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Tres de cada cuatro empresarios no creen estar a la altura del desafío de competitividad que enfrenta el país

Tres de cada cuatro empresarios no creen estar a la altura del desafío de competitividad que enfrenta el país
A menos de un mes de que se concrete el traspaso de Gobierno, la perspectiva de los empresarios locales para los años que siguen no es la más optimista
Por Paula Krizanovic
12.11.2019 06.27hs Management

El mes pasado una ola de protestas sociales en Chile sorprendió a analistas y empresarios de todo el mundo. Acostumbrados a cantar las odas al famoso modelo chileno, iniciado en la etapa Pinochetista, y al demostrar ese país los índices de crecimiento económico más sostenibles en el tiempo para una región más que habituada a los vaivenes, los estallidos que aún continúan resultaban inexplicables para algunos de ellos.

Para otros, era la confirmación de una obviedad: el crecimiento sin equidad no funciona. En Chile los manifestantes reclaman reducir la desigualdad, suba de salarios y pensiones, y un Estado más presente que no deje todo librado a la mano del mercado sino que garantice derechos básicos a la población, como acceso a la salud y la educación, entre otras consignas.

En ese marco, una de las primeras voces en alzarse fue la de uno de los hombres más ricos de Chile, Andrónico Luksic, quien elevó a 500.000 pesos chilenos el salario mensual mínimo dentro de su compañía. Lo siguieron luego otros empresarios de firmas como Crystal Lagoons, Comparaonline y Tanner, que declararon a través de redes sociales la intención de subir también sus compensaciones mínimas.

Días después, con una carta publicada en La Tercera, el titular del grupo Quiñenco incluso propuso evaluar un impuesto de 1% al patrimonio de los más ricos del país: "Si quieren estudiar ese impuesto u otro mecanismo para ayudar a 'pagar la cuenta', pero asegurémonos que ahora sí habrá un buen servicio al país y a los que más lo necesitan".

Otro de los empresarios más emblemáticos del vecino país, Horst Paulmann (dueño de la retailer Cencosud), se presentó en una de sus tiendas en Santiago de Chile (los supermercados fueron algunos de los puntos que más atacaron los manifestantes, en contra de los precios altos de los bienes de consumo), tomó el micrófono y felicitó al personal. "Somos el mejor país de América Latina y lo vamos a seguir siendo. Tenemos que estar todos convencidos que nosotros tenemos que trabajar para que la gente en Chile tenga una vida mejor, y nosotros somos los primeros en que estamos al lado de las personas", expresó en declaraciones relevadas por los medios locales.

Finalmente, hasta el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio de Chile, Alfonso Swett, convocó a una reunión especial del Comité Ejecutivo de esa entidad. Luego declaró: "Hemos visto destrucción, hemos visto gente preocupada por su trabajo, hemos visto gente tratando de defender sus hogares con chaleco amarillo, hemos visto cansancio en parte importante de la sociedad. Hemos escuchado también un grito colectivo fuerte, que tal vez antes solo lo escuchábamos como un murmullo. Creo que es un llamado que hay que recoger con mucha humildad. Es un llamado a hacernos cargo, a reconstruir la seguridad social, el orden público, la paz social."

Las acciones de los empresarios chilenos no estuvieron exentas de críticas –por populistas por un lado, y por el otro, por ser demasiado poco y demasiado tarde-, y por supuesto que más de uno de ellos se opuso a la reforma de la Constitución de 1980 que piden los manifestantes en las calles. Sin embargo, la iniciativa empresaria en Chile fue un caso más de lo que en management se da en llamar "CEO Activism".

Se trata de una tendencia en todo el mundo en la cual ya no le sirve a una compañía tener un líder "políticamente correcto" que nunca expresa sus ideas más allá del negocio, o más aún, que es desconocido para el público por permanecer siempre tras bambalinas. Un número uno que sea referente en su industria, o de los negocios en general, es un activo de la construcción de marca empleadora y también, en muchos casos, para la performance en los mercados. Eso se extiende también a su opinión y a su accionar en momentos "bisagra" que atraviesa la sociedad, ante los cuales el silencio no es la mejor opción.

Pero a diferencia de lo que ocurrió recientemente en Chile, cuando los empresarios decidieron por si mismos reclamar protagonismo y tomar acciones concretas frente al malestar social, en la Argentina a los titulares de empresas esta última crisis, devenida de la devaluación, ni los toma por sorpresa ni con demasiadas energías como para tomar la iniciativa.

"Me parece que en la Argentina los empresarios estamos en un contexto muy distinto al de Chile, porque si las empresas estamos luchando por sobrevivir, difícilmente podamos ayudar a otros. Me parece que en Chile las compañías tienen un poco más de aire y sobre todo resto para pensar de qué manera pueden colaborar para resolver algunos de los problemas que tiene el país", reflexionó al respecto Alejo Cantón, presidente de la organización de CEO y líderes empresariales, Vistage Argentina.

"Creo que es difícil comparar lo que está sucediendo en Chile con lo que pasa en Argentina. Son contextos e historias con muchas diferencias", coincidió el decano de IAE Business School, Rodolfo Q Rivarola. Consultado por iProfesional, se declaró poco "amigo" de las respuestas técnicas de corto plazo, y consideró que "los problemas sociales en Chile no se solucionan solo con subir salarios, salvo que esa definición esté enmarcada en un andamiaje de medidas acordadas entre varios sectores. Como tampoco se van a solucionar los problemas de Argentina subiendo o bajando los impuestos".

"Es imperioso salir de las medidas de corto plazo, generar acuerdos entre diferentes sectores para poder lograr abordar los desafíos que tenemos como sociedades", definió.

No será una tarea simple. De hecho, de acuerdo a una encuesta realizada por IAE Business School el pasado 1 de noviembre, en el marco del IAE Alumni Day 2019, el 76% de los más de 600 consultados consideraron que la clase empresarial no está a la altura del desafío competitivo y de liderazgo social que necesita el país.

 

"Hay una visión pesimista sobre el rol del empresariado en su protagonismo como líder de la sociedad", reflexionó al respecto Eduardo Fracchia, director del Área de Economía del IAE Business School, al conocer los resultados del relevamiento. "Esta encuesta trata de contribuir a una reflexión para el corto y mediano plazo donde las estadísticas son bien explicativas y presentan aspectos sustantivos tanto para la gestión empresarial como para las políticas públicas", definió el catedrático de la escuela de negocios de Pilar, de cara al pronto inicio de una nueva gestión a nivel nacional.

Al conocer estos resultados, Rivarola distinguió que este pesimismo tienen un componente vinculado con el pasado y otro con la complejidad de la situación actual. "En cuanto al pasado, la clase empresarial tuvo una oportunidad de resolver desafíos con un presidente que podemos decir 'entendía mas a los empresarios', y un gobierno que procuró fomentar el emprendimiento, abrir el país a la exportación, y generar una matriz de infraestructura beneficiosa para los negocios logísticos, entre otros ejemplos. Pero el resultado de las urnas hace pensar que el empresariado no estuvo a la altura de resolver los desafíos que terminan impactando en la inflación, devaluación y pobreza", explicó el Decano.

Por otro lado, quizás pensando en un potencial pacto social, Rivarola remarcó que los desafíos ahora requieren soluciones interdependientes, que involucren a más actores de la sociedad, más allá de quienes lideran las empresas. "Hace falta reunir instituciones y sectores que puedan dialogar para generar acuerdos de mejora. Por supuesto que el empresariado necesita aportar su rol, estando a la altura, pero también los sindicatos, no solo el gobierno nacional sino los provinciales y en muchos casos los municipales, las instituciones universitarias, etc. Eso requiere de un empresariado que tenga una mirada más amplia e inclusiva, más empática y colaborativa", le dijo a iProfesional.

Pero esta sensación de desazón sobre el papel de los empresarios en el futuro del país no es nueva ni se explica exclusivamente por una causa política. Semanas atrás el Índice de Confianza Vistage volvió a mostrar una profunda baja. Las opiniones de los titulares de empresas fueron relevadas en las primeras semanas de octubre. Ya entonces, el índice de confianza se desplomó de 93 puntos en el segundo trimestre a 64 en el tercero.

 

Es una de las marcas más bajas de la serie que Vistage releva en la Argentina desde 2006. Durante la mayor parte de la gestión de Mauricio Macri, el indicador se mantuvo por encima de los 100 puntos, pero comenzó a descender en el segundo trimestre de 2018, con pocos intervalos en alza. "Estos resultados están alineados con nuestro último Índice de Confianza, que demuestra que la clase empresaria argentina está pesimista con respecto a las perspectivas, tanto macro como de sus propios negocios", indicó Cantón a iProfesional.

Esta baja en las expectativas tiene que ver con que el 84% de los consultados por Vistage consideró que la economía en ese momento estaba peor que un año atrás, y un 14% consideró que la situación se mantuvo en ese período.

"La clase empresaria está golpeada. Viene golpeada, pero el sector en este último Gobierno ha sufrido mucho y creo que está también desilusionada con un contexto que ya lleva más cerca de un siglo que de 50 años, en donde los que los empresarios somos los malos de la película y las condiciones son siempre desfavorables, con una presión impositiva altísima. Por eso no me sorprende que la propia clase empresarial no se sienta a la altura de este desafío que propone esta nueva etapa del país", expresó el presidente de Vistage Argentina.

Nuevo capítulo, viejos reclamos

A poco menos de un mes de que se concrete oficialmente el traspaso de Gobierno, la perspectiva de los empresarios locales para los años que siguen no es la más optimista.

En lo que hace al futuro de la Argentina, el 42% de los ejecutivos que respondieron la encuesta de IAE considera que el país estará peor en el próximo año, mientras que el 37% considera que la situación será igual y el 20% cree que estará mejor en los próximos doce meses.

 

Coincidentemente, la medición realizada por Vistage unos días antes, entre 427 empresarios locales, dio un resultado similar: el 48% espera de aquí a un año que la economía esté en peor situación, un 34% estima que estará igual y solo un 18% proyecta una mejora.

 

Esos mismos hombres y mujeres de negocios consideraron que la principal prioridad a resolver por el próximo Gobierno una vez que asuma es la reforma impositiva y laboral –con el 36% de las respuestas- a la vez que apuntalar el mercado interno y el consumo (24%), entre otras.

 

En tanto que el orden de las respuestas entre los ejecutivos de IAE fue el inverso. Respecto a cuáles son las políticas públicas que representan un estímulo clave para el arranque del gobierno de Alberto Fernández, el 55% consideró al consumo como la más importante, frente a un 24% que cree es la inversión y un 21% que señaló la exportación.

 

Puede parecer algo contradictorio, para una clase social que se pasó los últimos años pidiendo una reforma laboral y otra impositiva, ahora priorizar el bolsillo de los consumidores como forma de potenciar la alicaída actividad. "Puedo arriesgar una posible explicación: que haberse frustrado respecto de qué es lo que hay que hacer para generar riqueza y empleo genuino a través de la inversión, algo tan postergado en este país, generó que los empresarios que respondieron la encuesta hayan elegido una opción dentro de lo que ven posible antes de lo que es mejor", dijo Cantón. "Pero si queremos reducir la pobreza y generar el empleo, tenemos que liberar el poder de las empresas volviéndolas más competitivas. Y para eso si es necesario una reforma laboral e impositiva", opinó personalmente el titular de la entidad empresaria.

No obstante, vale la pena aclarar que al ser consultados sobre la reforma clave que debería impulsar el gobierno de Alberto Fernández, el 59% de los alumni de IAE consideró que se trata de la reforma tributaria, frente a un 33% que cree debería ser la reforma laboral y un 8% señaló la reforma previsional. Sin embargo, el 87% de los encuestados afirmó que una reforma laboral es necesaria para bajar la informalidad laboral y aumentar el empleo, frente a un 10% que consideró que no es necesaria.

 

"La percepción de esta muestra es de un año difícil por delante como lo señalan otras encuestas de opinión recientes. Se ve muy necesaria la reforma tributaria, es un comentario clásico en las discusiones de coyuntura entre empresarios. La reforma laboral es un clamor empresarial para normalizar el mercado de trabajo y para generar empleo", opinó por su parte Fracchia.

Por último, también de cara a los próximos meses, desde Vistage los socios estimaron que la inflación cerrará el 2019 en 52,4% de suba, y el dólar tendrá un valor en torno a 71.60 pesos por unidad.

IAE también consultó sobre el escenario de precios 2020-2021. El 57% de los encuestados cree que la inflación oscilará entre el 30% y el 50%, mientras que el 31% señaló que estima estará entre 50% y 70% y solo un 7% prevé un escenario hiperinflacionario.

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