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El vino argentino celebra su día como bebida nacional y Milo Lockett pintará el Obelisco con imágenes inspiradas en su cultura

23-11-2017 El vino representa a una de las industrias regionales más importantes del país. De ahí el homenaje. ¿Cómo hará el artista para pintar el ícono porteño? 
Por Andrea Catalano
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El vino y el arte siempre van de la mano. Por una razón tan sencilla como obvia: el vino es arte. Y a través de semejante comunión es que este viernes 24 de septiembre se celebrará el "Día del Vino Argentino Bebida Nacional". ¿Dónde? En el Obelisco. ¿De qué manera? Con arte: el ícono más emblemático de la Ciudad de Buenos Aires se vestirá con imágenes de Milo Lockett a través de las ya conocidas técnicas de mapping que suelen dar vida a distintos monumentos y paseos de la Ciudad en ocasiones especiales.

El artista dibujará y sus ilustraciones, inspiradas y dedicadas al vino y su cultura, se proyectarán sobre el Obelisco. La performance estará acompañada por la propuesta de DJ Villa Diamante y Rumbo Tumba, una fusión electrónica con base en instrumentos y sonoridades propias de Latinoamérica, que juntos recrearán.

El vino argentino fue declarado bebida nacional el 1° de agosto de 2013, hace apenas cuatro años, mediante la ley 26.870, cuando se publicó en el Boletín Oficial. En verdad, ese reconocimiento se había patentizado el 24 de noviembre de 2010, cuando se firmó el decreto 1.800. Lo realmente valioso fue cuando tomó fuerza de ley.

En aquella oportunidad se destacó que se trata de un "producto alimenticio de consumo masivo que, por sus cualidades nutricionales comprobadas, integra la canasta básica familiar de diferentes grupos sociales, culturales y económicos del país".

Se llegó a ambas instancias luego de un intenso trabajo de una industria que se extiende desde Salta hasta Chubut por la franja andina, la más extensa del mundo en materia vitivinícola, con experimentaciones e innovaciones variadas que van ampliándose en algunas porciones de la pampa húmeda.

El vino representa a una de las economías regionales más importantes del país, con una fuerza de trabajo conformada por unas 120.000 personas que se desempeñan en la industria de manera directa. De ahí viene gran parte de su relevancia. Razón por la que, frente a cualquier cambio de coyuntura macro o microeconómica, la reacción de la cadena de valor será fuerte. Y esto quedó evidenciado hace un par de semanas, cuando se intentó aplicar impuestos internos al vino, la bebida nacional.

Declarar al vino argentino como bebida nacional fue, además, una necesidad de la industria para consolidarla en el frente interno, además de seguir posicionándola en el contexto internacional. El sector lleva adelante el Plan Estratégico Vitivinícola 2020 que, diseñado por todos los actores de la industria y los gobiernos de las principales provincias vitivinícolas, contempla exportar por u$s2.000 millones en 2020.

El objetivo, que debería cumplirse en tres años, está aún lejano. Diversas medidas macroeconómicas tomadas entre 2011 y 2015 obstaculizaron las exportaciones, que venían creciendo de manera sostenida y al ritmo necesario para cumplir con el objetivo del plan.

Recién el año pasado la industria vitivinícola logró vender al exterior por u$s1.000 millones, ubicándose entre los 10 primeros rubros posicionados en los distintos destinos del mundo, pero es difícil que se logre llegar a la meta en los tres años que quedan por delante, estipulados en el plan. Básicamente porque la industria aún no logra retomar el ritmo exportador de hace 10 años atrás.

En cuanto al consumo interno, el vino viene perdiendo espacio frente a otras bebidas desde hace más de dos décadas. A esto se suma que, en los últimos dos años, el sector soportó la menor cosecha de los últimos 50 años, con un impacto directo en el aumento del precio básico, que se trasladó a toda la cadena. Ese incremento, de 100%, sumado a los acomodamientos económicos que se efectuaron entre 2015 y 2016, provocó nuevos impactos en el valor final del producto. Y, por una razón de poder adquisitiva básica, también en su consumo.

Hoy, el consumo de vino argentino se ubica en los 20 litros per capita por año, según datos de Bodegas de Argentina. El objetivo es volver a los niveles de hace tres años atrás, de 24 a 25 litros, y en el mejor de los panoramas a los 30 litros de hace 10 años. Muy, muy lejos se está de los 90 litros per capita que se consumían en los ´70. Los tiempos cambiaron.

Celebrar al vino argentino como bebida nacional apunta a recuperar ambos espacios, el del consumo interno y el de las exportaciones. Celebrarlo con arte es la manera de hacerle honor a una de las industrias que supo incorporar mucha tecnología para hacer más eficientes sus procesos sin por ello dejar de lado la mano artística del hombre.

La cita es este viernes 24 de noviembre a las 21 en el Obelisco. Porque el vino nos une.

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