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Ex ejecutivo de Goldman Sachs: "Es muy de la vieja escuela meter un impuesto del 30% al dólar"

Ex ejecutivo de Goldman Sachs: "Es muy de la vieja escuela meter un impuesto del 30% al dólar"
Paulo Leme, ex economista principal del FMI y ex CEO de Goldman Sachs en Brasil, dialogó con iProfesional sobre la reestructuración de deuda de Argentina
Por Mariano Jaimovich
17.01.2020 07.02hs Economía

"No me parece que el problema de la deuda de Argentina sea de los peores", resalta a iProfesional el brasileño Paulo Leme, y su opinión tiene mérito como para ser tomada en cuenta. Es que este economista se desempeñó como analista principal del Fondo Monetario Internacional (FMI), cargo que ocupó durante nueve años en programas de estabilización y reestructuración de la deuda externa a países de América Latina, África y Oriente medio.

De hecho, posee en su haber 15 años de experiencia en la reestructuración de deudas, ya que también fue CEO de Goldman Sachs Group en Brasil, motivo suficiente para consultarle cuál es su visión sobre Argentina, sobre todo en estos momentos donde el Gobierno de Alberto Fernández debe presentarles una propuesta de pago a los bonistas.

En la actualidad, Leme es docente en la Escuela de Negocios de la Universidad de Miami y, de paso por Buenos Aires, dialogó con iProfesional.

-¿Cómo evalúa la situación actual de Latinoamérica para atraer capitales?

-Diría que es buena en el sentido que en el mundo son raras las oportunidades que tienen tasas positivas, por lo que el inversor está dispuesto a tomar mucho más riesgo para buscar retorno. Entonces la demanda por activos de países emergentes, sean bonos (tanto del gobierno como corporativos) o acciones, es muy grande. Por región, en 2019 América Latina fue el segundo mayor emisor de deuda corporativa y de Gobierno.

Creo que hay una pequeña inquietud sobre cómo interpretar los últimos eventos políticos y manifestaciones en Chile, Colombia y Ecuador, pero diría que la fuerte liquidez y tasas negativas que hay en Europa favorecen a los emisores de América Latina.

-Menciona los conflictos de Chile y Colombia, ¿qué explicación les encuentra?

-A mi me sorprendió, era algo que no esperaba, mucho menos en Chile. Quizás ese riesgo lo veía en Ecuador porque tiene un programa de ajuste negociado con el Fondo Monetario, pero no en Chile. ¿Cómo lo interpreto? Creo que hay tres cosas importantes. La primera es que no hay una manifestación de tal grado, y tan extensa en el tiempo, sin que haya problemas de empleo, de ingreso y de calidad de vida. Es decir, la gente tiene problemas de transporte, vive muy lejos de donde trabaja, los precios de los medicamentos y la comida son muy altos.  

Esto me lleva al segundo punto, que se refiere a que existe un distanciamiento del político, que no los representa a muchos individuos. Y el tercer elemento de estos conflictos es la facilidad con la que se comunica la gente en redes sociales. Entonces en los problemas serios y sociales la llama se prende muy rápido por la comunicación veloz, de tal manera que agarró por sorpresa al gobierno chileno y no supo cómo lidiar con la situación.

-¿Pueden extenderse estos conflictos a otros países?

-Es bastante preocupante este fenómeno, también para el caso de Brasil, en el sentido que también está saliendo de una recesión muy profunda, tiene un desempleo muy alto, no tiene calidad en los servicios públicos, hay violencia, inseguridad. En general, en América se está jugando con algo bastante inestable. En el caso de Brasil, ya ha tenido dos experiencias sociales en 2013 y 2018, y esto se prende muy rápido y puede ir en contra de un programa económico.

En Argentina también, en el sentido que viene de largos años de una depresión económica muy profunda, una inflación elevada, una corrosión del bienestar social, todo en un momento que agarra a un gobierno con un desafío de ajuste y renegociación de su deuda. Algo que hace que el político deba reconectarse, porque la sociedad le está diciendo algo que no está captando.

-Usted tiene una amplia experiencia en la renegociación de deudas soberanas, ¿cómo imagina que podría hacerlo Argentina?

-Puedo hacer un par de observaciones tras haber renegociado muchas deudas de varios países. En comparación a problemas y tamaños de dificultades de reestructuración de deuda externa y pública, no me parece que el problema de Argentina sea de los peores. Es difícil pero me parece más un problema de liquidez de dos a tres años, de 2020 a 2022, donde el país está insolvente.

Quizás necesite un poco de hair cut, lo que llamamos un pequeño descuento, y pedalear para adelante algunos vencimientos. Pero cuando se quiere hacer un canje se le debe dar algo al inversor, entonces surge la pregunta de por qué se va a aceptar un papel más largo y pérdida de corto plazo del valor presente si no se recibe un upside en el futuro. El Gobierno debe plantear un programa de renegociación justo, tripartito entre Argentina, los bonistas y el Fondo Monetario. Y también debe brindar una mejora con un buen programa macroeconómico.

-¿Cuál sería la mejor propuesta que se podría hacer para el pago?

-Si hay quita sería muy baja, prefiero no dar una cifra, pero no es un caso claro de insolvencia. No estamos hablando de 50%, ni de 40% de quita. Si es necesario un recorte, sería un número pequeño. Pero lo importante es saber por qué se estaría canjeando, y para hacerlo se requiere un upside en el cupón y que se valoricen estos activos a través de una mejora de la política fiscal y la solvencia. Entonces en el futuro puede haber una ganancia de capital en estos bonos, y ahí es dónde está mi preocupación porque se debe pensar bien antes de anunciar cualquier cosa y hacer anuncios parciales.

-¿Qué opina de las medidas que tomó el gobierno argentino?

-Hay algunas cosas buenas, como la parte de la desindexación, pero hay cosas que son de la vieja escuela, como meter el impuesto del 30% al tipo de cambio, que es efectivamente generar un cambio múltiple, dos precios para la misma moneda. Algo de una dureza innecesaria al viajero que no tiene ningún impacto en lo macro y genera un mal ambiente y una mala voluntad. Pero hay que darle tiempo al Gobierno.

-¿El impuesto al dólar puede trasladarse a la inflación?

-Eso genera una reducción de la demanda por pesos, o sea causa incertidumbre y desconfianza porque no está valorizando la moneda nacional, sino la demanda por dólares. Igual, creo que son las primeras semanas, hay que esperar y ver qué se plantea desde lo fiscal y programas de crecimiento.

Pero lo que me preocupa de Argentina no es tanto la parte de los bonos, sino el problema social: la pobreza, la miseria y la inflación que le come el poder adquisitivo a la gente. Creo que el espacio para hacer política fiscal es muy limitado, y es lo que los bonistas van a exigir porque van a querer una Argentina que les garantice su solvencia para poder canjear los papeles. El Gobierno tiene un desafío que es muy difícil de desatar.

-El Gobierno parece que busca atacar el déficit fiscal, ¿qué opina de ello?

-Es una buena medida hacer recortes en pensiones, estuve trabajando muchos años con programas de ajustes en el Fondo Monetario y de estabilización. En estos temas prefiero ir con calma y analizarlo bien. Además, Guzmán no es una persona que viene del sector financiero, ni del sector público, con fuerte experiencia en las cuentas fiscales. Entonces, creo que debe ver bien todo para poder jugar bien, sin presión por el tiempo para tomar las medidas correctas.

Por ejemplo, cuando yo era ejecutivo de una empresa y contrataba a alguien buscaba complementar lo que no conocía y que fuera diez veces mejor que yo. Evidentemente, Guzmán tiene sus credenciales académicas, es una persona inteligente y capaz, de eso no hay ninguna duda, pero la sabiduría es rodearse de gente que complemente la experiencia que no se tiene y agregar experiencia para poderlo hacerlo bien.

-¿En cuánto tiempo debería resolverse la reestructuración de la deuda para no correr riesgos de desconfianza del mercado?

-No era para decidirlo en las primeras 48 horas pero tampoco es para esperar tres meses. Diría que ya debería haber una propuesta para reestructurarla.

-¿Qué considera que puede ocurrir con el Mercosur y su alianza con Argentina?

-Hasta ahora el tema está parado, siento que hay una preocupación en Argentina respecto de que Brasil viene con una mano un poco pesada y quiere retroceder. Los dos países están en dos ciclos completamente diferentes: Brasil se fue a una política ortodoxa y está creciendo, mientras que Argentina se va probablemente a una política más heterodoxa y está en recesión. Entonces no hay mucho qué conversar, y Brasil busca establecer acuerdos comerciales con grandes regiones, como por ejemplo la Comunidad Europea, pero no quiere decir que sea contra el Mercosur y la Argentina.

Y a la Argentina le cabe hacer su tarea de rehabilitarse físicamente y poner la economía de pie, poder crecer y darse cuenta que ambos pueden ser buenos aliados para el comercio. Lo que es positivo es que lo que va a dominar no será la política económica de los departamentos de Estado, no son los diplomáticos los que determinarán esto, sino la actividad económica y la complementariedad del ciclo industrial entre ambos países. Sin tener la intención, Brasil va a ayudar a la Argentina porque va a crecer y recuperarse, algo que pueden darle un buen empujón a las exportaciones de aquí.

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