Finanzas

De vuelta al Fondo: las prioridades obligadas de la Argentina de cara al acuerdo

16-05-2018 El Gobierno permanece en un "limbo" hasta que no sepa cuáles serán el monto y las condiciones del programa Stand By del FMI para enfrentar la crisis. El diagnóstico del organismo será severo y la ayuda no llegará sin exigencias
Por Eduardo Hecker - Economista, director de DelConsultores. Ex presidente de la CNV y del Banco Ciudad
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Es un clásico cíclico: la Argentina reproduce periódicamente crisis de sector externo y vuelve al FMI.

En esta oportunidad, la decisión del Gobierno fue tomada con rapidez, antes de que los indicadores empeoraran más todavía. El anuncio de la iniciación de las negociaciones pretendió tener un impacto balsámico ante la crisis de credibilidad y la elevada volatilidad, pero por ahora poco ha hecho para restablecer la calma en la economía.

El Gobierno se enfrenta a una especie de limbo hasta que no se sepa si el Fondo acepta financiar a la Argentina a través de un programa Stand By. Tampoco se sabe, más allá de lo que se filtró a la prensa, el monto de la asistencia ni la tasa de interés.

Por estos días la economía se moverá al compás de los rumores y de la información que se pueda obtener acerca de la marcha de las negociaciones.

Momento peligroso. Tal vez haya sido precipitada la creación de expectativas en torno al monto que se logrará –u$s30.000 millones- y sobre la tasa de interés: 4%.

¿Podría haberse evitado recurrir al FMI? Es posible que sí, pero estaba en la naturaleza del Gobierno hacerlo. En cualquier caso los hechos ya son estos: estamos gestionando asistencia financiera para enfrentar la crisis y mientras esperamos, no sin ansiedad hay que decirlo, enterarnos de cuándo y por cuánto será.

Y el FMI nos espera con un diagnóstico severo de los problemas que enfrentamos: elevado déficit externo y fiscal y una tasa de inflación que ya era preocupante y que se desliza en estos días peligrosamente hacia arriba.

Lo que podríamos esperar es que el programa del Fondo priorice recorrer un camino, más o menos rápido, hacia un mayor equilibrio fiscal y externo. Sería ilógico aguardar otra cosa.

Para mejorar la situación del sector externo lo que establecerá el Fondo es que debe producirse una devaluación real y significativa del tipo de cambio. Seguramente, durante el tiempo que duren la negociaciones y se acuerde un programa, la paridad cambiaria seguirá moviéndose hacia arriba junto con aumentos de los precios; el FMI observará esta situación e intervendrá cuando haya mayor certidumbre.

Para tener una idea aproximada del tipo de cambio nominal al que se estabilizará el mercado habrá que ver la magnitud del pasaje a precios de la devaluación. Obviamente, la mejora, si se produce, no será inmediata y 2018 cerrará con un alto déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Por el lado del déficit fiscal, el objetivo será lograr reducciones adicionales del gasto, probablemente vía una aceleración de la eliminación de los subsidios a las empresas de servicios públicos y algún ajuste en el gasto social.

Así, la inversión pública que se ejecutará durante este año será dramáticamente baja y habrá que ver qué pasa con la del año que viene.

El programa del FMI incluirá metas periódicas a cuyo cumplimiento se someterán los desembolsos, ya que no habrá un aporte de u$s30.000 millones –o lo que fuere– de una sola vez. De manera que deberemos estar muy atentos a cada cierre de etapa y ello estresará la relación con los mercados. Palabras un poco olvidadas, como waiver, volverán al podio de las más empleadas.

Entre tanto, es sorprendente que analistas prestigiosos hayan salido a minimizar la naturaleza de esta crisis, en algunos casos limitándola al mercado cambiario.

Si así fuera, las monumentales ventas de reservas realizada por el Banco Central y la exorbitante tasa de interés hubieran tenido algún efecto.

Estamos ante una crisis hecha y derecha, sobre cuya magnitud y profundidad todavía no sabemos todo, pero sí que cuando se logre un nuevo equilibrio habrá habido ganadores, perdedores y grandes transferencias de ingresos.

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