Río Paraná: pronostican que las bajantes extremas serán cada vez cada vez más frecuentes

Río Paraná: pronostican que las bajantes extremas serán cada vez cada vez más frecuentes
Las aguas permanecen bajas hace 730 días y el pronóstico de los expertos hídricos indica que la misma continuará hasta diciembre
Por iProfesional
21.07.2021 12.08hs Actualidad

La bajante extraordinaria del río Paraná es récord también en la cantidad de tiempo, debido a que las aguas permanecen bajas hace 730 días y el pronóstico indica que continuará hasta diciembre, aseguró en Corrientes el investigador del Conicet, Juan José Neiff.

"La cuestión no es solo la bajante extraordinaria del río Paraná, sino el tiempo ininterrumpido en esta situación, que ya alcanza 730 días", remarcó el investigador en declaraciones a Télam.

Neiff agregó que "desde 1901, que se inició el registro hidrométrico en Corrientes, no se presenta una situación similar, tan extendida en el tiempo".

En tanto, el hidrómetro registró hoy en el puerto de la capital de Corrientes 0,29 metros, una altura que no se registra desde 1944, aseguró hoy el doctor y magister en Ecología Acuática Continental.

El experto explicó sobre la bajante que "los pronósticos de El Niño y La Niña, que son los que influyen, determinan que la situación continuará hasta diciembre".

"La consecuencia más grave es la provisión de agua y pueden generarse problemas en muchas ciudades", precisó Neiff y destacó la inversión de 1.000 millones de pesos anunciada por el Gobierno nacional.

Los recursos "ayudarán para realizar obras en esta emergencia, como la instalación de bombas y acueductos para generar movimiento", señaló.

Por otra parte, explicó que si la bajante continúa de esta manera, "puede ocurrir que en el verano tengamos cianobacterias por algas que son tóxicas".

"Hay un aumento de probabilidades en el desarrollo de estas algas, lo genera que el tratamiento para la potabilización del agua sea más costoso", explicó el investigador del Conicet.

Al respecto, detalló que "puede ocasionar problemas hepáticos en los animales si la consumen y también en las personas que se metan y traguen agua del río. Puede generar también algún tipo de alergia en la piel".

Respecto de la fauna íctica, Neiff expresó que "lamentablemente algunas provincias no entienden que la pesca debería estar prohibida" y mencionó especialmente a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos.

El puerto de la capital de Corrientes el río Paraná, registra hoy 0,29 metros, una altura que se presentó por última vez en 1944, hace 77 años", concluyó el doctor Juan José Neiff.

Debido a la extraordinaria bajante del río Paraná que alcanzó un nivel récord, en Corrientes además de los inconvenientes en la navegación, se tornó habitual visibilizar bancos de arena, riachos casi sin agua, extensas playas, barcazas y distintos tipos de embarcaciones encalladas en el puerto y la costas.

El Río Paraná alcanzó su nivel más bajo del último siglo y pronostican que las bajantes extremas serán cada vez más frecuentes
El río Paraná alcanzó su nivel más bajo y pronostican que las bajantes extremas serán cada vez más frecuentes

Pronostican que las bajantes extremas serán cada vez más frecuentes

El río Paraná, nacido en Brasil y criado en tierras paraguayas y argentinas, recorre casi 5.000 kilómetros hasta su desembocadura en el Río de la Plata, con un caudal promedio histórico de unos 16.000 metros cúbicos por segundo. Un gigante fluvial noqueado desde hace dos años por una bajante extrema pocas veces vista (tanto por lo prolongada como por lo pronunciada) que secó lagunas y riachos, y dejó al descubierto buena parte de su valle y planicie de inundación. Según un informe reciente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), el Delta medio del río tenía a mediados de 2021 una cobertura de agua de apenas 6%, contra un 40% en tiempos "normales".

Tan marcada es la bajante que, en mayo 2021, el río sólo transportaba unos 7.000 metros cúbicos de agua por segundo, el caudal medio mensual de menor afluencia de los últimos 50 años y apenas el 51% de su promedio histórico para ese mes. Según el reporte hidrológico de junio de la represa Yacyretá, resultó ser el segundo valor de caudal medio mensual más bajo de los últimos 120 años, luego del registrado en mayo de 1914.

Como trasfondo, aparece el cambio del uso del suelo como explicación principal para entender al menos en parte las razones por las cuáles el río muestra un comportamiento pocas veces visto o registrado: lo que antes era selva, monte, pantano o pastizal fue reconvertido en las dos últimas décadas en tierras aptas para el desarrollo agropecuario, de la mano de un proceso de deforestación intensificado que cambió, tal vez para siempre, la morfología del territorio.

Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Brasil ha perdido hasta el 8% (30 millones de hectáreas) de sus bosques y selvas de la Amazonía y el Pantanal en el primer tramo del siglo XXI. Paraguay muestra cifras drásticas: según el Global Forest Watch (GFW), perdió 6 millones de hectáreas en los últimos 20 años. En un lapso similar, la Argentina perdió el doble: unas 14 millones de hectáreas con epicentro en cuatro provincias (Salta, Formosa, Santiago del Estero y Chaco). El territorio primigenio del Paraná ya no es, ni será, lo que era, un escenario que abre interrogantes sobre la capacidad de recuperación y resiliencia del gran río. 

Pronostican que las bajantes extremas serán cada vez más frecuentes
Pronostican que las bajantes extremas serán cada vez más frecuentes

Inés Camilloni, doctora en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Buenos Aires (UBA), trabaja en el armado de escenarios futuros tanto en términos climáticos como hidrológicos para la Cuenca del Plata, en un contexto marcado por el cambio climático.

Para eso utilizan modelos que proyectan posibles escenarios futuros respecto de las lluvias y así "alimentan" modelizaciones sobre la hidrología de la Cuenca que les permite evaluar proyecciones sobre cambios de caudales. "Lo que vemos con estas proyecciones es que la Cuenca va hacia un clima más cálido, vemos que se incrementará la temperatura a medida que el siglo avance y que también habrá modificaciones en las precipitaciones", señala la científica.

El aumento promedio de las lluvias no ocurrirá de manera uniforme sobre toda la región bajo estudio. "No es algo que vaya a ser totalmente generalizado", argumenta Camilloni, para agregar que lo que detectaron es "una tendencia hacia mayores precipitaciones más clara en la Cuenca media y alta del Paraná y parte de la Cuenca del río Uruguay".

Esto no se verifica, por el momento, para la zona ubicada aguas debajo de ese río a partir de la localidad de Salto ni tampoco en la sección de la Cuenca baja del Paraná desde la provincia de Entre Ríos hacia el sur, donde en cambio sí podrían aumentar las temperaturas promedio. "Es muy difícil saber qué le puede pasar a un río sin desarrollar un modelo hidrológico. En nuestras proyecciones, si las miramos en términos de caudal medio para los próximos 30 años, en general para el Paraná no aparece una variación significativa en el caudal medio", sintetiza.

Esta proyección cambia cuando lo que se evalúa no es el caudal medio, sino los mínimos y los máximos. Algo clave a la hora de hablar del Paraná, un largo camino fluvial de aguas marrones cuyo ADN está marcado por los pulsos de crecientes y bajantes. 

Es en ese margen de movimiento de las aguas que los efectos del cambio climático se sentirán, haciendo del Paraná un río de extremos. "Si analizamos los caudales mínimos y máximos, lo que encontramos es que los mínimos tenderían a ser más mínimos y los máximos, más máximos. En donde veremos los cambios será en los extremos, y no en el promedio", dice Camilloni.

Y detalla: "Los modelos nos muestran que el Paraná va hacia un régimen de mayor variabilidad con caudales mínimos que serán más mínimos. También afectará a las crecientes, pero esta variabilidad tiene que ver sobre todo con las bajantes, con mínimos que serán más extremos en un orden que estimamos entre un 10% y un 15% contra un 5% para los máximos".

Juan Borus es subgerente de Sistemas de Información y Alerta Hidrológico del Instituto Nacional del Agua (INA). Un organismo que, según cuenta, nació en 1973 con el propósito principal de monitorear las crecientes de los grandes ríos de llanura del noroeste argentino y hoy se encuentra con situaciones casi inéditas que lo hacen repensar su propio objetivo fundacional: un Paraná sin agua desde hace casi dos años.

"La bajante que empezó a mediados de 2019 se fue acentuando en 2020 y en 2021, primero en la Cuenca del Paraguay y luego en todo el resto. Lo que tenemos es una situación muy rara, ya que toda la Cuenca, que tiene 3 millones de kilómetros cuadrados, está con lluvias por debajo de lo normal al mismo tiempo desde hace por lo menos dos años", grafica el ingeniero hidráulico.

A la bajante se sumó una situación de sequía muy grave que también dejó escenas nunca vistas en el amplio paisaje regional, como el Pantanal brasileño con una sequía más severa que el nordeste de ese país, donde la falta de agua es la norma. En mayo pasado, el Servicio Meteorológico brasileño emitió una alerta por la peor racha de lluvias en 91 años para los estados de Minas Gerais, Goiás, Mato Grosso do Sul, São Paulo y Paraná.

"Venimos de una situación extrema que parece que va a continuar. En el verano 20/21 tuvimos La Niña a nivel global, lo que significó lluvias inferiores a lo normal", señala el experto, para quien esta escasez de agua genera una serie de problemas que tienen que ver tanto con las dimensiones "operativas" del río como proveedor de servicios productivos, como con el propio ritmo natural relacionado con la fauna y flora que vive, se reproduce y se alimenta en el Humedal del Delta del Paraná.

Designada como región proveedora de bienes naturales para las metrópolis desde la época de la Conquista, amplias zonas del sur de Sudamérica sufrieron una transformación profunda del uso de sus suelos en las últimas tres décadas.

Espoleadas por el boom de precios de los commodities agrícolas (soja, sobre todo, pero también maíz), regiones hasta hace poco tiempo inexploradas o poco intervenidas por el humano del sur de Brasil, Paraguay y noreste de la Argentina fueron desmontadas para ampliar la frontera agropecuaria y abastecer, así, la demanda asiática de granos. 

Como era esperable, esos marcados cambios en el uso del suelo en varios puntos de la Cuenca del Paraná terminaron afectando en menor o mayor medida la dinámica natural del río, según puntualiza Borus. "Hubo cambios notorios, ya que hay un corrimiento de la frontera agrícola muy marcado. Entonces, gradualmente, este cambio de uso del suelo potencia los extremos, y las reacciones de las cuencas son más intensas para los máximos y para los mínimos", dice.

Actualidad en tu mail
Suscribite a nuestro newsletter y recibí diariamente las últimas noticias en finanzas personales. Economía, impuestos, tecnología y buenos negocios:
Lo más leído