Es argentina y el 11S tenía planeado estar a pasos de las Torres Gemelas: ver un cartel la salvó de la tragedia

Es argentina y el 11S tenía planeado estar a pasos de las Torres Gemelas: ver un cartel la salvó de la tragedia
Cecilia Medina tenía pasajes para volar a esa ciudad. Horas antes del atentado y del colapso de las torres, había visto un cartel que le cambió el destino
Por Rocío Bravo
11.09.2021 07.36hs Actualidad

"El 11 de septiembre de 2001 yo tenía que estar en Nueva York, y de hecho estaría hospedada a pasos de donde hoy está el llamado Ground Zero. El 28 de agosto partí desde Fort Lauderdale vía Chicago a Zúrich para viajar desde allí a Milán en tren porque siempre soñé cruzar los Alpes en tren. Pero en un improvisado recorrido por ciudades como Lucerna, Berna, Lausanne (cruzando a Evian) y Ginebra, llegué a Interlaken y caminando desde la estación de trenes al hotel descubrí un cartel que anunciaba un curso de parapente bajo el lema ‘Descubra por qué cantan los pájaros’", narra a iProfesional, Cecilia Medina.

Y sigue: "Creo que nunca me hubiese animado a volar en parapente si no fuese bajo las estrictas normas suizas. Lo disfruté muchísimo y fue sin culpa que decidí que Nueva York me podría esperar unos días más, retrasando mi pasaje para el día 12. Finalmente crucé a Italia y me hospedé en Florencia, en un B&B de un matrimonio compuesto por un italiano y una mexicana. Desde allí viajé a varias ciudades hasta que el día 11 salí muy temprano en la mañana para ir a Pisa. Me cuesta aún hoy poder poner en palabras que a la hora exacta en que se caían las torres yo estaba mirando la torre de Pisa. Lo siento como una impertinencia del destino".

En ese momento exacto en que la noticia se conoció por la radio, comenzaron a cerrar los puestos que venden souvenirs al costado de la torre y se escuchaba "guerre, guerre". En minutos todos corrían a la estación de trenes. Un turista japonés le preguntó si entendía italiano. "Respondí que no, pero que entendía que algo pasaba y que lo mejor era regresar a la estación", cuenta esta argentina que hoy es curadora de arte.

Regresó en un tren casi vacío a Florencia y cuando entró en su cuarto llamó a los dueños por teléfono para saber si ellos sabían algo y le dijeron: "Quedate en la casa y no salgas que ya vamos para allá". Ahí Cecilia prendió la televisión y cuando vio la imagen quedó paralizada. "Llamé a mi mamá y me daba ocupado porque todos la estaban llamando a ella para saber si yo estaba bien. Logré hablar con ella luego de varios minutos y no salíamos del estado de shock", recuerda.

Un curso de parapente evitó que Cecilia viajara a Nueva York

El hermano de la dueña de casa trabajaba en la Torre 2 y estuvieron todos (Cecilia y otros huéspedes de Alemania e Inglaterra) al lado del teléfono hasta la madrugada, cuando confirmaron que no había ingresado a trabajar porque justo vio el avión chocando en la Torre 1 y salió corriendo. "Había estado deambulando por horas, hasta que alguien lo reconoció y contactó a la familia para que lo fuesen a buscar", dice. "Lo que siguió fue que todos me miraron a mí, me preguntaron qué pasaporte tenía porque seguro si no era europeo tendría que salir lo antes posible de Europa ante una inminente guerra. En Florencia nadie sabía nada, y viajé a primera hora del 12 a Milán esperando poder tener noticias. Sabía que no podría viajar ese mismo día, pero no imaginé lo que me esperaba".

La oficina de American Airlines estuvo varios días cerrada por duelo y cuando retomó su atención no daba solución a la inmensa cantidad de pasajeros que estaban varados. Otras líneas aéreas asumieron el hacerse cargo de los pasajeros, pero las soluciones eran siempre un fracaso. "En un vuelo a Canadá, cerró a último momento el espacio aéreo Bush y nos cancelaron, en otro vuelo a Los Ángeles otra vez cerró el espacio aéreo Bush y vuelta al hotel. En otra ocasión British Airways ofreció ir como pasajero en tránsito a Londres y allí negociar conexión y cuando estábamos sentados en el avión subieron los carabineros para avisar que no se podía estar en tránsito en Londres y nos hicieron bajar y sacar del avión nosotros mismos el equipaje caminando por la pista como si fuese lo más normal del mundo", detalla.

En los días siguientes, esto se repetía constantemente. Cambiaban las normas de migraciones y Cecilia llegó a pasar tres veces en un mismo día por ese trámite por la misma ventanilla. "Recuerdo que la persona me dijo que algún día miraría mi pasaporte y me reiría. Le respondí que eso nunca iba a suceder", cuenta. "La gente se corría si veía pasar a alguien con turbante o a mujeres con hijab. Los soldados apuntaban todo el tiempo en forma random a la gente. Si a alguien le parecías sospechoso, te llevaban a un cuarto del cual no se veía salir a nadie por horas. Luego de varios intentos, de armar todos los días la valija y hacer check out cada mañana en el hotel de la estación de trenes de Milán con la esperanza de no volver allí, decidí que ese día era el último que podía resistir bajo esa presión".

Esa mañana Cecilia llegó al aeropuerto, se acercó al mostrador de Alitalia (porque le habían dicho era la única línea aérea que vendía tickets a quienes no residían en Europa) le dio su tarjeta de crédito pidiéndole un pasaje sabiendo que me cobrarían la vuelta y que nunca la iba a utilizar. Consiguió un pasaje para un vuelo charter de jubilados a la Patagonia que hacía escala en Ezeiza. Esperó todo el día en el aeropuerto y subió en cuanto habilitaron el acceso.

"Como era de esperar, mi asiento estaba sobrevendido, no una, sino cinco veces. Me até con el cinturón de seguridad de una manera que no me iban a poder sacar ni todos los carabineros juntos. Y no me moví de allí durante las 13 horas de vuelo. El avión tenía un problema eléctrico por lo cual todos mirábamos por las ventanillas como si pudiésemos avisarle al piloto que algún peligro estaba cerca -relatado así parece gracioso, pero no lo fue-. La nota de color fue que en el momento de servir la cena los cubiertos eran de metal y los cuchillos serrucho, muchos nos mirábamos con desconcierto porque había controles de todo tipo, pero los cubiertos parece que se les pasó por alto. Pisé suelo argentino y pensé que nunca más subiría a un avión", recuerda Cecilia.

Cecilia estaba allí cuando sucedió el atentado a las Torres Gemelas
Cecilia estaba allí cuando sucedió el atentado a las Torres Gemelas

A partir de eso, la artista nunca más pudo viajar sin pensar en catástrofes, nunca más pudo sentirse segura en un avión y siempre que viaja lleva una tarjeta de crédito extra por cualquier eventualidad. "El desamparo y la incertidumbre también me hicieron pensar en lo finito de nuestra existencia", sostiene. "Tomé decisiones que cambiaron lo que antes tenía pensado para mi futuro, decidí que no haría lo que no me gusta ningún día de mi vida, que estudiaría y trabajaría en arte (soy curadora) y que disfrutaría de cada instante".

Pero hubo algo mucho más profundo que tuvo lugar durante la inauguración del museo del Memorial en 2014. Cecilia estuvo ese 11 de septiembre en NY. "Cada dos años yo tengo que rendir un examen de actualización ante la Asociación de Tasadores de Obras de Arte y ese año coincidió la fecha en el mes de septiembre", explica. "Desde el Central Park y hasta Ground Zero la ciudad fue peatonal por un día. Las normas de seguridad por la presencia de Obama obligaron a todos a caminar. Yo salí casi de madrugada para tomar un taxi hasta donde tenía que dar el examen y me quedé en un bar hasta la hora de ingreso. Volví caminando y me crucé con mucha gente, desde políticos, artistas, periodistas hasta estudiantes que caminaban en silencio conmovidos sin prisa, pero con paso firme. Fue ese día que rodeada de tanta gente sentí realmente un vacío enorme, porque no me había animado a ir a ver el memorial ni siquiera pasar cerca de allí. Fue recién en 2016 que pude ir, pero al museo no ingresé, no creo poder resistirlo. Ver ese espacio sin las torres es devastador".

Cecilia estaba en Pisa en el momento en que caían las Torres Gemelas

De aquel día, Cecilia recuerda todo. "Exactamente el lugar donde estaba parada en Pisa al momento en que comenzaron los gritos, las corridas y el modo en que se iban cerrando los pequeños locales. El sol brillando, el cielo azul, las puertas de la iglesia y al turista japonés preguntándome si entendía italiano. Luego caminar casi trotando para cruzar el Arno y llegar a la estación que estaba desierta y que en el tren casi nadie viajaba. Ver la imagen de las torres caer en minutos por televisión y no poder creer que yo podría haber estado allí. Las horas en que esperábamos noticias del hermano de la dueña del B&B fueron eternas y la emoción cuando sonó finalmente el teléfono confirmando que estaba a salvo quedaron como una fotografía grabada en mi mente. Aun recuerdo el modo en el que me miraron y decidieron que tenía que salir cuanto antes de Europa porque los noticieros hablaban de guerra".

En las primeras horas Cecilia no entendía lo que había sucedido. "En esos tiempos uno viajaba, elegía el hotel al bajarse del tren en cada ciudad y se modificaban los pasajes sin problema", explica. "El primer día en el aeropuerto fue determinante para entender que nadie sabía lo que había que hacer. En los días sucesivos, todo era desopilante, que subir y bajar de aviones, que podías irte mañana y que te cerraran el espacio aéreo. Solo en los momentos en que la encargada de la recepción del hotel me despedía cada mañana deseándome suerte con el vuelo, me daba cuenta que era otro día más, porque no dormía, estaba atenta a los ruidos de la calle ya que todas las ciudades del mundo estaban en estado de alarma y llenas de policías".

La primera reacción de Cecilia fue avisar que estaba bien a su familia y tratar de regresar a Argentina. "Pero tuve miedo, pensé que no llegaría nunca a reunirme con mi familia, a que realmente la guerra que tanto anunciaban en Italia fuese un hecho y que de algún modo se repitiese la historia de mis bisabuelos inmigrantes tratando de huir de Europa a la prometida América", narra.

Hoy, por su trabajo, hace más de 20 años que no está tanto tiempo en un solo lugar. Ha realizado exhibiciones en Nueva York, Tokio, Berlín, Barcelona, Madrid y en distintas provincias de su país. Pero el tema de los aviones y los viajes ha dejado una marca en ella después del 11S. "Ya nos es agradable viajar, te tratan mal, te discriminan según tu pasaporte, aunque no me ha pasado a mí personalmente porque tengo aspecto más europeo que argentino y eso me lo hacen saber cada vez que me ponen en la fila de los europeos, pero lo cierto es que es horrible el maltrato que hay al viajar", sostiene.

"Mi recuerdo del viaje del 2001 es maravilloso hasta por supuesto el día 11. Porque en ese tiempo te trataban bien, dejabas la valija en el locker del aeropuerto de la estación de trenes o de la terminal y recorrías hasta elegir dónde te querías quedar. Si te gustaba una ciudad te quedabas más días y comprabas luego otro pasaje. Hoy viajar es muy hostil", expresa Cecilia, para quien el destino jugó una buena pasada, pero el 11S la marcó para siempre. "Lo tengo muy presente, fue definitivo en mi vida para tomar decisiones que hicieron que hoy esté haciendo lo que hago y no pierda ni un minuto de mi vida en cosas que no lo merecen", concluye.