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Análisis

Daniel Marx: “Hay un efecto zanahoria, los inversores arriesgan porque nos volvimos baratos”

Daniel Marx: “Hay un efecto zanahoria, los inversores arriesgan porque nos volvimos baratos”
“El precio del dólar está alto en promedios históricos. Pero si uno mira momentos de crisis grandes en Argentina, el dólar ha estado más arriba”, señaló
23.09.2018 07.16hs Economía

El economista y ex Secretario de Finanzas del Ministerio de Economía de Argentina, Daniel Marx analizó la realidad económica del país, la última crisis cambiaria y las perspectivas a futuro. En una entevista con Clarín señaló:

¿Por qué la renuencia desde el Gobierno muchas veces a consultar nuestra historia económica o la voz de la experiencia?

-El año pasado tuve una charla con un funcionario importante. “Tienen que calcular que están en una zona donde esta situación externa como está ahora no seguirá”, le dije.

Las condiciones financieras se deterioraban. “Vos tuviste mucha mala suerte”, me respondió.

-¿Y qué le dijo usted?

-Que es posible que yo haya tenido mala suerte. Pero le agregué: “No sabés la cantidad de gente que estaba sentada donde estás vos ahora y me dijeron: ‘Esto a mí no me puede pasar’”.

Es trágico ver cómo suceden las crisis más tarde.

-¿Era fácil anticipar lo que sucedió este año?

-Se veían algunas inconsistencias dentro de la formulación de la política económica en general.

Había una situación financiera crecientemente vulnerable y que iba a exponer a nuestra economía ante un cambio de la naturaleza de las condiciones globales como hubo.

-¿De qué magnitud es esta crisis en el país?

-Las crisis complicadas que tuvo la Argentina pasaron por circunstancias externas muchísimo más adversas que la actual.

Los términos de intercambio, la tasa de interés de EE.UU., la situación de emergentes y el régimen cambiario actual son más favorables. Incluso la política local no es tan extrema como antes.

-¿A qué se refiere con “política extrema”?

-Antes era nosotros o ellos, un duelo a muerte. Si bien hay mucho para mejorar en ese aspecto, hoy nadie de la oposición quiere ser visto como golpista.

Y antes esto era parte de las reglas de juego. Hoy hay consensos básicos.

-¿Por ejemplo?

-A grandes rasgos veo coincidencias sobre la conveniencia de no acumular deuda de manera indiscriminada o registrar déficits largos en el tiempo.

Sí hay enormes discrepancias sobre cómo hacer las correcciones.

-¿Cuándo empezó a negociar con el FMI?

-En los ochenta. El ministro de Economía era Juan Sourrouille y el presidente del Banco Central, José Luis Machinea. Yo era director por el banco.

Eran épocas después de lo que se llamó plan Baker y antes del plan Brady. Argentina arrastraba programas con el FMI desde 1982.

-¿Qué se discutía con el FMI?

-En 1985 Argentina había lanzado el plan Austral. Pero dos años más tarde empeoraron las condiciones internacionales, básicamente, porque EE.UU. subió las tasas.

A ello se sumaron una sequía y, al año siguiente, una inundación.

-¿Qué similitudes y diferencias ve entre aquel FMI y el actual?

-Entre las similitudes el FMI sigue haciendo honor a sus siglas en inglés: is mostly fiscal (es principalmente fiscal).

El staff creía que el desequilibrio principal de la economía estaba en el frente fiscal y eso provocaba un déficit externo.

-¿Y diferencias?

-Miraban el nivel del tipo de cambio como un precio más clave a cómo lo hacen hoy.

-¿Para qué sirve el rol del FMI?

-En los ochenta y ahora el Fondo genera una discusión sobre su rol de catalizador de recursos. ¿Qué significa? La fuente de financiamiento para países como el nuestro era bancaria, estaba regulada y el acceso a ella tenía que ver con las mismas personas que se sentaban en el directorio del FMI.

Hoy no es tan así: el financiamiento depende no sólo de bancos sino de fondos y entonces es mucho más difuso el rol del Fondo a la hora de traccionar esos capitales.

-Si un país negocia con el FMI, ¿transmite una imagen de que está contra las cuerdas o de que tiene respaldo y no caerá?

-En la Argentina cada vez que se discute con el Fondo se añade un grado de incertidumbre que afecta el nivel del dólar, las tasas y los flujos de fondos.

Esto hemos visto después de junio cuando se firmó el acuerdo.

-Pero el FMI presta a tasas más bajas, ¿es así?

-Sí, la tasa del FMI es más baja que la del mercado.

Pero la contrapartida de ello es que el Fondo tiene status de acreedor superior al resto.

-¿Qué significa?

-A pesar de no tener un status legal como acreedor, en la práctica el organismo dice ser un acreedor privilegiado. En los 2000 esto se debatió en Argentina: siempre se le pagó al Fondo, aun cuando el país estaba en default.

A medida que uno toma más y más prestado del FMI, los demás acreedores quedan implícitamente subordinados a la deuda con el organismo. Esto puede dificultar que los mercados te presten.

-Siguiendo la comparación entre aquella primera negociación suya y la actual con el FMI. ¿También hubo respaldo de EE.UU. esa vez?

-Sí. Ronald Reagan apoyó a Raúl Alfonsín. Argentina era la única democracia de la región.

-¿Es importante el rol de la Casa Blanca?

-Muy. Las decisiones en la economía son la conjunción de un informe técnico y una voluntad política. EE.UU. tiene un rol preponderante en el FMI porque tiene poder de veto en su directorio.

Además, la Argentina está ubicada dentro de la organización del Fondo en una zona geográfica que en español resulta ser Hemisferio Occidental. La importancia que despierta el país es mayor a la que uno imagina.

-Lagarde, jefa del Fondo, hizo declaraciones en medio de la negociación de que el país necesita una política monetaria y cambiaría “más clara y transparente”. ¿Por qué lo hizo?

-La idea general del FMI es no usar las reservas para intervenir. Pero Argentina dijo que sí era necesario tras haber firmado lo contrario en junio.

Lagarde se refirió a la sostenibilidad del programa financiero y de la deuda. Si uno lee las distintas instancias de la negociación con el FMI aparece una primer situación en la que el programa iba ser contingente.

Después pasó a ser un stand by ampliado. Luego vimos que se desembolsaba un primer tramo y el resto quedaba como precautorio. Ahora pedimos adelantos y fondos extras.

Todo esto sucedió en el transcurso de dos meses y el FMI se pregunta: “Bueno, señores, ¿acá qué está pasando?”. En Argentina hubo mucha confusión en el pasado, sobre todo en los primeros meses del año, sobre el manejo del dólar. El país y el Fondo buscan ahora un punto de entendimiento.

-¿Macri hizo bien o no en ir al FMI?

-Fui crítico en el momento del anuncio. Las condiciones externas no eran tan desfavorables y había una serie de cuestiones locales como el manejo del tipo de cambio que requería más aclaraciones locales que otra cosa. Además, creía que el organismo agregaba las incertidumbres que menciono arriba.

Hoy Argentina está jugada y es difícil decir: “Me voy del FMI”. El programa financiero está armado con su ayuda.

-¿Qué haría ahora?

-Pensaría en un programa económico como si el FMI prácticamente no existiera.

-¿Qué ventajas tiene?

-Daría más dominio y control del plan. Además, el país enfrentaría de manera más cruda la realidad. No se dependería tanto del financiamiento condicionado.

-¿El FMI llegó para quedarse?

-Argentina tuvo 26 programas con el organismo desde 1958. Sólo cuatro fueron inaugurales como el que vimos en junio.

Todos los demás fueron continuaciones y actualizaciones como el que viene.

-Quiere decir que habrá Fondo para rato.

-Espero que no, que se arme una conjunción de factores por los cuales el país pueda ‘graduarse’ y salir. Pero son decisiones políticas.

-¿Kirchner hizo bien en pagar y salirse?

-No, eso tampoco estuvo bien. En ese momento no había un programa vigente, sólo la armotización de la deuda.

El organismo no pedía nada y Argentina canceló deuda barata.

-Joseph Stiglitz, Nobel de Economía, recomendó que Argentina reestructure su deuda, ¿qué piensa?

-Las reestructuraciones pagan costos importantes. Entiendo a los países que tratan de evitar esos costos y en Argentina los hemos pasado.

Nosotros atravesamos una situación difícil pero no extrema.

-¿El nivel de la deuda es preocupante?

-Japón tiene una deuda sobre el PBI de 250%. Nadie habla de default en Japón. Muchos países europeos están arriba del 100% y en la mayoría de ellos tampoco se habla de esto.

Brasil tiene una deuda sobre el PBI mayor a la nuestra y aún con la incertidumbre del cambio político no se escucha que hay que reestructurar.

-¿Por qué pasa en Argentina?

-Muchos de estos países tienen mercados financieros y de capital superiores al nuestro.

Su gente confía más en prestarle al sector público que al privado independientemente de quién esté en el Gobierno, al revés que en Argentina.

-¿Se puede prever un default?

-La obligación de un funcionario de acuerdo a la ley es pagar la deuda. Pero hay situaciones que obedecen a circunstancias externas e internas. Acá el tema no es si va a parar la lluvia, es si el país construye un techo para protegerse.

Argentina tiene que hacerse más fuerte y menos vulnerable. Fuimos uno de los países de mejor comportamiento y más seguros en los primeros 70 años del siglo pasado.

Su historia de default era menor a muchos europeos. Estos episodios van y vienen. Rusia defolteó en 1998 y cinco años más tarde fue investment grade.

-¿Cómo vio la comunicación de la economía en esta crisis?

-Hubo inconvenientes y situaciones que requerían un mayor análisis.

Uno lee que Macri tenía propensión a meditar antes de actuar. Pero a veces la comunicación más bien refleja reacciones sin haber pensado lo suficiente.

-¿Y más allá de esta crisis? ¿Cómo comunica la economía este Gobierno?

-Va con las personalidades y los momentos. El Gobierno anterior tenía un exceso de presencia en los medios de comunicación pero no necesariamente una buena comunicación.

El público buscaba más sustancia y que no lo distraigan. En términos de comunicación uno podría armar un esquema de objetivos de más largo plazo y cómo transitar ese recorrido.

-El Gobierno dijo varias veces “pasó lo peor”, ¿la calma del dólar de estos días así lo dice?

-Empezó a funcionar el efecto zanahoria. Los inversores asumen más riesgos porque la Argentina se volvió barata en dólares.

Hay que ver cuánto dura esta situación. La euforia siempre te transforma en caro y el pesimismo te vuelve barato. Hay que romper esas oscilaciones y trabajar para ello.

¿El Gobierno no tiene un plan? ¿Bajar la inflación y el déficit fiscal?

-Sí, pero no explica el tránsito y qué se requiere. Por ejemplo dicen que para bajar el rojo fiscal ponen retenciones. Fenómeno, ¿pero las van a dejar para siempre? ¿cuánto tiempo? Además el Gobierno nos dice que son un mal impuesto y que las irá diluyendo en el tiempo.

¿Con qué ingresos se reemplazarán o desaparecerán determinados gastos? ¿Cómo se conecta esto con lo que a mi juicio es lo más importante en Argentina hoy: salir del estancamiento?

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