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Empresarios y gremios, en pie de guerra por acuerdo Mercosur-Unión Europea: temen el golpe a la industria nacional

Empresarios y gremios, en pie de guerra por acuerdo Mercosur-Unión Europea: temen el golpe a la industria nacional

Para el macrismo, la firma de un TLC entre ambos bloques es uno de los objetivos más anhelados. Voces a favor aseguran que habrá más exportaciones e inversiones. Pero sindicatos y referentes de sectores como el textil, autopartista y siderúrgico, alertan por daños irreversibles al sector productivo

Por Juan Diego Wasilevsky
01.04.2018 12.14hs Comex

Para el Gobierno es casi un hecho: el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea está a la vuelta de la esquina. 

Esa negociación enmarañada y que parecí­a lejana está a un paso de convertirse en realidad, según dejó traslucir el propio canciller Jorge Faurie, quien dijo que las conversaciones para la firma del ambicioso TLC van "a gran velocidad". 

"Estamos en las puertas" del acuerdo, afirmó el funcionario, quien agregó que de esta manera se pondrí­a un broche tras casi dos décadas de diálogos, marchas y contramarchas. 

El pacto conformarí­a una "autopista" comercial que darí­a acceso a un mercado de más de 500 millones de consumidores y que explica el 28% del PBI mundial. 

Un pacto que, bajo la óptica del macrismo, será pura ganancia. 

Sin embargo, desde sindicatos hasta cámaras empresarios de numerosas ramas de actividad están plantándose frente a lo que consideran será un acuerdo que terminará por afectar a la industria nacional. 

La clave está en que el TLC que se está negociando establecerí­a que el equivalente al 87% de las importaciones totales que realiza el Mercosur desde el bloque europeo, pasarí­an a entrar sin aranceles, en función de un cronograma de desgravación paulatina que se implementará y que se completarí­a en un plazo total de entre 10 a 15 años, según lo que finalmente se negocie. 

Desde el Gobierno defienden el acuerdo contra viento y marea, dado que serí­a el corolario de la polí­tica de reinserción de la Argentina en el mundo. 

Un documento realizado por Cancillerí­a, el Ministerio de Producción y Agroindustria afirma que el TLC entre ambos bloques tendrá impacto positivo en el "Made in Argentina", dado que casi el 90% de las exportaciones totales que se realizan desde el bloque regional entrarán a la UE libres de aranceles. 

Esto permitirá, según las proyecciones del Gobierno, que las ventas totales nacionales a ese bloque alcancen en 2025 los u$s113.560 millones, un alza del 63% en diez años. 

En tanto, prevén un salto del PBI nacional del 33% en ese perí­odo, hasta los u$s823.000 millones. 

Los funcionarios suman otros beneficios de abrir la tranquera con Europa, como la reducción de costos para importar insumos y bienes de capital, un impulso a la exportación de servicios y más puestos de trabajo como consecuencia del incremento en el volumen de ventas a ese bloque. 

Para Marcelo Elizondo, ex director ejecutivo de la Fundación Exportar, la firma de un acuerdo "serí­a un hecho de enorme relevancia para la Argentina", dado que se insertarí­a en la tendencia global. 

En este sentido, señaló que en 2017 la OMC registró 445 acuerdos de vinculación comercial entre paí­ses de todo el mundo, con una cifra que crece año a año. 

"Para Argentina en particular, se trata de una oportunidad de mejorar el acceso a inversiones y aprovechar un mercado que puede deparar mejores oportunidades aun siendo exigente", planteó el experto. 

Por su parte, Miguel Ponce, ex subsecretario de Industria, afirmó que "es un tema controvertido. Tiene un costado muy positivo, que implica abrirnos a un mercado de 500 millones de consumidores". 

"Además, necesitamos integrarnos inteligentemente al mundo. Chile, por ejemplo, tiene acuerdos con el 80% del PBI mundial y nosotros, apenas con el 9%. Es obvio que hay que ir a una apertura más profunda", sostuvo. 

El problema, según el experto, es que "esto claramente dejará ganadores y perdedores" 

"Hay que buscar la forma de proteger sobre todo a las Pymes que más pueden verse afectadas por ese acuerdo", planteó. 

Gremios, en contra de un TLC
Pese a los beneficios planteados por el Gobierno, los sindicatos están en alerta y no creen en que todas estas bondades se terminen plasmando en la realidad.

Por el contrario, alertan que un TLC con un bloque económico más competitivo y con mayor escala, terminará hundiendo a las industrias locales. 

Es más: organizaciones gremiales del Mercosur y también de la propia UE firmaron en febrero un documento conjunto –que entregaron a los negociadores de ambos bloques- en el que alertaron que el acuerdo, en función de las condiciones que se están pactando, "perjudicará a los paí­ses de menor desarrollo", tanto a nivel industrial como laboral. 

Luego de ese encuentro, desde la CTA -que formó parte de la cumbre-, alertaron sobre "el impacto negativo que este acuerdo tendrá para la producción en general, y para ciertas ramas estratégicas, concluyendo que la firma de este acuerdo es la sentencia de muerte de nuestra industria nacional". 

Preocupación por el empleo
En este contexto, un trabajo del Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior alerta que el TLC entre ambos bloques provocará la pérdida de 186.000 puestos de trabajo en el sector industrial argentino. 

Esto serí­a consecuencia del "abaratamiento de los productos europeos en el mercado regional, lo que desplazarí­a a la producción local destinada al mercado interno, y también a las exportaciones argentinas en el mercado brasileño". 

Según esta estimación, las principales ramas de actividad afectadas en términos absolutos serí­an: 

-Metalmecánica, que perderí­a 48.000 puestos 

-Textil, calzado, muebles y marroquinerí­a, que sufrirí­a una caí­da de 47.00 empleos. 

-Autopartista, con una baja estimada de 32.500. 

-Quí­mica, con una caí­da proyectada de 19.000 empleos. 

-Terminales automotrices, con una contracción de 9.500. 

"Ramas con larga tradición en el paí­s y que suelen estar asociados a empleos de mayor calificación se verí­an fuertemente desintegradas ante una apertura total frente a la UE", advirtieron desde el Observatorio. 

Industria, en alerta
Desde la Unión Industrial Argentina también vienen poniendo reparos al acuerdo. 

En una cumbre realizada recientemente con sus contrapartes de Brasil, Paraguay y Uruguay, la entidad comandada por Miguel Acevedo alertó que la negociación debe contemplar un "trato especial y diferenciado" en favor de la "parte firmante menos desarrollada"; es decir, el Mercosur

La UIA pide que se mantenga la prioridad a las empresas locales en las licitaciones y contrataciones públicas; que los plazos de desgravación arancelaria de bienes se extienda y que haya garantí­as de mayor control en la certificación de origen, que impida que ingrese, desde puertos europeos, mercaderí­a triangulada de origen asiático. 

En diálogo con iProfesional, Ariel Schale, director ejecutivo de la Fundación ProTejer, señaló que "lo que hay que evitar es que un eventual TLC beneficie a terceros paí­ses, porque Europa es una zona de riesgo importante en términos de comercio desleal, con puertos de difí­cil funcionamiento, como el de Nápoles, en Italia". 

"Se necesita mucho control para que la producción local textil no se vea afectada", sostuvo. 

El temor a la competencia desleal es compartido por el sector autopartista. Las empresas del sector pidieron a los negociadores que la desgravación se lleve al cabo en 15 años y que, durante los primeros siete, los aranceles se mantengan en niveles actuales. 

"No tuvimos acceso a lo que se estuvo discutiendo en las últimas reuniones, pero estimamos que el perí­odo fijado va a ser menor, lo que nos preocupa", afirmó un referente de la actividad. 

Sin embargo, el mayor miedo es a la entrada masiva de componentes asiáticos. Sucede que, en la actualidad, los paí­ses del Mercosur pueden ingresar un auto con hasta un 40% de piezas importadas. El 60% restante, si el vehí­culo viene de Brasil, deberán ser autopartes del bloque. 

"El problema es que si se firma el acuerdo con la Unión Europea, hay que controlar qué proporción del 60% va a ser efectivamente producida en el Viejo Continente y cuánto va a provenir de paí­ses asiáticos", señaló. 

Desde el sector agregaron que la otra amenaza es que "el dí­a de mañana perdamos inversiones, porque vamos a tener que competir con un bloque en el que hay otras reglas de juego más claras, baja inflación y costos laborales más bajos". 

Schale coincidió en este punto: "Tenemos un sector industrial, en general, con una eficiencia sectorial de clase mundial. El problema es que estamos en una economí­a no competitiva. Por eso, hasta los alimentos salen más caros aquí­ que en otros paí­ses". 

"Entonces, el riesgo es abrirse al mundo y entregar el mercado de bienes industriales a empresas del exterior cuando todaví­a no resolvimos cuestiones centrales como el alto costo del capital, las elevadas tasas de interés, la tasa de inflación, el costo de la logí­stica o el valor de la energí­a". 

En paralelo, desde la Cámara de la Industria del Acero, alertaron que existe un fuerte desequilibrio de capacidades instaladas: en la UE es de 229 millones de toneladas, casi 4 veces más que en el bloque regional. 

Al igual que otros sectores, plantean que será clave no otorgar beneficios a terceros paí­ses por fuera de ambos bloques, como plantean los negociadores europeos, lo que podrí­a afectar a la producción y el empleo en la región. 

En tanto, desde la Federación Oliví­cola Argentina (FOA) advirtieron que, el hecho de que puedan reducirse los aranceles de importación a paí­ses del Viejo Mundo -que son fuertes productores de aceite de oliva-, provocarí­a la "desaparición a la industria nacional, con el efecto directo de pérdida de miles de puestos de empleo, afectando a su vez a muchas industrias proveedoras". 

Según la entidad, hay unas 40.000 familias que dependen, directa e indirectamente, de esta actividad. 

¿Hacia la commoditización? 
Los crí­ticos al acuerdo, como el Observatorio del Empleo, plantean que el TLC es un camino hacia la "commoditización" de las exportaciones nacionales y que las facilidades con las que contarán las empresas europeas para ingresar al mercado interno, afectará a los entramados productivos. 

"El diseño del acuerdo reforzarí­a la tendencia hacia la especialización de la economí­a argentina en productos de bajo valor agregado de origen agropecuario y la importación de productos manufactureros de alto contenido tecnológico, con un claro impacto en la calidad el empleo generado", señalaron.

Desde el Gobierno no niegan que el mayor interés es potenciar las exportaciones de alimentos, donde el paí­s cuenta con grandes ventajas competitivas. 

De hecho, el informe oficial sobre la negociación plantea que casi 8 de cada 10 dólares que se exportan a ese bloque son productos agrí­colas, y que el TLC permitirá que el 82% de esos productos ingresen con arancel cero, lo que potenciarí­a aun más las exportaciones

Un dato es que, cuando era presidente de la Sociedad Rural, Miguel Etchevehere defendió de manera vehemente un pacto con la UE. 

"A esta altura tenemos que saber qué nos conviene y qué no. Y nos conviene tener acuerdos comerciales con muchos paí­ses del mundo", afirmaba en momentos en que lideraba la entidad. 

En este punto, Ponce afirmó que las economí­as regionales, fundamentalmente vinculadas con exportaciones primarias y la cadena agroindustrial serán las más beneficiadas ante un eventual TLC con la UE. 

Pero habrá perdedores o sectores que pueden verse corridos, como la industria textil, la del calzado y otras intensivas en mano de obra. 

Por eso, consideró que "debemos levantar una bandera de defensa a las Pymes". 

"Estoy a favor de un acuerdo, pero junto con programas que permitan la reconversión de los sectores, en el tiempo adecuado y manteniendo ciertos niveles de protección para las Pymes, que son las grandes generadoras de empleo", completó. 

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