio de funciones, el procedimiento a seguir tras la denuncia efectuada por Rodrigo Janot, exfiscal general de Brasil, tiene otros requerimientos.

Lo que se tiene que cumplir: la Corte Suprema, que en este momento tiene el pedido de investigación, debe decidir si acepta o no el pedido realizado por el fiscal general.

Debe enviar esa denuncia a la cámara de diputados, y lo debe hacer en los próximos días. Entonces, la cámara debe formar una comisión especial, llamada Comisión de Constitución y Justicia, que elabora un informe final.

Independientemente del informe, la denuncia pasa al plenario, donde para “zafar” el actual presidente Temer debe conseguir por lo menos 172 votos favorables a él, sobre 513 diputados que hay en la cámara baja.

Si Temer consigue sus votos, la denuncia se archiva. Y, así, queda liberado de la denuncia hasta que deje el cargo de Presidente de la República.

Luego, perderá los fueros privilegiados y la denuncia sí puede ser retomada por la primera instancia de la Justicia brasileña.

Puede pensarse que, como ocurrió anteriormente, esta denuncia por obstrucción a la justicia y asociación ilícita será archivada por la cámara de diputados.

Esto, en función de la cantidad de aliados que Temer tiene en el Congreso, pero fundamentalmente por la cantidad de gente involucrada en la denuncia. Los diputados se ven obligados a trabajar de manera “corporativista” para evitar problemas internos en cada uno de los partidos y en cada bloque legislativo.

Por otra parte, hay dos arrepentidos de peso que juegan contra Temer. Uno es el dueño de la “cueva”, Lucio Funaro, cuya declaración ya fue homologada y autorizada por la Corte Suprema.

También está el testimonio de quien fue una especie de “jefe de Gabinete” de Temer, Geddel Viera Lima. Fue una persona de estricta confianza del presidente Michel Temer y en su departamento se encontró el equivalente a más de u$s16 millones.

Si Viera Lima acepta ser el nuevo arrepentido -y todo lleva a pensar que aceptará, porque ya dijo a sus allegados que no aguanta más la prisión-, Temer puede tener serios problemas judiciales.

Lo que ocurre es que cualquier nueva denuncia estará a cargo de la nueva fiscal general, Raquel Dodge, que fue elegida por el propio Temer de una lista de tres candidatos facilitada por los fiscales federales.

Entonces, se puede suponer que el camino de Temer hasta las elecciones está allanado. Pero luego su situación se puede dificultar cuando pierda los fueros privilegiados que acompañan al cargo Ejecutivo en Brasil.

SECCIÓN Ahora Brasil
NOTAS RELACIONADAS
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR