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La pelea de fondo en el conflicto bancario: Sturzenegger asume el rol de "duro" para reubicarse en la interna de Cambiemos

08-02-2018 El titular del Banco Central asumió el liderazgo negociador en las paritarias con el sindicato bancario. Defendió una fórmula "desenganchada" de la meta inflacionaria que, según los dirigentes gremiales, responde más a su deseo de recuperar posiciones dentro del Gobierno que a la realidad económica
Por Juan Manuel Barca
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El debate interno en el Gobierno por el rumbo económico no terminó con el cambio de metas inflacionarias.

Luego de esa trifulca en la que el Gabinete tiró por la borda la pauta del 10% prevista por el Banco Central y fijó una nueva del 15%, la puja entre Marcos Peña y Federico Sturzenegger se trasladó ahora a las paritarias, en las que el macrismo aún no pudo marcar la cancha.

El jefe del BCRA se metió de lleno en la negociación salarial de la actividad bancaria para testear un ambicioso mecanismo de suba automático y así incidir en el proceso de "desinflación".

El experimento tiene lugar en una de las primeras discusiones del sector privado y en un rubro que rankea entre los más conflictivos: el líder del gremio, Sergio Palazzo, comienza este viernes la primera de tres jornadas de paro anunciadas y se sumará a la marcha de Hugo Moyano, que ayer se adelantó para el 21 de febrero.

Así, Sturzenegger se sumó al grupo de funcionarios que pelean por un lugar en la definición de la política salarial, tras la crisis que enfrentó el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, a raíz del escándalo con su empleada.

Tal como lo adelantó iProfesional, el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, fue de los primeros en zambullirse en las paritarias. Con ese fin, en las últimas semanas retomó contactos con el ala dialoguista de CGT, aunque sus gestiones también apuntaron a aislar al camionero, en pleno conflicto con el Gobierno.

En ese escenario, el involucramiento del hombre de la City en el ámbito de Triaca representa toda una oportunidad para recuperar la imagen de "duro" que acuñó hasta la conferencia del 28 de diciembre pasado, cuando se vio obligado a ceder ante las presiones del equipo de Peña, con el abandono de su meta inflacionaria y el anuncio de un camino descendente de las tasas para evitar un "sesgo contractivo" de la economía.

Pero las concesiones al ala política de Cambiemos no implicaron que el jefe del Central desechara sus ambiciones. Al tiempo que se resignó a una rebaja en las tasas -1 punto en enero- puso en marcha el diseño de un esquema de discusión salarial más acorde con la vieja meta inflacionaria del 10%.

Según las actas del 28 de diciembre, las cámaras ABA, Abapra, ABE, Adeba y el Banco Central ofrecieron un 9% para todo el 2018 con cláusula gatillo en caso de que la inflación superase esa cifra.

"Sturzenegger toma las decisiones en función de la interna con el Gabinete y busca mostrarse como una versión más dura que Peña", evalúan cerca de Palazzo.

El titular del BCRA no estaría solo en su cruzada: lo acompañan los bancos extranjeros representados por ABA, que encabeza Claudio Cesario. Con el guiño del Central, la cámara abortó el año pasado un primer acuerdo entre el gremio y el titular del Banco Nación, Carlos Melconian, lo que derivó en paros, fallos de la Justicia y la apelación del Ministerio de Trabajo.

Sólo en los últimos días, con la cercanía de los paros anunciados, las entidades financieras encabezadas por el Banco Central enviaron una señal de flexibilidad al difundir públicamente una nueva propuesta que contempla un adelanto del 9% desde enero y luego un ajuste mensual de acuerdo con la evolución de la inflación.

"Eso fue omitido en todas las comunicaciones realizadas por el sindicato. Mencionan solo un aumento del 9% sin referirse a la cláusula gatillo y con esa información parcial convocaron a un paro para el 9 de febrero previo al feriado de Carnaval y también para el 19 y 20 de febrero", señala un comunicado reciente de todas las cámaras.

Paritarias automáticas
El acercamiento de la banca, sin embargo, no conforma al sindicato. Por el contrario, el plan de Sturzenegger es visto como un fuerte retroceso respecto de la paritaria del 2017, en la que se había cerrado una suba del 19,4% desde enero para todo el año, junto con una cláusula gatillo que les permitió a los bancarios recuperar los puntos perdidos en noviembre y diciembre, frente a una inflación anual del 24,8%.

En rigor, el corazón de la estrategia del banquero apunta a desenganchar los ingresos de la inflación pasada, instaurar un sistema de actualización automático y limitar la negociación a la evolución futura de los precios excluyendo de la agenda la rentabilidad de la actividad, uno de los puntos que suele incorporar el gremio.

Pero hasta los propios directivos del BCRA reconocen lo ambicioso del plan: "va a terminar en otra cifra, es una postura de endurecimiento".

La idea de automatizar las negociaciones salariales no es nueva. Fue puesta en práctica por el Ministerio de Educación el año pasado, cuando anuló de facto la paritaria nacional docente y fijó un mecanismo por el cual la actualización del piso salarial debe ser al menos un 20% superior al Salario Mínimo Vital y Móvil. Ese dispositivo, ratificado en enero pasado por decreto, es el que ahora impugnan los docentes de CTERA, encabezados por el líder de Suteba, Roberto Baradel.

Para las autoridades, el sistema es una manera sutil de desplazar a los gremios de la mesa de negociación. Pero el macrismo no lo inventó: ya en el 2014, Cristina Kirchner había acordado una modalidad de suba trimestral con el titular de los metalmecánicos de Smata, Ricardo Pignanelli. El sindicalista y los empresarios del sector repitieron el año pasado la misma dinámica, al acordar una suba salarial trimestral de 6,41%, que anualizada implicaría una mejora de 25,6 por ciento.

El problema que enfrenta el Gobierno es que todavía no consiguió que alguno de los gremios importantes resigne beneficios, como la cláusula gatillo del año pasado, y asuma el rol de guía en las paritarias del 2018. Una tarea por cierto dificultosa después de un arranque del año que trajo devaluación, suba de tarifas y aumentos en los combustibles, con salarios anclados en el 2017.

En el caso de los bancarios, el gremio advierte que el nuevo esquema elimina conquistas previas, como la compensación de un bono anual (por el impuesto a las Ganancias), una cláusula gatillo retroactiva a enero y una suma fija por del Día del Bancario en función de la antigüedad y las categorías.

"Aceptar esa posición cuando una proyección mínima del índice de precios al consumidor en 2018 asciende -promedio- al 19,4% según el Revelavamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central (REM 29/1/18, www.bcra.gob.ar) en base a 52 estimaciones incluyendo 17 bancos nacionales e internacionales, sería absurdo", reza un volante difundido días atrás, titulado "No somos tontos".

Del otro lado, los bancos alegan que la compensación anual y la retroactividad en los aumentos ya no son necesarias después de haber recompuesto los ingresos con la activación de la cláusula gatillo en 2017. De ahora en más, sostienen, la discusión debería tener en cuenta la expectativa de inflación.

Asimismo, desmienten que la cifra ofertada esté vinculada a las viejas metas de inflación de Sturzenegger. "Alguien podría pensar por qué damos el 9 y no el 15, que es la meta de inflación. Pero la meta es de punta a punta del año", precisó en las últimas horas el titular de la Asociación de Bancos Argentinos (ABA), Claudio Cesario.

Con todo, el objetivo del 15% también parece haber quedado en el tiempo. Para el jefe del Central la causa de un rebrote de los reclamos salariales y los conflictos sindicales, hay que buscarla fuera de la política monetaria. En su opinión, el abandono de las metas generó un "cambio de expectativas" en las paritarias.

En su última conferencia reconoció, además, que el "shock inflacionario" de fin de año se debió a la decisión del Gobierno de adelantar parte de los ajustes tarifarios programados. Un tiro por elevación al ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, el de Energía, Juan José Aranguren, y a sus rivales al mando del Gabinete.

Así las cosas, todo indica que la pelea en el equipo económico recién empezó. Y Sturzenegger ya se puso los guantes.

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