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Cómo entender la gravedad de un terremoto: diferencias entre magnitud, intensidad y tipos de temblores

20-09-2017 En temblores como los ocurridos en México, se libera una cantidad enorme de energía. Los sismólogos miden esta energía con diferentes escalas
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Cuando ocurre un terremoto, su tamaño se determina según la extensión del área de ruptura en el plano de falla, es decir, la longitud y anchura de esa ruptura, de lo mucho que se “rasga” la tierra. 

Estos determinan la cantidad de energía que libera el fenómeno y, por tanto, la amplitud y frecuencia de las ondas sísmicas que produce.

En sismos como los ocurridos en México en septiembre de 2017, se libera una cantidad enorme de energía. Es justamente en este punto donde los sismólogos miden esta energía con las escalas de magnitudes (M).

La magnitud de un sísmo, al ser una medida de energía, es siempre objetiva. Las escalas de magnitud sísmica son logarítmicas, es decir, que representan una valoración cuantitativa como instrumento de la energía que libera un terremoto. Lo hace basándose en el desplazamiento del terreno registrado en los sismogramas.

De su explicación surge una nueva pregunta, ¿y cómo se compara un conjunto de terremotos? La energía liberada siempre es proporcional a la magnitud, sin embargo, un incremento unitario en la escala de magnitudes es el equivalente a un incremento de energía 30 veces mayor.

Cuando se habla de un terremoto de magnitud 8, este libera 90 veces más energía que uno de magnitud 5 (30x3=90), aunque se requieren nada menos que 27 mil terremotos de magnitud 5 para producir la misma energía que se libera durante uno de magnitud 8 (30x30x30=27.000).

¿Qué significa entonces la intensidad? Aquí llega otro error muy común, atribuyendo a un terremoto “intensidad 7.1”, porque lo correcto es hablar de “magnitud 7.1”.

La intensidad de un terremoto está basada en tres criterios. En primer lugar, la percepción humana del acontecimiento. En segundo lugar, los efectos que tuvo sobre las estructuras y los daños en edificios. En tercer lugar, los efectos que tuvo sobre el medioambiente y el terreno.

¿Cómo se mide? Al ser cualitativa es más variable, pero por ejemplo existe la escala de Mercalli o la Macrosísmica Europea, mediciones en grados donde se evalúa la intensidad a través de los efectos y daños sobre las estructuras del sismo.

La intensidad depende por completo de la magnitud, ya que varía según la cantidad de energía liberada por el terremoto, además de encontrarse condicionada por la proximidad del epicentro, la calidad de las estructuras, las características geológicas… 

Mientras que cada terremoto sólo puede tener un único valor de magnitud, el mismo podría tener diferentes valores de intensidad dependiendo de la zona.

El terremoto de México tuvo un temblor trepidatorio. Sin embargo, el de hace unas semanas fue oscilatorio. Para complicarlo todo un poco más, la mayoría de los terremotos pueden contener ambos temblores a la vez. 

La diferencia se encuentra en cómo se perciben. Si el movimiento se percibió de forma más vertical (sensación de martilleo en los pies), entonces es trepidatorio. 

En cambio, si el movimiento se percibió de forma más horizontal, la tierra se mece de un lado a otro, entonces es oscilatorio.

Sin embargo, este tipo de temblores pueden variar según la percepción de cada uno, y la forma en que se puede sentir un terremoto cambia completamente en función de dónde se esté, el suelo en el que nos encontramos o incluso la distancia.

¿Hay alguno más grave que otro? Aunque se suele decir que los temblores trepidatorios causan más daños o son más destructivos, no es verdad. 

La mayoría de los investigadores indican que es un mito, y que ambos movimientos pueden causar el mismo perjuicio a las infraestructuras. De hecho, estas últimas dependen en gran medida de los materiales de los edificios dañados.

Los terremotos emiten siempre dos tipos de ondas que van directas al interior de la tierra: por una lado las primarias (P), y por otro las secundarias (S). 

Las primarias suelen ir acompañadas de un tipo de movimiento en la superficie con sacudidas verticales, por tanto, se suelen asociar con los temblores trepidatorios. Las ondas secundarias vienen acompañadas o son percibidas por sacudidas horizontales, por tanto, con temblores oscilatorios.

Los sismos también son capaces de generar otro tipo de ondas superficiales, incluso más peligrosas que las anteriores, como son las ondas Love (producen movimientos asociados al temblor oscilatorio), o las ondas de Rayleigh que producen un movimiento elíptico retrógrado del suelo, asociadas al temblor trepidatorio).

Todos los terremotos generan este tipo de ondas superficiales, y por tanto todos generan movimientos que oscilan verticalmente y horizontalmente. Como consecuencia de ello, cualquier sísmo puede ser percibido como un temblor trepidatorio y oscilatorio a la vez.

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