Dólar electoral y dilema K: subirlo "pianta" votos de la clase media y atrasarlo, de las economí­as regionales

El Gobierno extrema esfuerzos por mantener la divisa relativamente barata. Sin embargo, el atraso cambiario frente a la inflación tiene su "lado B"
Por Fernando Gutierrez
11/02/2015 - 10,06hs
Dólar electoral y dilema K: subirlo "pianta" votos de la clase media y atrasarlo, de las economí­as regionales

Los politólogos y asesores de imagen dedican horas de discusión al debate sobre cuánto puede influir en la campaña electoral el fuerte enrarecimiento del clima político de las últimas semanas. 

Es que el Gobierno ahora debe lidiar con problemas como el agravamiento de la pelea con los buitres, que salieron a denunciar supuestos casos de enriquecimiento ilícito por parte de funcionarios, a lo que se suma la fuerte crisis desatada por el caso Nisman.

Más allá de la gravedad y de la trascendencia internacional que ha cobrado la investigación de la causa AMIA -que incluso obligó al Gobierno a modificar su agenda-, hay un dato que nunca pasa desapercibido para los analistas: en las urnas hay variables que siguen pesando y mucho, tales como dólar, consumo, empleo y poder adquisitivo.

La historia corrobora que los gobiernos suelen lograr un buen resultado electoral con tipo de cambio bajo y ritmo consumista alto, aun cuando atraviesen un complicado momento político.

Ocurrió con Carlos Menem en los '90, que fue imbatible hasta las legislativas del '97, cuando el modelo del "uno a uno" empezó a mostrar los primeros síntomas de agotamiento.

Ya en la era K, Cristina se impuso en las legislativas del 2005 y en las presidenciales del 2007 y 2011, en momentos en los que, justamente, el consumo explotaba.

Con esos antecedentes en carpeta, la Presidenta dio instrucciones al ministro Axel Kicillof y al titular del Banco Central, Alejandro Vanoli, para que extremaran los cuidados sobre el dólar.

De modo que para este 2015 si hay un objetivo claro para el Gobierno es el de mantener la estabilidad financiera, aun pagando por ello el costo de un menor crecimiento en el ritmo de actividad por freno a las importaciones.

Las ventajas de un "dólar barato"

Un tipo de cambio estable y relativamente bajo puede ser redituable desde el punto de vista electoral.

¿Por qué? Entre otras cuestiones, porque abarata los bienes importados, hace que muchos productos queden más a mano del bolsillo de los argentinos, mejora las posibilidades de vacacionar fuera del país y ayuda a moderar la inflación.

Los principales analistas ya asumen que los movimientos que este año puedan darse en el billete verde estarán influenciados por el clima electoral, a punto tal de supeditar todas las variables al objetivo de tenerlo bajo control.

Esto ya empezó a ocurrir. Basta con observar que en enero el dólar avanzó 1%, mientras que la inflación duplicó esa tasa de variación, lo que ratifica la apuesta por utilizar el tipo de cambio como ancla de los precios.

No sólo eso: el endurecimiento del "cerrojo" importador, con un BCRA que dejó sin dólares a empresas durante tres días, es el mejor reflejo de que la prioridad está en cuidar reservas y defender la "estabilidad financiera", tal como reconociera el propio Vanoli. 

También, la estrategia K se hace evidente con los intentos de Kicillof por conseguir dólares para así contener las arcas del Central, en un año en el que se deberá hacer frente a pesados compromisos por cerca de u$s15.000 millones (ver cuadro). 

El costo de un dólar baratoPor cierto, mantener el billete verde "barato" no será tarea fácil. Porque lo que vaya a suceder con muchas variables no depende de la administración K. Por el contrario, algunas como el precio de la soja o la devaluación de monedas de países con los que comercia la Argentina, están "marcándole la cancha" al Central.

El siguiente cuadro muestra cómo las divisas del vecindario se han ido debilitando frente al dolar, a contramano de lo evidenciado con el peso argentino: 

El ex ministro Ricardo López Murphy apunta que las caídas de las materias primas (incluida "el yuyito", cuyos ingresos ayudan a sostener buena parte del gasto público) "le pondrán mucha presión al ritmo devaluatorio durante 2015".

"Aun así, es probable que el Gobierno atrace el tipo de cambio, pero tendrá que hacerlo asumiendo el costo de agudizar la recesión", advierte.

Los indicadores parecen darle la razón: los datos de inversión que mide el Estudio Ferreres arrojaron una nueva caída de 4%, en concordancia con un Gobierno que opta por "canjear" actividad fría por un billete verde controlado.

Tampoco es menor el hecho de que el saldo comercial arrojara para todo 2014 unos magros u$s6.700 millones, el menor nivel desde 2001, de la mano de exportaciones en franco descenso. 

Derrota por dólar muy... ¿bajo?Claro que la estrategia oficial plantea un gran dilema para el modelo K en este 2015.

Es que no siempre el dólar bajo se traduce en un consumo alto. O, al menos, no en un consumo alto "para todos".

Hay un antecedente cercano que da cuenta de esta situación: las elecciones legislativas de 2013, en las cuales el Gobierno sufrió la pérdida de la mitad del capital político que había logrado apenas dos años antes.

Si bien es cierto que en ese momento había un fuerte malestar en la clase media -producto del "cepo" cambiario y de la radicalización política del kirchnerismo-, en el seno del propio Ejecutivo saben que hubo, en términos políticos, algo más preocupante.

El Gobierno perdió votos en zonas clave del interior. 

Lo paradójico es que, aquella vez, lo que ocurrió pareció ser una situación de "derrota por dólar demasiado bajo".

Resultó sugestivo el comportamiento del electorado en las zonas rurales, así como en las provincias cuyas economías regionales fueron muy castigadas por el atraso cambiario.

"Sorprendió la fortísima caída del kirchnerismo en todo el norte, donde perdió en provincias donde no había sido derrotado", señalaba por aquel entonces Ricardo López Murphy.

Para el ex ministro, esta situación ya evidenciaba los problemas derivados de la menor competitividad.

El dólar bajo -en un contexto inflacionario y de suba de costos -había complicado fuertemente a las economías regionales.

Al verse desalentadas las ventas de una gran cantidad de productos "Made in Argentina" a otros países, salarios y empleos también se vieron resentidos.

Al igual que López Murphy, son varios los analistas que hoy día afirman que si algo venció al kirchnerismo en aquellas legislativas no fueron las denuncias de corrupción ni la disidencia de Sergio Massa, sino las consecuencias económicas del atraso cambiario.

¿Y ahora?La pregunta entonces es si el Gobierno correrá otra vez con el riesgo de que el dólar resulte un gran adversario desde el punto de vista electoral.

Por lo pronto, la situación de los productores no parece haber mejorado. Por el contrario, empeoró

Desde la Fundación Mediterránea dan cuenta de que las caídas en los niveles de exportaciones han sido generalizadas, si se analiza la situación por provincia.

Advierten que esa baja performance se explica por problemas internos de la economía argentina, con el agravante de las fuertes caídas de los precios internacionales de commodities y alimentos.

"Las jurisdicciones que experimentan el mayor descenso son Mendoza, Entre Ríos, La Pampa, Salta, Tucumán y Santiago del Estero", señalan, y alertan que esa pérdida de competitividad muestra tendencia a agravarse.

"Se entiende la reticencia a mover el dólar por su impacto negativo en el poder adquisitivo de los salarios. Pero si el atraso cambiario termina trabando las actividades productivas, el mercado interno se verá afectado de todos modos", completan desde la consultora.

El analista Salvador Di Stefano señala que "hoy día no somos competitivos en muchos productos que se elaboran en el país. Esto se observa claramente en las economías regionales, con una gran mayoría de firmas que están complicadas para exportar".

"Forman parte de una larga lista casos como el de industrias vinculadas con el aceite de oliva, vinos, carnes, frutas, lácteos y cítricos entre otros productos", completa.

Su conclusión es preocupante: "Con este tipo de cambio -que se sigue atrasando respecto de la suba de costos y la inflación- todas estas economías regionales estarán cada vez peor".

En este sentido, los pronósticos están teñidos de escepticismo. A fin de cuentas, los datos de 2014 corresponden a un año que comenzó con una devaluación nominal superior al 20%, pero ese efecto fue rápidamente neutralizado por la suba de precios.

Esta situación se da porque el Gobierno, además de planchar al dólar en un contexto de alta inflación, lo hace en tiempos en que los países vecinos y socios comerciales devalúan con entusiasmo.

"El Gobierno nos lleva a un atraso cambiario infernal; quiere llegar al final de su mandato con el máximo atraso posible y pasarle la pelota a la próxima administración", argumenta Roberto Frenkel, un economista a quien no se lo puede acusar de promover posturas "ortodoxas".

Lo que es seguro es que el contexto internacional supondrá una fuerte presión hacia una suba en la cotización del billete verde oficial, especialmente en momentos en que el real brasileño tocó su nivel más bajo de la última década.

Di Stefano argumenta: "Si en Brasil la economía se complica y siguen devaluando fuerte como lo están haciendo, al Gobierno argentino le será muy difícil esquivar un alza del tipo de cambio".

Una de las grandes víctimas, que ya está sintiendo los coletazos, es la industria automotriz, cuyas exportaciones al país vecino se derrumbaron un 70%, una caída sin precedentes en más de seis años.

¿No quiere o no puede?A pesar de este cuadro preocupante, el mayor riesgo del kirchnerismo no es el del efecto negativo del "dólar barato" en pleno año electoral.

Hay algo más complejo: aun si tomara la decisión políticamente costosa de devaluar, no hay garantías de que eso pudiera servir para devolverle al país competitividad cambiaria.

Al menos, eso es lo que piensa la mayoría del gremio de los economistas, donde la visión generalizada es que si se sube de golpe al dólar se corre el riesgo de una disparada inflacionaria que, muy rápidamente, "se comería" ese incremento.

Así lo describe Gabriel Caamaño Gómez, economista jefe de la consultora Ledesma: "En el actual contexto de déficit fiscal, el Banco Central no tiene mucho margen de maniobra para devaluar".

Su predicción es que un ajuste del tipo de cambio está condenado a ser poco perdurable y que, además "es creciente el riesgo de una espiral alcista entre dólar, precios y salarios".

"Se suma que el 2015 es un año electoral y es archiconocido que cualquier combinación de ajuste fiscal y suba del billete verde es altamente impopular", agrega.La peor combinación

En definitiva, todo indica que, una vez más, el dólar será un gran rival electoral del Gobierno.

Por cierto, se trata de un contendiente de cuidado, porque lo lleva a la encrucijada de tener que correr altos riesgos tanto si devalúa como si atrasa el tipo de cambio frente a la inflación: 

•La primera alternativa "pianta votos" principalmente de la clase media y supone, además, un retroceso para el discurso, que ha equiparado la devaluación con una política regresiva en términos de ingresos.

•La segunda, "enoja" a las economías regionales, genera malestar en varias provincias clave por afectar el nivel de empleo, justo en el núcleo duro de los votantes peronistas.

En las legislativas de 2013, Cristina ya sufrió el doble castigo de tener que pagar el costo político de devaluar sin obtener ninguno de sus beneficios económicos.

Y, al mismo tiempo, debió soportar que los medios de comunicación anti k llevaran como título principal la aceleración del dólar oficial, lo cual la hacía aparecer como contradictoria con su discurso.

En otras palabras, era la peor combinación imaginable. Y el panorama de 2015 se parece mucho a la de ese año. Con el agravante de que ahora las reservas están sostenidas con alfileres y el país, por el momento, tiene cerrado el acceso a los mercados internacionales de crédito.