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Lula pasó la noche en el sindicato metalúrgico y podría entregarse este sábado, luego de una misa en memoria de su esposa

07-04-2018 Brasil vive horas de máxima tensión por la inminente detención del líder popular que fue dos veces presidente del país. El juez Moro le había dado plazo hasta la tarde del viernes para que se entregase, pero Lula decidió permanecer en el edificio de su gremio, rodeado por una multitud
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El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a 12 años y un mes de cárcel, mantiene silencio sobre su posible ingreso a la prisión en las próximas horas tras pasar su segunda noche en la sede del sindicato de metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, en las afueras de San Pablo.

El juez federal Sérgio Moro le había dado a Lula un plazo hasta las 17 de este viernes para presentarse ante la Policía Federal para cumplir su condena por corrupción pasiva y lavado de dinero, a pesar de que, según la defensa del ex mandatario, la detención no debía concretarse debido a que hay recursos en marcha en la causa.

El precandidato presidencial, que cuenta con mayor índice de aprobación en todos los sondeos, decidió no entregarse y permaneció en la sede sindical arropado por miles de simpatizantes que se mantuvieron en vigilia durante toda la noche.

Las últimas versiones indican que el objetivo de los abogados del líder del Partido de los Trabajadores es que se entregue este sábado durante la mañana, luego de una misa en homenaje a su mujer Marisa Letícia, que murió el año pasado. Pero intentaría lograr que su lugar de detención sea en San Pablo o en Sao Bernardo do Campo, donde tiene su residencia particular.

Durante la tarde del viernes, se especuló en numerosas ocasiones con la aparición de Lula y un posible discurso. Sin embargo, la esperada palabra del líder popular no se escuchó.


En cambio, utilizó Twitter para emitir un breve mensaje de agradecimiento a las personas que se congregaron frente a la sede metalúrgica para brindarle su apoyo. "La lucha continúa. Gracias", escribió.


Lula fue condenado por el juez Moro en julio de 2017 a 9 años y 6 meses de prisión al dar por comprobado que obtuvo un apartamento en la playa a cambio de beneficiar a la constructora OAS con contratos de Petrobras, centro de un gigantesco escándalo.

La condena fue aumentada en enero pasado a 12 años y un mes por un tribunal de segunda instancia, que además determinó su ingreso en prisión una vez agotados los recursos en esa corte.

El país vivió ayer cortes de ruta en al menos 14 estados realizados por sindicalistas y campesinos del Movimiento de Campesinos Sin Tierra (MST), mientras una multitud se dio cita en Sao Bernardo do Campo para rodear al líder. 

"Lula, guerrero, del pueblo Brasileño" y "Lula Libre" eran las consignas de los manifestantes.

El equipo de fiscales de Lava Jato expresó su desilusión por la forma en que se condujo la orden de detención

"Lula no debería presentarse como omnipotente frente a la Justicia", dijo uno de los fiscales en un escrito presentado ante la cámara de Porto Alegre.

El conflicto sobre la orden de detención radica en que Moro interpretó que estaban cumplidos los plazos, al igual que la cámara de apelaciones. Entonces, los abogados de Lula entendieron que era una ventana para apelar la prisión.

Y en ese marco se espera que el miércoles el juez de la corte Marco Aurelio Mello presente ante el Supremo Tribunal Federal el caso para definir si es posible una detención apenas con segunda instancia y no con tres, como marca la Constitución.

Si esto progresa como se perfila, Lula podría quedar en libertad el miércoles.

Cordón humano y relcamo a la ONU
Dirigentes del Partido de los Trabajadores realizaron una especie de cordón humano en el sindicato de metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, donde se encuentra el expresidente, para resistir la detención. La estrategia ya había sido anticipada por el exsecretario general de la presidencia Gilberto Carvalho.

"Es para resistir, estamos tratando de que un cordón humano de nuestro pueblo pueda impedir la prisión, es lo mínimo que podemos hacer. La situación ya empeoró", dijo Gilberto Carvalho, el dirigente clave en el diálogo con los movimientos de base de la Iglesia Católica en el PT.

La Policía Federal prepara a varios equipos en inmediaciones de San Pablo para ejecutar la detención de Lula dictada por el juez Sérgio Moro por corrupción y que asciende a 12 años y un mes de prisión.

Este viernes el Partido de los Trabajadores (PT), del exmandatario, convocó a una "movilización general" contra la detención de su líder. El Movimiento de Trabajadores rurales Sin Tierra (MST) inició por su lado una campaña de cortes de carreteras, para expresar su "indignación contra la inminente detención del compañero Lula".

Informes de prensa señalaron piquetes de carreteras en varios estados, como Minas Gerais o Sao Paulo. "Lula va a tener que resistir hasta el fin. No huirá. Y este pueblo no lo entregará. Vamos a cerrar la calle, permanecer en la puerta y enfrentar a la policía. ¿Por qué no?", dijo Adimir José da Silva, de 57 años, miembro del sindicato ferroviario ABC.

Otros manifestantes se mostraban más prudentes. "Lula tendrá que resistir, pero en algún momento tendrá que entregarse. Los militantes aceptaremos cualquier decisión que él tome", afirmó Michelle Baza, una farmacéutica de 37 años, militante del PT.

El nuevo recurso rechazado
A la par de la presentación internacional, la defensa de Lula había enviado un nuevo "habeas corpus" al Superior Tribunal de Justicia (STJ) después de que el juez de "Lava Jato" Sérgio Moro ordenase la entrada en prisión del ex mandatario como tarde a las 17 de de este viernes. Pero el STJ rechazó la medida.

Al mismo tiempo, el diario Fohla de San Pablo informó que en una breve conversación telefónica el exmandatario avisó que no se entregará. ¿Se montará un garn operativo policial para ir a detener a quien encabeza las encuestas de cara a las elecciones presidenciales de octubre?

El pedido de la defensa del exmandatario buscaba bloquear la orden de arresto emitida la víspera por el juez Sergio Moro, que emplazó a Lula a presentarse ante la Policía Federal de Curitiba para empezar a purgar su condena por corrupción pasiva y lavado de dinero.

El bufete de abogados Teixeira Martins alegó que el tribunal de apelación de Porto Alegre (sur) indicó a Moro que emitiera la orden de prisión sin haber analizado las objeciones presentadas contra el rechazo de los recursos.

Según los abogados, "no hubo agotamiento de la jurisdicción", por lo cual no podía decretarse la orden de prisión. En su orden de prisión, Moro desconsideró esos recursos, definiéndolos como "patologías" del sistema judicial que solo buscan aplazar los tiempos y "no alteran juicios" ya emitidos.

Lula, favorito para volver a ser elegido presidente en los comicios de octubre, debía presentarse ante la Policía Federal en Curitiba, donde está el tribunal de Moro en el sur del país, para empezar a cumplir una pena de 12 años de cárcel a la que fue condenado en enero.

El ex presidente de 72 años se reunió con su círculo más cercano en la sede del sindicato ubicado en Sao Bernardo do Campo, en la periferia de San Pablo, para analizar su proceder.

Miles de seguidores de Lula acudieron por la noche al lugar para mostrar su apoyo al carismático ex líder obrero, jefe de Estado entre 2003 y 2010 e ícono de la izquierda en toda América Latina que hoy es el principal acusado por "Lava Jato", una megacausa sobre corrupción que salpica desde hace años a casi toda la clase política brasileña.

¿Candidato?
Pese a la condena, Lula quiere volver a ser candidato presidencial para las elecciones del 7 de octubre y es favorito en todos los sondeos, con hasta el 37% de los apoyos.

En teoría está inhabilitado para postularse por la ley de "Ficha Limpa"("expediente limpio"), que impide a políticos con condenas penales ser candidatos. Una corte electoral, sin embargo, debe dar un veredicto oficial.

Eso se espera que ocurra en agosto, cuando se inscriban las candidaturas. Lula, que dejó su cargo el 1 de enero de 2011 como uno de los políticos más populares del planeta, sigue teniendo grandes apoyos entre las clases más pobres por el éxito de los programas sociales de sus Gobiernos.

Las clases medias y altas, sin embargo, rechazan al ex líder obrero por los numerosos cargos de corrupción que se le imputan. Esa división se percibe por estas horas en las calles de Brasil.

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