Economía

Para Macri lo peor recién empieza y se resigna a tomar medidas "kirchneristas" para amortiguar la recesión

02-07-2018 El Gobierno cambió radicalmente su discurso, que ya no se centra en describir un futuro de crecimiento, sino más bien en medidas de emergencia para amortiguar los costos sociales del ajuste. Las primeras cifras de estancamiento económico ya están llegando y Macri se resigna a medidas "heterodoxas"
Por Fernando Gutierrez
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Hace tan solo cuatro meses, el mensaje del Gobierno a la población era "lo peor ya pasó". Ahora, la nueva indicación es "lo peor está por venir".

Al menos esa es la sensación que transmiten los funcionarios, tanto en sus declaraciones como en sus medidas, ante las señales de la economía que marcan el inicio de una etapa recesiva:

1.- El indicador que mide la actividad mensual (EMAE) marcó en abril un retroceso de 0,9% luego de 13 meses de crecimiento consecutivo, dando por enterrada la fase de los "brotes verdes".

Si bien es cierto que el dato de ese mes estuvo impactado por el efecto de la sequía en la producción agrícola, nada hace pensar que se trate de un fenómeno pasajero.

Más bien al contrario, tanto los economistas independientes como los propios funcionarios están admitiendo que vendrá un período de estancamiento que podría durar todo el segundo semestre.

2.- También las estimaciones de producción industrial y de actividad comercial marcan números negativos

3.- Paralelamente, se siguen enfriando algunos de los motores que tuvo la economía en el arranque del macrismo, como el otorgamiento de los créditos hipotecarios

4.- En mayo, la demanda de cemento cayó 4,4%, en lo que constituye la primera caída después de 15 meses de crecimiento

5.- El panorama negativo se completa con una inflación que no da tregua: se prevé que el índice de junio podrá ser aun peor que el de mayo 

Es muy probable que ronde el 3%, ya que recién ahora se verá reflejado en su plenitud el fenómeno del "contagio" de la suba del dólar al resto de los precios

Y, hablando del dólar, ni siquiera queda el consuelo de la estabilización del tipo de cambio en un nivel alto. Tanto es así que, tras una breve tregua, el nuevo titular del Banco Central, Luis "Toto" Caputo, se topó con la actitud desafiante de un mercado que quiere llevar la cotización a $30 o incluso más.

El riesgo país ya está arañando los 600 puntos básicos, los inversores quieren sacarse de encima los bonos argentinos a como dé lugar y las acciones de varias empresas sufrieron un histórico desplome.

En este marco, cuesta creer que hace menos de dos semanas el país estaba festejando el haber recibido la promoción a "mercado emergente" y hasta se ilusionaba con una lluvia de inversiones.

Desempolvando medidas "archivadas"
Acaso el síntoma más ilustrativo y elocuente sobre el cambio de humor social y la perspectiva de recesión la esté dando el propio Gobierno.

Ya no se escuchan discursos con las tradicionales promesas de despegue del nivel de actividad sobre la base de una estabilización económica y mejora en la infraestructura.

Más bien, ahora la gestión tiene como prioridad el anuncio de medidas de emergencia con la finalidad de atenuar el impacto recesivo.

Con ese objetivo, no muestra pudor en acudir a iniciativas que puedan ser calificadas ya no de heterodoxas sino que directamente traen reminiscencias del kirchnerismo.

El flamante ministro de Producción, Dante Sica, admite la urgencia por lubricar la actividad comercial de las Pymes, que enfrentan el serio riesgo del corte de la cadena de pagos.

Tanto es así que usó su poder de lobby para que el Banco Central eliminara el "techo" reglamentario para el descuento de cheques en los bancos.

También, para el desvelo de los economistas ortodoxos más preocupados por la inflación, flexibilizó el régimen de encajes bancarios, de manera de liberar fondos para que las entidades pudieran prestarle a tasa preferencial a empresas que quieran usar los mecanismos comerciales creados durante el kirchnerismo, como el "Ahora 12".

Parece extraño para un macrismo que se jactaba de buscar el crecimiento no por el lado de la exacerbación del consumo (a partir de subsidios) sino por el de poner a la inversión como el primer motor de la economía.

Pero los fríos números indican la necesidad de medidas heterodoxas:

- En junio, los créditos en pesos al sector privado se desaceleraron: tras haber crecido 3,2% en abril y 2,3% en mayo, la expansión se redujo al 1,9%, según una estimación de la Fundación Mediterránea.

Las líneas más afectadas fueron las vinculadas al consumo (créditos personales y gastos con tarjeta de crédito), que representan casi la mitad del total de la cartera en pesos.

Los funcionarios de la primera hora deben sentir nostalgia de los días en que aquel discurso sonaba válido y coherente.

Ahora, en contradicción con aquella postura, ya no hay empacho alguno en afirmar que llegó la hora de que las empresas resignen ganancias y cumplan su parte de sacrificio para garantizar un crecimiento a futuro.

Así lo afirma el flamante ministro de Energía, Javier Iguacel, para quien el diagnóstico del momento no deja lugar a dudas:

- No existe margen político ni social para cumplir la promesa de eliminar subsidios en las tarifas de servicios públicos

- Tampoco es posible seguir adelante con la liberalización de los precios de los combustibles

Lo complicado es alivianar la política tarifaria sin, al mismo tiempo, poner en riesgo el compromiso asumido ante el Fondo Monetario Internacional de avanzar con el recorte fiscal.

Por eso, no queda muchas alternativas respecto de quién deberá pagar la cuenta: se les pedirá a las empresas que asuman "temporariamente" una disminución en sus márgenes de rentabilidad.

La consecuencia clásica de ese tipo de medidas es la caída en los niveles de inversión. No obstante, Iguacel (quien se ganó su ascenso político en base a un optimismo a prueba de "piedrazos en su oficina") cree que el atractivo del yacimiento Vaca Muerta será suficiente para compensar esa merma.

Colchones ante los síntomas de deterioro
Aun con las medidas que se están tomando hasta el momento, nada indica que el malhumor social pueda tener una mejora.

Lo sabe mejor que nadie el ministro Dante Sica, quien acaba de anunciar que se le dará impulso a:

- Planes de "cuotas sin interés"

- Programa de fomento a los comercios de frontera

- Adelanto del mínimo no imponible a las contribuciones patronales

- Descuentos en el impuesto a las Ganancias

- Una nueva Ley Pyme

Aun así, el presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme) Eduardo Fernández, advierte que los anuncios "tienen sabor a poco".

"Necesitamos que se paralicen los embargos por 180 días y que se administre el comercio exterior para impedir el ingreso de mercadería que sustituya a los productos locales", afirma el dirigente empresarial.

Además, reclama que "se lance una línea de créditos blanda, a tasas que no sean las que marca el mercado financiero, y préstamos para capital de trabajo".

Su pedido da la pauta de la disyuntiva en la que se encuentra el macrismo: hasta dónde avanzar con medidas claramente contrarias a sus principios ideológicos y programáticos con tal de atenuar el impacto recesivo.

El cierre comercial, los subsidios financieros y energéticos y la resignación de ingresos fiscales parecen temas que están en el límite de lo tolerable para los macristas de paladar negro.

Sin embargo, hay señales en el sentido de que se debe reaccionar con un sentido de emergencia.

Al menos así lo ha hecho una de las figuras principales de Cambiemos, la gobernadora María Eugenia Vidal, quien sorprendió con su anuncio de aumentos en jubilaciones y asignaciones familiares, el anticipo del medio aguinaldo y la reapertura de acuerdos salariales en provincia de Buenos Aires.

Las medidas implican un esfuerzo presupuestario extra de $460 millones, de modo tal que la inversión social en Asignaciones Familiares ascenderá en el año a $2.355 millones.

Vidal tuvo que tomar esa medida en medio del tironeo con el resto de los gobernadores por el reparto del ingreso de impuestos, en el cual teme ser la candidata a perder parte de la porción que se le había prometido en la negociación de fin de año.

Sin embargo, es elocuente el cambio de tono en su discurso: de mantener su habitual batalla retórica con el líder del gremio docente, Roberto Baradel, pasó a justificar la necesidad de un mayor gasto para contener la situación social.

"Desde el Gobierno de la Provincia nos comprometimos a acompañar a todos los bonaerenses, y estamos convencidos de que cuantas más dificultades aparezcan en el camino más cerca tenemos que estar", afirma la mandataria.

Vidal, siempre pendiente de signos de malestar en el explosivo conurbano bonaerense, tomó nota del deterioro sufrido en los últimos meses, al compás de la disparada inflacionaria.

El informe Barómetro Social de la Universidad Católica marcó que el 54% de los niños en el conurbano vive en situación de pobreza. Y un tercio del total depende de comedores escolares para una correcta alimentación.

Las cifras corresponden a fin de 2017, por lo que ya se está previendo un empeoramiento.

De hecho, en la UCA creen que cuando se divulgue, en septiembre próximo, el nuevo dato oficial de pobreza que mide el INDEC, la cifra volverá a ubicarse en torno al 29%, un incremento de cuatro puntos respecto de la última medición.

Pero ni Vidal ni Macri necesitan esperar hasta la publicación de ese guarismo para tomar conciencia del cambio en la situación social.

Tienen a la vista datos mucho más contundentes, como el de organizaciones sociales lideradas por "piqueteros" de la provincia que ya están organizando movilizaciones a los supermercados para pedir ayuda alimentaria.

Es una escena que tradicionalmente ocurre en semanas previas a la Navidad -a veces con situaciones de descontrol- y que, por primera vez, se adelantó a junio.

Es, en este contexto, que Macri está dispuesto a tomar medidas que hasta puedan llegar a irritar a su base electoral de clase media.

Entre ellas, la puesta en marcha de impuestos al turismo en el exterior, otra de las iniciativas con reminiscencias K para tiempos de crisis.

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