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Cómo hacer para que las vacaciones no se conviertan en otro motivo de estrés

Cómo hacer para que las vacaciones no se conviertan en otro motivo de estrés
La autora asegura que el descanso disfrutable y disfrutado son las que no fueron concebidas para mostrar o para el afuera, sino para vivirlas en el momento
Por Claudia Quiroga Daldi*
07.01.2019 10.21hs Management

Se aproximan las vacaciones y con ellas es posible que surjan sensaciones contradictorias.

En cierta medida se comienzan a vivenciar mucho antes de la fecha de inicio, con su planificación y organización. Dicha anticipación hace, frecuentemente, que las expectativas vayan creciendo y no siempre se cumplan, lo que puede generar frustraciones, sobre todo si experiencias anteriores no fueron satisfactorias.

Expresiones como: “necesito vacaciones de las vacaciones”, “no pude descansar”, o similares, son usuales de escuchar en estos casos.

¿Es posible otra forma de transitar tan esperado período? Sí, es posible teniendo en cuenta algunas cuestiones:

- Simplemente volviendo a conectar los “quiero” y no los “debo”.

- Evitando modas, si la única motivación es esa.

- Preguntándose y prestando atención a las respuestas.

Teniendo en cuenta que no siempre se debe incluir una serie incesante de actividades.

Desde su planificación, tratar de no dejar de lado las propias necesidades en función de las ajenas es la alternativa más conveniente para que esos días, que son una maravillosa oportunidad de cambiar la rutina, recargar energías y disfrutar. Que no se conviertan en un motivo de estrés.

Las vacaciones pueden ir desde interrumpir las obligaciones laborales para pasar tiempo en casa, hasta viajar al lugar más sofisticado y lejano con numerosas actividades incluidas. Dentro de ese espectro hay infinidad de posibilidades, todas deseables y potencialmente satisfactorias.

Se podría intentar dejar de lado lo que hace la mayoría, lo que queda bien, lo que siempre se hizo y tantos otros mandatos.

Las vacaciones “disfrutables” y “disfrutadas” son aquellas que no fueron concebidas para mostrar, ni para contar, ni para el afuera; sino para vivirlas en ese momento, hacia y para adentro.

Otro aspecto a mencionar es la posibilidad real de concretarlas, lo que puede ser un motivo de preocupación: como ser la imposición a cubrir costos que no están dentro del presupuesto, en el afán de responder a presiones familiares o de un entorno que sí puede acceder a ellos. Dicha situación puede ejercer, involuntariamente, una influencia que conlleva a realizar planes en un punto irrealizables.

Las vacaciones brindan oportunidades para conocer lugares nuevos, maravillosos, o redescubrir otros conocidos, y eso vale tanto para el exterior como, y más importante aún, el interior de cada persona. Mirar y mirarse. Escuchar y escucharse. Sumergirse en el frenesí o en la más absoluta calma. Tomar distancia o acercarse.

Gracias a que las obligaciones diarias están en pausa en este período, lo que permite la disminución de los ruidos, externos e internos, propios de la rutina que predomina el resto del año, nos aporta muchas posibilidades más para nuestro bienestar.

Planificar como si fuera una obligación es, en el mejor de los casos, un camino que lleva a desaprovechar una oportunidad de vivir días distintos. No elegir con libertad pudiendo hacerlo es, cuanto menos, un reaseguro hacia la insatisfacción.

Volviendo a la pregunta inicial sobre la forma de transitar las vacaciones es posible hacerlo plenamente, sólo se necesita una escucha atenta a las propias necesidades y la decisión de satisfacerlas, más allá de todo lo que no responda a ellas.



* Claudia Quiroga Daldi, Miembro de la Asociación Argentina de Counselors

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