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Crisis en Venezuela: ¿cuántos dí­as hay que trabajar para comprar un kilo de pollo?

Venezuela: ¿cuántos dí­as hay que trabajar para comprar un kilo de pollo?

La economía del país de Nicolás Maduro sufre un vertiginoso ritmo inflacionario que ha disparado el precio de los alimentos básicos

24.05.2018 07.01hs Actualidad

La crisis económica venezolana castiga a la población de bajos ingresos, a la que se le hace cada vez más difí­cil costear los alimentos de la canasta básica.

Los datos que relacionan salarios y precios son alarmantes, según un análisis realizado por el diario El Paí­s de España.

Un año atrás, en mayo de 2017, un venezolano con salario mí­nimo tení­a que dedicar casi una jornada entera de trabajo, 7 horas y 24 minutos, para comprar un kilo de pollo.

La inflación disparada desde entonces incrementó todaví­a más ese precio. Ahora, para conseguir el mismo producto, el mismo trabajador tiene que dedicar 88 horas, lo que equivale a 11 jornadas de trabajo.

En lí­nea con la suba de precios, la caí­da en la calidad del consumo es notable. En 2014, ocho de cada diez familias venezolanas compraban pollo semanalmente. El año pasado (últimos datos disponibles), solamente tres.

Los alimentos son uno de los principales indicadores del colapso del sistema económico venezolano, acrecentado tras la llegada al poder de Nicolás Maduro en 2013 (un mandato que las elecciones del pasado domingo extienden hasta 2025).

Además, la investigadora senior para América Latina del Barcelona Center for International Affairs (CIDOB), Anna Ayuso, denuncia que hay una enorme dependencia del exterior para importar comida.

"La situación es nefasta, porque no se tienen las divisas suficientes y la gente no puede comer", apunta. 

Describir la situación de Venezuela a partir de datos objetivos se topa con un primer obstáculo. El paí­s fue perdiendo transparencia en sus cifras públicas en los últimos años.

Así­ lo afirma Miguel Santos, investigador especialista en Venezuela en el Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard.

"Desde 2015 para acá, una cifra como la inflación está basada en estimaciones de terceros y fuentes independientes, incluyendo la Asamblea Nacional de Venezuela, porque el Banco Central no publica datos oficiales desde hace tres años de balanza de pagos, inflación o movimientos del PIB", explica Santos.

La hiperinflación lleva a la Administración a actualizar con frecuencia el salario mí­nimo, pero sigue siendo insuficiente para comprar los productos básicos. En lo que va de 2018, el presidente Maduro ya subió tres veces el salario mí­nimo, indica El Paí­s.

La medición del MIT, basada en información remitida por compradores de los productos analizados en Venezuela, es una de esas fuentes externas de referencia. El í­ndice de precios de esa canasta multiplica ahora por casi 4.000 el de hace un año.

A pesar de la falta de claridad, fuentes oficiales ofrecen un indicio claro de que la inflación crece sin freno. El Banco Central de Venezuela actualiza el número y el valor de las monedas y billetes en circulación. En abril, ese metálico equivalí­a a casi 19 billones de bolí­vares. En el mismo mes de 2017, eran 1,4 billones, y un año antes, en abril de 2016, sólo medio billón. La emisión de dinero en Venezuela funciona a un ritmo frenético.

Al problema de carestí­a de los alimentos se añade la crisis de la industria. El paí­s se encuentra en un "colapso productivo", según un estudio del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard. Desde 2013, la producción por habitante ha caí­do un 45%.

Según Anna Ayuso, "Venezuela presenta un déficit tremendo porque toda la industria local está más o menos destruida. Las divisas que les vení­an básicamente del petróleo son bajas, pero es que además lo han vendido por adelantado a algunos paí­ses, entre ellos China".

Además de la variable del precio del crudo, bajo en los últimos años, la experta destaca sobre todo la pérdida de producción en un paí­s que posee, según la OPEC, las mayores reservas de crudo del mundo (uno de cada cuatro barriles).

La producción se ha reducido a casi la mitad desde 2014, cuando tocó máximos. Ayuso apunta a malas decisiones ejecutivas de la Administración venezolana. "Echaron a todos los profesionales y colocaron a sus amigos", según recoge El Paí­s.

Anna Ayuso denuncia además que el petróleo sirve para financiar las fuerzas armadas en un régimen "totalmente mafioso". "Quien preside ahora Petróleos de Venezuela (PDVSA) es un general del Ejército". Siete vicepresidencias de PDVSA también están en manos de militares, según denuncia el capí­tulo venezolano de la organización Transparencia Internacional.

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