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Felipe Rutini y la épica historia del pionero que inició la tradición de vinos premium

Felipe Rutini y la épica historia del pionero que inició la tradición de vinos premium
Con 21 años y el título de técnico agrícola en su baúl, Felipe Rutini arribó procedente de Italia en 1885. Pronto puso en marcha una emblemática bodega
Por Daniel Balmaceda
17.01.2021 17.50hs Actualidad

Retiro parecía no dormir en la década de 1880. De día o de noche, el movimiento constante de personas ofrecía un espectáculo único. Eran los inmigrantes que traían los barcos desde los principales puertos europeos.

Con 21 años y el título de técnico agrícola en su baúl, Felipe Rutini arribó procedente de Italia en 1885. Esa era apenas la primera etapa. El destino final, la ciudad de Mendoza, lo aguardaba luego de una dura travesía combinando recios caminos en carreta y otros tramos en el incipiente ferrocarril.

Luego de sostenerse con algunas tareas sencillas, fue contratado para trabajar en la residencia del gobernador de la provincia cuyana, ubicada en Rodeo del Medio (Maipú). En 1887, el coronel Rufino Ortega (era descendiente del célebre Antonio Luis Beruti, compañero de French en la Revolución de Mayo) le encargó que diseñara el parque de su propiedad para habilitarlo al público. Nos referimos al actual Parque Ortega.

Gustoso con el ambiente ideal de la zona, el visionario italiano plantó sus primeras vides a muy corta distancia, en Coquimbito, donde aún se conservan ejemplares de dicha época. Enseguida encaró tres construcciones. Además de su casa, un galpón de depósito y otro de fermentación para empezar con la bodega. En 1893 contrajo matrimonio con Ernesta Cremaschi. Tuvieron siete hijos, tres varones (Francisco, Ítalo y Oscar) y cuatro mujeres (María, Elena, Ernestina y Letizia).

Con Luis Passerini y Agustín Ciarpella fundaron la bodega La Rural en 1895. La idea era generar un canal de comercialización en Rosario, donde Passerini actuaría como distribuidor. Sin embargo, la sociedad no funcionó y en pocos meses se disolvió. De todos modos, Felipe Rutini continuó produciendo en su viñedo, bajo el mismo nombre comercial y orientándose hacia un estilo que lo acompañaría en adelante: uvas nobles para vinos de la mejor calidad.

Viñedos y Bodega La Rural, el inicio

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A mediados de los años 20, la bodega inició la plantación de viñedos en el Valle de Uco

En 1898, hizo que La Rural volviera al ruedo, esta vez acompañado por Ángel Cavagnaro, su concuñado. Se enfocaron en grandes ciudades del litoral, además de la muy demandante Buenos Aires. Los resultados fueron óptimos. Viñedos y Bodega La Rural vendió dos mil hectolitros de vino en 1900; casi trece mil en 1905 y cincuenta mil en 1910. En este último año, Rutini debió comprar el 34 por ciento de uvas a terceros para satisfacer los requerimientos del mercado.

A partir de 1913, y por una cuestión afectiva y de educación formal de sus hijos, la familia se radicó en Génova. Don Felipe se embarcó varias veces para trasladarse entre Italia y la Argentina. Buscando ampliar horizontes comerciales fue pionero en la industria de la conserva de tomates en Cuyo, tarea que dejó trunca, ya que murió en enero de 1919. Habían pasado tres décadas desde aquellas primeras vides itálicas y francesas que plantó en suelo adoptivo.

En 1923, Ángel Cavagnaro formó una nueva sociedad con sus parientes. Además de su mujer, María Cremaschi, su cuñada Ernesta (viuda de Rutini) y sus sobrinos, se sumaron sus propios hijos Santiago y Ángela Cavagnaro (quien participó junto con su marido, Roberto Furlotti); también se incorporaron Luis Riba (casado con Elena Rutini) y Francisco Riba.

San Felipe, su marca más famosa

De todas sus marcas, sin dudas, San Felipe fue la más famosa. Nació en 1925 y su envase tan curioso, con forma de caramañola, correspondió a la primera botella de vino fino de la Argentina. Fue creada por Ítalo Rutini y su cuñado Luis Riba, quien le encargó la ilustración original de la etiqueta al dibujante español Alejandro Sirio, colaborador de Caras y Caretas y del diario La Nación, entre otros medios. Sirio no quiso cobrar por ese trabajo que muestra la casa original del bodeguero con los galpones.

Con gran visión y conocimiento, a mediados de los años 20, cuando la caramañola se convertía en un símbolo, la bodega inició la plantación de viñedos en el Valle de Uco. Al cabo de algunos años prósperos, una pesada sombra se posó sobre la economía global. La crisis de 1929 sacudió todas las estabilidades, incluso la del mercado vitivinícola. La sociedad familiar se reformuló y prosiguió en la búsqueda de productos nobles.

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En 2012, Rutini se independizó enológicamente de La Rural y abrió una bodega propia en el alto Valle de Uco

Su proyecto no era efímero. Las generaciones siguieron aportando a los cimientos. Tenían un producto que se había impuesto y podían reconstruir las fisuras que había dejado la debacle generada por la mencionada crisis y la Segunda Guerra Mundial. El proceso fue lento, pero le permitió mantenerse firme, en la superficie, sosteniendo la premisa de calidad que le había impuesto el joven técnico agrícola que abandonó Italia en busca de un sueño.

Nace el vino Felipe Rutini

La marca Rutini adquirió gran prestigio a partir de 1982, cuando la bodega lanzó el vino que bautizaron con el nombre de Felipe Rutini. Para promocionarlo, la casa mendocina envió botellas en forma personalizada con una carta del presidente de la firma. En 1985, cuando se cumplían cien años de la llegada de don Felipe, se vendieron cuatrocientas cajas. Con el tiempo, se alcanzó un pico de siete mil quinientas cajas anuales.

A partir de la salida de Colección Rutini y, en 2001, Trumpeter, Rutini se afirmó como marca líder en vinos finos. En 2012, Rutini se independizó enológicamente de La Rural y abrió una bodega propia en el alto Valle de Uco, construyendo además un imponente edificio en Tupungato. Para reforzar los productos, Rutini dio a conocer su vino Encuentros, mientras que La Rural lanzó Cruz Alta.

Esta dedicación tan específica ha hecho que hoy sea reconocida en el área de los vinos de culto. Su imagen fue agrandándose con la exportación, los premios y distinciones. Pero, sobre todo, a través de la incansable persecución del lema que trajo de Italia y guió al tozudo patriarca don Felipe: "Labor et Perseverantia".

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