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ALERTA

Los empresarios revelan su "top ten" de medidas para hacerle frente a la inflación

Así­ como Ud. recurre a mecanismos defensivos, directivos de compañí­as desempolvan "su listita" de estrategias para reducir el impacto de futuros aumentos
25/03/2010 - 10:03hs
Los empresarios revelan su "top ten" de medidas para hacerle frente a la inflación

Usted, al igual que gran parte de la sociedad, está preocupado por la inflación.

Y en un contexto como el actual, en donde se habla tan a la ligera de aumentos salariales del 20 o 25%, y de subas de precios en ese rango -o incluso mayores- los "escudos de defensa" se multiplican.

Y así­ como el particular recurre al pago en múltiples cuotas, especulando con que el valor de las mismas se erosione en el tiempo, o adelanta la compra de bienes durables –desde electrodomésticos hasta automóviles– o recurre al ladrillo para darle otro destino a los dólares del colchón, también, las empresas despliegan sus "listita" de medidas para perder lo menos posible. O incluso ganar, depende de cómo se lo mire.

Al respecto, iProfesional.com, consultó a más de una docena de expertos, desde gerentes de administración y finanzas, cámaras empresarias y analistas, para identificar el "top ten" de las estrategias a las que echan mano.

1. Mayor stockeo de inventarios
A diferencia de los viejos tiempos, hoy la protección más efectiva no es transformar la caja en dólares.

"Hoy el mejor negocio es comprar mercaderí­a, incluso a crédito", afirma Abel Viglione, economista de la Fundación FIEL, aludiendo a dos situaciones caracterí­sticas del contexto actual.

  • La primera es el hecho que, apalancándose con algunas lí­neas de préstamos, es posible hacerse de mercaderí­a a una tasa negativa en términos reales.

  • La segunda es que, con un tipo de cambio estable y con bajas tasas de interés pasivas, un gran inventario es la mejor forma de valorizar el patrimonio.

Es, naturalmente, una medida aplicable a las empresas del rubro industrial o comercial, principalmente aquellas que fabrican productos durables, no así­ las que se manejan con mercaderí­a perecedera.

Esto es, ni más ni menos, algo muy similar al mecanismo defensivo que realizan los particulares. A sabiendas de que el mes que viene comprarán más caro cuando concurran al supermercado, buscan elevar su stock de varios productos.

Otra estrategia a la que se echa mano -y que se observa cada vez de manera más extendida- es la de acopiar no sólo productos terminados sino además insumos.

Según Ignacio Bruera, gerente de Investigación de la Fundación Observatorio Pyme, es una conducta ya adoptada entre los pequeños empresarios: "El aumento del stock se hace como medida defensiva y no tanto como una estrategia financiera".

2. Compra adelantada y alargamiento del ciclo productivo
La consecuencia del punto anterior es que se planifica con mayor antelación el ciclo de negocio.

Es decir, las empresas apuntan a adelantar la compra de materias primas e insumos clave para quedar cubiertas ante cambios imprevistos en las cotizaciones.

"Ya hace cuatro meses que tengo comprada la tela de jean para la próxima temporada. En una situación normal, sin inflación, todaví­a me tomarí­a dos meses más para hacerlo", resalta Hernán Ebekian, empresario textil y directivo de la fundación ProTejer.

Semejante alteración en los tiempos de su ciclo productivo conlleva al ejecutivo a realizar importantes cambios en la forma de gestionar la empresa. En particular, debe focalizar su atención en el costo financiero porque, durante seis meses, tiene que hacer frente a un gasto sin la contrapartida del ingreso.

El empresario reconoce que la decisión de adelantar la compra rara vez responde a un estudio analí­tico, sino que se da por una mezcla de intuición del industrial y de presión del proveedor: "Un dí­a te llaman para avisarte que la semana que viene suben los precios de las telas… y tenés que decidir en el momento".

3. Indexación de contratos
Uno de los efectos clásicos de la inflación es la indexación. Es decir, la aplicación generalizada de ajustes de precios que están ligados a un í­ndice.

Fue una práctica común en los años ’80, y se aplicaba desde los alquileres hasta los salarios, pasando por las provisiones de materias primas.

Ahora, formalmente, la indexación está prohibida, ya que esa parte de la Ley de Convertibilidad, todaví­a vigente, impide la inclusión de disparadores automáticos de precios en los contratos.

Sin embargo, surgen diversas formas para resguardarse de los aumentos futuros.

"Hay contratos que se acortan y luego se renegocian precios, o se estipulan pagos en cuotas que ya incluyen futuros incrementos. Aunque los aumentos no estén ligados a un í­ndice en particular, como sí­ ocurrí­a en otras épocas, estas prácticas terminan funcionando como una indexación de manera indirecta", explica Alejandro Bernhardt, director de la escuela de negocios Esade.

4. Traslado a precios
La acusación tí­pica que el Gobierno y los sindicatos hacen a las empresas es que tiran leña a la hoguera inflacionaria, al hacer ajustes de precios preventivos, mientras se llevan a cabo las negociaciones salariales.

La suba futura de costos y los menores márgenes de rentabilidad las lleva a armarse de un "colchón" a la hora de fijar precios.

Y ese colchón estará más o menos mullido dependiendo del sector industrial en el que se desempeña la compañí­a y la mayor o menor demanda de los productos que desarrolla.

"El empresario tiene un lí­mite y es el precio que convalida la demanda. Por más que haya una inflación de 25%, si su consumidor no lo acepta no puede trasladarlo en su totalidad", señala el economista Enrique Szewach.

De todas formas, apunta a que la homologación de ajustes salariales en niveles por encima de 20% hace inevitable que, en mayor o menor medida, deban incluirse ajustes en forma previa a que éstos entren en vigencia.

En las compañí­as de servicios públicos, que tienen más limitaciones por estar reguladas, se apela a la creación de nuevos cargos que terminan funcionando, en los hechos, como un reajuste tarifario.

5. Reducción en los tamaños de los envases
No es, por cierto, una estrategia nueva. La practicaban los viejos almaceneros cuando, en tiempos difí­ciles, ofrecí­an la venta suelta de productos como azúcar o café para adaptar su oferta a las posibilidades menguadas de los consumidores.

Pero en los últimos años ha tenido una nueva versión por parte de los grandes fabricantes y retailers de consumo masivo, en especial en alimentos y bebidas. En lo que va del año, este rubro de la canasta familiar tuvo una suba de 15%, según inflaciónverdadera.com.

Como ya ocurrió durante la profunda recesión de 2002, ahora las empresas están volviendo a ofrecer packagings más pequeños, con el propósito de no perder a aquellos consumidores que, afectados por la inflación, se plantean reducir su canasta de compras.

Así­ es como los quesos vienen en cortes de menos de 200 gramos, las bandejas de carne disminuyeron su peso y los productos lácteos extendieron sus presentaciones a envases pequeños. La tendencia también se está ampliando a los productos de limpieza y tocador. Las reducciones de volúmenes se aceleraron el año pasado, y van desde rangos mí­nimos de variación hasta recortes de 60%.

Esta práctica ha sido criticada por las asociaciones como el Centro de Educación al Consumidor, que la equipara con una especie de "publicidad engañosa" dado que, a veces, al mismo precio anterior se modificó a la baja la cantidad ofrecida. Se trata de un aumento indirecto, donde el ajuste no es por precio sino por cantidad.

6. Acortamiento en los plazos de cobro
Cuando los precios son estables, los proveedores pueden entregar su mercaderí­a y dejar que el cliente pague en plazos que se pueden extender, en algunos casos, a los 120 dí­as.

Pero con una inflación de dos dí­gitos y creciente, dar ese tipo de facilidades implica asumir un costo importante.

Es por ello que las compañí­as apelan a un habitual mecanismo defensivo: acortar los plazos.

Incluso, en algunos sectores, se apunta o generar un cargo financiero adicional si la factura no es pagada a término.

"La tendencia natural es tratar de reducir los plazos de cobro y prolongar los de pago. Como todos quieren hacer lo mismo, se producen negociaciones duras, en las cuales se termina imponiendo el que tiene mayor fuerza relativa, que suelen ser los sectores más concentrados. Y eso genera una redistribución de ingresos", explica Bernhardt, de Esade.

7. Priorizar el manejo de efectivo
Los brazos financieros de las empresas han cobrado mayor protagonismo.

En particular, los de aquellas compañí­as que, por la naturaleza del sector en el que operan, manejan grandes sumas de efectivo.

Muchos empresarios reconocen que la elevada inflación y un cóctel de los puntos anteriormente mencionados, los hace caer en un estado de confusión: saben que venden mercaderí­a, a veces más, otras menos, pero no están seguros de si sus números están en rojo o en azul.

Si el empresario es joven y no tiene la experiencia suficiente para manejarse en un contexto de alta inflación puede que su inexperiencia termine generando pérdidas.

Incluso, desde varias empresas, reconocieron a este medio que están volviendo a reclutar -o a pedir asesoramiento externo- a los "veteranos", que manejaron la gestión financiera en los ’80 para que ayuden a surfear esta nueva ola.

"Hoy tenemos muchas medidas correctivas pero pocas preventivas. Y la verdad es que es difí­cil darse cuenta de si uno gana o pierde", afirma un industrial treintañero. Su reacción, como la de muchos de sus congéneres, es la de recurrir a quienes están curtidos en materia inflacionaria.

Así­, la figura del gerente financiero, que desde los ’90 habí­a perdido su antiguo brillo, vuelve a escalar posiciones en la organización.

8. Postergación de inversiones
Es inevitable: con dificultades para aumentar precios, con fuertes subas de salarios e insumos, con achicamiento de la rentabilidad (que en algunas industrias llegan a cinco puntos porcentuales) y con dificultades para planificar, hay una variable que termina siendo la del principal ajuste. Y es la inversión.

"Todas las modificaciones que un empresario debe hacer en una situación inflacionaria, como derivar recursos en asesorí­a contable, por ejemplo, implica un desví­o sobre los proyectos", afirma Bruera, de Observatorio Pyme.

"Los analistas quizás no advierten la gravedad del tema, pero para un empresario, sobre todo el de una firma pequeña, esta situación se torna muy problemática cuando se está tratando de concretar un nuevo proyecto", agrega.

En este rubro se hace notoria la diferencia de volúmenes y de espaldas financieras.

Bruera explica que mientras en una gran empresa los salarios pueden significar el 10% de la composición de costos, en las pequeñas y medianas esa relación puede subir a una media de 30% o incluso más.

El entorno de inflación y la consecuente indexación salarial, por lo tanto, implica un obstáculo mayor para planear inversiones.

Y en el ámbito de las grandes empresas también hay variables de ajuste. El supermercadismo, por ejemplo, con un modelo de negocio que privilegia el volumen, ya tiene un margen de rentabilidad de 2%.

El directivo de una de las mayores cadenas explica que se agudiza la negociación "a cara de perro" con los proveedores. Además, hay rubros de alto consumo (comestibles, principalmente) en los que casi no hay ganancia, lo cual es compensado por los márgenes de los productos premium.

Aun así­, a veces no alcanza, y la variable de ajuste es la cantidad de personal. "Hace unos años en un supermercado te atendí­a un carnicero que te cortaba la milanesa. Hoy eso es un lujo que las cadenas no se pueden dar", dice el ejecutivo.

9. Tendencia a posponer pago de impuestos y cargas sociales
"Recaudar impuesto inflacionario" es una expresión usual en la jerga de los economistas, y refiere al efecto positivo que la inflación suele tener sobre las arcas del Estado.

Un nivel de precios más altos lleva a que los impuestos ligados al consumo, como el IVA, tengan también un incremento.

Pero los expertos advierten que, si el proceso se prolonga, estos efectos pueden diluirse. Un motivo es el conocido "efecto Tanzi", consistente en una pérdida en términos reales para el fisco, consecuencia del desfasaje entre el momento de la facturación y en el que efectivamente se paga el impuesto.

Pero hay otros riesgos. "Aparecen las tentaciones de demorar los pagos no sólo a los proveedores sino también al sector público. Y cuanto mayor sea la inflación, mayor será el aliciente para estas conductas, porque compensan a los eventuales recargos", dice Bernhardt, de Esade.

Al respecto, un trabajo de la consultora Horwath, firmado por su gerente del área impositiva, Carlos Fernández, indica que ya se notan los sí­ntomas de la distorsión.

Alude, por un lado, a una resolución por la que se eleva de $5.000 a $ 10.000 el importe máximo de los créditos morosos de escasa significación originados en operaciones comerciales, que resultan deducibles del impuesto a las ganancias societarias.

Además, destaca la reducción en las facilidades de pago para cancelar impuestos y cargas sociales, fenómeno del que diera cuenta iProfesional.com (Ver nota: La inflación llegó a la AFIP: acortan plazo y suben interés para financiar impuestos)

"Claramente la AFIP está reconociendo los efectos negativos generados por la inflación en su recaudación, toda vez que esta nueva resolución reduce sensiblemente (en general a la mitad) los plazos de pago que ofrece a los contribuyentes, aumentando a su vez el interés que percibirá por otorgar financiación (del 1,5% al 2%)", dice el informe.

10. Uso de la caja para realizar inversiones financieras
Finalmente, hay una estrategia defensiva que hoy no está al alcance de cualquiera, pero que hizo furor en los ’80.

Se trata de usar la caja de la empresa para realizar inversiones financieras.

El objetivo es proteger el patrimonio mediante colocaciones de corto plazo que maximicen la recaudación y que pongan la caja a salvo de la depreciación del peso.

"Ahora no pueden hacerse muchas de las prácticas de los ’80, porque en aquellos tiempos la tasa de interés le ganaba a la inflación, y hoy no se le puede ganar ni con la tasa ni con el dólar", dice Viglione, de FIEL.

De todas formas, siempre está la posibilidad de mover la recaudación para que no se desvalorice.

La condición para hacer este manejo es, naturalmente, que la caja de la empresa tenga un volumen tal para invertir sin que el negocio quede desfinanciado.

Las pequeñas y medianas empresas quedan excluidas, pero las grandes firmas industriales y de servicios sí­ pueden incursionar en esta práctica.

"En el sector de telecomunicaciones, por ejemplo, la caja disponible para invertir en el sector financiero puede llegar a $1.800 millones", dice un consultor de la city.

¿En qué herramientas ponen el dinero? Suelen evitar la volatilidad de la renta variable, pero aprovechan su condiciones de grandes inversores para pactar tasas preferenciales en los plazos fijos.

Fernando Gutiérrez
© iProfesional.com