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Problemas para generar dólares, giro político en la región e incertidumbre en Brasil, los desafíos de la nueva agenda de Macri

08-07-2018 La "Macridiplomacia" y el alineamiento con líderes como Trump favoreció el acuerdo con el FMI. Pero expertos advierten sus limitaciones para incrementar exportaciones y atraer capitales. Además, el cambio de era en México y la incógnita de Brasil plantean un nuevo escenario regional 
Por Juan Diego Wasilevsky
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Pocas veces, una contienda electoral en México se analizó bajo una mirada tan "localista" como la que consagró a Andrés Manuel López Obrador, el líder nacionalista que llegó al poder con discursos que prometían sacudir las bases del establishment. 

"¡Aguante López Obrador, seguimos ganando terreno!". La frase, que bien podría atribuírsele a un seguidor del líder mexicano, la pronunció Diego Maradona, quien aprovechó el resultado de los comicios en México para hablar sobre política internacional y anticipar un potencial "efecto derrame" hacia el resto de la región. 

"Estamos vivos", afirmó el exfutbolista, quien vio en el triunfo del político de izquierda la oportunidad para criticar al Presidente argentino: "Es inadmisible que al pueblo se le mienta como le mintió Macri con todos los proyectos que dijo que tenía". 

La "latinoamericanización" de esa elección también intentó ser capitalizada por Cristina Kirchner, quien felicitó a López Obrador por el triunfo y aseguró que, con el resultado, ese país había "decidido comenzar un nuevo rumbo". 

La atención que generó la elección presidencial en esa nación está vinculada, sin dudas, con el perfil del nuevo mandatario, quien decidió nombrar a uno de sus hijos Jesús Ernesto, este último en homenaje al "Che" Guevara. 

Los críticos disparan contra López Obrador al tildarlo de caudillo populista y compararlo con el venezolano Nicolás Maduro, si bien el presidente electo de México se desentiende de esos cuestionamientos. 

Atento al devenir del proceso eleccionario en esa nación, esta vez el macrismo optó por no cometer errores como los que hizo durante la última campaña en los Estados Unidos, cuando se jugó un pleno por la candidata demócrata, que terminó siendo derrotada por Donald Trump

Macri desestimó viajar a México en los últimos meses como se había pautado y esperó en silencio el resultado de las elecciones. 

Ya una vez confirmado el triunfo de López Obrador, lo felicitó vía Twitter y luego ambos mandatarios tuvieron una conversación telefónica en la que le solicitó seguir profundizando las relaciones, tal como venía haciéndolo con el saliente Enrique Peña Nieto, con quien se estaba en pleno proceso de negociación para ampliar el Acuerdo de Complementación Económica y acercarlo lo más posible –dentro de las reglas permitidas por el Mercosur- a un pacto de libre comercio. 

En tiempos de alta volatilidad política y comercial a nivel mundial y regional,  ¿tendrá coletazos en la región el triunfo de este líder nacionalista mexicano? 

Como si fuese un TEG, el juego de estrategia, Macri tiene en el vecindario a un aliado clave, como el flamante presidente chileno, Sebastián Piñera, a quien le aseguró que apuntaba a lograr un nivel de integración "histórico" entre ambos países. 

Sin embargo, Brasil, el país más relevante en términos políticos y comerciales, es una completa incógnita. Con Lula preso, un alto descontento social y ningún candidato con intención de votos suficientes como para ganar en primera vuelta, el panorama en la región es hoy una incertidumbre. 

Por eso, el arribo al poder de un líder nacionalista como López Obrador en América Latina –vitoreado por la propia Cristina Kirchner- es un llamado de atención para un Macri que en algún momento pareció postularse a líder de la región. 

Para el analista y politólogo Daniel Kerner, "lo que vimos en México, más que un giro ideológico es un cambio de partido, producto del malestar del electorado. Había un fuerte descontento y una alta demanda de cambio, debido a la corrupción". 

Incluso, planteó que en Colombia, por ejemplo, donde recientemente se impuso el candidato conservador Iván Duque, el electorado no terminó propiciando un cambio porque Gustavo Petro "estaba demasiado a la izquierda en términos económicos y de seguridad", dejando en claro es difícil hablar de un viraje político en la región. 

En tanto, Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, afirmó que si bien es cierto que "AMLO" –como también llaman al nuevo mandatario mexicano- tiene un discurso de izquierda nacionalista, "la realidad es que la economía de mercado en México es muy fuerte. Es uno de los 15 principales países del mundo en términos de exportaciones e importaciones, con un poder de las multinacionales muy grande". 

Frente a ello, si bien anticipó que podrían verse gestos "más progresistas" en el programa económico de ese país de América del Norte, "difícilmente éstos signifiquen un cambio del status quo". 

"En la región hay casos de gobernantes que generaban temor entre algunos sectores por sus propuestas audaces pero luego, cuando llegaron al poder, fueron completamente racionales, como Ollanta Humala, que lideró Perú hasta el 2016. Incluso Evo Morales en Bolivia hoy es mucho más ordenado y menos revolucionario que al comienzo", destacó.

Luces y sombras de la "Macridiplomacia"
Más allá de que los analistas no prevén que el resultado en México se pueda extrapolar a la Argentina, evidentemente hay inquietud. 

No es un dato menor el interés que mostró Estados Unidos por evitar que la corrida cambiaria que se vivió en la Argentina derive en una profunda crisis económica y que esto, a su vez, se traduzca en una mayor debilidad política del macrismo. 

En ese sentido, el apoyo expreso y firme de Donald Trump hacia el Gobierno de Macri cuando estaba gestionando el megacrédito ante el FMI, lució como una estrategia para evitar que entre en zona de riesgo un mandatario amigable con el mercado.  

Para el analista Sergio Berensztein, había un costo elevado en caso de no haberse gatillado ese apoyo: permitir que entrara en zona de turbulencia un gobierno que había demostrado su esfuerzo por ir hacia políticas más previsibles, justo en momentos en que Brasil está entrando en la recta de los comicios. 

El espaldarazo de Trump en un tema sensible como el FMI fue decisivo. Pero está claro que la gravitación de Macri como referente regional entró en una zona de grises, básicamente porque el mundo no es el mismo que hace dos años. 

"Estamos en plena turbulencia global. Estados Unidos está en conflicto con China y, además, amenazó con retirarse de la OMC. Hay un sistema global complicado y no hay mucho que la Argentina pueda hacer desde lo político", sostuvo Berensztein. 

El presidente invirtió buena parte de sus dos primeros años en estrechar lazos con las principales potencias. Además de la cumbre con Trump, tuvo encuentros con líderes como Angela Merkel, Xi Jinping, Emmanuel Macron y Vladimir Putin. Pero poco de esto se tradujo en lluvia de inversiones o en un salto de las exportaciones. 

Elizondo destacó que la Argentina viene de mostrar en 2017 uno de los ratios de comercio exterior versus PBI más flojos a nivel mundial, al tiempo que, en materia de exportaciones, el país tuvo uno de los peores resultados de América Latina, mientras que el déficit comercial se disparó un 160% entre enero y mayo frente al mismo período del año pasado. 

Los expertos remarcan las serias dificultades que tuvo el Gobierno en convertir las afinidades políticas en oportunidades comerciales, en parte por el largo período de enfrentamientos entre la Cancillería y el Ministerio de Producción por el manejo de las misiones de negocios. 

La "Macridiplomacia", fascinada en una primera etapa con el fenómeno de la globalización, se fue topando con un mundo cada vez más proteccionista, impulsado no sólo por Estados Unidos, sino por la propia Unión Europea que, por ejemplo, fue poniendo trabas a la firma de un TLC con el Mercosur

"La Argentina mejoró los vínculos con las principales potencias y esta confianza que generó con los líderes fue lo que le permitió recurrir al FMI y conseguir ayuda financiera, pero no mucho más que eso. De hecho, hubo una sequía de inversiones", amplió Berensztein en diálogo con iProfesional, en referencia al plan de "inserción inteligente" del país en el mundo, desplegado por Macri.

Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales e investigador plenario de la Universidad Torcuato Di Tella, advirtió que la Argentina incluso hoy continúa insistiendo con la visión de que el libre comercio es la solución y que, en algún momento, terminarán llegando esas ansiadas inversiones. 

La realidad es que en 2017 el panorama mejoró: según la CEPAL, la inversión extranjera (IED) directa aumentó más del 250%, tras alcanzar los u$s11.500 millones, luego de años de ubicarse en mínimos históricos. 

Sin embargo, los desembolsos representan solamente el 4% del total de la región, muy por detrás de mercados como Brasil, México, Chile, Colombia y Perú. Además, representa apenas la cuarta parte de la IED anunciada en los últimos dos años y plasmada por el Gobierno en su "mapa de inversiones". 

Kerner afirmó que "el mundo lo quiere seguir apoyando a Macri", pero advirtió que hoy el foco de la política económica internacional cambió y "la atención está puesta en otros problemas". 

Además, para Kerner, no solo cambió el mundo, sino que también la Argentina no es la misma, y esto atenta contra el plan de mantener una agenda de política internacional agresiva, como la que tuvo en un arranque: "Macri está más debilitado internamente. Está teniendo que resolver una crisis económica incierta y esto le quita margen para enfocarse en otros objetivos". 

Mirando a Brasil 
Brasil se presenta como la gran incógnita en las próximas elecciones del 7 de octubre. Jair Bolsonaro, del Partido Socialista Cristiano (PSC) y con tendencia a la derecha, y la ecologista y ex miembro del PT, Marina Silva, son los candidatos con mayores aspiraciones. Pero nadie apuesta que alguno pueda imponerse en primera vuelta. 

Con Lula preso, Berensztein no vislumbra igualmente una oleada masiva de votos en blanco o un llamado a boicotear los comicios, lo que dejaría al eventual ganador vaciado de todo poder. Sin embargo, los ruidos políticos son suficientes como para enturbiar la economía. 

“La elección en Brasil plantea un escenario de gran incertidumbre, la cual se va a mantener hasta el final, lo que va a impactar negativamente en la visión de los inversores. El próximo gobierno tendrá que hacer fuertes reformas, pero ninguno de los favoritos va a poder hacer mucho, lo que implica que el escenario postelectoral se va a mantener difícil. Y en malestar social va a seguir ahí, limitando los ajustes y reformas”, afirmó Kerner.

Según Berensztein, “el riesgo sistémico de los emergentes impactó también en Brasil. Estamos a julio y todavía no hay candidatos firmes. Hay mucha incertidumbre y esto se trasladó a la economía”. 

Según el reporte que publica el Banco Central de Brasil, en base a las proyecciones de analistas y consultoras, se espera que el PIB crezca 1,6%. Se trata de una baja importante frente al alza de 2,7% que se preveía hace unos meses. 

Por eso, los analistas no prevén que las exportaciones argentinas –especialmente las de autos- experimenten un fuerte crecimiento

Pese a ello indicaron que, dado que en los próximos meses se profundizará la desaceleración de las importaciones por el enfriamiento de la economía doméstica, "la mejora del saldo comercial se convertirá en una constante". 

De cara a todo 2018, desde Ecolatina prevén un achicamiento leve del déficit con Brasil: pasaría de los u$s8.200 millones que alcanzó el año pasado a un nivel de u$s7.500 millones, lo que implicaría una baja del 7,5%. 

Sin embargo, advirtieron que "más allá de este avance, el resultado se encontraría lejos del rojo bilateral de 2016", cuando tocó los u$s4.300 millones", al tiempo que "estará impulsado por la caída de las importaciones más que por un repunte de las exportaciones".

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