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"El progresismo tiene una estética elitista que me genera rechazo"

"El progresismo tiene una estética elitista que me genera rechazo"
Tras publicar "Los siete pecados argentinos", Juan Grabois habló de religión católica, las demandas de las mujeres, la prostitución y el aborto
11.12.2019 10.48hs Actualidad

El dirigente social Juan Grabois presentó su primera novela, llamada "Los siete pecados de los argentinos" y cuestionó algunas actitudes del progresismo, ya que tiene "una estética elitista" que le genera "rechazo".

Después de haber publicado La clase peligrosa, suerte de ensayo sobre la desigualdad y la exclusión en la Argentina, Juan Grabois escribió en un año convulsionado por las elecciones su primera novela, la que completó en apenas ocho meses.

En Los siete pecados argentinos hay un sacerdote que alguna vez fue joven y rebelde y que hoy vive encerrado en la Abadía Nuestra Señora de Los Ángeles, adonde a veces lo visita su sobrina, una joven feminista que rechaza las estructuras que la oprimen, los mandatos patriarcales y los preceptos eclesiales.

También un contador inescrupuloso, miembro del club reservado de beneficiarios del gobierno de Mauricio Macri y cuya mujer, tras entregarse a una franquicia de El Arte de Vivir, recibe de la mano de su Maestro un medallón heptagonal que le permite invocar demonios con los que dialoga en las calles de la ciudad de Buenos Aires.

"La idea original era hacer una especie de estudio sobre la estructuración comercial de los vicios capitales, que eran los hábitos malos desde la perspectiva de la moral del cristianismo primitivo", cuenta el referente del MTE y de la CTEP.

Además, el dirigente social dijo que "otro tema que a mí me interesaba es qué lugar ocupa la moral en la post post modernidad y la relación entre la degradación de las pautas morales y el desarrollo de la conciencia neoliberal".

En el prólogo escribió lo mucho que lo afectó el macrismo en un sentido muy profundo: "Los sentimientos malos, los sentimientos negativos así personalizados son destructivos. Nunca son buenos. Las cosas tienen sus causas y hay que tratar de comprender, no de tener una relación tan emocional con las cosas".

"Y a mí llegado determinado punto, o cruzada determinada raya, la racionalidad me cuesta. Porque está esa raya de lo que parecía inconcebible. Que alguien salga a alegremente a decir las cosas que decía Patricia Bullrich o a festejar lo de Maldonado, cosas por el estilo, por lo menos en la cultura democrática en la que yo me formé, parecía inconcebible. Es decir, la crítica a la democracia burguesa de mi generación va más por el lado de la hipocresía que por el lado del autoritarismo o de la intolerancia. Bueno, ahora se volvió al tema de la intolerancia, entonces la hipocresía hasta me parece algo piola. Porque por lo menos es un reconocimiento de lo que está bien y lo que está mal, aunque los que dicen lo que está bien no lo practican".

Al respecto, puso como ejemplo a los curas "que dicen cosas que son espectaculares, el problema es que no las cumplen".

"O sea, si cumplieran las reglas y la doctrina cristiana serían una cosa muy buena para la humanidad. Y la verdad es que, aunque hay muchos curas, sacerdotes, pastores que hacen cosas importantes y que son santos, hay, no sé si la mayoría, pero hay una cantidad importante que son demonios. Y en la política es lo mismo. En la política, que debería ser la forma más profunda del servicio y el sacrificio por los demás, vos tenés también héroes y bandidos. Y la verdad que es más fácil encontrar los bandidos que los héroes. Pero bueno, ahí tenés la hipocresía", indicó.

Grabois dijo que siempre tuvo "sentimientos religiosos", aunque admitió que tuvo "momentos de mayor y menor acercamiento a la Iglesia institucional".

"Me gusta ir a misa cuando el cura es un tipo piola, inspirado. Porque en la misa lo que se hace, aparte de la comunión que es lo más importante, se lee un fragmento del Antiguo Testamento y del Evangelio y después el cura lo que tiene que hacer es algo que se llama una homilía, que es una reflexión sobre eso. Y en un mundo que no reflexiona, reflexionar sobre un texto que tiene 4.000 años y uno que tiene 2.000 años no es una boludez, es interesante. O sea que si fuera ateo por ahí iría igual. Y la verdad que hay curas que son muy buenos en eso, Bergoglio era un genio en eso. Creo que su principal virtud era su capacidad para reinterpretar las escrituras en clave de lo que estaba sucediendo en el momento", dijo.

En la novela, el dirigente plantea la oposición entre la religión, vista como una serie de normas prohibitivas, y aquello que se suele entender como libertad

"A mí me quedó mucho una idea de qué es lo contrario a la libertad. Por un lado, lo contrario es la esclavitud. Los esclavos antes usaban cadenas, porque si les sacaban las cadenas probablemente se rebelaran y mataran a los amos. Las formas de coerción en la actualidad son tanto o más poderosas que no requieren ni de cadenas materiales ni de normas morales para ordenar las conductas. Simplemente juega con las pulsiones y deseos que no surgen de uno, sino que vienen de afuera. Que no son autónomos sino heterónomos. Entonces hay una forma de esclavitud cultural, y eso tiene mucho que ver con el tema del mal y los demonios y toda esa historia, y el pecado como algo que disminuye la libertad. Y después la otra idea es que lo contrario a la libertad es la arbitrariedad. Que es, en definitiva, la libertad. O sea, la libertad del que tiene poder. La arbitrariedad es la libertad del que tiene poder de imponer su voluntad sobre otros libremente", añadió.

Al ser consultado sobre su postura sobre el aborto, destacó que es "una decisión orgánica de mi espacio que, hasta por lo menos que se defina la situación legal con el tema, yo no me pronuncie".

"Y me lo han planteado mujeres tanto que están a favor como mujeres que están en contra. Nuestro espacio es un espacio que tiene un componente popular muy grande y ahí la religiosidad, etcétera, juega un rol, pero también está la marea feminista digamos, está Ofelia (Fernández), están un montón de pibas que tienen otra posición. Entonces yo en eso soy respetuoso y mi posición personal, por lo menos por un tiempo, no la voy a plantear. Sí algunos contornos vinculados a la discusión que me parece que son interesantes. E insisto, siempre tener una desconfianza metodológica frente a lo que parece que es por un lado la defensa de la vida y por otro lado también la defensa de la vida. Bueno, hay intereses atrás de cada postura. Hay intereses de todo tipo. Y para poder ser protagonistas del propio destino hay que analizar esos intereses", agregó.

Finalmente, destacó que "hay algo de elitismo en la estética del progresismo que a mí me genera cierto rechazo".

"Es decir, hay algo que no se puede compartir, que las pibas no pueden compartir con las pibas pobres. Hay un libro que se llama La revolución de las hijas. Si vos ves la tapa del libro son todas pibas blancas, lindas, con todos los dientes. Que además no lo escribió ninguna hija, lo escribió una señora grande. Que es muy buena mina, eh. Pero hay una estética de clase. El componente popular desaparece. A mí eso me genera rechazo. También me molesta que en esa estética se trasunte un nivel de hipocresía grande, sobre todo en los hombres, que se ponen 58 pañuelitos, pero después están abusando a la secretaria. En la política eso es una constante. O sea, a más deconstruido externamente más abusador. La verdad estoy un poco cansado de, digamos, extremismo verbal y después en la práctica aparece Alperovich y cierran todos el orto hasta que algún jefe político dice algo", añadió.

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