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Hipertensión: qué consecuencias puede tener a largo plazo y cómo prevenirlas

Hipertensión: qué consecuencias puede tener a largo plazo y cómo prevenirlas
Conocida como asesino silencioso, es una patología que puede desencadenar una serie de daños severos para la salud
04.11.2019 12.24hs Health & Tech

La hipertensión es una enfermedad grave, esencialmente, porque es silenciosa, no suele presentar síntomas y cuando lo hace suele ser demasiado tarde. Por eso, prevenirla es la alternativa más adecuada para todas las personas, pero sobre todo para aquellas que tienen una historia familiar de esta patología.

Se produce porque, por diversos motivos, la presión dentro de las arterias se eleva. En general, está relacionada a trastornos que hacen que las paredes arteriales se endurezcan, lo cual ofrece mayor resistencia al momento de bombear la sangre a todo el cuerpo.

De todos modos, la hipertensión es una patología que se puede tratar y con la que los pacientes pueden llevar una buena calidad de vida. Una vez diagnosticada, lo primero que el especialista recomendará es un cambio en el estilo de vida. ¿Qué significa esto? Implica que, a partir de ese momento, será aconsejable llevar una dieta con una menor cantidad de sodio y limitar la cantidad de alcohol en el día a día. Además, se recomienda hacer actividad física de manera regular, lo cual ayudará a mantener un peso saludable y a perder peso, si es que el paciente lo necesita.

Es importante tener en cuenta que, en algunos casos, estos cambios en el estilo de vida no son suficientes. Si es así, el médico puede indicar la toma de algún medicamento que ayude a controlar la hipertensión de manera externa, aunque llevar una vida saludable siempre ayuda.

¿Qué pasa cuando no se trata?

Mantener niveles elevados de presión arterial sin tratamiento puede repercutir de manera grave en el cuerpo, sobre todo en el largo plazo.

El daño arterial es uno de ellos, dado que la presión arterial alta puede dañar las células del revestimiento interno de las arterias. Cuando las grasas de la alimentación ingresan al torrente sanguíneo, se pueden acumular en las arterias dañadas. A la larga, las paredes de las arterias se vuelven menos elásticas, lo que limita el flujo sanguíneo a todo el cuerpo.
Con el tiempo, la presión constante de la sangre en movimiento en una arteria debilitada puede provocar que una parte de su pared se agrande y forme una protrusión, conocida como aneurisma. El problema que presentan los aneurismas es que pueden romperse y causar un sangrado interno que puede poner en riesgo la vida.

Dado que el corazón es el órgano encargado de bombear la sangre hacia todo el cuerpo, los niveles altos de presión pueden dañarlo de diversas formas. Una de las consecuencias más comunes es la enfermedad de las arterias coronarias, que son las que suministran sangre a los músculos del corazón. Si se estrechan no permiten que la sangre fluya libremente a través de ellas, lo cual puede provocar dolor en el pecho, arritmias e incluso infartos cardíacos.

La dilatación del ventrículo izquierdo es otro de los efectos adversos que puede sufrir una persona con hipertensión. El problema se presenta porque la presión arterial alta obliga al corazón a trabajar más de lo necesario para bombear sangre al resto del cuerpo. Así, el ventrículo izquierdo se engrosa y endurece -hipertrofia ventricular izquierda-. Este tipo de cambios afectan severamente al órgano cardíaco, ya que limitan la capacidad del ventrículo para bombear sangre al cuerpo.

Por último, la insuficiencia cardíaca es otro de los trastornos que puede provocar la presión alta. Con el tiempo, la tensión en el corazón provocada por la presión arterial alta puede debilitar los músculos del corazón y hacer que funcionen de manera menos eficiente. Finalmente, el corazón agobiado comienza a desgastarse y fallar.

Por otro lado, el accidente isquémico transitorio y el accidente cerebrovascular (ACV) son dos de las principales consecuencias que pueden aparecer en el cerebro. Un accidente isquémico transitorio es una interrupción breve y temporal de la irrigación sanguínea al cerebro, cuya causa suele ser la oclusión parcial o total de una arteria.
Por su parte, el ACV ocurre cuando parte del cerebro no recibe oxígeno ni nutrientes, lo cual hace que mueran las neuronas cerebrales. La presión arterial alta sin control puede provocar este tipo de trastorno, ya que daña y debilita los vasos sanguíneos del cerebro y hace que se estrechen, se rompan o tengan pérdidas.

También es común que aparezca la insuficiencia renal, que se encuentra entre las principales y más comunes consecuencias de la alta presión arterial. El daño en las arterias grandes que van a los riñones, al igual que en los vasos más pequeños, puede causar que los órganos no puedan filtrar efectivamente los desechos de la sangre. Como consecuencia, se pueden acumular niveles peligrosos de líquido y de desechos.

El daño en los vasos sanguíneos que irrigan los ojos puede producir una retinopatía, una enfermedad que afecta a la retina y que puede provocar sangrado en el ojo, visión borrosa y, en algunos casos, pérdida completa de la visión.

Con el tiempo, la presión arterial alta daña el revestimiento de los vasos sanguíneos y provoca que las arterias se endurezcan y estrechen -aterosclerosis-, una afección que limita el flujo sanguíneo. Esto significa que la sangre fluye con más dificultad hacia todos los lugares del cuerpo, incluido el pene. Para algunos hombres, la disminución del flujo sanguíneo provoca dificultades para lograr y mantener las erecciones, algo que regularmente se conoce como disfunción eréctil.

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