Edmund Norton, de los trenes a los vinos: la increíble historia de cómo convirtió en realidad una utopía

Edmund Norton, de los trenes a los vinos: la increíble historia de cómo convirtió en realidad una utopía
Una vez recibido de ingeniero, Edmund Norton se trasladó desde Inglaterra a España, donde empezó a delinear su futuro, el que lo llevaría a la Argentina
Por Daniel Balmaceda
17.04.2021 17.58hs Actualidad

Durante un viaje circunstancial a la frontera entre Alemania y Dinamarca, el 7 de agosto de 1865 nació Edmund James Palmer Norton, hijo de Camilla Koch y George William Norton, ambos ingleses.

El pequeño se crió en las afueras de Londres. Fue tan buen alumno como deportista. El tenis y el golf fueron su pasatiempo mientras estudiaba ingeniería. Una vez recibido, se trasladó a España donde empezó a delinear su futuro. Porque fue contratado por una compañía ferroviaria y porque se familiarizó con la lengua castellana.

Ambas premisas le fueron de suma utilidad para el siguiente paso de su carrera. Porque una empresa ferroviaria inglesa requirió sus servicios para el tendido de vías en Bahía Blanca. Mientras esto ocurría en el margen oriental del territorio, comenzaba a gestarse un sueño en la frontera occidental. Los hermanos Juan y Mateo Clarck, chilenos, hijos de padres escoceses, se embarcaron en uno de los grandes desafíos de su tiempo: la construcción del ferrocarril trasandino que uniera el Pacífico con el Atlántico o, más precisamente, con el Río de la Plata, como escala previa al Mar Argentino y el océano.

Recordemos que en aquel tiempo no existía el Canal de Panamá. Por lo tanto, la posibilidad de atravesar territorio, evitando navegar el Cabo de Hornos, era una alternativa muy beneficiosa.

En 1887, la idea de tender vías a través de los Andes era una utopía para muchos. Para los Clark fue un plan. Sin duda, el proyecto merece una atención especial. Pero, en este caso, para la historia que nos propusimos contar, basta que conozcamos un legendario viaje que emprendieron los ingenieros Víctor Pretor Freire (chileno) y Malcolm Grant Dalton (inglés) a comienzos de septiembre de 1887. Su objetivo era estudiar las complicaciones que ofrecería la construcción del ferrocarril en temporada de hielo y realizar una inspección ocular de los terrenos por donde pasarían las vías. Estos hombres, que en muchos trechos debieron caminar durante días, lograron el objetivo, lo que les permitió proyectar el trazado.

Norton se establece en Argentina

En 1887, la idea de tender vías a través de los Andes era una utopía para muchos

El ingeniero Edmund Norton fue contratado por Trasandine Construction Company (sucesores de la compañía de los Clark) y se sumó a la obra de gran complejidad.

En 1889 ya se encontraba afincado en Mendoza. Tenía 23 años y no dejaba de llamar la atención su manejo del español con tonada inglesa. Carlos Galigniana Segura, quien se contó entre los anfitriones mendocinos que conoció a Norton recién llegado, ha dejado un par de anécdotas que retratan el período de adaptación.

Cierta vez en que se le sirvió choclos, observó con sorpresa como lo comían los demás. Le resultó de lo más extraño, pero de inmediato copió al resto. Encantado con el dulzor de los granos, le extendió el plato con la coronta (es decir, el tronco del choclo pelado) a la dueña de casa y le solicitó en su castellano esforzado: ¿Quiere usted hacer el obsequio de poner otros porotos en este palo?". Las risas invadieron el ambiente y contagiaron al joven Edmund.

En otra oportunidad, le extendieron un mate, el primero de su vida. Una vez más, la sorpresa de no saber qué hacer. Preguntó. Una señora le respondió: "Sople, m’hijo". La literalidad le jugó una mala pasada. Sopló la bombilla. El traje blanco de hilo se impregnó de yerba empapada.

Estas situaciones que tanto contrastaban con su corrección británica, entretenía a todos y Norton se convirtió en un sujeto simpático y agradable. Sobre todo, para Juana María Nicolasa (nacida el 2 de junio de 1871, seis años menor que Norton), perteneciente a la numerosa familia de don Nicolás Suárez, caballero de la sociedad mendocina.

El joven sufrió un accidente durante la construcción del ferrocarril y la convalecencia en casa de los Suárez selló su destino. Tiempo después, el 8 de mayo de 1890, Juana y Edmund, que era protestante, se casaron. La noticia no cayó bien en Londres. Mr. George y Mrs. Camilla esperaban que su hijo regresara soltero a Inglaterra y encontrara novia por allá.

Norton, un inglés vitivinicultor en Mendoza

El Norton-Mendoza Malbec 1971 llegó a los Estados Unidos en 1972

Lejos de las especulaciones paternas, el inglés nacido en Alemania formó su familia en Luján de Cuyo. El primer vástago, Jorge Guillermo Reginaldo, nació en mayo de 1891 y Edmundo Eduardo, el 9 de junio de 1893. A esa altura, el ingeniero tenía todo lo que alguna vez había deseado. Pero, además, se había enamorado de la tierra. Y resolvió dar el gran paso. En 1895, Edmund James Palmer Norton inició su actividad como vitivinicultor, en tierras ubicadas al sur del río Mendoza, heredadas por Juana, quien por entonces amamantaba a la primera niña, Camila, quien llevaba el nombre de su abuela paterna; o casi, porque la madre de su padre era Camilla con doble ele. Tierra bendecida, sin duda, porque nos referimos a las que iban conformar las localidades de Perdriel y Agrelo.

De esta manera, se convirtió en el primer emprendedor -y único- inglés que se dedicó a la producción de vino en Mendoza.

Contrató a un enólogo francés y sumó a su familia política. Algunas hermanas de Juana proveyeron de uvas a la incipiente bodega, a la vez que se anotaron como tías madrinas de los chicos que agrandaban la familia Norton Suárez: Osvaldo Héctor (1896), Gladys Juana (1897) y Margarita Ethel (1901).

En 1903 se incorporó un socio de peso con capital. Nos referimos a uno de los mencionados pioneros del trazado de vías, el ingeniero Malcolm Grant Dalton, una personalidad descollante de su tiempo. Había arribado a Mendoza en 1877 para realizar el peligroso cruce para proyectar el tendido. En 1893 fue nombrado Administrador General del Ferrocarril Transandino. Ocupó el cargo durante diez años y luego se sumó al emprendimiento vitivinícola de su antiguo compañero Norton. La sociedad se denominó Grant Dalton Norton y Cia.

Por motivos que desconocemos, se disolvió en octubre de 1905. Sí sabemos que Malcolm fue convocado por su patria durante la Primera Guerra Mundial. En 1917, trabajando con explosivos, sufrió un accidente y quedó lisiado. Murió en 1935.

En marzo de 1905, antes de que los Norton y Grant Dalton se distanciaran, nació Roberto Patricio Norton. En 1908 llegó Kathleen Juana, a quien todos llamaban Juanita. A esa altura, Edmund había ingresado en el círculo social mendocino. En casa del inglés se jugaba al tenis y al billar. En otra propiedad armó algunos hoyos de golf. El ingeniero fue uno de los pioneros del deporte en la tierra cuyana.

La inauguración del ferrocarril trasandino tuvo lugar en 1910. Edmund hizo valer el peso de las buenas relaciones públicas y Norton fue el vino que se sirvió a los pasajeros durante años. Esa fue de las promociones más eficaces para el producto y los resultados se evidenciaron cuando restaurantes de las principales ciudades del país ofrecían el Norton en su menú selecto. El esmero del inglés y la calidad de la materia prima ubicaron a la bodega entre las exquisitas.

Norton fue el primer emprendedor -y único- inglés que se dedicó a la producción de vino en Mendoza

Vinos señolares

Cabe destacar que los vinos para el comercio llegaban -por supuesto, en el famoso tren- en botellas. Muchos de la competencia lo enviaban a granel y se embotellaba en la ciudad de destino. Por otra parte, algunas cosechas -como la del 1924, 1928 y 1932- se impusieron en el paladar argentino y la firma encaró una campaña publicitaria con el fin de resaltar sus cualidades. Surgió la marca Norton Añejo y el lema "Vinos señoriales", apoyados en los treinta años de esfuerzos para lograr un digno hijo del terruño.

Hablando de hijos, dos de los varones siguieron relacionados con la bodega. Edmundo había sido enviado a Montpellier para convertirse en enólogo. Roberto también iría a Europa. Pero la contienda mundial obligó a reformular los planes y se lo puso pupilo en Buenos Aires. Hizo todo el secundario, entre 1918 y 1923, en el St. George’s College de Quilmes. Edmundo regresó a Mendoza convertido en experto. El área de producción quedó en sus manos, mientras que su padre se enfocó en las tareas administrativas.

Así prosiguieron desarrollando la bodega hasta que en 1939, la lamentable e inesperada muerte de Edmundo hijo afectó con fuerza a la compañía. Roberto tomó las riendas con gran responsabilidad. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos y el de los buenos empleados, el padre no logró sobreponerse. En abril de 1944 se iniciaron todos los trámites para las formalidades de la venta a Emilio López Frugoni. En mayo murió el ingeniero Norton.

Roberto continuó ocupando una silla en el directorio hasta 1956, fecha en que pasó a desempeñarse en Bodegas y Viñedos Las Rosa. Dos años antes había vuelto a venderse Norton, en esa oportunidad a Manuel Santos.

En esta etapa es importante destacar la tarea de Ricardo Santos, quien fue conocido como "El Señor Malbec". Arquitecto de profesión, pero por sobre todo, sibarita, supo defender hace cincuenta años la uva que hoy lleva el sello argentino. El Norton-Mendoza Malbec 1971 llegó a los Estados Unidos en 1972 -junto con el Mendoza Pino Blanc y el Mendoza Sauvignon- gracias a su constancia. Allí se promocionaban con la siguiente frase: "Sudamérica tiene mucho más que buen café".

A partir de 1989, la posta quedó en manos de Gernot Langes-Swarovski. El empresario austríaco se enamoró del terruño y de la sabrosa historia de la bodega. De esta manera, a cien años de distancia, dos familias se contemplan amparadas en el mismo sueño, en la misma pasión.

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