Ahorristas encarcelados: se profundizó la pérdida por apostar al dólar o plazo fijo

La inflación se acelera. Las tasas de interés que se pagan por depósitos están por el piso. Y el dólar sigue quieto para no generar temor en la sociedad
Por iProfesional
FINANZAS - 08 de Febrero, 2010

¿Pagarí­a por colocar su dinero a plazo fijo? La respuesta es casi obvia.Lo lógico serí­a que usted reciba un "premio" por inmovilizar su capital y que ese premio sea tal que le sirva, al menos, para mantener su poder de compra en el tiempo. En el mejor de los casos, para incrementarlo.Sin embargo, en la Argentina, la cosa no funciona tan así­. La combinación entre una inflación que golpea cada vez con más fuerza el bolsillo de los argentinos y tasas de interés que se ubican por debajo de un dí­gito hacen que los ahorristas se vean "castigados" con una rentabilidad real negativa que, para un plazo fijo a 6 meses, puede llegar a un 5 por ciento. Vale decir: con el dinero obtenido tras la colocación, éstos podrán comprar menos bienes o pagar menos servicios que antes de constituir el depósito. Y, lo que es peor aún, es que dicha pérdida se ha ido profundizando con el transcurrir del tiempo. En efecto, mientras que en noviembre pasado la brecha entre la inflación real y la tasa promedio ofrecida por el sistema -para un depósito a 6 meses– era del 1%, en enero la misma se duplicó y promedió el 2%, constituyendo un perjuicio mayor para el ahorrista.Todo indica que, con un í­ndice inflacionario que tiende a acelerarse, la situación será aún peor.Según Juan O’Donnell, economista de Econviews, el ahorrista común "no tiene forma de cubrirse contra un alza de precios de dos dí­gitos. En cualquier otro paí­s sí­ podrí­a hacerlo, pero con el INDEC y el CER eso acá no es posible"."Con alta inflación, los ahorristas siempre salen perdiendo. Y este problema viene desde hace tiempo, con tasas de interés negativas y una depreciación similar a los plazos fijos", explicó el analista. La situación no es nueva, aunque sí­ peor. "Desde 2007 se registra una suba de precios que corre por encima de las tasas de interés, salvo en un lapso transitorio que se dio en lo peor de la crisis", expresó O’Donnell, quien agregó: "Antes habí­a plazos fijos y letras que permití­an cubrirse de la inflación, pero luego se dejaron de emitir y el CER no refleja el alza de precios al consumidor". ¿Y si se mira al dólar?Pero la cosa no termina ahí­. Si el ahorrista decide recurrir a su amigo fiel, el billete verde, para proteger sus ahorros tampoco llegará a buen puerto. En este caso, la necesidad del Gobierno de mantenerlo "encorsetado" en su valor actual –para no generar pánico en la población- lo aleja cada vez más de la realidad de un paí­s que ostenta un alza generalizada de precios del 20 por ciento, cifra considerada como piso para 2010 por la mayorí­a de los analistas. En tanto, la tasa de devaluación anual se ubica en torno al 10%, es decir, prácticamente la mitad del í­ndice inflacionario.

 

La situación tampoco ayuda a quienes compraron dólares seis meses atrás y ahora deciden pasarlos a pesos para volcarlos al consumo. Tal como diera cuenta iProfesional.com la divisa cotiza actualmente en una franja muy similar a la de agosto de 2009 ($3,84 a $3,86). En ese mismo lapso, los productos se encarecieron en promedio un 13 por ciento (ver nota: El dólar, rehén de la crisis polí­tica y del "portazo" de Redrado al Banco Central).

Muy probablemente, el cambio de autoridades en el Banco Central y su intención de mostrar firmeza y dominio del contexto hará que esta situación de quietud se prolongue unos meses más, con algunas subas y bajas."No va a haber cimbronazos con el dólar", debió enfatizar Marcó el Pont apenas asumida, en su búsqueda por despejar los temores que invaden a inversores. ¿Qué se puede esperar del billete verde?Una de las formas más apropiadas para tratar de estimar la evolución futura de la divisa es ver cómo cotiza en el mercado de futuros. En el mismo se pactan operaciones de cobertura por las cuales un inversor -pagando una prima- compra a un precio prefijado hoy un determinado monto de moneda extranjera a determinado plazo. En este sentido, si se toman los últimos valores negociados en el Rofex de Rosario, las cotizaciones acordadas para los próximos meses son las siguientes:

 

¿Dólar o plazo fijo?Del cuadro se desprende que el valor futuro que pactan los inversores para el billete verde de aquí­ a 6 meses (febrero-agosto) es de $4.066, es decir, negocian sujetos a una variación del 5,8 por ciento.Para ganarle al dólar con una colocación a plazo se deberí­a obtener una tasa que supere la variación de cada perí­odo.

  • El promedio que pagan las entidades es de un 10% anual, vale decir, cercano al 5% semestral.
  • En tanto que, de mantenerse en dólares, el resultado serí­a una ganancia en pesos del 5,8 por ciento.
  • Según los valores consignados en el cuadro, el rendimiento de un plazo fijo también serí­a negativo, si se lo mide en divisa estadounidense.

¿Cuánto rinde un plazo fijo hoy? Según la última información suministrada por el Banco Central, la tasa de interés promedio del sistema en enero fue del 9,8%, en tanto que la de corto plazo –30 dí­as– del 9,4 por ciento. A contramano de la tendencia al alza de la suba de precios, los tipos de interés siguieron en caí­da libre. En los primeros dí­as de febrero, siempre de acuerdo a la misma fuente, los niveles previos decrecieron en forma sustancial: la media del sistema se redujo en 70 puntos básicos (p.b.) para ubicarse en 9,1%. Para las colocaciones a 30 dí­as promedia el 8,9 por ciento. Un dato llamativo es la alta dispersión en el rendimiento ofrecido por cada una de las entidades. A punto tal, que eligiendo un banco u otro, el ahorrista puede obtener una tasa de hasta del doble respecto de los que menos pagan.El rango va desde un modesto 5,5% en el caso del HSBC, o un 6,4% que ofrece el Citi a un máximo del 10,5% para el caso del Banco Mariva. 

 

¿Qué puede pasar con las tasas?En cuanto a la evolución futura de las tasas, todo hace suponer que mantendrán su tendencia decreciente. Esta aseveración encuentra sustento en los siguientes puntos:

  • Los bancos privados continúan gozando de una abundante liquidez, que hace que no encuentren un alto estí­mulo para captar más dinero, que incluso luego no pueden prestar, al estar la demanda contraí­da.
  • Las declaraciones de la nueva presidenta del Banco Central, que se manifestó partidaria de menores rendimientos, como prerrequisito para alentar el crédito productivo.

"Los bancos están muy lí­quidos y no necesitan subir las tasas, porque les sigue entrando dinero", sentencia O’Donnell. ¿Dólar, plazo fijo o disfrutar del dinero?Daniel Artana, economista de FIEL, también hace referencia al "encarcelamiento" que debe soportar el ahorrista, en un paí­s que ostenta dos dí­gitos de inflación y tasas reales negativas. "La expectativa de la gente es que el interés que se paga por las colocaciones va a estar un poco por encima de la depreciación del tipo de cambio y del rendimiento en dólares", sostiene Artana.Este contexto de pérdida del poder de compra, ya sea recurriendo a una colocación en un banco o a la compra de divisas, induce a gran parte de la sociedad a optar por una tercera opción, que no es redituable pero si placentera: el adelantar consumos o gastar lo poco que le queda en esparcimiento. Fiel reflejo de ello es el boom turí­stico que se experimentó en enero y parte de febrero, a pesar de un 2009 signado por un escenario recesivo y con alto temor a la pérdida del empleo.En opinión de Marina Dal Poggeto, de Estudio Bein & Asociados, si el ahorrista piensa que la inflación va ir más rápido que el tipo de cambio y el dólar, siempre tiene la alternativa de anticipar consumos". En el mismo sentido se refirió Jorge Todesca, CEO de Finsoport y ex viceministro de economí­a, quien sostuvo a iProfesional.com que "en la Argentina hay poca propensión al ahorro. Lo que la gente hace es gastar, comprar cosas que piensa que le van a salir más caras o consumir servicios, como vimos en esta temporada de vacaciones. Esta situación hace que la economí­a esté orientada al consumo y con muy bajo ahorro". Para el economista, la consecuencia de esto se refleja en entidades bancarias que canalizan gran parte de sus esfuerzos en financiar las compras de sus clientes y que tienen poco incentivo para prestar a largo plazo, más aún considerando el riesgo que esto les representa, en un paí­s de permanentes ruidos polí­ticos y cambios en las reglas de juego. "Claramente, una economí­a estructurada de esta manera tiene claras tendencias inflacionarias crecientes", enfatiza Todesca. Dólar, plazo fijo….¿no hay otra opción?Si inmovilizar dinero en el banco hace que el particular obtenga un "castigo" al terminar perdiendo poder de compra, producto de la inflación real, cabe preguntarse qué es lo que determina la conducta de los ahorristas, en especial la de los pequeños, que se siguen volcando al plazo fijo. Para el director de Finsoport, la inmensa mayorí­a de la población tiene una capacidad de ahorro limitada, por lo que sólo accede a algunos tipos de instrumentos, que son los que encuentra más a mano".En tanto, las inversiones en el mercado financiero -en bonos y acciones- requieren de un mayor conocimiento y de vigilancia permanente, porque son más volátiles. Se debe contar con cierta información para saber cuándo es conveniente entrar y cuándo salir. "Esto explica, por qué el pequeño ahorrista tiene poco acceso al mercado financiero y la mayorí­a de ellos no lo siente como una opción amigable", explica Todesca.En tal sentido, el ahorrista común va al plazo fijo por dos motivos:

  • Primero, en un contexto de mucha volatilidad, no hay alternativas seguras para el ahorro. Por eso, dudosamente se vuelque a las acciones o activos de renta fija.
  • Segundo, mide mucho el rendimiento en dólares, porque la divisa se mantiene más o menos dentro de ciertos parámetros y es de esperar que no se dispare, por lo menos en los próximos meses.

Es decir, apuesta a que minimizará la pérdida o, por lo menos, sacará un decoroso empate. Una cuestión clave es que el inversor local, por su natural predisposición a ahorrar en dólares, mide su rentabilidad en dicha moneda. Al estar la misma planchada, entonces apuesta a sacar una pequeña renta de una colocación a corto plazo, pero siempre con la mente puesta en recomprar más billete verde al vencimiento. Esto explica, en parte, el por qué del crecimiento de los depósitos, aún a sabiendas de que su poder de compras se verá reducido. Para el economista Tomás Bulat "esto ocurre principalmente porque en el actual contexto de volatilidad no hay otras alternativas seguras de inversión". Otro factor que juega a favor de los depósitos bancarios es que no tienen barreras de entrada, ya que para operar en Bolsa se requiere -además de conocimiento- de un determinado monto, lo mismo que para adquirir un inmueble y luego obtener una renta. Por último, tiene una ventaja adicional y es que es más controlable, porque se inmoviliza a corto plazo, a 30 dí­as, y entonces si el ahorrista ve algún nubarrón, sabe que puede salir más o menos rápido. Rubén Ramallo (c) iProfesional.com

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