Economía

Levy Yeyati: "Me sentiría cómodo con un dólar arriba de $20, pero todo apunta a un precio más barato"

11-10-2017 El influyente economista defiende el plan gradualista y confía en que los desajustes y la exposición a la deuda correspondan a una etapa pasajera
Por Claudio Zlotnik
Recibí nuestro newsletter diario SUSCRIBIRME
A-
A+

Es la segunda vez que Eduardo Levy Yeyati es funcionario público. La primera, en el inolvidable 2002, como economista jefe del Banco Central, que por entonces estaba a cargo de Mario Blejer. Ahora volvió a la administración pública como asesor "part time" de la jefatura de Gabinete. Trabaja codo a codo con Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, coordinadores del área económica del Gobierno.

Alejado momentáneamente de la dirección de su consultora Elypsis, Levy Yeyati reparte su tiempo como decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella. Durante una hora acepta hablar con iProfesional sobre los principales puntos de la economía.

"Estaría más cómodo con un dólar más alto, arriba de los $20", dice, aunque acepta que, al fin y al cabo, el valor del billete verde es consecuencia del resultado de distintas fuerzas que interactúan en el mercado. Entre ellas, del nivel de endeudamiento, del que también habla Levy Yeyati en esta nota exclusiva.

- ¿Usted es tan optimista como el ministro Dujovne? Dijo que se vienen 20 años de crecimiento.
- Estamos haciendo las cosas bien, como para que este sea el inicio de un período largo de crecimiento. Estamos en una encrucijada crítica. Es el mejor momento para realizar un cambio que nos asegure el desarrollo. Nunca estuvimos en un mejor momento para hacer una apuesta por el largo plazo.

- ¿Por qué cree que transitamos un momento clave?
- Si recordamos las últimas grandes ilusiones frustradas, la mayoría estuvieron motorizadas por eventos efímeros y externos. Desde la última suba de los commodities, que nos hizo creer que éramos ricos. O, en los años '90, descubrimos que había un montón de inversores dispuestos a prestarnos y pateamos los ajustes que había que hacer. Ni hablar de la década perdida. Fueron oportunidades que se utilizaron para postergar las reformas necesarias para el desarrollo.

- ¿Y ahora?
- Hoy no atravesamos una crisis ni tenemos un boom externo, que nos haga tirar manteca al techo antes de haberla ganado. Es una ocasión privilegiada para pensar más a largo plazo. La sociedad aprendió a esperar. Que no hay magia. Entendimos que para crecer 3% o 4% anual los próximos 20 años hay que dar varios pasos antes. De ahí mi interpretación muy positiva del resultado de las PASO.

- ¿El crecimiento que vimos los últimos meses es sostenible? ¿Aún cuando tengamos déficit comercial creciente, endeudamiento creciente y fuga de capitales?
- Hay que entender al desarrollo como un proceso. Lo que el financiamiento nos da una ventana para mitigar los efectos nocivos de algunos ajustes. Pero no es el punto de llegada. Es una ayuda durante la transición. Soy optimista porque el Gobierno aprovecha esta ventana para encarar las reformas en el momento justo. Ahora, nadie ignora que existen desafíos para adelante, como la multiplicación de las exportaciones y la creación de puestos de trabajo de calidad. Estos son los primeros pasos en ese camino.

- ¿Cuál es el límite para seguir tomando deuda?
- El límite no es exacto. Depende de la dinámica que exhiba el país. Si se toman las medidas para achicar el déficit fiscal, tal como está pautado en el Presupuesto, el mercado puede otorgar más tiempo. Lo mismo si la economía crece. O si se demuestra que ese endeudamiento va a motorizar obras de infraestructura que mejora la productividad. Y las exportaciones. Hasta ahora, la dinámica ha sido la correcta. Tanto en la dirección como en la velocidad.

- ¿Hasta qué punto es cierto que atravesamos un camino parecido a los años ‘90, con un modelo basado en el endeudamiento, que en algún momento explotará?
- La historia no se repite. Las hiperinflaciones de los ‘80 y ‘90 nos enseñó a tener un Banco Central independiente y a reducir el déficit fiscal. Hiperinflaciones no hubo más. Las crisis de endeudamiento de fines de los ‘90 y principios de los 2000 generaron desdolarización y desendeudamiento externo en todos los países que las sufrieron: México, Brasil y Argentina. No fue casualidad. Fue parte de un aprendizaje. Hoy, la Argentina abreva de ese aprendizaje. Nuestra deuda no es elevada y no está totalmente dolarizada. Con el tiempo irá disminuyendo, en términos del Producto, en la medida que reduzcamos el rojo fiscal. No extrapolemos la actualidad a la experiencia noventista.

- ¿Pero no siente que volvemos a depender demasiado del "humor" de los mercados financieros?
- Cada vez menos. No podemos pensar a la Argentina, con una economía de tamaño mediano, como una isla en el escenario global. Cuanto mejores sean las políticas, menor será la exposición a los shocks externos. Ya tuvimos shocks con el Brexit y con la crisis brasileña, pero la reacción de nuestros mercados fue mucho más benigna de lo que habría sido con una situación de descontrol o de políticas desacertadas.

- ¿Por qué cuesta bajar la inflación, sobre todo en los alimentos?
- Tiene un carácter inercial. Los precios ajustan en gran medida con la inflación pasada. El Banco Central tiene tres instrumentos: subir la tasa, lo que provoca una baja del dólar, y después están las expectativas, con una meta que intenta desarmar la inercia. Estamos en el período intermedio, tratando de generar confianza en la meta, que nos ayude a terminar con la inercia inflacionaria del pasado.

- ¿El desvío de la pauta de inflación del BCRA no le quita credibilidad?
- No. Para cumplir con la meta habría que hacer un sacrificio en términos de actividad económica mucho más grande. No se llega a la meta pero el BCRA no ceja en su objetivo de bajar la inflación. La política monetaria fue muy consistente con ese impulso. Y por eso se mantiene con un sesgo contractivo. Yo estoy contento con eso.

- ¿No se alinea con quienes suponen que bajando la tasa de interés lograría un mayor dinamismo económico, lo que a su vez ayudaría a generar más empleo?
- No me siento cómodo opinando sobre variables de segundo orden. Me falta información. La dirección es la correcta, no se gana demasiado en actividad si la tasa cayera dos puntos. Todo régimen tiene pros y contras.

- Insisto sobre el tema de la inflación en los alimentos. ¿No le parece que habría que hacer alguna política activa para domarla?
- A contrapelo de la mayoría de los economistas, fui un defensor de los acuerdos de precios y salarios durante los años ‘70 y ‘80. Fracasaron no por los acuerdos en sí mismo sino porque el déficit fiscal era imposible. Y se emitía más de la cuenta. Son importantes porque fijan expectativas. Igual es muy difícil controlar los precios. Que al final de cuentas, todo se basaba en un acuerdo por los salarios con un compromiso light de los formadores de precios. Es muy complicado salir a cazar aumentadores de precios. Se las arreglan para zafar y aplicar los incrementos.

- El ex ministro José Luis Machinea le dijo a iProfesional que un dólar de $20 sería más adecuado que el que existe ahora. ¿Qué opina?
- Yo estaría más cómodo con un dólar más alto. Y me inclinaría por un dólar por encima de $20, también. Pero no tengo idea del tipo de cambio de equilibrio. Lo intuyo más alto. Si tenemos una estrategia de endeudamiento y de política monetaria restrictiva, ambos juegan a favor de un dólar más barato. Cuando la inflación baje, y también el déficit, entonces habrá menos apreciación del tipo de cambio. Y después hay otro tema, que es la enorme diferenciación en los niveles de productividad: por un lado el campo, que es súper competitivo, y por el otro hay varios sectores que no son nada competitivos. El tipo de cambio es uno solo, y la verdad es que el sector más competitivo tiende a ser el que sesga la ubicación de la paridad cambiaria. El tema cambiario es muy complicado.

- ¿O sea que habrá que acostumbrarse a una Argentina cara en dólares, por un fenómeno estructural?
- Por ahora existe ese sesgo hacia la apreciación. Pero si llegan las inversiones y se bajan los costos laborales no salariales y se reducen algunos impuestos, iremos hacia una mejora de la competitividad. En eso trabaja el Gobierno.

- Mientras tanto, miles de argentinos gastan dólares en el exterior y otro millón compran billetes verdes mensualmente. Vuelvo sobre lo mismo: ¿es sostenible este esquema?
- Mi impresión es que ese fenómeno irá cediendo a medida que se reduzca el rojo fiscal y se necesiten traer menos dólares para financiarlo.Y las tasas de interés bajarán. En el medio, habrá más caudal de inversiones que mejoren la competitividad.

- Hasta ahora las exportaciones vienen muy demoradas. ¿Usted percibe que esa tendencia puede repuntar, en este contexto de dólar barato?
- No será fácil. Existe un potencial muy elevado en el turismo receptivo en la Argentina. También en nichos de servicios de alta tecnología. También el rubro alimenticio de alta calidad. Hay varias puntas. Me da la sensación de que no habrá un sector que ‘nos salve'.

- Hasta ahora, el riesgo político fue la excusa de los empresarios locales y extranjeros para demorar inversiones. ¿Llegó el momento?
- No espero una lluvia de inversiones, pero sí un flujo importante. Antes de ver las decisiones de ejecutivos extranjeros esperaría ver a los empresarios de acá liderando esa movida. Los de afuera miran lo que hacen los locales. El proceso de inversores ya está en curso, lo que no significa que veamos fuegos artificiales.

- ¿En qué nichos se inició?
- Hay empresas pymes que están renovando su tecnología e incrementando su competitividad. Son inversiones muy segmentadas. Y hay mucha inversión en infraestructura. Y no hablo de la obra pública sino de privados, que el año que viene incrementarán su participación en este sector.

- ¿Los aumentos tarifarios ya pautados para después de las elecciones no amenazan con neutralizar el despegue de la economía?
- Cada vez que se hacen estos ajustes hay una inevitable reducción del poder adquisitivo. El tamaño de ese ajuste no será grande. Y la tarifa social ayudará a suavizar el impacto. Por eso no creo que el crecimiento quede impactado.

- El sector más ortodoxo del gremio de los economistas reclama mayor celeridad en el recorte de gastos. E incluso algunos, como Miguel Ángel Broda, propone directamente ir a un nuevo acuerdo con el FMI para buscar financiamiento. ¿Qué opina?
- Que esos economistas me digan en dónde bajarían el gasto. ¿En las jubilaciones? ¿En ciencia? ¿En los fondos para la cultura? Es fácil proponer recetas desde el llano sin ningún tipo de racionalidad ni detalles. Ellos deberían saber que si nos apuramos en bajar el déficit romperíamos cualquier consenso.

- ¿Y sobre el futuro con el FMI?
- Cualquier acuerdo por financiamiento implicarían condicionalidades que no estamos dispuestos a aceptar. Uno va al Fondo cuando está contra las sogas, y no es el caso de la Argentina. Es innecesario por donde se mire. Si tenemos financiamiento de los inversores privados, y que seguramente será más barato de acá a poco.

SECCIÓN Economía