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El "efecto Massa" obliga a Cristina a jugar otras fichas en el tablero económico pre-electoral

El "efecto Massa" obliga a Cristina a jugar otras fichas en el tablero económico pre-electoral
Con una economía estancada, el Gobierno refuerza su estrategia de apoyo a las gestiones municipales y quiere promover candidatos de "perfil ejecutivo"
Por Fernando Gutierrez (producción: Marilina Grandinetti)
25.06.2013 10.04hs Economía

En los ya lejanos días de 2002, antes de que comenzara la "década ganada" y cuando Eduardo Duhalde trataba de contener una situación que todos los días amenazaba con hacerse caótica, los que criticaban al gobierno de emergencia tenían un "insulto" preferido.

Cuando realmente querían ser hirientes y expresar desprecio por el grupo de dirigentes peronistas que había tomado el gobierno, se referían a "una liga de intendentes".

Es que para muchos empresarios, intelectuales y analistas -espantados por el giro político que había dado el país tras el colapso de la convertibilidad y la crisis social- el hecho de ser gobernados por esos dirigentes del conurbano era casi como tener un gabinete formado por "punteros" con saco y corbata.

Evidentemente, muchas cosas han cambiado desde entonces. Una de ellas es la percepción sobre la importancia de ser intendente, a tal punto que se presume que de allí puede salir el próximo presidente de la Nación.

Uno de ellos, Sergio Massa, es la nueva estrella del panorama político argentino. Y otro en fulgurante ascenso, Martín Insaurralde.

Ambos intendentes, ambos ligados a un perfil que ahora no sólo mejoró en su percepción social sino que hasta parece deseable.

Como observa el politólogo Rosendo Fraga, "hasta esta elección eran admitidos como dueños de poderosas máquinas electorales pero que no podían encabezar ninguna lista". Sin embargo, a partir de ahora, "se piensa que alguno de ellos hasta puede ser presidenciable".

¿Qué hay detrás de este síntoma? Para empezar, claro, el reconocimiento de que estos intendentes se han erigido -como suele definirlos Jorge Asis- en una especie de "mini gobernadores", con capacidad incluso para torcer el resultado de una elección.

Con sus 450.000 votantes, Lomas de Zamora equivale a 2,5 veces la provincia de Santa Cruz, por ejemplo.

Pero, sobre todo, lo que queda al descubierto es que el intendente tiene un perfil que es valorado en estos tiempos. El de un "hacedor" en vez de un "declaracionista" mediático.

Y en tiempos de catástrofes, generadas por el deterioro de la infraestructura pública -como ha quedado trágicamente expuesto en las inundaciones y en los choques de trenes- quien pueda mostrar un perfil ejecutivo y cierta prolijidad administrativa pasa, automáticamente, a ganar puntos ante la opinión pública.Massa tiene, además, algo que pocos de sus colegas pueden ostentar: un municipio turístico, lo que le garantiza una alta actividad comercial e inmobiliaria.

Los ingresos diversificados que administra le permiten aminorar -aunque no eliminar- su dependencia hacia el gobierno central. Y, por cierto, su "territorio" le confiere una alta visibilidad.

"La irrupción de Massa muestra otro aspecto de la política, que es cada vez menos discursiva y más gestual. Es difícil recordar sus frases, lemas, consignas, se recuerda una imagen", apunta Fraga.

Es entonces que el nombramiento de Insaurralde -en lugar de la alicaída Alicia Kirchner-, viene a llenar esa necesidad del oficialismo, que es la de contar con un "Massa del kirchnerismo".

Para otros analistas, esta situación es el reconocimiento de una debilidad de gestión del "proyecto K". Así lo ve Alejandro Catterberg, socio de la consultora Poliarquía, quien cree que el ascenso de los intendentes es la contracara de las políticas fracasadas.

"Una administración que se congratula con sus políticas sociales, ¿no cuenta con una ministra de Desarrollo Social capaz de capitalizar sus medidas? Un gobierno que ha desplegado desde la Anses dos enormes programas de seguridad social -como son la Asignación Universal por Hijo y las jubilaciones para cualquier adulto- ¿no tiene un funcionario del área que pueda ser candidato?", se pregunta el politólogo. Y se responde: "Nada. Nadie".

Por cierto, un informe del economista Federico Muñoz señala que debe relativizarse el impacto político de las medidas de asistencia social diseñadas por el kirchnerismo.

Estima en medio millón la cantidad de votantes que perciben planes con contraprestación laboral y pueden tener cierto condicionamiento a votar por el oficialismo. En cambio, sostiene que los tres millones que se benefician con la Asignación Universal por Hijo están menos expuestos al clientelismo político.

Y calcula en unos 300.000 los nuevos empleados públicos que puedan mantener una condición "militante" dentro del aparato estatal.

"Vale decir que la porción del electorado que ‘cobra cheques' del Estado nacional es mucho menor que la que el mito popular sostiene", argumenta Muñoz.

Todas las fichas al "perfil ejecutivo"

En todo caso, lo que Cristina Kirchner deja en claro es que tomó nota del "fenómeno intendentes" y que, así sea una prueba de su fortaleza o de su debilidad, está dispuesta a utilizarlo."Tienen un rol central, y si no miremos lo que pasó en 2009, cuando parte de la explicación para la derrota de Néstor Kirchner tuvo que ver con una mala estrategia respecto de los municipios", señala Graciela Römer, experta en opinión pública.

Es así que el nombramiento de Insaurralde es visto con cierta esperanza en filas kirchneristas.

En el blog de Artemio López, el más leído por la cibermilitancia K, se publicó un análisis de Ariel Mayo, que afirma: "Es una buena noticia para el kirchnerismo que un intendente joven pueda salir a instalarse como una alternativa a futuro. Además, barre con la dialéctica Scioli-Mariotto, que tendrán que apoyar desde atrás".

Y agrega que, a diferencia de, por ejemplo, Francisco de Narváez, que basa su campaña "en el marketing", Insaurralde puede exhibir un perfil basado en obras concretas.

Esto lleva a que los analistas consideren que -en un momento en el que la economía no juega a favor, el consumo está estancado y comienzan a evidenciarse problemas de desempleo- el manejo presupuestario hacia los municipios amigos comenzará a jugar un rol protagónico.

La propia Cristina había dejado en claro, en el acto de "pre lanzamiento" de Insaurralde -aquél en el que, al tiempo que ponderaba la gestión del intendente denostaba al gobernador Daniel Scioli- que el Gobierno no permitiría que las buenas administraciones municipales tuvieran que pagar el costo político de los errores que se cometían a nivel de la gobernación provincial.

Y que, en consecuencia, el Ejecutivo apoyaría financieramente las obras en aquellos lugares donde hubiera una buena gestión y señales políticas de alineamiento con el proyecto K.

Todo hace prever que Insaurralde cortará muchas cintas en los meses venideros. Ayer mismo, recién oficializada su candidatura, tuvo su primer "acto de campaña" mezclado con una inauguración de un nuevo servicio médico, la Unidad de Pronta Atención.

"La ayuda financiera a los municipios en plena campaña juega un rol clave, y desde hace años forma parte de los usos y costumbres de la política argentina", argumenta Römer.

Pero si esa práctica siempre ha estado presente, tal vez ahora haya más incentivos para que el Gobierno redoble ese esfuerzo.

Las mayores alarmas provienen de las cifras de empleo, y especialmente entre la población joven, donde el sector llamado "Ni-Ni" -es decir, que ni estudian ni trabajan- suma un millón de personas. 

Este punto cobra particular relevancia en esta campaña, dado que los encuestadores perciben que Massa es un candidato sumamente atractivo para el electorado joven.

"Los votantes mayores no se sienten representados por candidatos light, a diferencia de los votantes menores, que si entienden que hay que cambiar el escenario político, lo hacen sin ningún tipo de problemas", analiza Jorge Giacobbe.

Este politólogo, que mide en 40 puntos la intención de voto para Massa contra los 23 del kirchnerismo, considera que este intendente es producto de un momento donde "la demanda generó al candidato, y no al revés".Tirándole al "efecto Capriles"

Es en este contexto en el que se inscribe la nueva estrategia kirchnerista para disputar la zona clave del conurbano bonaerense.

Por un lado, énfasis en la gestión y la mejora de infraestructura y servicios, a través de programas selectivos de alta visibilidad.

Y, por otro, con la táctica de forzar a Massa a abandonar su postura de "equilibrista".

Porque él, ahora sí con el traje de candidato, ya no podrá seguir en su confortable postura silenciosa.

Ahora, azuzado por el resto de los contendientes, deberá decir qué opina sobre el cepo al dólar, sobre la pelea del kirchnerismo con el Poder Judicial, sobre el blanqueo de capitales, sobre los controles de precios, sobre el colapso del transporte y del sistema energético y un largo etcétera de situaciones polémicas.

Será un difícil equilibrio. Por un lado, una sobreactuación de su perfil opositor se le puede volver en contra.

Es que siempre habrá alguien dispuesto a recordarle que durante un año fue jefe de gabinete de Cristina Kirchner y que, en ese momento, no denunció la manipulación de las estadísticas de inflación, ni el vaciamiento de YPF, ni se mostró en contra de la polémica ley de medios.Por otra parte, un discurso excesivamente blando les dará pie a los demás candidatos a presentarlo como un "kirchnerista light" que, en el fondo, expresa la misma política del Gobierno pero con un envoltorio de estilo menos confrontativo.

Entre sus íntimos, Massa explica que la clave de su éxito será ubicarse por fuera de la lógica "kirchnerismo-antikrichnerismo" que hoy domina el panorama político.

Su modelo es el del venezolano Henrique Capriles, de quien admira la forma en que logró crecer como opositor pero tomando como propio parte del discurso chavista.

Por eso es que, adoptando uno de los postulados de cabecera de Capriles, Massa dice que su estrategia no será que la opinión pública lo vea como el anti kirchnerismo, sino más bien como la encarnación del "post-kirchnerismo".

Tal vez será por eso que, en medio de una furibunda campaña opositora por sospechas de corrupción en las filas K, se haya pronunciado en contra del "cabaret de la denuncia".

Desde hace tiempo que los intelectuales del kirchnerismo vienen manifestando su temor a un posible "efecto Capriles". Es decir, que pudiera tomar parte del discurso K para encarnarse en la alternativa de la renovación.

Es por eso que, ni bien oficializó su candidatura, los demás contendientes comenzaron a azuzarlo para que se definiera en los temas espinosos.

Hasta ahora, el intendente de Tigre ha mostrado cierta cintura para manejar las declaraciones ambiguas. Pero hay que ver si resiste los embates.

Para Giacobbe, Massa se verá beneficiado si el kirchnerismo comete el error de desplazar a Insaurralde a un papel secundario y la propia Cristina se posiciona como la jefa de campaña.

"Hay una demanda de renovación. La gente no quiere ver a la Presidenta en ese lugar. Pero es la carta que tiene el Gobierno, y la va a jugar aunque sea la peor decisión", concluye Giacobbe.

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