Recreo

¿Me traés la cuenta?: 7 cosas que los mozos odian de vos

02-01-2018 Cuáles son las actitudes que sacan de quicio a quienes trabajan en la industria de servicio y las mejores maneras para evitarlas
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Mozos y camareros son la conexión entre la cocina y el cliente, la cara de las empresas de gastronomía.

Ayudan a los comensales a resolver su indecisión cuando no saben qué ordenar, y los más experimentados hasta recuerdan el pedido típico de cada cliente frecuente. 

Pero aunque intenten estar siempre de buen humor y sonreír para ganarse una buena propina, hay actitudes que los fastidian y pueden llegar a arruinarles la jornada de trabajo.

Las siguientes son las siete situaciones frecuentes que más los molestan, según relevó la revista Rumbos.

1. Cuidar las formas
Chistar, silbar, dar un golpecito sobre la mesa o llamar a la moza al grito de "Rubia" o "Morocha" es una falta de respeto.

Incluso en situaciones de apuro, el cliente no tiene derecho a "ningunear" a la persona que está trabajando.

La regla número uno es tener paciencia, levantar la mano y, una vez que hagan contacto visual, esperar a ser atendido.

2. No ser pesado con el café
Pedís un café bien caliente. Te lo traen y le decís a la moza que le agregue un poco de leche fría porque está que pela. Vuelve con el cortado y le pedís que mejor te cambie el azúcar por un sobrecito de sacarina. Cuando hace un viaje por cuarta vez le pedís un poco más de agua.

Ir y venir a una misma mesa por un solo café es una pesadilla para los camareros, sobre todo en hora pico.

3. No revolear billetes
Es común que luego de algunas copas un cliente revoleé los billetes sobre la barra para pagar. Esto fastidia a los que están del otro lado.

Entregar el dinero en mano con el mismo respeto y delicadeza que se utiliza en cualquier otro local para pagar un producto o servicio es lo mejor.

4. Caer a último momento
Ya está todo limpio, la persiana a medio bajar, el encargado haciendo la caja y las camareras a punto de sacarse el delantal para irse a su casa. Entonces llega un cliente con un par de amigos y pregunta "¿se puede tomar algo?". No le van a decir que no, pero van a odiarlo con el alma entera.

5. No ser desconfiado
Si se pide el café descafeinado, confiar en lo que trae la camarera. No hace falta preguntar doscientas veces si seguro es descafeinado, si no se equivocó, etc. 

6. Dejar la indecisión para otro momento
Llegás al restaurante y pedís unas rabas, pero mientras estás haciendo el pedido, vez unos ravioles increíbles que llegan a la mesa de al lado, entonces le decís "ay, no mejor tráeme eso". Cuando el mozo se está yendo, lo llamás arrepentido y le preguntás cuál es el plato del día. Dudás una y otra vez y no sabés si comer pasta, carne o verduras salteadas.

Lo ideal estudiar el menú y hacer el pedido una vez que el cliente está 100% decidido.

7. Los experimentos no van
Una vez que tomás el café te ponés a hacer manualidades con las servilletas: grullas, barquitos y avioncitos de papel que van a parar al fondo de la taza. El resultado es un pegote de artesanías, azúcar y restos de líquido por todos lados.

Mejor dejar el espíritu alquimista y emprendedor para el living de casa.

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