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La mancha del festejo macrista: termina la "súper soja" y el poder de compra del campo cae al nivel más bajo en 15 años

30-10-2017 Se está iniciando un nuevo ciclo agrícola y se espera que la oleaginosa siga perdiendo terreno. La rentabilidad que deja una hectárea en la actualidad está entre los peores registros desde 2002. Para el 2018 se espera una tenue mejora. Pero el frente climático es una amenaza constante
Por Juan Diego Wasilevsky
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La euforia post electoral del macrismo puede encontrar un escollo en el lugar menos pensado. Mientras el equipo económico del Gobierno proyecta una aceleración del crecimiento de la actividad para el año que viene, empieza a perder fuerza el campo, que hasta ahora había sido, casi con exclusividad, la "locomotora" en un contexto de estancamiento. 

En un escenario en el que la expresión "viento de cola" viene resultándole un poco esquiva al Gobierno, ahora surgen serias dudas sobre cuánto ayudará a traccionar la soja, el sector exportador por excelencia, que suele aportar cerca de 10 puntos al PIB. 

La realidad es que, por los problemas climáticos, la presión de los costos y precios internacionales aceptables pero muy lejos de los récords, la rentabilidad que deja en mano de los chacareros cada tonelada de la oleaginosa se encuentra en sus niveles más bajos de los últimos años

Y eso es lo que explica por qué reconocidas entidades del mundo de los agronegocios, como la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, está proyectando que la superficie implantada con la oleaginosa pueda ser la menor en casi una década. 

Lo cierto es que, comenzará a instrumentarse la baja gradual de retenciones a la soja, a razón de medio punto porcentual por mes, pero los productores no están de festejo

Sin "súper soja" 
En un contexto en el que fluyen los dólares a través del financiamiento externo, los millones que aporte o deje de sumar el agro parecería ser un tema no tan crucial para una economía "embuchada" de billetes verdes. 

Sin embargo, el hecho de que el Gobierno esté teniendo que transitar un 2017 con precios internacionales no tan atractivos –como los que sí supo tener Cristina Kirchner- y que para el 2018 no se prevean grandes cambios, anticipa una ecuación muy justa para el campo argentino, algo preocupante cuando el sector viente estando a merced de los problemas climáticos. 

Para el economista Juan Manuel Garzón, del IERAL, la baja de los precios internacionales que se dio en los últimos meses, sumado a las subas de costos en dólares que experimentaron los productores, "está llevando a que la rentabilidad esté en niveles bajos". 

El Gobierno deberá convivir otro año más con precios que estarán lejos de los altos valores con los que se supo beneficiar la anterior administración. 

Para ponerlo en perspectiva: 

En momentos en los que las materias primas experimentaron un boom sin precedentes, como fue el período que se abrió entre 2010 y 2013, el precio por tonelada exportada de granos de la Argentina se movió entre los u$s423 y los u$s464, según la consultora Agritrend. 

En los años sucesivos, la cotización promedio fue cayendo pero nunca había perforado el piso de los u$s300. 

En la última campaña (la 2016/17), Cambiemos debió conformarse con un valor de u$s295 por tonelada, el más bajo en una década.

Para este ciclo que está arrancando, en función de los precios futuros que se van pactando en mercados como Chicago, se está manejando un valor de u$s299, el segundo más pobre en diez años.

Al analizar la evolución esperada, cultivo por cultivo, se observan bajas significativas a través del tiempo: 

• Según un relevamiento del Ieral, el precio promedio de la soja apunta en 2018 a moverse un 30% por debajo del período 2012-2014, momento en que el gobierno kirchnerista se benefició con el viento de cola. 

• En el caso del maíz, el valor que se está empezando a pactar resulta un 34% menor

• En lo que respecta al trigo, la caída es mucho más pronunciada: la cotización para el próximo año apunta a un valor 40% más bajo que el que se registró entre 2012 y 2014. 

"Las cotizaciones están a medio camino respecto de las épocas más ventajosas, que se registraron durante el anterior gobierno. El problema es que, con costos en alza y pese a los cambios en las retenciones, hoy no sobra nada en materia de rentabilidad", apuntó Garzón. 

Esta ecuación está pegando en los márgenes que deja la actividad agrícola. 

Según un relevamiento de Garzón para el IERAL, la rentabilidad de un campo en una buena zona esta última campaña (la 2016/2017) se desplomó un 40% respecto de la campaña anterior

"El deterioro surge de una combinación de factores que afectan a todo sector exportador de commodities, por una baja en los precios internacionales y un menor poder de compra del dólar en el mercado interno", indicó Garzón. 

En concreto, una explotación agrícola de estas características rindió al final de esta campaña unos $4.977 por hectárea, una cifra que se ubicó muy lejos de los $8.357 que entregó a mediados de 2016. 

Además, se ubicó un 56% por debajo del récord, registrado en 2008, cuando una hectárea en un campo similar entregaba cerca de $11.500 por hectárea, a valores de hoy. 

No sólo eso: si se toma como punto de partida la crisis de 2001 y se consideran los registros de las últimas 16 campañas, la última fue la cuarta más floja en términos de los márgenes netos que recibe un productor rural. 

Lo más llamativo del estudio del IERAL es que, pese a la baja de retenciones propiciada por el macrismo, la ecuación hoy luce peor que hace unos años, a causa de la baja de precios y la suba de costos producción

La consultora elaboró un relevamiento en el que cruzaron el poder de compra de los tres principales granos, en términos de una canasta de bienes y servicios. 

La conclusión es contundente: "Los granos hoy compran menos que durante todos los años del pasado reciente, salvo en el 2015, cuando la situación era más desfavorable". 

Este año, según el IERAL, una tonelada de trigo, maíz y soja está permitiendo comprar entre un 7% y un 23% menos que el año pasado y hasta un 35% menos que en el período 2004-2015. 

"Aun cuando el Gobierno eliminó las retenciones a algunos cultivos, el poder de compra interno de los granos frente a bienes y servicios de la economía doméstica, ha empeorado. Hoy tenés que producir más toneladas para adquirir lo mismo que en campañas anteriores, básicamente por un problema de costos, de precios relativos y de impuestos, que siguen siendo elevados más allá de los cambios en los derechos de exportación", apuntó Garzón. 

De cara a la campaña que acaba de iniciarse y concluirá en 2018, el IERAL elaboró tres escenarios para prever los márgenes netos que obtendría cada hectárea en un campo promedio. 

Tomando como punto de partida los precios internacionales que ya se están pactando en los mercados de futuros, el resultado final dependerá de dos variables muy sensibles en el ámbito doméstico: tipo de cambio e inflación

Considerando una inflación anual del 17% y un dólar promediando los $18,40, el escenario base para el año próximo apunta a un margen neto de poco más de $5.900 (a valores de hoy) por hectárea. 

Sería un nivel 19% más elevado que el último ciclo pero así y todo se trataría del quinto peor registro (de un total de 17 campañas) desde 2001. 

Sentados sobre la soja 
Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, en la actualidad hay casi 16 millones de toneladas de granos disponibles para vender, unas 5 millones más que el promedio de las últimas cinco campañas (aunque con un volumen de producción superior). 

En tanto que restan unas 17,5 millones de toneladas ya entregadas pero sin cotización fijada. 

Es decir que, en total, hay más de 33 millones de toneladas a las que los ruralistas no les ponen precio de venta.

"Está quedando mucha soja sin vender. A este ritmo, se espera que queden en silobolsas entre 10 a 12 millones de toneladas para el año siguiente, cuando lo normal es que el volumen no supere las 7 millones", apunta Gustavo López, director de la consultora Agritrend. 

"Queda bastante por vender. Los productores se sentaron sobre lo que les quedaba de cosecha cuando vieron que el tipo de cambio se planchó y los precios no reaccionaban", apuntó Garzón. 

Según el experto, "con las tasas bajas en dólares algunos tomaron créditos para cubrir necesidades financieras y se quedaron con la mercadería. Pero la realidad es que, con el diario del lunes, no fue la mejor decisión haberse quedado en granos". 

López agrega que la baja de retenciones para la soja, que comenzará a operar a partir de enero de 2018, puede funcionar como un aliciente para retener soja. 

Pero afirma que así y todo, no será suficiente para propiciar un salto de la rentabilidad, especialmente si los precios se mantienen estables, como prevé el mercado. 

"Hacia junio de 2018, un productor que retenga tributará 3 puntos menos de derechos de exportación. Con los precios que se esperan, significaría apenas u$s15 en siete meses por tonelada, unos u$s2 en promedio por mes. Es muy poco frente al costo financiero que implica el almacenamiento. No es un negocio tan atractivo seguir esperando", apuntó López.

Avanza la "desojización" 
Los problemas climáticos derivados del gran caudal de agua registrado justo al inicio de la siembra y la caída del valor de la soja en términos relativos frente a otros cultivos –como trigo o maíz, a los que el Gobierno les quitó las retenciones-, llevaron a que, de un ciclo a otro, se profundice el achicamiento de la superficie implantada con soja. 

De acuerdo con previsiones de AgriTrend, una de las consultoras más consideradas en el sector agrícola, esta campaña se estarán implantando 18,5 millones de hectáreas con la oleaginosa. 

En concreto, son 700.000 menos que en el ciclo iniciado 2016 y nada menos que 1,6 millones por debajo de la campaña que arrancó en 2015. 

En tanto, desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estiman un panorama más complejo: prevén una cobertura de 18,1 millones de hectáreas, el nivel más bajo en ocho años, un dato que confirmaría el proceso continuo de "desojización" del agro argentino. 

"Se está dando una paulatino y lento proceso de caída de la superficie plantada con soja. De eso no hay dudas", confirma López.

Si bien se espera una leve recuperación de los cereales –con el trigo y el maíz a la cabeza-, esto no sería suficiente para revertir la contracción general de la superficie en la Argentina. 

En total, se espera que el campo argentino termine cubriendo 35,8 millones de hectáreas, unas 300.000 menos que en el anterior ciclo (ver cuadro). 

Desde la Bolsa de Rosario hablan de "suelos colapsados por los recientes efectos de las lluvias de un invierno que no dio tregua a gran parte de la Región Pampeana y en especial a la provincia de Buenos Aires", lo que están "planteando un gran desafío para los sectores afectados". 

En tanto, expertos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires advierten que, en momentos en que se está transitando la ventana de siembra de soja de primera, todavía hay "grandes áreas de Buenos Aires, este de La Pampa, sur de Córdoba y sur de Santa Fe se encuentran anegadas, afectando la movilidad en caminos rurales y reduciendo la superficie agrícola disponible para la siembra de cultivos", agregan. 

Frente a este cuadro, las perspectivas plantean una caída de la producción: 

• En soja se esperan que el próximo ciclo los productores generen 54,5 millones de toneladas, unas 2,5 millones menos que en la última campaña (baja del 4%). 

• En tanto que entre los cereales, los excesos de agua por lluvias registrados en las últimas semanas complicaron el cultivo de maíz. 

• Según un reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario, ya se perdieron 100.000 hectáreas de maíz, lo que impediría aspirar a lograr un nivel crecimiento frente al último ciclo. 

En este contexto, el volumen de la campaña total está estimado en 126,6 millones de toneladas, casi 2 millones menos que durante el ciclo anterior. 

Claro que todos los pronósticos podrían cambiar frente a un agravamiento del frente climático

Según los expertos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el agro está ante "un escenario agronómico adverso, debido a la problemática de inundaciones que afecta amplios sectores sobre el sur de nuestra región agrícola, en un periodo crítico del año para la actividad del sector". 

"Se estima que la superficie comprometida supera las 6 millones de hectáreas, cifra que crece luego de cada frente de tormenta y se contrae lentamente en los lapsos de buen clima. En el contexto actual, en el cual luego de cinco campañas húmedas las napas freáticas permanecen próximas a la superficie, incluso el frente de tormenta más débil puede sumar hectáreas comprometidas a la cuenta", adviritieron. 

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