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Se viene disputa sindical por un objetivo codiciado: representar a "millennials" del sector tecnológico

06-10-2017 ¿A quién "pertenecen" los 125.000 empleados del pujante sector informático argentino? Es la pregunta que intentan responder, en una dura pelea, los gremios impulsados por Moyano y Barrionuevo, así como el de Comercio, encabezado por Cavalieri. Están en juego aportes millonarios
Por Juan Manuel Barca
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"¿Sueñan los robots con ovejas eléctricas?". Inspirada en esa novela, la secuela de la mítica Blade Runner llegó a las pantallas locales en medio de un creciente debate alentado por el Gobierno sobre el uso de la tecnología para impulsar la productividad laboral.

En la película de culto, el mundo ha sido devastado hacia el año 1992 por la Guerra Mundial Terminal y los Estados crean androides esclavos para que trabajen en colonias humanas en Marte, pero las copias se rebelan.

Más acá, en el siglo XXI, la cuestión que desvela a las empresas tecnológicas no son los robots, sino su personal de chupín y celulares último modelo.

Es que el crecimiento exponencial del rubro informático, con ventas por más de u$s5.000 millones y 125.000 empleos directos, complica la retención de talentos en un contexto de escasa oferta y expectativa de mayores ingresos.

Además "la industria del conocimiento" se ha convertido en un campo de batalla de los sindicatos para afiliar "millennials".

En los últimos años, media docena de ellos intentó desembarcar en la estrella de la economía, sin poder obtener el monopolio de la representación.

Primero fueron los metalúrgicos (Uom), Sociedad de Autores (Utsa) y telefónicos (Cepetel), enrolados en la CTA Autónoma.

Ahora, la disputa involucra a los popes de la CGT, como el camionero Hugo Moyano, el gastronómico Luis Barrionuevo y el mercantil Armando Cavalieri.

El botín es considerable. Se trata de una masa disponible de profesionales de entre 20 y 40 años, con salarios de entre $16.000 y $35.000 que, de ser captados, podrían realizar suculentos aportes sindicales.

Pertenecen a una de las actividades más dinámicas: el sector del software y de servicios informáticos duplicó el nivel de empleo y las ventas en dólares entre 2006 y 2016, con una tasa promedio anual del 7%, según un estudio de la Cámara de Informática y Comunicaciones (Cicomra) y Prince & Cooke.

En ese contexto, los "unicornios criollos" -aquellas empresas tecnológicas valuadas en más de u$s1.000 millones- siguen de cerca los movimientos de la Unión Informática (UI), encabezada por Pablo Dorin.

Creado en 2011 bajo el ala política de Facundo Moyano, líder de los empleados del peaje, y asesorado entonces por su hermano menor, el abogado Hugo Moyano (hijo), el gremio cerró este año un aumento del 25% en dos tramos, su tercera paritaria desde que estrenó convenio colectivo en 2015.

"Los empresarios están preocupados por el avance del sindicato porque tiene metodologías confrontativas", advirtió a iProfesional Héctor García, asesor laboral en derecho empresario y con llegada directa a las cámaras privadas.

En los despechos gerenciales leen con indignación el sitio de los informáticos, donde los sindicalistas cuestionan la "cultura del emprendedurismo" y denuncian la precarización laboral en las empresas.

También les generan temor los "escraches", como el que realizó el gremio en las puertas de Oracle; o la huelga de 28 días que sorprendió a IBM hace unos años. Pero, sobre todo, ven con inquietud que detrás de todo puedan estar los Moyano.

Un fallo de alto impacto
La pelea por sindicalizar a la "Generación Y" tomó un rumbo inesperado el mes pasado, con un fallo de la Justicia Laboral que sacudió a las firmas tecnológicas.

La sentencia en segunda instancia reconoció por primera vez la representatividad de la Unión Informática y obligó a IBM a retener la cuota sindical a los empleados afiliados, pese a que la organización carece de personería gremial, es decir, que no tiene la representación mayoritaria en la actividad.

"Es un fallo de muy alto impacto. La Justicia le reconoce a una entidad sin personería gremial una facultad que sólo les cabe a los gremios con ese reconocimiento", explicó García, quien alertó su repercusión más allá del sector, en un escenario donde hoy existen 1.636 entidades con personería gremial y 1.623 con simple inscripción.

Ya el primer dictamen había provocado una reacción inédita. Para esquivar a los informáticos, el 18 de julio pasado, IBM, Accenture, HP y Entreprise Services Argentina firmaron un acuerdo por empresa con Cavallieri en el Ministerio de Trabajo para encuadrar a sus empleados en el convenio mercantil (130/75), en el que el escalafón más alto se ubica cerca de los $20.000, sin contar adicionales.

La sindicalización fue anunciada por los directivos a través de un mail masivo. En el caso de IBM, fue la primera vez que tomó esa medida en sus más de 90 años en el país.

La resolución judicial envalentonó aun más al sindicato informático, que ahora busca obtener el mismo resultado en las otras compañías firmantes y, por otra parte, reclamar los empleados que atienden las mesas de ayuda en bancos y call centers.

"Esto abre la puerta a un montón de gremios en cualquiera actividad. El año que viene vamos a intentar afiliar en las empresas grandes", señaló a este medio el secretario adjunto, Christian García.

Limitado a sólo 15 empresas de las casi 5.000 en la actividad, el convenio informático empezó a fijar el piso salarial, lo que elevó las categorías iniciales desde el Salario Mínimo Vital y Móvil (hoy en $8.080) al doble de ese valor para muchos empleados.

Pero el Ministerio de Trabajo no lo homologa, ya que exige una base de un 20% de afiliados, algo difícil de cumplir mientras el sindicato figure en la lista negra de los gerentes.

Mientras tanto, más del 70% del personal del sector permanece fuera de convenio y desconoce qué es una paritaria. Sólo algunas empresas optan por encuadrar a sus administrativos en Comercio.

Lo que predomina, en cambio, son las evaluaciones de desempeño y premios, mecanismos utilizados por las áreas de RRHH para definir de manera unilateral remuneraciones y condiciones de trabajo.

"Algunas firmas siguen la inflación y otras se guían por el mérito. No hay criterio unificado, pero claramente los aumentos no van en sintonía con el costo de vida, así como tampoco las paritarias de otros gremios. Si no son presionadas, entonces no van a dar un 25% de aumento", admitió un abogado del rubro IT.

Para frenar los reclamos, la Cámara de Servicios Informáticos (Cessi) y Barrionuevo firmaron en 2014 un convenio con el Sindicato Único de los Trabajadores Informaticos (Sutira), liderado hoy por Julián Rousselot, consultor y exdirector de la carrera de Ingeniería en Sistemas de la UADE. La movida contó con el aval del Gobierno de Cristina Kirchner, entonces enfrentado a Moyano.

Pero el retraso salarial -en algunos casos de hasta dos años- y la resistencia a la sindicalización terminó por abrir las compuertas al gremio informático

La falta de un convenio general potenció a su vez la competencia "desleal" de Pymes o empleados propios que se abrieron paso con la cartera de clientes de sus empleadores para llevar adelante el sueño de la "startup", con costos impositivos y salariales inferiores.

En ese contexto, Globant se sentó a discutir con la Unión Informática la actualización de salarios y condiciones laborales para bajar la "temperatura gremial".

La carrera por cotizar en el Nasdaq había llevado a la empresa a minimizar costos laborales para cumplir las exigentes metas requeridas por el índice tecnológico de Nueva York, que implicaban cubrir hasta 3.000 puestos de trabajo.

"Camioneros del siglo XXI"
El sector informático está lejos todavía de ser un caso testigo de la "modernización" que impulsa Mauricio Macri. Por un lado, carece de un convenio que marque una pauta para toda la actividad.

"El sector debería estar representado por un sindicato. Comercio es una bolsa de gatos. Además, la industria del software no es intermediaria", señala Daniel Orlansky, del estudio Baker & McKenzie.

Por otra parte, el gremio informático, el único con un convenio específico del rubro, no es visto como un interlocutor válido.

Aunque el moyanismo se distanció de la organización, Gobierno y empresas se niegan a reconocerla. La sombra del camionero funcionó como un factor de disuasión, incluso en la CGT.

Después de Barrionuevo y Cavalieri, ningún otro sindicalista se animó a entrar en la actividad.

Y hasta los camioneros se sintieron desafiados cuando los informáticos se presentaron en sociedad: "Nosotros somos los camioneros del siglo XXI, si ustedes paran el país, nosotros paramos los camiones".

La frase no les gustó a los Moyano. Justamente, los choferes del correo y los empleados del peaje hoy ven en la tecnología una amenaza a sus puestos de trabajo.

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