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A la defensiva y bajo presión de sus aliados, Moyano se ve empujado a la convocatoria a un paro general

22-02-2018 El líder camionero se quedó con la satisfacción de haber logrado una convocatoria masiva pese a las deserciones de la CGT, pero no pudo evitar que el tema que sobrevoló el acto fuera el de sus problemas judiciales. Ante un macrismo que se muestra duro, todos los caminos llevan a la radicalización
Por Federico McDougall
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La manifestación organizada por Hugo Moyano dejó al descubierto, ante el Gobierno y toda la opinión pública- tanto las fortalezas como las debilidades del líder sindical.

Entre las primeras, claro está, la intacta capacidad de influencia política y movilización callejera. Más allá de las tradicionales discrepancias sobre cuál fue el número real de la concurrencia -los organizadores hablaron de 400.000 personas- lo incuestionable es que se trató de un acto masivo que no pareció haber sentido el efecto de las deserciones por parte del resto de la CGT.

Entre las debilidades, estuvo la situación personal de Moyano con la Justicia, que para pesar del camionero fue el tema que sobrevoló durante todo el acto. Fue paradójico que, para un dirigente que planteó que la convocatoria no tenía relación con las investigaciones en su contra, haya ocupado la mayor parte de su discurso en hablar de su "persecución".

Pero acaso la más importante debilidad de Moyano sea, paradójicamente, la probable convocatoria a un paro general. El camionero evitó referirse a ese tema durante su discurso, pero todo indica que, sea por convicción o por presión de sus socios, todos los caminos llevan hacia esa situación.

Uno de sus principales aliados, Pablo Micheli, conductor de la CTA, se refirió explícitamente a la medida de paralización de actividades y hasta aventuró que está definida una fecha en marzo.

Claro que en un acto como el de este miércoles, si el propio Moyano no se refería explícitamente al paro, no se lo podía considerar confirmado.

De manera que, para el análisis político del Gobierno quedará el desentrañar si Moyano a propósito no habló del paro para enviar una señal de diálogo. O si, por el contrario, ya tiene la decisión tomada y solamente está esperando que el contexto sea más favorable.

La gran duda respecto de un paro general convocado por las organizaciones que coparon la calle ayer es sus posibilidades de éxito al no contar con la adhesión del gremio transportista, siempre un factor crucial a la hora de sellar la suerte de un paro.

Posiblemente en la memoria de la dirigencia de la CGT esté todavía el fallido paro convocado en abril del año pasado, que mostró una baja adhesión y un repudio masivo en las redes sociales.

Todos los caminos conducen al paro
Pero lo cierto es que, desde el punto de vista de Moyano, la alternativa del paro parece inevitable, más allá del deseo personal o de las consideraciones estratégicas.

Los referentes de la CTA y la izquierda empezaron a reclamar la medida, sobre la que ya habían conversado la semana pasada Pablo Moyano, sus pares de las centrales alternativas Pablo Micheli y Hugo Yasky, y el líder del sindicato de maestros (Suteba), Roberto Baradel.

"Hablamos de darle continuidad a las acciones, no dejar ningún conflicto solo, el paro es una posibilidad si no cambian las políticas de ajuste", dijo a iProfesional Baradel. "En lo que más se avanzó, es en una nueva confluencia de sectores sindicales y sociales", confirmó.

Para contrarrestar al sindicalismo duro, el Gobierno profundizó en las últimas semanas su acercamiento al ala dialoguista de la CGT. En esa línea, Macri recibió en la Rosada ayer al petrolero Guillermo Pereyra, quien firmó el convenio de Vaca Muerta con menores beneficios laborales.

Con todo, la conflictividad no parece ceder. El sindicato de camioneros evalúa retomar el jueves el trabajo a reglamento en las ramas de combustible, caudales y logística, en reclamo de un bono de fin de año. El viernes pasado hizo lo propio con la recolección de residuos en toda la Ciudad.

Las señales de endurecimiento de Moyano llegan en medio de las crecientes presiones que enfrenta OCA, la principal empresa de correo postal, con 7.000 camioneros empleados de manera directa y cuyo dueño sería el sindicalista, si bien su gerente formal es Patricio Farcuh.

Después de concederle tres prórrogas a la empresa desde noviembre pasado, el Gobierno le dio ayer cinco días hábiles para que cancele sus obligaciones antes de darle baja en el Registro Nacional de Prestadores de Servicios Postales.

La intimación llegó el martes, justo un día antes de la protesta. Si para el miércoles próximo OCA no logra cumplir con ese reclamo, dejará de prestar servicios de manera casi inmediata. Para evitarlo deberá en el plazo intimado cancelar sus obligaciones impositivas, previsionales y sociales.

En estos próximos días Farcuh deberá presentar ante los directores del Enacom un plan de pago de sus deudas con la AFIP que tenga el aval del ente fiscal y del juzgado de la localidad bonaerense de Lomas de Zamora a cargo del concurso preventivo de acreedores de OCA.

Pero el empresario enemistado con Moyano sostiene que la AFIP no libera embargos a cuentas que tienen fondos de OCA por unos $1.700 millones, mientras que las deudas posteriores al concurso abierto alcanzan $1.100 millones.

Sin ese dinero, al que debería tener acceso por ley, Farcuh dijo que se ve imposibilitado de saldar sus compromisos. Por ello, hoy presentaría una demanda por incumplimiento de los deberes de funcionario público contra el titular del organismo recaudador.

El otro frente abierto que enfrenta Moyano son las investigaciones en la Justicia por presunto lavado de dinero, evasión impositiva, desvío de fondos de la obra social del gremio y asociación ilícita por fraude a Independiente, el club que preside el camionero.

Por si acaso, el Ejecutivo reiteró su idea de que la convocatoria responde a una presión del sindicalista para frenar las causas que brotaron en la Justicia en el lapso de un mes, desde que boicoteó la reforma laboral.

"Ninguna marcha, por más éxito que tenga, podrá frenar el proceso judicial", dijo el ministro de Interior, Rogelio Frigerio.

¿Nace el nuevo sindicalismo duro?
Ese Moyano que se ve acorralado a radicalizar sus posturas como consecuencia de sus enfrentamientos con la justicia y el Gobierno, empezó por fuerza de las circunstancias a delinear una nueva corriente sindical dispuesta a tener peso en el horizonte político.

El acto del 21F se transformó en una demostración de fuerza del sindicalismo combativo y más de un dirigente se animó a vaticinar una unidad de cara al futuro. La idea cobra fuerza con una CGT fracturada.

Para el camionero Pablo Moyano, uno de los impulsores de la protesta, la protesta fue "el principio de una unidad que se va a dar con distintos sectores, sindicales, organizaciones sociales".

En una sintonía similar se manifestó Baradel: "A partir de hoy, empieza a tomar forma una configuración de un nuevo nucleamiento sindical en la Argentina, con gremios de la CGT, con las dos CTA, con gremios de la Corriente Federal, con las organizaciones sociales", definió el dirigente gremial docente.

El acercamiento de estos sectores comenzó a tejerse previo a las elecciones de octubre y de no producirse una tregua entre el camionero y la Casa Rosada, todo indica que se consumará en breve.

En un claro desafío a sus antiguos socios, Moyano ratificó sus críticas contra los dirigentes sindicales que no participan de la medida de fuerza: "Son traidores, cagones, más que nunca, porque sus trabajadores están padeciendo este modelo económico". Y añadió: "Los asustaron y salieron corriendo a firmar el 15%; le rendirán cuentas a sus trabajadores".

La movilización estuvo respaldada por Camioneros, ambas CTA, ATE, la Corriente Federal de los Trabajadores, partidos de izquierda y organizaciones sociales como Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. También, dirigentes del kirchnerismo y gremios docentes como Ctera y Suteba y otros como La Bancaria.

Incluso el secretario general del gremio de Canillitas, Omar Plaini, sostuvo la gran movilización de la jornada "debe servir para reagrupar a los sectores del campo nacional y popular".

Pero, ante todas esas manifestaciones en pro de canalizar de forma unificada una radicalización de la protesta, Moyano dijo mucho al no decir nada al respecto del paro general. Ni se refirió tampoco al surgimiento de un nuevo espacio donde se nuclearía el sindicalismo duro.

Aún sigue abierto el canal de negociación con el Gobierno. Moyano lo sabe. Por eso impulsó esta marcha, que se transformó en una gran demostración de fuerza.

El gran interrogante es cuándo se dividirán las aguas. Todo indica que el tiempo para tomar uno de los dos caminos -negociar con el Gobierno y aceptar en gran medida sus condiciones o romper relaciones- se acaba.

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