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Economía

Para aumentar tarifas, el freno de Macri es Carrió: por qué "Lilita" cree que cambió el clima polí­tico y pone lí­mites al ajuste

El test de Macri con las tarifas: Carrió pone lí­mites para el ajuste y pide que Cambiemos entre en "modo electoral"

La diputada fue la primera en detectar el cambio de contexto y que el período de paciencia a los incrementos llegaba a su fin. En los próximos días se definirá mucho más que las subas en luz y gas. El Presidente deberá decidir entre pagar el costo político o entrar en una fase de "populismo culposo"

Por Fernando Gutierrez
23.04.2018 06.04hs Economía

El debate sobre las tarifas de los servicios públicos le dejó en claro al macrismo que se produjo un inesperado adelantamiento de los tiempos polí­ticos.

Ya está instalado, casi como una tradición argentina, que los años impares -es decir, de elecciones- están signados por la expansión de la actividad y el consumo, mayor impulso de la obra pública, dólar quieto y un esfuerzo por mantener calma en la economí­a. 

En cambio, los pares son los de la recomposición de los ingresos fiscales, con eventuales ajustes ya sea en el plano impositivo o tarifario.

Sin embargo, este 2018 está reflejando ciertas "prohibiciones" de polí­tica que se presentan como fuera de contexto, porque son más bien propias de un perí­odo electoral.

Por caso, interferir en el mercado para que el tipo de cambio y las tarifas frenen su recorrido y que pasen a funcionar como "ancla" del resto de los precios.

La explicación a este fenómeno tiene más raí­z polí­tica que económica. En sí­ntesis, el macrismo encontró su lí­mite y se llama Elisa Carrió.

De la autosuficiencia a la pérdida de margen
Al inicio de la gestión, se transmití­a la convicción de que, aun estando en minorí­a en el Congreso y al momento de tener que adoptar medidas antipáticas, se lograrí­a el acompañamiento de la opinión pública.

Se suponí­a que la memoria fresca por los apagones y la constatación de que el paí­s habí­a perdido el autoabastecimiento de gas en 2004, el de petróleo en 2007 y el de electricidad en 2008 bastarí­a para persuadir sobre la necesidad de corregir los precios de la energí­a.

Convencido de eso, el Gobierno pudo atravesar una serie de obstáculos que le puso la oposición. También, los tempraneros cacerolazos de 2016 pidiendo la renuncia del ministro Aranguren, los reveses judiciales que obligaron a dar marcha atrás con los aumentos, y finalmente la realización de las audiencias públicas con la participación de las asociaciones de usuarios.

En todas esas pruebas el macrismo salió airoso en un doble sentido: primero, logró llevar a cabo su cronograma de incremento tarifario; y segundo, consiguió que el tarifazo no se transformara en un impedimento para la victoria electoral en las legislativas del año pasado.

Con esos antecedentes, parecí­a que la controversia polí­tica por el tema tarifario ya era una cuestión superada, que la población tení­a asumido la inviabilidad del esquema anterior que llevó al colapso energético y a los apagones y que habí­a que asumir la nueva realidad.

Esa fue la lí­nea argumental que cultivó el presidente Mauricio Macri en sus discursos, cuando se refirió al alto costo de la energí­a regalada.

Pero apareció Elisa Carrió y dictaminó el fin del margen polí­tico para continuar. Es una barrera que el macrismo nunca ha logrado sortear.

En definitiva, esa ha sido desde un inicio la función de "Lilita" en la coalición Cambiemos: garantizar que un sector de clase media progresista que votó a Macri mantenga su apoyo.

Y cuando la diputada ha marcado discrepancias -sea de í­ndole judicial o económica-, todo el macrismo entendió que se habí­a llegado a un punto que no podí­a traspasarse, bajo riesgo de perder el apoyo polí­tico de una parte importante del electorado macrista.

Esta vez no será la excepción. El reclamo de "Lilita" para una revisión de las tarifas públicas será analizado y aprobado.

"Gracias a Dios se abre una instancia de negociación, motivo por el cual se posterga la sesión para la semana que viene", escribió en su cuenta de twitter, adelantando un cambio de polí­tica y poniendo, en los hechos, una sombra de duda sobre las declaraciones del jefe de gabinete, Marcos Peña, que habí­a sostenido en los medios un discurso "duro".

La nueva visión sobre tarifas e inflación
Para los estrategas polí­ticos del macrismo, es evidente que se pasó un punto de quiebre. La publicación del dato de inflación de marzo, aunque esperado, no dejó de significar un shock.

El propio presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, considerado una figura de la ortodoxia económica (es decir que concibe la inflación como un fenómeno puramente monetario) no tuvo otra opción que admitir la influencia de las tarifas en la disparada inflacionaria.

Ese reconocimiento llamó la atención del gremio de los economistas. Es una argumentación que se acerca a lo que plantean referentes del kirchnerismo, como el ex viceministro Emanuel Alvarez Agis, para quien el problema del macrismo fue haber subestimado la importancia de los ajustes tarifarios sobre los precios.

"Caen en el error de pensar que las tarifas tienen influencia nada más de primera ronda. Y ya es sabido que la tienen de segunda y tercera vuelta", apuntó el ex funcionario.

Como prueba del cambio de clima, trascendió que en los últimos dí­as Macri les pidió a los funcionarios del área económica que presentaran propuestas para corregir el rumbo. Y les recordó que en su mensaje al Congreso del 1 de marzo habí­a afirmado que "lo peor ya pasó y ahora viene la etapa del crecimiento".

El debut de una "oposición oficialista"
Hay, además, otros factores agravantes. No es la primera vez que "Lilita" se queja en público de la polí­tica económica, pero lo que nunca habí­a ocurrido es que se expresara en coincidencia con la postura de Cristina Kirchner.

Desde su flamante puesto de senadora, la ex presidenta volvió sobre uno de sus temas preferidos. Está convencida de que la oposición al tarifazo puede ser una forma de reunificar al atomizado peronismo y reconciliarlo con el electorado de clase media.

De hecho, una de las posibilidades que se manejan en el Congreso es que -más allá de cualquier cambio que pueda definir el Gobierno en la polí­tica tarifaria- el PJ avance con su proyecto para atar la suba de tarifas a la evolución de los salarios.

Todo indica que esa iniciativa contará con el acompañamiento del kirchnerismo, lo cual la pone muy cerca de ser convertida en ley.

La intención del peronismo es que Macri deba asumir el costo polí­tico de vetar ese proyecto. Algo similar a lo ocurrido en 2016 con el freno a la ley que duplicaba la indemnización por despido, con la diferencia de que ahora el contexto social es diferente.

La primera que percibió ese cambio de clima fue, precisamente, Carrió. Mucho antes que el peronismo pusiera en marcha su estrategia de convocatoria a "ruidazos" y marchas de protesta contra el tarifazo y de nuevos pedidos de amparos en la Justicia, habí­a advertido la erosión en la base de apoyo polí­tico de Cambiemos.

Ya la dí­scola socia de Macri vení­a reclamando medidas intervencionistas contra la inflación, y hasta llegó a hacer un llamamiento público de boicot a los supermercados.

Pero el sí­ntoma más evidente de que Carrió se autopercibe como la encargada de marcarle los lí­mites al macrismo ocurrió en diciembre pasado, cuando obligó al equipo económico a introducir compensaciones en la nueva fórmula jubilatoria.

Ahora, como en aquella oportunidad, interpretó que era preferible que ella ocupara el rol de "opositora friendly" y forzar al Presidente a una revisión a tiempo, antes que llegar a una situación de explosión social en la que, para colmo, se cederí­a al peronismo la posibilidad de recuperar el protagonismo en la agenda y la calle.

Carrió tomó nota de que, pese a la victoria en las elecciones legislativas, el perí­odo de paciencia ante las medidas de ajuste iba acelerando a su final.

Por un lado, las encuestas de opinión pública marcan una caí­da en la aprobación de la gestión presidencial. Y, al mismo tiempo, los sondeos de consumo muestran que siete de cada diez familias redujeron su presupuesto destinado a las compras de canasta básica, en buena medida por la reasignación de gastos que impuso la suba de tarifas.

El test del ajuste inconcluso
El desafí­o para el Gobierno es el de persuadir a la opinión pública de que la fase de ajuste no terminó y que resulta necesario seguir corrigiendo los desequilibrios heredados.

La postura dura que está mostrando Macri en cuanto a tocar las tarifas propiamente dichas y a limitar la revisión a los topes para los picos de consumo estacional parece ir en ese sentido. Por otra parte, pidió a los funcionarios que levantaran su perfil para explicar en los medios la gravedad de la situación.

Por caso, el subsecretario de polí­tica económica, Luciano Cohan, detalló que en un perí­odo de 15 años el paí­s sufrió una inflación de 1.400%, mientras que en ese lapso la tarifa eléctrica subió apenas 30%.

Y, para ilustrar la gravedad de la pérdida de autoabastecimiento y de la ineficiencia del sistema de subsidios, señala que en 2015 el costo de producir un megawatt hora era de u$s70, pero el Estado pagaba u$s120 mientras que al usuario le llegaba la factura por u$s10.

"Entre 2003 y 2015 nos gastamos 24 puntos del PBI en subsidios a la energí­a y combustibles. A precios de hoy, son unos u$s150.000 millones", agrega Cohan, quien grafica que con ese monto podrí­a soterrarse el tren Sarmiento 75 veces o construirse 17 autopistas entre Ushuaia y la Quiaca.

La duda, claro, es si este tipo de argumentación sigue teniendo fuerza en un momento como este, en el que los propios socios de Cambiemos, como Carrió, parecen haber marcado el fin del perí­odo en el cual se puede seguir culpando a la administración anterior.

El convencimiento de "Lilita" es que se ingresó en una fase en la que el costo polí­tico -y electoral- por el tarifazo lo pagará Cambiemos y no el peronismo.

Las próximas semanas serán clave para saber cuál será la tónica de la gestión de Macri hasta las elecciones. Si se aferra a "lo que hay que hacer" asumiendo el costo polí­tico de las medidas antipáticas o si, como ya anticipan desde el peronismo, ingresará en una fase de "populismo culposo".

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