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¿Qué lección pueden aprender las marcas de Relatos Salvajes?

¿Qué lección pueden aprender las marcas de Relatos Salvajes?

Además de un éxito en la taquilla, la película de Szifrón puede resultar una gran inspiración para las empresas a la hora de "contar sus historias"


Por Diego Regueiro, profesor del MBA de la Universidad de Palermo
29.09.2014 18.10hs Marketing

Por estos días, la película Relatos Salvajes ha ganado comentarios en distintos medios y en los ámbitos privados.

Seguramente se trata de uno de los mejores largometrajes de los últimos años.

Además, puede dejar grandes enseñanzas al mundo del Marketing.

Hace tiempo que se habla del storytelling como una forma efectiva de llegada a los consumidores proponiéndoles historias que los movilicen, los conmuevan, los emocionen.

Esto es lo que logra con creces la película. Se podrían destacar también los actores, la dirección y el arte. Pero la clave es la identificación que se logra en el público.

Pero, ¿qué identificación?

El espectador se puede ver más o menos identificado con lo que les pasa a los actores en la película. Son situaciones normales, cotidianas, posibles, por lo menos al principio. Pero la película lleva las situaciones a extremos.

El personaje actúa como un espejo, actúa no como un ser normal sino como un ser claramente patológico. Un loco, un "loquito", un "sacado".

Ahí está la clave.

La clave del éxito
La película muestra situaciones donde cualquier persona podrías ser protagonista. Y ahí está la primera identificación.

Pero cuando la situación se extrema, la identificación sigue, pero se condiciona, porque nunca una persona común haría lo que hacen los protagonistas. Porque no la cordura pone un límite.

Un límite necesario que hay que respetar y se entiende necesario para la convivencia entre pares, para la vida en sociedad, y el cruzarlo expone a riesgos muy altos (desde físicos, morales hasta la posible pérdida de la libertad).

Resulta imposible en la vida real. Pero muy vivo, casi real, en la película.

Es en esa mirada que propone lel film donde está su encanto.

La película lleva a la persona, la transporta por un rato a un espacio muy atractivo, muy interesante de imaginar.

La expone a situaciones originales reales que le pueden pasar a cualquiera, pero a la vez incomoda, porque ese escenario de insanía juega entre lo posible y lo imposible: se tolera poco, pero se llega a disfrutar. Las comicidades y latiguillos de la película distienden esa sensación y dan rienda sin culpa al disfrute.

Lecciones para las marcas
De este éxito en las taquillas, las marcas pueden aprender:

  • Que hay un espacio para jugarse desde el contar historias, que los consumidores aceptarían gustosos. 
  • Que hay gran terreno por explorar en la identificación extrema, en el sentirse identificado con el ser y con el poder potencialmente ser.
  • Que no es verdad que los consumidores no se sorprenden ya con nada y prestan poca atención. 

La atención sigue estando. Pero se corrió para arriba, en un espacio donde para llegar hay que jugarse más. Agudizar el ingenio y entrar en terrenos que requieren creatividad, trabajo, y saber y querer innovar.

Incomodos, jugados, distintos. Pero satisfactorios, si se hace bien.

De esta manera, Relatos Salvajes pude convertirse en una gran lección para los que hacen marketing.

Además de una excelente noticia: el contar historias (aun salvajes) tiene valor y gran vigencia.

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