Tecnología

La apuesta del Gobierno por la bioeconomía llega a Inglaterra de la mano de un producto contra la calvicie

21-04-2018 Una firma, que logró el año pasado ventas por más de 16 millones de pesos en la Argentina, comenzó a exportar en abril al Reino Unido la loción para el crecimiento del cabello, el champú anticaída, el bálsamo acondicionador y el champú anticaspa
Por Cesar Dergarabedian
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El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (Mincyt) apuesta por el desarrollo de una cartera de productos de la bioeconomía para exportar, y así incentivar las economías regionales a partir de la investigación y el desarrollo y atraer inversiones para crear nuevos puestos de trabajo.

Un ejemplo de esta estrategia es un producto argentino de recuperación capilar que desembarcará en mayo en el mercado británico. Se trata de un desarrollo que fue posible gracias a la cooperación público-privada, que unió la investigación con la industria.

La línea fitocosmética para el tratamiento de la calvicie y afecciones como la caspa se comercializa en la Argentina desde hace cinco años bajo el nombre EcoHair y llegará a Europa el próximo mes. 

Su desarrollo es el resultado de un acuerdo de transferencia tecnológica entre el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y el laboratorio argentino Garré Guevara S.R.L.

La firma, que logró el año pasado ventas por más de 16 millones de pesos en la Argentina, comenzó a exportar en abril al Reino Unido la loción para el crecimiento del cabello, el champú anticaída, el bálsamo acondicionador y el champú anticaspa. 

La empresa inglesa que se encargará del negocio en territorio europeo estima para los primeros doce meses ventas próximas a las 18.000 unidades, por un valor cercano a las 100.000 libras esterlinas (140.000 dólares).

El nexo entre los equipos de un lado y del otro del océano Atlántico, se produjo gracias a la intervención del biólogo y miembro del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (Mincyt), Cristian Desmarchelier

iProfesional entrevistó a este biólogo acerca de esta punta de lanza de la estrategia de la bioeconomía de la cartera que encabeza Lino Barañao y que está basada en un arbusto conocido como “jarilla”.

-¿Cuándo y cómo comenzó el proceso que empezó por la observación de las propiedades de la jarilla hasta este producto que se exportará al Reino Unido?
-Las propiedades de la jarilla ya eran conocidas por los pueblos originarios. Investigadores del Conicet empezaron a estudiar científicamente este saber popular hace más de 20 años.

A través de dichas investigaciones lideradas por Claudia Anesini (Conicet-Iquimefa, acrónimo por el Instituto de Química y Metabolismo del Fármaco) se logró determinar la eficacia para su uso en afecciones relacionadas a la caída del cabello.

Esta tecnología la patentó el Conicet y fue transferida al Laboratorio Garré Guevara (LGG) quien llevó adelante el escalado industrial y lanzó al mercado argentino en el año 2012 la línea EcoHair.

Hace un año recibí la consulta de una empresa de Inglaterra interesada en obtener una solución natural y efectiva para el tratamiento de la alopecia. 

Yo ya sabía de la línea de productos, los contacté con el LGG y se logró establecer un nexo para un acuerdo comercial entre ambas empresas privadas.

La empresa de Inglaterra se sorprendió mucho porque creo que lo que ellos buscaban era una planta “exótica” para desarrollar el producto allá, pero se encontraron con que en la Argentina ya podíamos ofrecer el producto terminado y con la calidad que requiere el mercado europeo.

-¿Cuáles son hoy los productos basados en este desarrollo y los mercados a los que apunta?
-La línea EcoHair está compuesta por loción crecimiento, champú anticaída, bálsamo acondicionador, champú anticaspa, gel  cejas y gel pestañas.

-¿Hay competencia desleal en este mercado? Me refiero a productos que no tengan base científica. ¿Cómo se diferencian de ellos? ¿Los consumidores aprecian estas diferencias?
-Hay muchos productos que carecen de evidencia científica. La línea EcoHair cuenta con ensayos clínicos que demuestran la eficacia y seguridad en su uso. 

Los estudios fueron publicados por una prestigiosa revista científica del sector farmacéutico suizo, Skin Pharmacology and Physiology, en el año 2017.

-Además del Reino Unido, ¿apuntan a otros mercados? 
-Los mercados que apuntamos son la Comunidad Europa, Asia, y América.

-¿Cómo describiría el modelo de desarrollo y producción dentro del cual se realiza este proyecto?
-Estamos transformando un recurso genético que parecía no tener valor – en este caso la jarilla – en un producto de alto valor agregado y con identidad nacional. 

Esto es el producto de la economía del conocimiento, en donde la ciencia y capacidades productivas locales se juntan para lograr algo novedoso e innovador a partir de la biodiversidad. 

Es un ejemplo de lo que hoy conocemos como bioeconomía: poner en valor nuestra naturaleza, transformarla en productos de alto valor agregado y en forma sostenible,  lo que a su vez hace mucho más fácil justificar su preservación”. 

Yo creo que la Argentina debería desarrollar un porfolio de este tipo de productos para los mercados del mundo. Es cierto que ya hay otros ejemplos similares, pero creo que todavía nos falta la masa crítica. Es como tener tres o cuatro buenos jugadores de fútbol pero con eso no te alcanza para armar un equipo campeón.

En este tipo de proyecto lo importante es juntar las partes, es como un rompecabezas. Y lo bueno que tenemos en nuestro país es que las partes generalmente están. Pero hay que saber trabajar en equipo, y entender que no hay atajos o soluciones fáciles. Pero que si se hacen las cosas bien siempre podemos sorprender al mundo.

Detalles
La acción terapéutica de EcoHair se basa en las propiedades de la Larrea divaricata o jarilla hembra, un arbusto de tallos leñosos que puede hallarse en la Patagonia, y la Coffea arabica o cafeto arábico, la principal especie destinada al cultivo del café. 

De acuerdo con ensayos clínicos realizados en el país, el uso de EcoHair durante 90 días reportó mejoras en el 84,6% de los pacientes con alopecias no cicatriciales, en las cuales los folículos presentan una patología pero continúan con vida. 

También se verificó el engrosamiento del cabello y la aparición de nuevas hebras, tanto en hombres como en mujeres, sin efectos perjudiciales para la salud dadas sus características hipoalergénicas y una composición libre de gluten, alcohol y conservantes con parabenos.

Respecto a los estudios, Anesini señaló en declaraciones difundidas por el Conicet: “Se llevaron a cabo por un instituto especializado de Rosario, y se hicieron con un grupo de pacientes con distintos tipos de alopecia; pero la mayoría presentaba alguna patología relacionada con la testosterona, tanto en hombres como en mujeres”.

“La mayor eficacia se observó en los dos primeros grados de la escala de Hamilton Norwood, que clasifica los estadios de la alopecia. Los resultados constataron una disminución de la caída del pelo y mayor crecimiento en un grupo etario comprendido entre los 31 y 45 años”, comentó. El proceso de análisis atendió no sólo al crecimiento de cabello nuevo, sino también a su fortaleza y grosor en sucesivas etapas.

“Las mediciones a los 15, a los 30, a los 60 y después a los 90 días mostraron un proceso gradual, donde se atestigua un efecto progresivo gracias a la continuidad en el uso”, resaltó Anesini, aunque los resultados comienzan a ser visibles a las dos semanas de aplicación.

Transferencia tecnológica
El emprendimiento fundado por Sergio Garré y Gabriela Guevara en torno a EcoHair, cuya patente pertenece al Conicet, pudo concretarse a través de la Dirección de Vinculación Tecnológica del Conicet, que primero evaluó la propuesta técnica y comercial para luego otorgar la licencia. 

Sin embargo, los desafíos no terminaron allí ya que fueron necesarios diversos ensayos y procedimientos con el fin de escalar la fórmula del laboratorio a volúmenes industriales, sin alterar la calidad de los principios activos.

Garré comentó en declaraciones difundidas por el Conicet: “Cuando nosotros licenciamos la patente, pensábamos que teníamos la receta mágica y que a partir de ésta se iba a desarrollar todo el negocio. La realidad es que a esa receta la tuvimos que desarmar en infinidad de partes, y armar una mejora para hacer un producto industrial”. 

Esa etapa de revisión, fue “un aprendizaje no sólo para nosotros sino también para los investigadores, porque cuando empezamos a desarmar todo el proceso se empezaron a problematizar un montón de cuestiones que previamente no se habían tenido en cuenta, como ser la variación química de las jarillas procedentes de distintos lugares. Entonces hubo un ida y vuelta, una sinergia entre el aprendizaje por parte de los investigadores y un aprendizaje por parte de la empresa”.

La directora de Innovación y Desarrollo de Garré Guevara S.R.L., Yramis Lugones Portal, explicó que “la transferencia tiene una dinámica en dos sentidos, ni los investigadores se desentienden de nosotros, ni nosotros de ellos. Al contrario, esto funcionó en base a una fluida comunicación entre los unos y los otros”

“Acá se aunaron los esfuerzos de la empresa y del Iquimefa –el instituto que creó la patente–, porque seguimos investigando y buscando mejoras, apuntamos permanentemente a la innovación”, dijo.

Sobre la experiencia de transferencia, Anesini expresó: “Nos aportó muchísimo, porque antes el investigador no daba a conocer sus hallazgos, entonces gran parte de la población permanecía ajena a lo que hacemos en el laboratorio. Todo quedaba en un documento científico que leía solamente otro investigador, pero no lo leía un vecino. Ahora nos abrimos y podemos llegar a la gente y solucionar problemas concretos, como lo es la alopecia. Imagínate que no hay nada que pague la satisfacción personal que uno siente”.

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