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El bullying tiene un fuerte impacto en los adolescentes, pero, ¿qué pasa con los adultos?

El bullying tiene un fuerte impacto en los adolescentes, pero, ¿qué pasa con los adultos?
La Unesco estima que alrededor de 246 millones de niños podrían ser víctimas de la violencia en sus escuelas o alrededor de ellas
Por Martina Stutz Dohmen
02.06.2018 10.00hs Health & Tech

El bullying, también conocido como acoso escolar, consiste en cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre niños o adolescentes de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. A pesar de que siempre se lo ha relacionado a ataques físicos, la realidad es que en muchos casos también se trata de agresiones verbales que afectan más el aspecto emocional que físico de la persona que lo sufre.

Ahora bien, ese niño que sufrió bullying en el colegio luego termina sus estudios, continúa su desarrollo y se convierte en adulto. ¿Qué pasa con una persona que tuvo este tipo de problemas en su adolescencia cuando llega a una etapa más avanzada de su vida?

El problema se centra en que las consecuencias del acoso no son transitorias, sino todo lo contrario. Es incorrecto afirmar que el niño o adolescente sufre bullying, pasa malos momentos en su etapa escolar y adolescente y luego olvida todo lo que le sucedió. El bullying es un trastorno que afecta a la persona de forma inmediata, pero también deja importantes secuelas que se revelan en la edad adulta, tal como demuestra un estudio publicado en la revista Psychological Science.

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Un grupo de investigadores de la University of Warwick y del Duke University Medical Center han rastreado la salud de más de 1.400 niños de entre nueve y trece años del estado de Carolina del Norte, en Estados Unidos.

La investigación comenzó en 1993 y, a partir de entonces, los analistas han evaluado la salud de los sujetos cada año hasta los dieciséis. A su vez, chequearon su estado a los diecinueve, veintiuno, veinticuatro y veintiséis años.

Por su parte, los padres de esos niños -que después se transformaron en adultos- pudieron participar de la investigación. A todos ellos se les preguntó si consideraban que sus hijos habían padecido acoso o, por el contrario, si habían acosado a otros compañeros.

Las conclusiones del estudio fueron determinantes: todos aquellos que habían sido víctimas de bullying de pequeños o adolescentes tendían más a padecer patologías como la obesidad u otros problemas graves de salud en su mayoría de edad. Asimismo, todos ellos mostraban mayores probabilidades de ser incapaces de afrontar relaciones interpersonales -tanto de pareja como de amistad- a largo plazo, así como también de mantener trabajos fijos.

Uno de los datos más sorprendentes de la investigación fue que el grupo de damnificados incluía a los acosadores también, y no únicamente a las víctimas, como se podría pensar en un primer acercamiento al tema. Según el estudio los acosadores tenían hasta seis veces más posibilidades de fumar cigarrillos, padecer diabetes y desarrollar un cáncer -los especialistas a cargo del estudio aclaran que esta última patología probablemente esté relacionada a sus peores hábitos de salud-. Además, quienes habían sido perpetradores o víctimas de bullying en su adolescencia también eran seis veces más tendentes a padecer un desorden psiquiátrico y todos ellos tenían más probabilidades de incurrir en situaciones delictivas.

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Este tipo de estudios cobra relevancia porque son escasas las investigaciones que han puesto el foco en las consecuencias del bullying a largo plazo. La mayoría de los análisis realizados alrededor del acoso escolar y de sus víctimas se focalizan en las secuelas en el momento o en los años próximos a que se produjo , pero es importante destacar que no son los únicos momentos en los que la víctima sufre.

Los hallazgos realizados por el estudio de la Universidad of Warwick y del Duke University Medical Center refuerzan la tendencia que indica que es necesario considerar al bullying como problema que afecta severamente a las personas, tanto en la actualidad como a futuro. Es por eso que se deben fortalecer las campañas de concientización en la población e informar a los padres de los más chicos para evitar que el acoso llegue a afectar a las personas en su vida adulta.

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