Marketing

Leyes de hace 50 años versus empleos del siglo 21: una batalla que ya se juega en la industria audiovisual argentina

16-02-2018 Se trate de una telenovela, de un corto, de una publicidad o un contenido en video para cualquier fin, la actividad está surcada por cuatro regulaciones que se llevan el 70% de los costos. Diversos actores del mercado señalaron que esta situación no se condice con las demandas actuales de producción
Por Andrea Catalano
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Jairo tiene 10 años y un celular. Cuando sus padres lo llaman, él no los atiende. El móvil no es para comunicarse en la forma en que todavía lo hace la Generación X. Para Jairo, integrante de la Generación Centennial, el smartphone sirve para crear y consumir videos, y para abrir una ventana al mundo. El video ya es parte fundamental de la interacción entre muchos grupos etarios, y entre ellos y su entorno. Este fenómeno está habilitando la creación de nuevos trabajos más a tono con la era digital.

El video dominará el 90% del tráfico de internet en apenas dos años y, por ende, es el formato al que irremediablemente están yendo distintas industrias para ponerse en contacto con las nuevas generaciones. El cine y la televisión, y la publicidad, estarán impactas por el nuevo fenómeno. Y a esto se sumará todo lo que surja de manera directa desde los nuevos dispositivos y las nuevas plataformas.

Lo viejo, lo tradicional se mezclará con las nuevas tendencias digitales en materia de video, animaciones y generación de nuevos contenidos audiovisuales. Esto podría generar una enorme cantidad de nuevos empleos en el país orientados a la producción audiovisual. Pero, tal como están dadas las cosas, eso no ocurrirá.

"Creador de contenidos para Youtube" es una de las nuevas y futuras profesiones que trae el mundo digital. Así lo señalan varios expertos en la materia, aspecto que fue tomado en el libro "El futuro del trabajo, y el trabajo del futuro", de Alejandro Melamed.

Allí quedó expresado, entre otras cosas, que así como hay empleos que dejan de existir por la automatización también aparecen otros y que es necesario generar empleos pagos que coincidan con el trabajo que se necesita hacer y desarrollar las habilidades necesarias para el trabajo del futuro. Que ya es hoy.

Ese nuevo creador de contenidos podrá desempeñarse en cualquier industria vinculada con lo audiovisual, apalancada fuertemente en las nuevas tecnologías.

Pese a que el país tiene una historia rica de producción audiovisual en toda su expresión, reconocida a nivel local e internacional, y que a esto se suma la gran actividad del tecnológico, las oportunidades que habilita la sinergia de estos dos segmentos podrían quedar truncas.

¿La razón? La actividad audiovisual se está viendo cada vez más limitada por regulaciones que impiden aggiornar los formatos. Si se prevé que en las redes de internet crecerá el tráfico de video es porque esa modalidad será elegida por cada vez más agentes económicos para su actividad.

En otras palabras, habrá cada vez más video, en formatos cada vez más pequeños, constantes, que contarán infinidad de historias. Para el cine, para la tele, para las redes sociales, para la publicidad, para las plataformas de streaming, para todo lo que aún está por venir.

Y también para responder a las nuevas demandas de consumo y a la competencia que, a su vez, comienzan a efectuar desde su lugar los proveedores de contenidos como Netflix, Crackle, Amazon Prime y Hulu, entre otras.

Jairo, que cuando sea grande quiere ser editor y creador de videos, tendría altísimas chances de conseguir un buen trabajo en alguno de estos segmentos cuando termine sus estudios, dados sus intereses y la perspectiva sobre nuevos empleos. Pero eso sólo ocurrirá si las leyes que regulan la actividad de producción, que fueron creadas hace 50 años en un contexto muy distinto al actual, cambian.

"Hoy el 70% de los costos de producción de un video son monopólicos, regulados. Porque hay que cumplir con la ley del actor, con los requisitos mínimos que exige el sindicato de técnicos, con Sadaic, y en caso de que se trate de un comercial donde se menciona a una marca, a un locutor", dijo a iProfesional un ejecutivo vinculado con la producción de contenidos.

Y esto aplica tanto a una serie de TV, un corto publicitario, a una película, y a cualquier otra clase de video que se cree para ser subido a una plataforma on line, sea para posicionar a una marca, para entretener, para generar una campaña de concientización.

Para producir audiovisual hay que contratar a actores, técnicos, locutores y poner música. Todo eso debe pagarse de acuerdo a las regulaciones de cada segmento.

Algunas de esas exigencias tienen solo un par de años. Otras, vienen de hace varias décadas atrás. Ni las más nuevas ni las actuales se ajustan a las necesidades de hoy, coinciden diversos actores del mercado: generar productos audiovisuales cortos de manera constante para responder a las tendencias. Los costos que hay que afrontar lo impiden. Por ende, hay menos producción.

Hay cifras que dan cuenta de ello.

Hasta junio de 2017 las exportaciones argentinas por producción audiovisual totalizaron u$s107 millones, un 18,8% más que lo registrado en el primer semestre de 2016, según datos del Observatorio de la Economía del Conocimiento del Ministerio de Producción de la Nación. Aunque no está la cifra final, una proyección estimada pondría esa número por encima de los u$s210 millones.

Así sola, no dice nada. El punto es cuando se la compara con lo que venía ocurriendo se observa que la actividad comenzó a caer a partir de 2015, cuando la producción audiovisual se retrajo un 15% hasta los u$s276 millones, luego de que en 2014 ese nivel se ubicara en los u$s315 millones, según datos de Argencon, una entidad que nuclea a las empresas que exportan servicios basados en conocimiento (SBC), como la generación de contenidos audiovisuales.

Del mismo modo en que se redujo la exportación, también bajó la generación de contenidos. Si bien no hay estadísticas que sostengan la afirmación, sí lo expresan quienes forman parte de la industria.

"Sí, las leyes argentinas son las mejores. Los actores son los mejores pagos, tienen la mejor cobertura, pero las productoras internacionales no vienen al país y no hay trabajo, y a nivel local ocurre lo mismo", dijo con ironía un productor mendocino que, desde hace tres años, concentra la mayor parte de su actividad en Chile, a donde están yendo productoras de todo el mundo a resolver desde series y películas hasta pequeños videos para las nuevas plataformas de internet.

"Cuando una productora extranjera viene a la Argentina a hacer una producción puntual no debería pagar IVA por lo que está haciendo. Sí, hay devolución, pero es tan burocrático el sistema que no es conveniente. En Chile, por ejemplo, en una semana te devuelven el 19% del IVA, y de esa manera hay trabajo constante", agregó el productor.

¿Jairo va a tener que pensar en desarrollar su vida profesional futura en otro país?

Allí, dicen los expertos, no se exige tanto desde las regulaciones para poder generar, para crear trabajo. Mucho menos cuando hoy, producto de la disponibilidad técnica, es posible realizar parte de la actividad con un buen smartphone y un buen editor de video. ¿O acaso no es eso lo que muestra la generación de los youtubers de donde seguramente saldrá una gran cantidad de especialistas en la generación de contenidos?

Hay una cosa que está clara. Se trata de producir contenidos. Ya no importa tanto el soporte porque casi todo ya se está distribuyendo a través de internet en una multiplicidad de formas: un video para youtube por semana, otros muy cortos y consecutivos para replicar en Snapchat por sólo 24 horas antes de su desaparición, otro para subir en otras plataformas. Producción constante y vinculada, inclusive, con los medios tradicionales. Se trata de facilitar su producción.

"El riesgo de perder el tren de la digitalización es grande. El marco hace que haya menos producción y eso implica que se achique la industria y haya menos trabajo. A esto se suma que no estamos adquiriendo el conocimiento que exige esta época y, por ende, no se podrá salir a competir. El tiempo perdido termina siendo una ventaja competitiva perdida en un mundo súper avanzado", dijo a iProfesional, Philip Pérez, presidente de la Cámara Argentina de Anunciantes (CAA).

Producir una publicidad, por caso, tiene las mismas exigencias que cuando se produce una película. Porque se trata de un "corto" publicitario. En ambos casos, los costos laborales son los más duros de enfrentar.

En el caso de los técnicos, tienen un límite de horas de trabajo por día, y además si deben hacer exteriores el costo es más alto. "A esto tenés que sumarle que tienen dos días de descanso por semana, mientras que en otros países el descanso es de un solo día. Cuando esto aplica a una película, donde las filmaciones se extienden por meses, esa diferencia de días termina siendo una desventaja competitiva de las producciones locales frente a las que se realizan en otros países", explicó, también en estricto off, otro experto del mundo audiovisual.

En otras palabras, lo que se hace para televisión y las plataformas on line enfrenta fuertes cargas desde lo laboral. Con la ley del actor, quienes trabajan en una tira tienen un contrato de, al menos, tres meses. Si ese producto no tiene el rating suficiente y al mes decide levantarse, justamente, por los costos, los actores continuarán cobrando los dos meses restantes. En el mercado esto se considera como una barrera que impide que se encaren más propuestas. Y proponen crear un sistema que, sin dejar de darle protección a los trabajadores, sí sea más flexible.

"La producción audiovisual es compleja desde varios lados", dijo Carlos Pallotti, subsecretario de Servicios Tecnológicos del Ministerio de Producción de la Nación.

Y argumentó que no sólo por las regulaciones sino porque muchas productoras son muy pequeñas. "Hay sectores laborales con distintos interlocutores con diversos acuerdos de larga data, distintos convenios, más las regulaciones del Estado, algunas relacionadas con la anterior ley de medios, las cuestiones impositivas. Y esto implica analizar un conjunto de acciones" para ayudarlas a incrementar su actual nivel de trabajo.

Para esas pequeñas productoras enfrentar los costos que significa producir un corto, una publicidad o un contenido en video suele ser un problema. Que, lejos de poder resolverse, impide su realización. Y, por ende, la creación de más trabajo. Muchos de ellos relacionados con el mercado laboral del futuro.

Pallotti mencionó varias acciones encaradas desde su área para incrementar la producción audiovisual teniendo en cuenta el nuevo contexto, como facilitar las exportaciones de los pequeños productores, especialmente.

"Ya no tributa IVA ni Ingresos Brutos en la mayoría de los distritos sino que paga como cualquier otra actividad comercial", explicó aunque admitió que como se trata de medidas tomadas en su mayor parte en 2017, habrá que esperar un tiempo para que se advierta su impacto. Y que es necesario que se siga trabajando.

El tema es, sin embargo, más complejo. Apunta a comprender cómo abordar a las diferentes audiencias y seguir produciendo, claro, pero bajo estos nuevos parámetros. Es lo que, desde algunos sectores, se busca modificar. No será fácil. Pero de la manera en que la producción audiovisual se adapte a los nuevos tiempos dependerá el crecimiento y consolidación de los futuros nuevos trabajos. Esos al que hoy Jairo y tantos chicos de su edad ya se inclinan con naturalidad.

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